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El lento aprendiz
El blog de Enrique Redel
05 de mayo de 2010
Lectores

Lo importante es que se lea. Aunque sea el Pronto. Dos datos. Un reciente estudio de una agencia norteamericana, que analiza, de modo periódico, los hábitos culturales de los estadounidenses desde hace décadas, señala que en los últimos quince años los índices de lectura entre los acomododados yanquis se han desplomado. Parece ser que sólo un cincuenta por ciento de los americanos lee algo (libros, revistas, periódicos, las instrucciones del horno, el MAD), y muchos de ellos sólo de vez en cuando. Esto significa, meditaba yo alarmado, que un cincuenta por ciento de los americanos no lee absolutamente nada. Además, según el dichoso estudio, el perfil de los que se aplicaban a leer libros (específicamente) correspondía a los sectores activos de la población (esto es, a aquellos que conocemos como “concienciados”), mientras que los pasivos sencillamente no leían. Llegaban a casa, se enchufaban a la consola (y esto si directamente no se dedicaban a mirar al techo mientras masticaban tabaco o un tallo de trigo) o se tragaban su sesión diaria de American Idol o de cualquier otra majadería por el estilo.

[Nada decía de los que veían series de la HBO compulsivamente (la nueva narrativa de calidad, como ustedes bien sabrán).]

Bueno, esto es América, dirán ustedes. Un continente lleno de paletos que no saben ni leer las señales y que consideran “WalMart” una marca de prestigio. Pero eso también está pasando en Francia, pásmense. Francia, epicentro de la república de las letras, cuna del refinamiento intelectual, donde hay gente que lee a Herodoto mientras desayuna (eso lo he visto yo con mis propios ojos, en una terraza en Arcachon, donde pasaba el verano). Un reciente artículo publicado en una prestigiosa revista gala del sector (juraría que es Lives Hebdo), apuntaba a un descenso en los índices de lectura de las jóvenes parejas que se marchan a vivir juntas. Antaño, parece ser, dice el artículo, cuando uno se iba a vivir con su pareja, se solían cumplimentar una serie de ritos burgueses, muy franceses, muy “culturetas”: unificar las bibliotecas de los amantes, emprender adquisiciones comunales de fondos bibliográficos, decidir de consuno cuáles serían los libros que leerían los hijos francesitos de la pareja, montar alguna que otra tertulia literaria en casa, una cena erudita, qué sé yo. Ahora no. Ahora los jóvenes amantes, que acostumbraban a devorar libros por separado cuando cada uno vivía en su casa (la educación francesa es muy buena y muy humanista, uno sale del liceo muy leído y con ganas de arrasar), cuando deciden alquilar su pisito o su cuca buhardillita parisina para hacer vida en común, dejan de leer, sorprendentemente, y pasan a dedicar su tiempo a irse de marcha con otras jóvenes parejas, que tampoco leen porque tienen que irse de marcha con ellos.

[Algo muy español y muy propio, “la marcha”: santo y seña de los orgullos patrios, puntal de nuestro producto interior bruto (lo de bruto no va con segundas), sinónimo mismo de España. Mi pregunta: ¿se estará españolizando Francia, pero a lo chungo? Aquí hasta los escritores y los editores están todo el día de marcha. ¿Se imaginan ustedes a Claude Gallimard de marcha? Y no sigo leyendo.]

Ante este panorama, tras esta constatación, es obligada una reflexión. Frente a las otras ofertas de ocio (algunas realmente atractivas y agresivas), hay que hacer que la lectura siga siendo una opción. En papel y en digital (cuando toque, que aún no toca). Porque la lectura no sólo es entretenimiento, es expresión culta de lo que somos. Buena parte del conocimiento que merece la pena está consignado por escrito. Ser humano consiste en crecer intelectualmente, así que leer nos hace más humanos. No creo que la salida sea leer por obligación, más bien al contrario. Cuando yo empecé a hacerlo, leía por rebeldía. Todos mis amigos lectores también leían a la contra: de sus padres, de sus profesores, de los estúpidos que les decían lo que había que leer. Así que no deberíamos enrocarnos en modelos caducos de lectura. Lo importante es hacerlo, y salirnos con la nuestra, conseguir que la cadena de los lectores tenga nuevos eslabones. El único modo en que podremos recuperar a los oficiantes de la generación Nintendo es haciendo que leer, o comprar un libro, sea tan divertido como jugar al Call of Duty.

(Imagen: París, Boulevard Diderot, 1969 (Detalle). © Henri Cartier-Bresson)



Archivado en: libros, televisión, lectores, educación | Etiquetas: francia, lectores, educación, hbo

Mimí. 2010-05-06 17:20:24 | http://xqsabes.blogspot.com/
Y lo es, pero también resulta precisa una predisposición por parte del usuario, cada lectura tiene un tiempo de estar, y los juegos igual. Yo puedo mirar un rato "Call of Duty" pero si tengo que coger los mandos paso y mucho, sólo me interesan los saltos de escena, cómo desarrolla la acción. Cuando iba a currar con 20 años en el interurbano, estaba lleno de gente con su periódico, con un librito, una revista, pero ahora sólo ves a todos mirando de reojo por si les meten las mano en el bolso. Se ven muchas consolas por la calle y pocos libros, y salvo en la época escolar no hay actividades que ensalcen la lectura fuera de los programas de la biblioteca, y cuando la plantean no integran una lectura corta y crítica, que sabiéndose de la norma plantee por ejemplo aspectos creativos... ponle tu el final ... reescribe el principio. Es complicado, pero si lo enfocas desde el protagonismo que a todos nos gusta tener, el camino a un libro puede ser algo lento pero eficaz cuando se trabaja en ello. ¿No es un poco triste tanto esfuerzo para enseñar a un niño a leer y luego dejarle de por vida sólo? Algunos dicen que es un placer solitario, pero … a casi todo el mundo que conozco le gusta compartir los descubrimientos, sentimientos que encuentra en un libro. Sales a dar una vuelta y te han plantado dos sinopsis en unos minutos, te han descrito la pampa argentina o las construcciones del siglo XIII. Hay muchas cosas que se pueden hacer aún, sobre todo cambiar el chip y como introducción dejarnos los aspectos más formales, esos vienen cuando ya estás en la honda. Siento la extensión, un saludo.

Lucas. 2010-05-16 20:09:48 | http://url
Hola Enrique, mahalo. Resido en España hará ya dos meses y el chasco que tuve no tiene parangón, al venir a Europa imaginé una cultura culturizada (valga la redundancia) y no lo que mis ojos atónitos descreen al caminar. La juerga, “la marcha” como tu llamas, no la pensé tan común, tan repetida entre los jóvenes españoles. Se me ha recriminado frente a este decir que debiese yo informarme antes de asistir a la fiesta, a lo que respondo que lo que pueda yo saber por otro me es tan ajeno como ver CNN cada mañana.; escepticismo tal vez, pero no viene al caso. El hecho de que la sociedad se desplome a pique por la falta de lectura es un tema serio, o, sin contradecirme, a tomar en consideración. De todas maneras creo firmemente que no puede obligarse a un burro a ser león, por más garras y melenas que se le ponga. Si se me permite el parafraseo, debo agradecer a Baroja por la siguiente reflexión: Dios no sólo ha creado al proletariado, sino que también le ha dado alma de proletariado, la cual es inamovible. Ejemplifica con la cruda naturaleza; las abejas al nacer son seleccionadas, las obreras son encasilladas en celdas muy pequeñas que atrofian su crecimiento y reciben una alimentación por debajo de lo necesario, así se gesta el alma de prole. Sé lo difícil que suena esto, como también el carácter racista que puede llegar a tener, pero vamos che, no hay razas, sólo individuos. Frente al caso que tocás en la nota no creo haya mucho más por decir ni menos por objetar, es sencillo, breve, conciso. A todos nos basta pisar un bar un sabado por la noche y desmentir la oposición que pueda darte. El problema claro, es que no hay dicha oposición, sólo indiferencia, es ahí cuando realmente se vuelve preocupante el asunto. ¿Debemos ignorar este mal que nos aqueja? Sinceramente creo que sí, de cierta manera la única contribución que podemos dar es continuar con lo que se nos es dado, una habitación, un libro, quizás un inestable cigarrillo. De todas maneras sé cuanto dolor siente uno al no poder mantener una conversación con un ajeno sin recaer en lo burgués, lo mediocre, eso que me espanta, eso que tiene forma de televisión, de futbol, de cosmopolitan, de estados unidos y qué dijo Lady Gaga el martes pasado. Las palabras terminan no siendo más que endeble copia de algo oído, sin dejar lugar a la voz propia. Pero Enrique, ¿no es de cierta manera esto lo que buscamos, la tibia inconsciencia, el dolor compartido, la efímera vida del pasar los días sin sentirlos? Acá me detengo y doy lugar a que no. No. Escuchen: ¡NO! El único mal es no saber. El único mal es hacer sin saber que se hace, sufrir sin saber porque se sufre, creer que se sabe y conformarse. Estamos donde estamos porque necesitamos saber, porque necesitamos conservar ese saber y donarlo a la posteridad, construir un saber que nos permita ser más nobles cómo personas. Si se descree de la lectura, es porque se descreo del progreso, porque se ignora lo que realmente progreso significa. De todas formas Enrique (y me canso de decir de todas formas), ¿qué es lo que juzgamos acá? ¿la no lectura, el no saber? creo que de lo que nos importa tratar es de la moralidad de la persona, y recaigo en el pensamiento de Baroja. ¿Es juzgable un burro que se comporta como tal? ¿es juzgable el perro que cae en sus instintos primeros y mata brutalmente a su enemigo gato? Sí a una persona le parece de mayor divertimento pasarse el día jugando al Counter Strike o a la Wii y lo hace, creo no hay persona más honesta en todo el mundo. También esto es producto de no conocer otra cosa, no conocer el divertirse leyendo a Twain o a Carroll, pero, ¿no así actuamos todos? La vida da y uno toma, los caminos se bifurcan y uno elige. Podemos colaborar en ayudar a elegir correctamente, pero esa verdad que nosotros mismos apoyamos recae en lo que vengo diciendo, que nos parece correcto sólo por conveniencia, por placer. Placer y displacer son el motor del mundo, y así hasta el hastío. Anexo interesante: diversión viene del latín diversum, alejar. ¿Qué alejamos cuando nos divertimos?

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ENRIQUE REDEL
(Madrid, 1971) Después de trabajar en varias editoriales independientes madrileñas, en 2007 dio a luz un proyecto editorial que en poco tiempo se ha convertido en referencia: Editorial Impedimenta. Su recuperación de clásicos modernos y un exquisito cuidado en la edición hacen de sus libros objeto de deseo lector. En 2008 Impedimenta fue galardonada con el Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial, junto al resto de pequeñas editoriales del Grupo Contexto. Bibliófilo empedernido, sus pasiones no se ciñen sólo a la literatura: cine, música, tv y otros vicios forman parte de sus intereses.
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