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En la última jornada hubo de todo: Esther Tusquets dijo encantadoras barbaridades ante un auditorio en rapto místico por el nivel de cotilleo que alcanzó esta maravillosa dama junto a su hermano Óscar; el poeta Manuel Vilas se cantó a sí mismo con Amor, su alucinante volumen de poesía reunida; hubo una obscena cola para ver a Almudena Grandes y nadie quiso perderse a Eloy Fernández Porta en plan fetiche, con una máscara de sumiso, recitando poemas a los supermercados con fondo de chundachunda.
Para los más sofisticados, ahí estuvo Vicente Luis Mora enseñándonos a hacer literatura con Google y Javier Montes hablando del tiempo en 20 minutos; Rafael Chirbes se la pasó rodeado de discípulos y, aunque no las vi, se comentó por los pasillos que las parejas de baile formadas por Manuel Vicent y Angel Harguindey, Javier Tomeo y Félix Romeo y Manuel Rivas y Juan Cruz, se marcaron unos pasos de lo más salerosos. Benjamín Prado y Luis García Montero, en tanto, pusieron la cuota de espectáculo poético, aunque tampoco los vi, porque estaba en la realidad alternativa.
A eso de las 10 de la noche, todo el mundo se sinceró y corrió a ver jugar al Barça; pero como a las 12 volvieron, porque porque no querían perderse a Ana Curra, otra leyenda de la Movida madrileña, junto a Digital 21; ni a Andres Neuman, que iba a oficiar una ceremonia espiritista para encontrarse con el fantasma de uno de sus personajes, el escritor austroamericano Edgard Franz Milton, que habló desde el más allá con un reverb de megafonía. Más tarde juro que los vi juntos, acodados en una barra, y bebiendo cervezas. Yo, por mi parte, junto a María Angulo Egea, la Messi del futbolín, ganamos todos los partidos contra unas preciosas groupies literarias.
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Acaba de protagonizar uno de los momentos más entrañables del Festival y ahora el escritor Curtis Garland (81) recibe, sonrisa de oreja a oreja, el aplauso sostenido de un público entregado. El que más aplaude es el también escritor Robert Juan-Cantavella (33) que ha sido el responsable de hacerle la entrevista en vivo que a todos nos ha conmovido hace apenas un minuto. Ha sido bueno, entre tanta propuesta (alguna verdaderamente radical) literaria taaaaan s.XXI, descubrir en este autor de novelas populares –Agente muerte, La dama usaba veneno o El asesino cósmico, son algunos de sus legendarios títulos– a uno de esos héroes anónimos que, detrás de uno o de muchos seudónimos hicieron lo que hacen ahora otros como J.K. Rowling o Almudena Grandes (también invitada al festival): hacer que las personas, de cualquier edad, lean.
Curtis Garland no es un señor americano o inglés como intentaba hacer creer la editorial Bruguera (la de esa época, los 70) al incluir un supuesto “título original” en inglés en sus novelas, sino Juan Gallardo Muñoz (Barcelona, 1929). Eran otros tiempos. Tiempos en los que Gallardo podía escribir cinco o seis novelas al mes (su record, confiesa, fue siete) al editor de turno, quien alegremente se embolsaba el cien por ciento de los derechos. Gallardo (en adelante don Juan 1) repasa su carrera, desde sus inicios como imberbe crítico de cine (¡a los quince años!) hasta sus recientes, sí, recientes, publicaciones: novelitas que se distribuyen por encarte en Sudamérica; mientras a su lado Juan Cantavella (en adelante don Juan 2) le conduce por los vericuetos de la memoria chuleta en mano. Don Juan 1 es venerable, don Juan 2 es punky; don Juan 1 es un autor pulp, don Juan 2 es un autor Pulp Fiction; don Juan 1 ha escrito, según cálculos, más de 2,000 novelas, don Juan 2, una.
Y, pregunto yo, ¿hay algo más conmovedor que un chico malote con corazón de boy scout? ¿Algo más respetable que un señor que ha dedicado su vida entera a alimentar la fantasía y la imaginación de varias generaciones? ¿Algo más seductor que verlos interactuar en buena paz y compañía? No, nada.
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Hace pocas semanas, en Ginebra, Santiago Roncagliolo lanzó su teléfono móvil a la basura. Yo vi ese teléfono antes de que muriera y, creedme, merecía morir. Lo curioso es que lo tiró con el chip y todo. Y se armó la de dios es Cristo. Lo que quiero decir es que Roncagliolo es un analfabeto tecnológico que ahora tiene un lustroso iPhone 4, por fin un aparato digno de alguien que acaba de escribir una novela como Tan cerca de la vida, ambientada en Tokio, llena de robots humanizados con los que el protagonista tiene diálogos de este tipo:
Chica robot-¿Cómo ha amanecido hoy?
Alterego de Roncagliolo-Muy mal, tuve una noche espantosa
Chica robot-Me alegro, nada como un sueño reparador para arreglar el día.
Pero también de humanos robotizados, que dan más miedo, con los que puedes entablar el siguiente diálogo:
-Hola! ¿Cómo estás?
-Mal!!!
-....... (silencio que delata que el sujeto ha sido violentamente desprogramado, él sólo quería saludar a un colega)
Para hablar de los intentos de hombres por convertirse en Dios, del golem a Blade Runner, esta noche acompaña a Roncagliolo, Bruno Galindo, escritor y coreanófilo, que ha traído una colección de fotografías de robots realmente aterradora, como uno que tiene la cabeza de Einstein y una especie de R2d2 que sirve para pasar lista en los colegios y que envía a los padres emoticones sobre los estados de animo de sus hijos. "¿Y si le llega uno que dice que el niño está triste? ¿Qué hace el padre con esa información? ¿Sólo lo graba en el iPhone y sigue adelante?", pone el dedo en la llaga Roncagliolo, que ahora lleva en su teléfono un vídeo de su pequeño hijo haciendo una rabieta horrible.
Bruno sigue contando cosas escalofriantes. Habla de la instalación de una artista conceptual. Se trata de un robot que tiene 10 mil respuestas posibles. La pregunta que más se le hizo a la robot fue "¿Por qué quieres ser humana?". La robot una vez respondió "y tú por qué quieres parecerte a una máquina". Más miedo.
La charla termina con pura ciencia ficción:
Bruno: ¿Comprarías un libro escrito por un robot?
Santiago: No, me daría miedo pensar que es mejor que uno mío.
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FOTO: Marta Rebón y Ferran Mateo
Jaime Rodríguez Z. y yo presentamos un vídeochat-performance hace una hora. Aquí os dejo la presentación:
JAIME: Hola, somos el dúo Pimpinela, y vamos a cantarles unas canciones.
GABI: Bueno, en realidad somos una pareja y nos peleamos de verdad.
JAIME: Soy Jaime Rodríguez y voy a leerles mis poemas.
GABI: Soy Gabriela Wiener y voy revelar detalles de mi vida sexual
JAIME: No somos actores. Yo dirijo una revista literaria
GABI: Yo trabajo en una revista que regala pelis porno.
JAIME: Hace poco nos dimos cuenta de que en los chats se discute toda nuestra vida doméstica: desde las compras en el Carrefour, hasta los versos de los poemas que escribimos.
GABI: Chatear no es escribir poesía. Pero en algunas de estas conversaciones hemos volcado nuestras angustias más íntimas, nuestras más bajas pasiones, nuestra maledicencia.
JAIME: Y por eso, público culto y sensible del Festival Ñ, hemos querido regalaros una pequeña muestra de los chats que gmail tiene a bien guardar en sus 7518 magabytes de memoria (y subiendo).
GABI: Porque nuestra vida es lo que ocurre entre chat y chat.
JAIME: O sea que vivimos muy poco.
GABI Esto no va de literatura, va de amor.
JAIME: Esto definitivamente es un acto de amor
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Llego tarde a la conferencia de Nazário y por un momento pienso que me he metido en alguna de las charlas de la Generación Nocilla.
Hay unas imágenes de youtube rarísimas en la pantalla pero al final he reconocido al historietista español, figura máxima del cómic gay y sobreviviente de la Movida, que hoy es adicto a Internet y las redes sociales y se dedica a hacer vídeocómics, pelis y montajes de fotos, y los cuelga en Facebook y en su página web.
"Ellos me tienen como una leyenda. Yo me considero un superviviente, pero cualquiera que haya llegado a mi edad lo es".
La época más dura de su vida fue durante su infancia y adolescencia en el pueblo, donde solían reprimirlo por homosexual. "Al final me conseguí un novio noruego y me fui con él.
-¿Tienes novio ahora?
-Tengo varios
-¿Ligas con ellos también por Internet?
-No me hace falta. Tengo a mi pareja hace 32 años. Y unos siete u ocho amantes de las más variadas nacionalidades y colores. Son amantes de hace 15 o 20 años. Yo soy muy fiel con mi pareja y con mis amantes.
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Odio a JJ Armas Marcelo. No lo puedo tragar. No tiene que ver con su literatura. Es verlo y odiarlo un poco. Lo peor es que algunas cosas que dice me hacen reír, a regañadientes pero me río. Lo mejor es que no soy la única. En este festival, sin ir muy lejos, entre los 100 escritores participantes, JJ Armas Marcelo tiene 3 enemigos. Lo ha dicho él mismo esta tarde en una charla sobre la figura de Mario Vargas Llosa, que mantuvo con otro escritor peruano, Jorge Eduardo Benavides.
¿Por qué estamos hablando de Armas Marcelo en una mesa sobre nuestro Premio Nobel? Ahora empiezan a entenderme. Recuerda Armas Marcelo que hace tiempo, durante un encuentro de escritores como éste, el tercer escritor peruano en esta historia le lanzó el siguiente desafío: ¿Tienes cuatro horas para íi? Armas lo miró raro y le contestó con otra pregunta: ¿Para qué necesitas tanto tiempo? Para convencerte de que el escritor que tú crees que es un genio no lo es. El falso genio era Vargas Llosa y el otro, Manuel Escorza.
Pocos escritores como el arequipeño levantan pasiones y odios. "Los escritores tienen que tener enemigos", grita Marcelo, "todo en literatura es vendetta, pero hay que saber disimularla" –yo lo hago, me quedo aquí, oyendo, transcribiendo, tomándole fotos–,"¿Cuál es el origen de lo que escribe MVLL? Pues una pelea con el mundo entero, el descubrimiento de una realidad que lo saca de su paraíso".
Y cría odios y te escribirán críticas negativas. "Había mucha gente que dudaba de su literatura. Críticos que llevan 40 años en “la oficina de los odios”, que diría MVLL en El pez en el agua, ahora es como si una fe divina hubiera caído sobre ellos. El otro día le preguntaron a Caballero Bonald, quién le parecía mejor escritor, si García Márquez o Vargas Llosa y dijo Mario, sin pensarlo dos veces".
Jorge Eduardo Benavides cuenta que desde que ganó el Nobel no han dejado de pedirle que escriba artículos sobre Él, no han dejado de invitarlo a congresos para hablar de él, es más, está casi convencido de que el premio Nobel de MVLL es lo mejor que le ha pasado a su carrera en mucho tiempo. Y lo dice desde el amor.
Posdata: Armas Marcelo nos hace un aporte a la lista que empezamos en un post anterior sobre cómo fracasar en literatura: "En cuanto un escritor diga "en mi humilde opinión", salga corriendo. Como ven, tengo la autoestima muy alta y no me la van a bajar, es más, va para arriba".
Arg. Cómo odio que tenga razón.
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A Javier Calvo le gusta el Metal nórdico. Yo lo sé. Le van los gritos guturales y el frío. En el Salón de Baile del Círculo de Bellas Artes, Calvo pone los gritos –quiero decir, la lectura en clave black metal de Suomenlinna (aunque la música de Ignacio Lois no tenga nada que ver con y sea más bien experimental), su última novela- y el público, algo menos entregado que en el estreno de la performance en Barcelona, el frío. Por ahora.
Vilas, Pron, Magrinya, Mora, Ferré, merodean entre las mesas cerveza en mano mientras Calvo, acompañado por el músico Lois y la corista Carlota Gómez, se desgañita. En la barra, una camarera del lugar, nada acostumbrada a los atronadores acordes vocales de este nuevo Varg Vikernes de la literatura Española, mantiene la boca abierta varios centímetros y tengo que pasarle la palma de la mano por delante de la cara para lograr su atención. Suomenlinna es el nombre de una fortaleza construida sobre seis islas en Helsinki, pero aquí es una versión del libro en el que Calvo habla de una Finlandia interior, de adolescentes problemáticas, heavy metal y paganismo. Cosas, todas, que van cayendo sobre los asistentes al Círculo de Bellas Artes como copos de ardiente nieve. Hay quien confiesa no haber leído el libro y se pregunta entre susurros qué tan fiel es la versión que estamos escuchando. “En realidad es como un spin off del libro” se chiva Pron, “es una historia de la que se habla en el libro pero no se llega a contar”.
En el escenario y, rodeados de velas encendidas, Calvo, Lois y Gómez prosiguen con el rito. “¡Ponte las astas de reno! ¡Ponte las astas de reno!” rugen. Los ingenieros de sonido, que me dicen, han padecido las exigencias sónicas del trío, se ponen a buen recaudo. Lois toca su guitarra con un arco de violín. Gómez grita en finlandés. Clímax.
Al final de la presentación Calvo confesará que la Suomenlinna real, allá en Finlandia, es el sitio más aburrido del mundo, que está lleno de turistas muertos de frío.
La noche de ayer, en cambio, ha sido un deslumbrante acercamiento a los dioses del norte en el Salón de Baile.
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No es que haya madrugado, es que no ha dormido. Elmer Mendoza ha sido el más aplicado de los escritores convocados al desayuno-encuentro-con los lectores de esta mañana en el Hotel de las Letras. Pero se ha debido única y exclusivamente a que la cabeza de Mendoza aún está en México y en México en este momento es la 1 de la madrugada, hora en que el autor de Balas de plata, bien podría estar escribiendo un cuento y fumando un puro.
El desayuno funciona así: un autor por mesa y un pianista dándole a las teclas, mientras se leen textos inspiradores. En la mesa de Mendoza el público es netamente femenino. Todas le preguntan si le gusta el café y si no tiene miedo de meterse en problemas por escribir sobre narcos. Él les explica que no, pero que es por pura inconsciencia. ¿Por qué no hay tíos en esta mesa? "Eso es porque las mujeres leen más", dice él. Y también nos pegan más, nos matan más, le digo yo, como para dejar el tema de los croissanes y pasar directamente al de la muerte, que es lo chingón.
"Quién te ha dicho eso? En Juarez por cada mil mujeres muertas hay cinco mil hombres jóvenes muertos en enfrentamientos, pero nadie habla de ellos. Y últimamente también hay un par de sicarias, dos chicas muy jóvenes y también las matan".
Órale. ¿Qué violencia es la que le interesa contar a Mendoza?, entonces. "La que no es fácil de explicar. Aquella violencia que se practica con desconcertante naturalidad. Yo leí la entrevista a un sicario colombiano. Le preguntaban: ¿usted cuántos muertos lleva? Oiga, contestaba él, yo no cuento los muertos, eso es algo de psicópatas! La consideración que él tiene de su oficio es como si hiciera pan. Ese es el violento que me interesa".
Para Mendoza, actualmente la violencia cada vez más pertenece a la dimensión del deseo. "Los lectores se mueven alrededor de lo que ellos serían capaces de hacer en determinadas situaciones. En la ficción se enteran de que ellos también serían capaces de golpear, de ofender, de matar y ser intolerantes. Las acciones de los personajes de la ficción los hace reflexionar a cerca de sus propios actos criminales, aunque estos sean sólo potenciales. Y te hablo del mundo femenino".
Desayuno:
Sandwich de jamón.
Zumo de Piña
Café amargo
Total: cero euros.
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Pasado, presente y futuro convergen en el "Cara a Cara" que enfrenta, es un decir, a los escritores Jordi Carrión y Juan Francisco Ferré en el Salón de las Columnas. Adictos confesos a las teleseries, han decido hablar del futuro (Carrión) plasmado en el único remake de culto de la historia catódica: Battlestar Galactica; y el pasado (Ferré) recreado en Mad Men, ese delicatesen televisivo para lectores de Cheever.
El presente, por su parte, irrumpe nada más subir los encarados al escenario: no funciona el sonido. Cables van y cables vienen, el problema logra solventarse y comienza el espectáculo. Carrión arremete con un “Decálogo Battlestar Galactica” que lee hacia atrás como si se tratara de una cuenta regresiva. Mientras se acerca el desenlace el autor de “Los muertos” habla del presentismo de la serie. ¿Pero esto no iba de civilizaciones perdidas en el espacio futuro? No, tontuelos. Esto va de Bush, Irak, Afganistán, la tortura, la inmigración y hasta Hilary Clinton. Presentismo.
Ferré, por su parte, se saca un vaso de wisky de la chistera, un paquete de Lucky de debajo de la manga y se transforma por arte de magia en Don Draper. En el monólogo, Don, que no Ferré, nos habla de su vida como publicista de la Avenida Madison. Después de escucharlo nos queda claro que la publicidad es el invento del siglo (pasado) y que el protagonista de Mad Men es un monstruo. Mientras el monólogo de Ferré/Don evoluciona entre autocomplacidas confesiones sexuales, crítica a la sociedad de consumo y simbologías varias (Don= Cualidad; Don=Regalo, Don= Don Nadie), pienso que en la serie el propio Draper ha usurpado la personalidad de otro, o sea del verdadero Don Draper –a quien solo vemos morir en un segmento que dura unos segundos de la primera temporada-, y pienso que Ferré es un gran vendedor de su producto.
No hay tiempo para muchas preguntas. Sólo un intruso, Javier Calvo (ex adicto a ambas teleseries), pidió la palabra para destacar desde el público el formato novelesco de las teleseries contemporáneas.
Sí, concluimos todos, las buenas pelis son como buenos relatos, para ver una gran novela hay que leer una teleserie.
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El dato curioso en la página web de Ene ("el relato ganador de la Cosecha Eñe 2010 —cuyos detalles daremos a conocer esta noche en el Festival Eñe— ha recibido sólo un voto a través de la web") no ha sorprendido al ganador, Horacio Convertini, escritor argentino y jefe de policiales del diario Clarín. "Para empezar quiero aclarar que ese voto no es mío. Yo no voté por "Uru" (cuento triunfador). Estuve siguiendo la votación y yo voté por "Acecho", otro cuento mío, en total presenté tres. Así que no puedo más que solidarizarme con los que no lo votaron". ¿Cómo se explica Convertini que haya ganado en papel y perdido en Internet? "Yo creo que básicamente los lectores nunca me han acompañado. Otra posibilidad es que habían 200 cuentos y, por orden alfabético, "Uru" es uno de los últimos. La gente no lo leyó. Finalmente se me ocurre que la jerga porteña, el lunfardo con que está escrito, haya ahuyentado a los lectores".
"Uru" es el relato de un hombre que le cuenta a un periodista la historia de uno de sus amigos de la infancia, el Uru, un uruguayo, que vivía en Pompeya en los 60. Su sueño era ser, Dogomar Martínez, un famoso boxeador uruguayo, que alguna vez entró en la historia por unos minutos, al haberle aguantado hasta el ultimo minuto al campeón del mundo. Cuando el protagonista vuelve a Uruguay, se reencuentra con Uru, convertido en boxeador profesional y que ahora debe pelear contra el norteamericano campeón del mundo. Un relato donde se juntan los sueños de la infancia, la posibilidad de una tragedia y la melancolía que el narrador siente por los sueños que siempre terminan traicionándose, los del narrador y los de su generación.
El Premio Cosecha Ñ de este año recibió más de 2 mil manuscritos. De España se presentaron 1206 y 381 de Argentina, 82 de Colombia, 52 de Perú, 45 de EEUU, 38 de Chile. Y llegaron rarezas, como un cuento de Eslovenia y otro de India. Tras una criba brutal, el jurado, compuesto por la editora de Alfaguara, Pilar Reyes, y los escritores Mateo Diez y Rosa Montero, dieron, en contra del criterio general internauta y del propio autor, el premio al gran Convertini.