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A Javier Calvo le gusta el Metal nórdico. Yo lo sé. Le van los gritos guturales y el frío. En el Salón de Baile del Círculo de Bellas Artes, Calvo pone los gritos –quiero decir, la lectura en clave black metal de Suomenlinna (aunque la música de Ignacio Lois no tenga nada que ver con y sea más bien experimental), su última novela- y el público, algo menos entregado que en el estreno de la performance en Barcelona, el frío. Por ahora.
Vilas, Pron, Magrinya, Mora, Ferré, merodean entre las mesas cerveza en mano mientras Calvo, acompañado por el músico Lois y la corista Carlota Gómez, se desgañita. En la barra, una camarera del lugar, nada acostumbrada a los atronadores acordes vocales de este nuevo Varg Vikernes de la literatura Española, mantiene la boca abierta varios centímetros y tengo que pasarle la palma de la mano por delante de la cara para lograr su atención. Suomenlinna es el nombre de una fortaleza construida sobre seis islas en Helsinki, pero aquí es una versión del libro en el que Calvo habla de una Finlandia interior, de adolescentes problemáticas, heavy metal y paganismo. Cosas, todas, que van cayendo sobre los asistentes al Círculo de Bellas Artes como copos de ardiente nieve. Hay quien confiesa no haber leído el libro y se pregunta entre susurros qué tan fiel es la versión que estamos escuchando. “En realidad es como un spin off del libro” se chiva Pron, “es una historia de la que se habla en el libro pero no se llega a contar”.
En el escenario y, rodeados de velas encendidas, Calvo, Lois y Gómez prosiguen con el rito. “¡Ponte las astas de reno! ¡Ponte las astas de reno!” rugen. Los ingenieros de sonido, que me dicen, han padecido las exigencias sónicas del trío, se ponen a buen recaudo. Lois toca su guitarra con un arco de violín. Gómez grita en finlandés. Clímax.
Al final de la presentación Calvo confesará que la Suomenlinna real, allá en Finlandia, es el sitio más aburrido del mundo, que está lleno de turistas muertos de frío.
La noche de ayer, en cambio, ha sido un deslumbrante acercamiento a los dioses del norte en el Salón de Baile.