|
Hace pocas semanas, en Ginebra, Santiago Roncagliolo lanzó su teléfono móvil a la basura. Yo vi ese teléfono antes de que muriera y, creedme, merecía morir. Lo curioso es que lo tiró con el chip y todo. Y se armó la de dios es Cristo. Lo que quiero decir es que Roncagliolo es un analfabeto tecnológico que ahora tiene un lustroso iPhone 4, por fin un aparato digno de alguien que acaba de escribir una novela como Tan cerca de la vida, ambientada en Tokio, llena de robots humanizados con los que el protagonista tiene diálogos de este tipo:
Chica robot-¿Cómo ha amanecido hoy?
Alterego de Roncagliolo-Muy mal, tuve una noche espantosa
Chica robot-Me alegro, nada como un sueño reparador para arreglar el día.
Pero también de humanos robotizados, que dan más miedo, con los que puedes entablar el siguiente diálogo:
-Hola! ¿Cómo estás?
-Mal!!!
-....... (silencio que delata que el sujeto ha sido violentamente desprogramado, él sólo quería saludar a un colega)
Para hablar de los intentos de hombres por convertirse en Dios, del golem a Blade Runner, esta noche acompaña a Roncagliolo, Bruno Galindo, escritor y coreanófilo, que ha traído una colección de fotografías de robots realmente aterradora, como uno que tiene la cabeza de Einstein y una especie de R2d2 que sirve para pasar lista en los colegios y que envía a los padres emoticones sobre los estados de animo de sus hijos. "¿Y si le llega uno que dice que el niño está triste? ¿Qué hace el padre con esa información? ¿Sólo lo graba en el iPhone y sigue adelante?", pone el dedo en la llaga Roncagliolo, que ahora lleva en su teléfono un vídeo de su pequeño hijo haciendo una rabieta horrible.
Bruno sigue contando cosas escalofriantes. Habla de la instalación de una artista conceptual. Se trata de un robot que tiene 10 mil respuestas posibles. La pregunta que más se le hizo a la robot fue "¿Por qué quieres ser humana?". La robot una vez respondió "y tú por qué quieres parecerte a una máquina". Más miedo.
La charla termina con pura ciencia ficción:
Bruno: ¿Comprarías un libro escrito por un robot?
Santiago: No, me daría miedo pensar que es mejor que uno mío.