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FOTO: Marta Rebón y Ferran Mateo
Jaime Rodríguez Z. y yo presentamos un vídeochat-performance hace una hora. Aquí os dejo la presentación:
JAIME: Hola, somos el dúo Pimpinela, y vamos a cantarles unas canciones.
GABI: Bueno, en realidad somos una pareja y nos peleamos de verdad.
JAIME: Soy Jaime Rodríguez y voy a leerles mis poemas.
GABI: Soy Gabriela Wiener y voy revelar detalles de mi vida sexual
JAIME: No somos actores. Yo dirijo una revista literaria
GABI: Yo trabajo en una revista que regala pelis porno.
JAIME: Hace poco nos dimos cuenta de que en los chats se discute toda nuestra vida doméstica: desde las compras en el Carrefour, hasta los versos de los poemas que escribimos.
GABI: Chatear no es escribir poesía. Pero en algunas de estas conversaciones hemos volcado nuestras angustias más íntimas, nuestras más bajas pasiones, nuestra maledicencia.
JAIME: Y por eso, público culto y sensible del Festival Ñ, hemos querido regalaros una pequeña muestra de los chats que gmail tiene a bien guardar en sus 7518 magabytes de memoria (y subiendo).
GABI: Porque nuestra vida es lo que ocurre entre chat y chat.
JAIME: O sea que vivimos muy poco.
GABI Esto no va de literatura, va de amor.
JAIME: Esto definitivamente es un acto de amor
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En la última jornada hubo de todo: Esther Tusquets dijo encantadoras barbaridades ante un auditorio en rapto místico por el nivel de cotilleo que alcanzó esta maravillosa dama junto a su hermano Óscar; el poeta Manuel Vilas se cantó a sí mismo con Amor, su alucinante volumen de poesía reunida; hubo una obscena cola para ver a Almudena Grandes y nadie quiso perderse a Eloy Fernández Porta en plan fetiche, con una máscara de sumiso, recitando poemas a los supermercados con fondo de chundachunda.
Para los más sofisticados, ahí estuvo Vicente Luis Mora enseñándonos a hacer literatura con Google y Javier Montes hablando del tiempo en 20 minutos; Rafael Chirbes se la pasó rodeado de discípulos y, aunque no las vi, se comentó por los pasillos que las parejas de baile formadas por Manuel Vicent y Angel Harguindey, Javier Tomeo y Félix Romeo y Manuel Rivas y Juan Cruz, se marcaron unos pasos de lo más salerosos. Benjamín Prado y Luis García Montero, en tanto, pusieron la cuota de espectáculo poético, aunque tampoco los vi, porque estaba en la realidad alternativa.
A eso de las 10 de la noche, todo el mundo se sinceró y corrió a ver jugar al Barça; pero como a las 12 volvieron, porque porque no querían perderse a Ana Curra, otra leyenda de la Movida madrileña, junto a Digital 21; ni a Andres Neuman, que iba a oficiar una ceremonia espiritista para encontrarse con el fantasma de uno de sus personajes, el escritor austroamericano Edgard Franz Milton, que habló desde el más allá con un reverb de megafonía. Más tarde juro que los vi juntos, acodados en una barra, y bebiendo cervezas. Yo, por mi parte, junto a María Angulo Egea, la Messi del futbolín, ganamos todos los partidos contra unas preciosas groupies literarias.