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Hace un par de años, una señora de casi setenta años, llamada Cristina Peri Rossi ganó el premio Loewe por un libro titulado Playstation. Muchas la acusaron de querer hacerse pasar por una chavala.
Este año, un joven de 34 años lo ha ganado con uno titulado Las Ollerías. Joaquín Pérez Azaústre hace unos años se ganó el Loewe juvenil, un certamen para menores de 30 años y ahora acaba de ganar el Loewe de verdad, el de los veteranos. Es más, en la mesa lo apadrina José Manuel Caballero Bonald.
Esto prueba no que estamos ante un viejoven poeta, sino lo que él mismo me dijo al salir de su ceremonia de premiación y lectura de poemas: que él también podría escribir perfectamente un libro que se titulara Playstation pero que la única razón por la que no lo escribía es porque ya estaba escrito.
Ya lo decía Gamoneda, sólo se escribe del tiempo y de uno mismo. Ollerías es la calle de su infancia.Y ahí ocurre el poema, que es como congelar el tiempo. O como jugar a la play.
Al salir, se acerca Eloy Azorín y Joaquín le recuerda la época de la Residencia de Estudiantes: "Te solía ver en el Vips de Velázquez hace diez años siempre loquito por las pelis". Tiempos aquellos.
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A Javier Calvo le gusta el Metal nórdico. Yo lo sé. Le van los gritos guturales y el frío. En el Salón de Baile del Círculo de Bellas Artes, Calvo pone los gritos –quiero decir, la lectura en clave black metal de Suomenlinna (aunque la música de Ignacio Lois no tenga nada que ver con y sea más bien experimental), su última novela- y el público, algo menos entregado que en el estreno de la performance en Barcelona, el frío. Por ahora.
Vilas, Pron, Magrinya, Mora, Ferré, merodean entre las mesas cerveza en mano mientras Calvo, acompañado por el músico Lois y la corista Carlota Gómez, se desgañita. En la barra, una camarera del lugar, nada acostumbrada a los atronadores acordes vocales de este nuevo Varg Vikernes de la literatura Española, mantiene la boca abierta varios centímetros y tengo que pasarle la palma de la mano por delante de la cara para lograr su atención. Suomenlinna es el nombre de una fortaleza construida sobre seis islas en Helsinki, pero aquí es una versión del libro en el que Calvo habla de una Finlandia interior, de adolescentes problemáticas, heavy metal y paganismo. Cosas, todas, que van cayendo sobre los asistentes al Círculo de Bellas Artes como copos de ardiente nieve. Hay quien confiesa no haber leído el libro y se pregunta entre susurros qué tan fiel es la versión que estamos escuchando. “En realidad es como un spin off del libro” se chiva Pron, “es una historia de la que se habla en el libro pero no se llega a contar”.
En el escenario y, rodeados de velas encendidas, Calvo, Lois y Gómez prosiguen con el rito. “¡Ponte las astas de reno! ¡Ponte las astas de reno!” rugen. Los ingenieros de sonido, que me dicen, han padecido las exigencias sónicas del trío, se ponen a buen recaudo. Lois toca su guitarra con un arco de violín. Gómez grita en finlandés. Clímax.
Al final de la presentación Calvo confesará que la Suomenlinna real, allá en Finlandia, es el sitio más aburrido del mundo, que está lleno de turistas muertos de frío.
La noche de ayer, en cambio, ha sido un deslumbrante acercamiento a los dioses del norte en el Salón de Baile.
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FOTO: Marta Rebón y Ferran Mateo
Jaime Rodríguez Z. y yo presentamos un vídeochat-performance hace una hora. Aquí os dejo la presentación:
JAIME: Hola, somos el dúo Pimpinela, y vamos a cantarles unas canciones.
GABI: Bueno, en realidad somos una pareja y nos peleamos de verdad.
JAIME: Soy Jaime Rodríguez y voy a leerles mis poemas.
GABI: Soy Gabriela Wiener y voy revelar detalles de mi vida sexual
JAIME: No somos actores. Yo dirijo una revista literaria
GABI: Yo trabajo en una revista que regala pelis porno.
JAIME: Hace poco nos dimos cuenta de que en los chats se discute toda nuestra vida doméstica: desde las compras en el Carrefour, hasta los versos de los poemas que escribimos.
GABI: Chatear no es escribir poesía. Pero en algunas de estas conversaciones hemos volcado nuestras angustias más íntimas, nuestras más bajas pasiones, nuestra maledicencia.
JAIME: Y por eso, público culto y sensible del Festival Ñ, hemos querido regalaros una pequeña muestra de los chats que gmail tiene a bien guardar en sus 7518 magabytes de memoria (y subiendo).
GABI: Porque nuestra vida es lo que ocurre entre chat y chat.
JAIME: O sea que vivimos muy poco.
GABI Esto no va de literatura, va de amor.
JAIME: Esto definitivamente es un acto de amor