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Sois dioses
El blog de Gabriela Wiener
12 de noviembre de 2010

-Publicar antes de los 20. (Pron admite que tiene la suerte de que sus primeros libros publicados se encuentran enterrados en librerías argentinas).
-Ser un escritor cuyos defectos son la exageración de sus virtudes, fracasar por exceso de autoexigencia, fracasar por autoindulgencia (Giralt)
-Imitar, por ejemplo a Borges; escribir un libro en el que declaras haber versionado a Borges y que los críticos, muy listos, digan que eres "muy borgeano". (Pron)
-Si vas a imitar ten cuidado con a quién imitas. Hay escritores que abren caminos y hay otros que abren y cierra el camino, como Borges o Kafka (Giralt). Si lo haces siempre serás una burda anticipación.
-Intentar imitar a César Aira (Pron)
-Odiar a los escritores que lees sin parar. (Según Pron, puntualmente a gente como Rodrigo Fresán, "que escribía como yo queria escribir, tenía novias guapas, era amigo de estrellas de rock, publicaba donde yo quería publicar")
-Odiarlos cuando te distancias de ellos, cuando ya te has arrepentido de seguir su estela (Giralt).
-No sólo odiarlos, pensar en matarlos. (Pron)
-Tener prejuicio del tipo: Yo solo leo literatura del siglo XIX, yo solo novela contemporánea.
-Publicar en una editorial que ponga la foto del autor en la solapa (Para Giralt, por un lado, la foto de un autor fue durante una época determinante para decidirse a leer o no un libro, mientras que Pron confiesa que él no compraría un libro con una foto suya; coherentemente publica en Mondadori).
-Dejarse fotografiar por fotógrafos que tienen una concepción circense de la literatura, que te piden que te quites la camiseta (sin que esto suponga que quiera ligar contigo, advierte Pron), desnudarse para ellos sin ningún empacho.
-Llevar más una vida de escritor que escribir realmente (esto es, explica Giralt, figurando en todos los saraos literarios, y agrega Pron, consumiendo toda clase de drogas para conservar la energía y hacerle el paripé a todos los editores presentes).
-Tener vida social (Giralt, que acaba de ser padre)
-Tener hijos (Giralt otra vez). "Uno ya es feliz. A la trascendencia, que buscabas a través de la literatura, se llega mirando jugar a tus hijos". Aunque Pron, le ve el lado positivo: "cuando juegas con tu hijo no tienes a un Ignacio Echevarría diciéndote que lo estás haciendo mal".
-Tener una novia que no quiere que seas escritor (Incluso, revela autobiográficamente Pron, intentar escribir durante la actividad sexual).
-Correr en la carrera de los concursos, enviar incesante e inútilmente manuscritos, pero lo peor es ganarlos porque entonces vienen las cenas de difícil digestión con los concejales de los ayuntamientos (Giralt) o que alguien te llame Patricia, Mauricio o Fabricio (si te llamas Patricio). O que te regalen trofeos de mármol sólido con olivos de metal cuyas hojas son tan filudas que puedes rebanarte el dedo ( de hecho, le pasó al que ganó el Jaén de poesía el mismo año que Pron el de novela).
-Escribir bajo el efecto de estupefacientes:
Pron: Yo nunca lo he hecho, pero fue tu caso, no Marcos?
Giralt:  Sí, yo fumaba porros cuando escribía, no uno, sino siete, porque como soy muy nervioso me ayudaba a focalizar. Pero bueno, tuve que dejarlos cuando empecé a relantizarme en exceso.
Pron: yo recuerdo haber escrito con ansiolíticos y el peligro era creerme un genio. Era muy feo leerlo cuando el efecto pasaba.
-Idealizar las tecnologías, no querer escribir libros sino otra cosa, "al punto de escribir una novela que es como una entrada de un Facebook o un sms de un twitt". (Pron)
-Tratar de ser vanguardista, las novelas sin la letra a y sin la letra e ya se ha hecho. (Giralt)
-No ser un escritor de tu tiempo. (Giralt)
-Ser un militante de lo contemporáneo o querer anticiparse a su tiempo (ver que están de moda las de vampiros y cuando acabas de escribirla ya están de moda las de zombies).
-Escribir cosas que no te interesan, porque es lo que esperan de ti (Giralt)
-Considerar que tu vida cotidiana es pueril y hacer una novela sobre reyes de la India o banqueros newyorkinos (Pron).
-Escribir un segundo mal libro (Pron)
-Escribir un tercer mal libro (Giralt)



12 de noviembre de 2010

El dato curioso en la página web de Ene ("el relato ganador de la Cosecha Eñe 2010 —cuyos detalles daremos a conocer esta noche en el Festival Eñe— ha recibido sólo un voto a través de la web") no ha sorprendido al ganador, Horacio Convertini, escritor argentino y jefe de policiales del diario Clarín. "Para empezar quiero aclarar que ese voto no es mío. Yo no voté por "Uru" (cuento triunfador). Estuve siguiendo la votación y yo voté por "Acecho", otro cuento mío, en total presenté tres. Así que no puedo más que solidarizarme con los que no lo votaron". ¿Cómo se explica Convertini que haya ganado en papel y perdido en Internet? "Yo creo que básicamente los lectores nunca me han acompañado. Otra posibilidad es que habían 200 cuentos y, por orden alfabético, "Uru" es uno de los últimos. La gente no lo leyó. Finalmente se me ocurre que la jerga porteña, el lunfardo con que está escrito, haya ahuyentado a los lectores".

"Uru" es el relato de un hombre que le cuenta a un periodista la historia de uno de sus amigos de la infancia, el Uru, un uruguayo, que vivía en Pompeya en los 60. Su sueño era ser, Dogomar Martínez, un famoso boxeador uruguayo, que alguna vez entró en la historia por unos minutos, al haberle aguantado hasta el ultimo minuto al campeón del mundo. Cuando el protagonista vuelve a Uruguay, se reencuentra con Uru, convertido en boxeador profesional y que ahora debe pelear contra el norteamericano campeón del mundo. Un relato donde se juntan los sueños de la infancia, la posibilidad de una tragedia y la melancolía que el narrador siente por los sueños que siempre terminan traicionándose, los del narrador y los de su generación.

El Premio Cosecha Ñ de este año recibió más de 2 mil manuscritos. De España se presentaron 1206 y 381 de Argentina, 82 de Colombia, 52 de Perú, 45 de EEUU, 38 de Chile. Y llegaron rarezas, como un cuento de Eslovenia y otro de India. Tras una criba brutal, el jurado, compuesto por la editora de Alfaguara, Pilar Reyes, y los escritores Mateo Diez y Rosa Montero, dieron, en contra del criterio general internauta y del propio autor, el premio al gran Convertini.



13 de noviembre de 2010

Hace pocas semanas, en Ginebra, Santiago Roncagliolo lanzó su teléfono móvil a la basura. Yo vi ese teléfono antes de que muriera y, creedme, merecía morir. Lo curioso es que lo tiró con el chip y todo. Y se armó la de dios es Cristo. Lo que quiero decir es que Roncagliolo es un analfabeto tecnológico que ahora tiene un lustroso iPhone 4, por fin un aparato digno de alguien que acaba de escribir una novela como Tan cerca de la vida, ambientada en Tokio, llena de robots humanizados con los que el protagonista tiene diálogos de este tipo:
Chica robot-¿Cómo ha amanecido hoy?
Alterego de Roncagliolo-Muy mal, tuve una noche espantosa
Chica robot-Me alegro, nada como un sueño reparador para arreglar el día.

Pero también de humanos robotizados, que dan más miedo, con los que puedes entablar el siguiente diálogo:
-Hola! ¿Cómo estás?
-Mal!!!
-....... (silencio que delata que el sujeto ha sido violentamente desprogramado, él sólo quería saludar a un colega)

Para hablar de los intentos de hombres por convertirse en Dios, del golem a Blade Runner, esta noche acompaña a Roncagliolo, Bruno Galindo, escritor y coreanófilo, que ha traído una colección de fotografías de robots realmente aterradora, como uno que tiene la cabeza de Einstein y una especie de R2d2 que sirve para pasar lista en los colegios y que envía a los padres emoticones sobre los estados de animo de sus hijos. "¿Y si le llega uno que dice que el niño está triste? ¿Qué hace el padre con esa información? ¿Sólo lo graba en el iPhone y sigue adelante?", pone el dedo en la llaga Roncagliolo, que ahora lleva en su teléfono un vídeo de su pequeño hijo haciendo una rabieta horrible.

Bruno sigue contando cosas escalofriantes. Habla de la instalación de una artista conceptual. Se trata de un robot que tiene 10 mil respuestas posibles. La pregunta que más se le hizo a la robot fue "¿Por qué quieres ser humana?". La robot una vez respondió "y tú por qué quieres parecerte a una máquina".  Más miedo.

La charla termina con pura ciencia ficción:

Bruno: ¿Comprarías un libro escrito por un robot?
Santiago: No, me daría miedo pensar que es mejor que uno mío.



13 de noviembre de 2010

FOTO: Marta Rebón y Ferran Mateo

Jaime Rodríguez Z. y yo presentamos un vídeochat-performance hace una hora. Aquí os dejo la presentación:

JAIME: Hola, somos el dúo Pimpinela, y vamos a cantarles unas canciones.

GABI: Bueno, en realidad somos una pareja y nos peleamos de verdad.

JAIME: Soy Jaime Rodríguez y voy a leerles mis poemas.

GABI: Soy Gabriela Wiener y voy revelar detalles de mi vida sexual

JAIME: No somos actores. Yo dirijo una revista literaria

GABI: Yo trabajo en una revista que regala pelis porno.

JAIME: Hace poco nos dimos cuenta de que en los chats se discute toda nuestra vida doméstica: desde las compras en el Carrefour, hasta los versos de los poemas que escribimos.

GABI: Chatear no es escribir poesía. Pero en algunas de estas conversaciones hemos volcado nuestras angustias más íntimas, nuestras más bajas pasiones, nuestra maledicencia.

JAIME: Y por eso, público culto y sensible del Festival Ñ, hemos querido regalaros una pequeña muestra de los chats que gmail tiene  a bien guardar en sus 7518 magabytes de memoria (y subiendo).

GABI: Porque nuestra vida es lo que ocurre entre chat y chat.

JAIME: O sea que vivimos muy poco.

GABI Esto no va de literatura, va de amor.

JAIME: Esto definitivamente es un acto de amor




GABRIELA WIENER
(Lima, 1975) Escritora y periodista. Ha publicado «Sexografías» (Melusina, 2008) y «Nueve lunas» (Mondadori, 2009), una descarnada novela de «no ficción» sobre su embarazo y los mitos de la procreación. Hay lectores que la conocen desde mucho antes, de sus crónicas en la revista peruana de periodismo narrativo Etiqueta Negra», en la que Wiener comenzó a perfilar su estilo, lleno de episodios estrambóticos que le ocurren a ella misma y frases memorables para subrayar. También escribe habitualmente para el diario «El País», la revista Marie Claire», el diario Público, el diario El Comercio de Perú, y lleva el blog The Gonzo Files en el portal terra.com.pe. En marzo de 2011 se publicará Nueve lunas en Estados Unidos. Actualmente escribe el ensayo-crónica-confesión Complejos físicos, una investigación «hacia dentro y hacia fuera, entre Umberto Eco y Betty La Fea» en los contornos del imperio de la estética, la belleza y la fealdad, los traumas, los negocios, la cirugía y los defectos, y prepara una novela sobre sus orígenes espurios, en particular sobre el viaje de su tatarabuelo, el arqueólogo y viajero ilustrado Charles Wiener, que trasladó de América a Europa cuatro mil piezas arqueológicas que hoy todavía se exponen en el Museo de Etnografía de París. Fotografía © Ima Garmendia.
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