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-Publicar antes de los 20. (Pron admite que tiene la suerte de que sus primeros libros publicados se encuentran enterrados en librerías argentinas).
-Ser un escritor cuyos defectos son la exageración de sus virtudes, fracasar por exceso de autoexigencia, fracasar por autoindulgencia (Giralt)
-Imitar, por ejemplo a Borges; escribir un libro en el que declaras haber versionado a Borges y que los críticos, muy listos, digan que eres "muy borgeano". (Pron)
-Si vas a imitar ten cuidado con a quién imitas. Hay escritores que abren caminos y hay otros que abren y cierra el camino, como Borges o Kafka (Giralt). Si lo haces siempre serás una burda anticipación.
-Intentar imitar a César Aira (Pron)
-Odiar a los escritores que lees sin parar. (Según Pron, puntualmente a gente como Rodrigo Fresán, "que escribía como yo queria escribir, tenía novias guapas, era amigo de estrellas de rock, publicaba donde yo quería publicar")
-Odiarlos cuando te distancias de ellos, cuando ya te has arrepentido de seguir su estela (Giralt).
-No sólo odiarlos, pensar en matarlos. (Pron)
-Tener prejuicio del tipo: Yo solo leo literatura del siglo XIX, yo solo novela contemporánea.
-Publicar en una editorial que ponga la foto del autor en la solapa (Para Giralt, por un lado, la foto de un autor fue durante una época determinante para decidirse a leer o no un libro, mientras que Pron confiesa que él no compraría un libro con una foto suya; coherentemente publica en Mondadori).
-Dejarse fotografiar por fotógrafos que tienen una concepción circense de la literatura, que te piden que te quites la camiseta (sin que esto suponga que quiera ligar contigo, advierte Pron), desnudarse para ellos sin ningún empacho.
-Llevar más una vida de escritor que escribir realmente (esto es, explica Giralt, figurando en todos los saraos literarios, y agrega Pron, consumiendo toda clase de drogas para conservar la energía y hacerle el paripé a todos los editores presentes).
-Tener vida social (Giralt, que acaba de ser padre)
-Tener hijos (Giralt otra vez). "Uno ya es feliz. A la trascendencia, que buscabas a través de la literatura, se llega mirando jugar a tus hijos". Aunque Pron, le ve el lado positivo: "cuando juegas con tu hijo no tienes a un Ignacio Echevarría diciéndote que lo estás haciendo mal".
-Tener una novia que no quiere que seas escritor (Incluso, revela autobiográficamente Pron, intentar escribir durante la actividad sexual).
-Correr en la carrera de los concursos, enviar incesante e inútilmente manuscritos, pero lo peor es ganarlos porque entonces vienen las cenas de difícil digestión con los concejales de los ayuntamientos (Giralt) o que alguien te llame Patricia, Mauricio o Fabricio (si te llamas Patricio). O que te regalen trofeos de mármol sólido con olivos de metal cuyas hojas son tan filudas que puedes rebanarte el dedo ( de hecho, le pasó al que ganó el Jaén de poesía el mismo año que Pron el de novela).
-Escribir bajo el efecto de estupefacientes:
Pron: Yo nunca lo he hecho, pero fue tu caso, no Marcos?
Giralt: Sí, yo fumaba porros cuando escribía, no uno, sino siete, porque como soy muy nervioso me ayudaba a focalizar. Pero bueno, tuve que dejarlos cuando empecé a relantizarme en exceso.
Pron: yo recuerdo haber escrito con ansiolíticos y el peligro era creerme un genio. Era muy feo leerlo cuando el efecto pasaba.
-Idealizar las tecnologías, no querer escribir libros sino otra cosa, "al punto de escribir una novela que es como una entrada de un Facebook o un sms de un twitt". (Pron)
-Tratar de ser vanguardista, las novelas sin la letra a y sin la letra e ya se ha hecho. (Giralt)
-No ser un escritor de tu tiempo. (Giralt)
-Ser un militante de lo contemporáneo o querer anticiparse a su tiempo (ver que están de moda las de vampiros y cuando acabas de escribirla ya están de moda las de zombies).
-Escribir cosas que no te interesan, porque es lo que esperan de ti (Giralt)
-Considerar que tu vida cotidiana es pueril y hacer una novela sobre reyes de la India o banqueros newyorkinos (Pron).
-Escribir un segundo mal libro (Pron)
-Escribir un tercer mal libro (Giralt)
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A Javier Calvo le gusta el Metal nórdico. Yo lo sé. Le van los gritos guturales y el frío. En el Salón de Baile del Círculo de Bellas Artes, Calvo pone los gritos –quiero decir, la lectura en clave black metal de Suomenlinna (aunque la música de Ignacio Lois no tenga nada que ver con y sea más bien experimental), su última novela- y el público, algo menos entregado que en el estreno de la performance en Barcelona, el frío. Por ahora.
Vilas, Pron, Magrinya, Mora, Ferré, merodean entre las mesas cerveza en mano mientras Calvo, acompañado por el músico Lois y la corista Carlota Gómez, se desgañita. En la barra, una camarera del lugar, nada acostumbrada a los atronadores acordes vocales de este nuevo Varg Vikernes de la literatura Española, mantiene la boca abierta varios centímetros y tengo que pasarle la palma de la mano por delante de la cara para lograr su atención. Suomenlinna es el nombre de una fortaleza construida sobre seis islas en Helsinki, pero aquí es una versión del libro en el que Calvo habla de una Finlandia interior, de adolescentes problemáticas, heavy metal y paganismo. Cosas, todas, que van cayendo sobre los asistentes al Círculo de Bellas Artes como copos de ardiente nieve. Hay quien confiesa no haber leído el libro y se pregunta entre susurros qué tan fiel es la versión que estamos escuchando. “En realidad es como un spin off del libro” se chiva Pron, “es una historia de la que se habla en el libro pero no se llega a contar”.
En el escenario y, rodeados de velas encendidas, Calvo, Lois y Gómez prosiguen con el rito. “¡Ponte las astas de reno! ¡Ponte las astas de reno!” rugen. Los ingenieros de sonido, que me dicen, han padecido las exigencias sónicas del trío, se ponen a buen recaudo. Lois toca su guitarra con un arco de violín. Gómez grita en finlandés. Clímax.
Al final de la presentación Calvo confesará que la Suomenlinna real, allá en Finlandia, es el sitio más aburrido del mundo, que está lleno de turistas muertos de frío.
La noche de ayer, en cambio, ha sido un deslumbrante acercamiento a los dioses del norte en el Salón de Baile.
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FOTO: Marta Rebón y Ferran Mateo
Jaime Rodríguez Z. y yo presentamos un vídeochat-performance hace una hora. Aquí os dejo la presentación:
JAIME: Hola, somos el dúo Pimpinela, y vamos a cantarles unas canciones.
GABI: Bueno, en realidad somos una pareja y nos peleamos de verdad.
JAIME: Soy Jaime Rodríguez y voy a leerles mis poemas.
GABI: Soy Gabriela Wiener y voy revelar detalles de mi vida sexual
JAIME: No somos actores. Yo dirijo una revista literaria
GABI: Yo trabajo en una revista que regala pelis porno.
JAIME: Hace poco nos dimos cuenta de que en los chats se discute toda nuestra vida doméstica: desde las compras en el Carrefour, hasta los versos de los poemas que escribimos.
GABI: Chatear no es escribir poesía. Pero en algunas de estas conversaciones hemos volcado nuestras angustias más íntimas, nuestras más bajas pasiones, nuestra maledicencia.
JAIME: Y por eso, público culto y sensible del Festival Ñ, hemos querido regalaros una pequeña muestra de los chats que gmail tiene a bien guardar en sus 7518 magabytes de memoria (y subiendo).
GABI: Porque nuestra vida es lo que ocurre entre chat y chat.
JAIME: O sea que vivimos muy poco.
GABI Esto no va de literatura, va de amor.
JAIME: Esto definitivamente es un acto de amor