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A veces creo que mi fetichismo por los escritores ha llegado demasiado lejos. Mis mejores amigos son escritores. Mis amigas también. Estudié con escritores. Trabajo con escritores. Tuve amoríos con escritores. A menudo voy a fiestas donde van escritores. Me invitan a congresos donde hay escritores. Escribo sobre escritores. Escucho música compuesta por escritores. Vivo en una ciudad, Barcelona, sobrepoblada de escritores. Mis amigos del Facebook son escritores. Mis jefes son escritores. Chateo con escritores. Duermo con un escritor. ¡Leo a escritores!
A estas alturas espero que ya haya quedado claro: tengo un problema. Cuando están cerca sufro pánico escénico. Me imponen un respeto. Me pongo tontita. Si hablo con ellos me esfuerzo por hacerlo como si estuviera escribiendo. Al final, siempre me quedo muda, no digo palabra, sólo escucho las genialidades del escritor, como si lo leyera. Me aplico para que me vean de igual a igual, con igual capacidad de ingenio e inventiva, o al menos que me consideren para musa literaria. Pero en lugar de eso, me ponga sosa, tartamudeo. Y, sobre todo, me emborracho. Por ejemplo, en una fiesta de Anagrama me emborraché muchísimo porque allí estaban Martin Amis, Claudio Magris, Catherine Millet y Antonio Tabucci. Gracias a eso, al día siguiente salí en el periódico, sííííí, ¡en letras negritas!, junto a todos estos cracks, como si fuera una más de ellos. Según el periodista, la escritora Gabriela Wiener, se había caído al suelo (yo no lo recuerdo, pero si ocurrió, seguramente se debió a la mezcla: cubatas + tacones + escritores) y desde ahí despedía a los ilustres (y a los no tan ilustres) invitados, exclamando: “¡Sois dioses, sois dioses!”
Confieso que estoy nerviosa. El viernes empieza el Festival Eñe. Me voy a Madrid, otra ciudad llena de escritores, y voy a estar rodeada de la causa mayúscula de mi parafilia. Y no de cualquier clase de escritor. Hablo de los que en lugar de dar conferencias hacen performances, nerds vengativos en sus 48 horas como rockstars al alcance de tus chillidos.
Para no emborracharme voy a escribir este blog.
Lo único que me consuela es que no estoy sola. Es más, creo que somos legión, creo que vamos a petar el Festival Eñe.
¿Leyendo esto te has dado cuenta de que a ti también te pasa? ¿Tienes una debilidad enfermiza por los escritores y sus cosas? Si la respuesta es sí, nos vemos en el Círculo de Bellas Artes.
Porque todo lo que empieza así, acaba con gente reconociendo desde su pobre mortalidad que sois dioses. Yo la primera.