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Pasado, presente y futuro convergen en el "Cara a Cara" que enfrenta, es un decir, a los escritores Jordi Carrión y Juan Francisco Ferré en el Salón de las Columnas. Adictos confesos a las teleseries, han decido hablar del futuro (Carrión) plasmado en el único remake de culto de la historia catódica: Battlestar Galactica; y el pasado (Ferré) recreado en Mad Men, ese delicatesen televisivo para lectores de Cheever.
El presente, por su parte, irrumpe nada más subir los encarados al escenario: no funciona el sonido. Cables van y cables vienen, el problema logra solventarse y comienza el espectáculo. Carrión arremete con un “Decálogo Battlestar Galactica” que lee hacia atrás como si se tratara de una cuenta regresiva. Mientras se acerca el desenlace el autor de “Los muertos” habla del presentismo de la serie. ¿Pero esto no iba de civilizaciones perdidas en el espacio futuro? No, tontuelos. Esto va de Bush, Irak, Afganistán, la tortura, la inmigración y hasta Hilary Clinton. Presentismo.
Ferré, por su parte, se saca un vaso de wisky de la chistera, un paquete de Lucky de debajo de la manga y se transforma por arte de magia en Don Draper. En el monólogo, Don, que no Ferré, nos habla de su vida como publicista de la Avenida Madison. Después de escucharlo nos queda claro que la publicidad es el invento del siglo (pasado) y que el protagonista de Mad Men es un monstruo. Mientras el monólogo de Ferré/Don evoluciona entre autocomplacidas confesiones sexuales, crítica a la sociedad de consumo y simbologías varias (Don= Cualidad; Don=Regalo, Don= Don Nadie), pienso que en la serie el propio Draper ha usurpado la personalidad de otro, o sea del verdadero Don Draper –a quien solo vemos morir en un segmento que dura unos segundos de la primera temporada-, y pienso que Ferré es un gran vendedor de su producto.
No hay tiempo para muchas preguntas. Sólo un intruso, Javier Calvo (ex adicto a ambas teleseries), pidió la palabra para destacar desde el público el formato novelesco de las teleseries contemporáneas.
Sí, concluimos todos, las buenas pelis son como buenos relatos, para ver una gran novela hay que leer una teleserie.