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Ascensores, mentiras y gafas de pasta
El blog de Guillermo-Ortiz
12 de noviembre de 2011
Belén Gopegui y las amistades peligrosas

La conferencia habla del poder y Gopegui se presenta como uno de sus heterónimos, Enrique Puertonovo, un supuesto y premiado erudito que desgrana "Las amistades peligrosas", no ya en la versión de John Malkovich y Glenn Close sino el libro de Laclos, el poder del juego, el poder del amor llevado a la ludopatía.

El poder del lenguaje, o, más bien, el poder de la lengua.

Tras Gopegui,unas imágenes de transformismo, a mitad de la conferencia una especie de happening difícil de entender, dos chicas y  un chico que avanzan hacia el centro del escenario, fuera del foco y se plantan de espaldas al público frente a la pantalla ya en blanco.

"¿Pueden los subalternos hablar?" continúa Gopegui, es decir, continúa Puertonovo, y rescata así a Spivak, la necesidad o no de que todo el mundo tenga la misma voz y valga lo mismo. La cuestión de la representación. El sistema de castas de la India aún colonial. La inmolación de las viudas. Su relegación. Los apestados. ¿Pueden hablar? Spivak dice que no, que no pueden, que no poseen un espacio, un enunciado. No se les está permitido.

Gopegui sigue hablando con un tono monocorde, leído, Rajoy en su laberinto. A veces cuesta seguir la argumentación, donde no hay altos ni bajos. A veces, sucede lo contrario... cada paso va tan lento que es imposible perderse, aunque los nombres abrumen, la sucesión de nombres no siempre conocidos. Discursos que se pierden en un contexto no compartido.

El poder y la corrupción de la ausencia de poder -así, Adrienne Rich-, la lasitud del subalterno conformista, el que cruza la trinchera. El lenguaje del opresor." Parece que hablan los callados, en el lenguaje del opresor, pero no sabemos en qué lenguaje hablan cuando guardan silencio", remata Gopegui.

El género, el papel de las relaciones de poder en las relaciones de género. La batalla abierta desde el XVIII y animada por Virginia Woolf. Pero... ¿Es tan fácil asumir sin más que la mujer la que se somete siempre?, ¿el poder le es ajeno? Courtney Love cantaba, se desgañitaba, cuando no era aún siquiera la novia de Kurt Cobain, menos aún su malvada viuda, aquello de "There is no power like my pretty power".

El asunto no es saber si tienes poder sino qué herramientas te sirven para ejercerlo, qué narrativa, qué discurso. "Qué lenguaje", diría Gopegui-Puertonovo. Crecí en un colegio mixto, todas estas referencias me resuenan a un mundo que sé que existe pero que no es el mío.

Los actores se han  vuelto de frente al público: dos chicas a los lados y un chico en el medio. ¿Es un mensaje? Los subtextos. Me abruman siempre los subtextos, más en mañana del sábado, el auditorio lleno porque la primavera ha vuelto en pleno noviembre.

"Patty Smith", dice Gopegui.

"Nadie tiene que aclarar que Picasso era un pintor blanco, un pintor hombre", dice Smith y a Puertonovo le parece que escabulle la cuestión, corriendo el riesgo de dejar la lucha. Rendirse a la condición de que el género es una lacra. "El perseguido finge no huir", dice Gopegui de nuevo, sin dejar de leer, los chicos del fondo acercándose inquietantemente, muy poco a poco, a la mesa de conferenciantes.

"El sentido de pertenencia" es el siguiente tema. Ayer, Javier Moreno hablaba de la pertenencia que es algo más adolescente que intelectual pero, en fin, todo vale. La intelectualidad es una forma como otra cualquiera de continuar la adolescelencia. Melancolía, de nuevo. Un festival con banda sonora de Camilo Sesto. El género, la pertenencia entendidas desde la dominación. Todo es una relación de poder.

Un festival de literatura es una constante relación de poder: qué chapa llevas, a quién conoces, a qué hora han colocado tu conferencia. ¿Sabe usted con quién está hablando?

Algunos abandonan la sala, pero son pocos. Gopegui nos sigue teniendo a todos fascinados por su tono monocorde, un tono ideal para una resaca. Puertonovo asume que su posición de preeminencia se ha convertido en una decadencia. La melancolía y la decadencia. Una novela estadounidense llevada a los hechos mismos: el número de fans de Twitter, el despido, el recorte...

Y al final llega el final: todo esto es narrativa capitalista, explotación capitalista, explotación a las mujeres desde el capitalismo. Pregúntenselo a Angela Merkel. El capitalismo para callar bocas y crear débiles.

Antes del capitalismo, se supone, la felicidad del buen salvaje.

Rousseau de nuevo. Cuánta guerra nos da a los voltairianos.

Como paso final del montaje, los tres actores se expresan como indignados ilustrados. De Valmont a Hessel, a eso hemos llegado. De más a menos. Se veía venir. Reconozco que  me molesta el tono y me molesta la reducción de aquellos días de mayo a un solo adjetivo manoseado por la prensa. ¿Qué mayor rendición? La petición del imperativo: "Indignaos", "Rebélate", "Comprometeos", "Abrigaos", que escribiría mi abuela si le dieran un procesador de texto. El imperio de la corrección política. Tranqui, colega, la sociedad es la culpable... Una charla entre Gopegui y Alberto Olmos, eso sí que sería un debate.

Hasta Campo Vidal se llevaría su torta. Pobre subalterno.



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GUILLERMO-ORTIZ
Guillermo Ortiz (Madrid, 1977) es licenciado en Filosofía y trabaja en la actualidad como profesor de inglés y escritura creativa. Colabora habitualmente con las revistas Neo2, JotDown, El Imparcial, Sigueleyendo o Zona de Obras, como entrevistador, articulista y crítico de cine, música y literatura. También formó parte del equipo fundador de la revista de pago por Internet, Factual. Organiza y participa en el ciclo de recitales «Fuera de Contexto», que une a músicos y escritores y se está convirtiendo poco a poco en una referencia de la noche en vivo madrileña. Su blog, Pequeños objetivos, ha sumado en sus cinco años de existencia más de 500.000 visitas. También tiene una bitácora sobre su adolescencia noventera, Aquellos maravillosos 90, en la que repasa iconos culturales y políticos de la década pasada. Como escritor, ha publicado, Cuando las cosas dejaron de tener sentido (Grupobuho, 2007), una novela en forma de diario con sorprendentes hallazgos y que resultó un modesto éxito comercial, y el libro de relatos Pequeños objetivos (Kokoro, 2006), doce historias minimalistas de Madrid en los doce meses del año. Como es habitual, ha participado en distintas antologías y ha recibido varias menciones en concursos de relato breve con las consiguientes publicaciones. En la actualidad, prepara una segunda novela, El pingüino, que se adentra en el género del thriller, mientras acompaña a su primer cortometraje Do not disturb en diversos festivales de toda España. Para más información, visite la página web www.guilleortiz.com
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