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Ignacio Echevarría ha estado dos veces en el Festival Eñe. La primera, en 2009, moderando una mesa con Rodrigo Fresán y Ray Loriga en la que se trataba de ciencia-ficción y de cualquier cosa que cayera en el cazo porque no dejamos de hablar de dos grandes conversadores y un moderador que no es precisamente Manuel Campo-Vidal.
Fue uno de esos momentos especiales que se viven en un festival así: acababa de entrevistar a Rodrigo y conocía a Ray desde muchos años antes, cuando él solo había publicado un par de libros y yo era un adolescente revolucionado.
Lo que dudo es que él me conociera a mí. Me reconociera, quiero decir.
El caso es que Echevarría también estuvo en la segunda edición pero no sé si esto él lo sabe. Estuvo en la charla de Patricio Pron y Marcos Giralt Torrente. Ya sabes cómo funcionan los recuerdos y en esto voy a homenajear a Loriga, ya que me viene al pelo: "La memoria es el perro más tonto, le tiras un palo y te trae cualquier otra cosa". Cuando yo tiro el palo del Festival Eñe 2010 mi mascota me trae aquella charla de Pron, transformado en Woody Allen, y Giralt Torrente arrasado por algo que parecía cansancio, casi agotamiento. Un buen contexto para la sinceridad.
En un momento dado, de una manera algo deslavazada -de una manera algo Patricio Pron, en definitiva- el escritor argentino pregunta sobre la constancia, sobre la necesidad de ponerse delante del ordenador un número de horas y tirar hacia adelante pase lo que pase, sin interrupciones, estilo "All work and no play makes Jack a dull boy". Giralt Torrente, mirando al infinito, asiente, luego matiza: "Lo que pasa es que he sido padre hace poco y eso te cambia. Hay veces que sabes que deberías ponerte a escribir pero lo que acabas haciendo es ponerte a jugar con tu hijo porque es lo que te apetece".
Pron le mira, digiere la respuesta con un cierto tartamudeo y replica, como si nada: "Eso es porque no tienes a Ignacio Echevarría diciéndote si juegas bien o mal con tu hijo".
Me pareció la mejor frase del festival con diferencia, junto a alguna de Armas-Marcelo, ese hombre capaz de ser invitado a hablar de un Premio Nobel durante una hora y pasar la mitad de la charla hablando de sí mismo sin llegar a aburrir a nadie, casi al contrario. Muchas veces, la literatura para masas funciona así: los ganchos son solo eso: ganchos, excusas, motivos para charlar sobre cualquier otra cosa.
Me extraña no ver la referencia a Echevarría en el blog de Gabriela Wiener del año pasado. Me extraña porque uno lee el blog de Wiener y tiene la sensación de haber estado en el mismo festival, algo siempre gratificante. No le pueden pedir a Patricio Pron que no se preocupe de la sombra de Echevarría y exigirme a mí que me olvide de la de Wiener. Uno acepta un trabajo pensando que va a montar la de dios y resulta que el año pasado ya lo hizo alguien por ti y te sientes como La Habitación Roja en La Riviera con Vetusta Morla de telonero: ¿Y ahora yo qué cojones hago?
Tengo la sensación de que Wiener dominaba más el entorno y yo domino más el espacio. Es mi tercer año. Creo que si consigo ir cinco años consecutivos me llevo la cafetera de la entreplanta en propiedad y la puedo levantar cual Iker Casillas subido a la mesa de Agustín Fernández-Mallo.
Sombras y expectativas. Un poco la historia de nuestra vida, ¿no? Algo que te persigue y algo a lo que persigues tú.
La otra gran frase del año pasado, el perro acaba de volver justo ahora con el hueso, la dijo Guillermo Saccomanno, en pleno debate sobre "El eternauta" y la novela de la clase media argentina. "Ahora todo el mundo escribe sobre escritores", dijo, "no se me ocurre nada más aburrido que la vida de un escritor. Nunca pasa nada, estás todo el rato solo". Al principio me gustó. Saccomanno tiene esas cosas, que le oyes y no concibes que no tenga razón; incluso cuando dudas, acabas pensando que el problema es tuyo. Después, y hablo quizá de un año después, te das cuenta de que no: que la vida de un escritor es interesante precisamente porque siempre piensa que hay un Ignacio Echevarría observándolo.
Incluso cuando juega con su hija, el escritor intenta pasar a la posteridad o al menos que la crónica del día siguiente le deje en buen lugar. Un personaje bien construido, un conflicto bien resuelto, una trama consistente, es decir, no ya un creador, sino un padre. La narrativa de uno mismo. Insisto, la vida.
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"La lectura tiene que ser una tarea muy silenciosa, tranquila, ensimismada. El lector debe ser un tipo que se ensimisme fácilmente". Esa es la posición de Mario Muchnik cuando le hablan del e-book: "El libro es como un juguete para los jóvenes", dice, más asombrado que crítico. Muchnik es de esos editores que editan y no de los que firman cheques y que el manuscrito se lo lea otro, si se lo lee. Un hombre que se preocupa por comas y tildes, esos grandes olvidados del mundo editorial de hoy en día.
"Editar porque sí o editar por una finalidad concreta...", Muchnik se queda colgado en la frase, como si le disgustara. Remite a Carlos Barral, su amigo Carlos Barral, sus primeros consejos: "Nunca publiques con una finalidad comercial, me dijo, antes de montar mi editorial... aunque él no siempre siguió su consejo. Yo sí".
Con Muchnik uno puede coincidir o no, pero al menos está ante un criterio. Su criterio, de acuerdo, pero algo es algo. "El lector se da cuenta de todo", dice, "el problema es el editor". "Una persona que lee ya es algo que provoca estupor", continúa, regodeándose en los movimientos de las manos, "me gusta fotografiarles cuando les veo en público, en un aeropuerto... pero un lector no es un espectador, no es lo mismo leer que ver. El lector reflexiona, el espectador puede reflexionar, de acuerdo, pero después, no es algo inmediato".
Diego Salazar, que te está tuiteando todo lo que no está aquí, coincidía conmigo el otro día: "No hay manera de saber qué están haciendo los editores, ni siquiera ellos lo saben". No nos engañemos, no hay manera de saber qué está haciendo nadie, como si tuvieran al mismo mono eligiendo el catálogo de una editorial, revisando las cuentas de Lehmann Brothers y la deuda de Italia. Así de triste.
Muchnik provoca melancolía, hay algo en él que remite a otra época, una época que yo no he vivido y puede que no vaya a vivir jamás. La melancolía de lo inexistente.
La voz de Muchnik se pierde en los ecos del patio de columnas. Una certeza rebotada y repetida de una manera difuminada. Distorsionada. "Lo más grave que ha pasado en la sociedad es la televisión, ha interrumpido el desaliento. Hoy día, es muy raro encontrar a alguien que piense e intente transmitir, por eso se escriben tan pocos libros buenos. Se editan muchos, pero buenos, pocos, sin acentos, con erratas...".
Y por un momento el melancólico es él. Una melancolía imposible, también. Un bucle, hasta cierto punto. Un mundo sin televisión ni Internet pero con fotografía y papel. Hay algo en el discurso de Muchnik que huele a página amarillenta, casi húmeda. Naftalina. Prefiero entenderlo como un alegato contra la prisa, contra la inmediatez, más bien, y no una mera nostalgia anti-tecnológica, porque se me ocurren un par de cosas más graves que un aparato de televisión, por decir algo. Respeto el recuerdo de cuando no todo era inmediato y no hacía falta contarlo todo.
La melancolía, en definitiva, de las buenas historias.
Pero en ese momento a alguien le suena el móvil y volvemos a la realidad. Corriendo a ver a Trapiello. Las señoras de la limpieza fregando desesperadas las últimas pisadas. A lo lejos -el eco es imprevisible- las últimas palabras de Muchnik: "Julio (Cortázar) no era un hombre de borrachera en Salamanca sino de cochinillo y lechazo en Segovia". La vieja Castilla al rescate. "Yo he publicado más por amistad que otra cosa", dice, y vuelve la nostalgia, y por un momento pienso en quedarme, sobre todo cuando vuelve a la incomunicación autor-editor: "¿Cómo puede ser que no se hablen?, ¿cómo puede ser que no conversen?" y ahí se mete con el fútbol y vuelve el purismo y por ahí ya sí que no paso.
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No todo es melancolía: David Trueba y Manuel Vicent.
Conversación empezada, probablemente muy empezada.
Risas: Viajes con el Barcelona, padres de Messi, abuelos de Messi (Trueba), los abuelos de Messi decían "este niño solo vale para jugar al fútbol y utilizaban mis novelas para todo menos para que las leyera" (Vicent)
Risas: "Es necesario ver Marina D´Or al menos una vez en la vida... y el aeropuerto de Castellón, provoca melancolía pero es una experiencia" (Vicent) "Estuve en Marina D´Or de visita: la mitad estaba a la venta, la otra mitad estaba aún por construir" (Trueba)
Serios: la columna, el columnista, "si se hace en domingo, piensas que es domingo y no puedes amargar al tipo que lee". Elogio de Julio Camba, "nunca pasa de moda", elogio de Josep Pla, el rey del adjetivo (todo ello, Vicent), elogio de Manuel Jabois (esto es cosa mía, pero tenía que meterlo. Si alguien conoce un columnista mejor que Manuel Jabois que me lo presente).
Aforismos: "La filosofía del futuro es el libro de instrucciones" (Vicent) "El iPhone no vale para hablar con nadie, solo vale para hablar de él" (Trueba), "Que haya que apagarlo en un avión, acojona" (Vicent)
Basta con ver Twitter -agradecimientos a David Barreiro y Lucía Sesma- para darse cuenta de que otra literatura, menos grave, más amena, una literatura ante la que la gente reacciona con risas y aplausos o en el peor de los casos con abucheos y zapateados- es posible.
Diego Salazar ya lleva un gin tonic, yo, ninguno. Soy el típico gilipollas al que le dicen que tiene que trabajar y se pone a hacerlo. Hay un hombre en España que lo hace todo. En la planta segunda, libros, editores, escritores y aspirantes practican extraños ritos de apareamiento.
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Esther Tusquets no solo es inteligente sino que además combina su inteligencia con un sentido del humor envidiabe. La charla que mantuvo el año pasado junto a su hermano Óscar fue de lo mejor del festival: ingenio, rapidez, ese sentido común tan catalán y a la vez tan cínico, tan envidiable.
Esther tenía el cometido de contestar varias de vuestras preguntas y lo suyo es dejar aquí simplemente sus respuestas:
- "Me considero feminista. No es algo que piense mucho pero si me preguntan la respuesta es sí. Creo que es obvio que no tenemos las mismas oportunidades"-se dirige a la moderadora- "Si tú crees que sí, luego nos tomamos algo y me cuentas, para que veas".
- "Es normal que sea una escritora reconocida entre las lesbianas. Soy de las pocas que trato el tema con naturalidad. Muchas mujeres, muy inteligentes, siguen encerradas en el armario. Mi escritura es una manera de ayudarlas, que no se sientan tan solas".
- "El libro con mi hermano es brutal, muy distinto, no se ha hecho nada parecido hasta ahora, creo... Se publicará en febrero de 2012 o esa es la última noticia. Tenemos recuerdos completamente distintos de una misma vivencia. Supongo que el problema es que él era el favorito de mi madre y yo la favorita de mi padre" -se envuelve brevemente en algo parecido a la tristeza- "una psicóloga me dijo que tenía déficit de cariño por esa relación. No sé, nunca me sentí querida de pequeña, la verdad".
- "Jaime Gil de Biedma sí era parte de la gauche divine. Por completo. Yo no. Ni bebía ni fumaba ni iba a Bocaccio ni acababa con ellos en cualquier lado". La moderadora repregunta: "¿Entonces no te consideras nocturna?" y Tusquets, con una inmediatez que recuerda al Borges de sus últimas entrevistas, esa lucidez de la edad, dice: "Sí... pero es que la noche no la inventó la gauche divine"
- "Si tuviera que salvar algo en la sociedad, salvaría la educación. Me dedicaría a los niños de 4 a 10 años. La educación nuestra fue mala, pero la de ahora es pésima... y eso que adoro a mis nietos, todos adoramos a nuestros nietos, más que a los hijos, a menudo".
Y ríe y ríe y ríe y la gente acompaña en la risa, una sala llena de nuevo porque es sábado y en sábado todo está permitido. Luego sigue el interrogatorio:
- "¿Cine? Vi una película, esa de los de Facebook, pero no entendí nada. Lo intenté, ¿eh? Dos veces, pero no, no me entero de nada, me pasa como con el Facebook de por sí".
- "También he intentado que me guste la música, con todas mis fuerzas... y el alcohol, incluso el tabaco... aunque sé que esto no es una broma. He perdido a seres muy queridos muy pronto probablemente por el tabaco, pero no me gusta prohibir nada. No solo el Estado sino los que se convierten en alguaciles: ¡No puedes fumar aquí! Yo no fumo pero no me importa que fumen. Odio prohibir. Hablan de la envidia pero el deporte nacional en este país es prohibir".
- "¿En qué mienten más los editores? En el número de ventas. Nunca quieren que sepas lo que imprimen". El auditorio y la moderadora nos quedamos en la duda: ¿Por qué ese misterio? "Pues porque no quieren pagar derechos de autor, dicen que venden menos y ya está, solucionado".
Por último, la vejez. Esther Tusquets -y que en mi filia barcelonista no se me escape un "Busquets" por favor- ha cumplido ya los 75 años:
- "Tengo la sensación de que a partir de los 70 cada día es el mejor que vas a tener. Así de claro: si un día te encuentras fastidiado ya sabes que los siguientes van a ser peor. No sé por qué la gente quiere vivir tanto, ser viejo es muy difícil, muy complicado. Y cada vez lo va a ser más".
Y para demostrarlo, nos invita a todos a una partida de bridge o de póker... pero otro día, hoy tiene que irse. Una delicia, una manera de defender lo que uno quiere sin pretensiones, solo con claridad.
Demasiados años dedicados a ver cómo escandalizaban a los burgueses, solo le faltaba a ella subirse a estas alturas al carro.
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Silvia Grijalba lee en la sala chill-out, el presentador ya nos ha avisado "Se acerca el final" y yo te lo repito porque es verdad. Vengo de ver a Ana María Matute, su glorificación delante de cientos de personas, una sala que no solo tenía todas las sillas ocupadas sino que recogía en el suelo a decenas de personas que apenas oían -la acústica de algunas salas, reconozcámoslo, es mejorable- pero que participaban en el ritual de la entrañable Premio Cervantes.
Yo estuve ahí. La literatura para masas enfurecidas, recuerden.
En fin, prefiero bajarme a la planta donde aún celebra Calvo con los suyos y abundan los gin-tonics. Ha vuelto a llegar ese momento en el que los demás empiezan a divertirse y mis párpados empiezan a cerrarse. Grijalba mezcla artículos de periódico sobre felaciones, sexo oral entre homosexuales -para escándalo de algunos padres que han venido con sus hijos, supongo que atraídos por la promoción "Premio Fernando Lara"-, rigor mortis y los brebajes psicotrópicos de Valium con alcohol.
Trankimazín con alcohol, esa fue mi especialidad durante años y, créanme, funciona.
Grijalba explica biografías a un público copioso y a la vez difuso. Demasiados ruidos desde fuera: conversaciones y vasos mezclándose. Se está a gusto al borde del desmayo. Muy a gusto. Grijalba pronuncia la palabra "erupto", Salazar tuitea. Inglaterra gana con gol de Lampard. Esta es la España que nos deja Zapatero.
Quedan las vanguardias, pero no sé qué es eso de las vanguardias. Más vanguardistas que los vanguardistas, supongo. La nueva ola de la nueva ola.
Silvia lleva unas botas verdes y una pulsera enorme -algo así como una escayola brillante- en el brazo derecho.
Sonríen y brindan.
¿Quiénes?
Ni idea. Un violonchelo tumbado me apunta con su mástil. "¿No me habré pasado en la dosis?", piensa Alba en boca de Silvia.
Lo mismo sí. ¿Cómo saberlo? Oír a Silvia es agradable. Habla de La Casa Azul y de Benicassim. Laly Soldevilla. "Neolit son los nuevos beatniks, como representación la pareja de Ray Loriga y Christina Rosenvinge". Matiza Grijalba: "Era en 2001".
Este es un blog en el que se nombra a muchísima gente y al final, casi siempre, aparece Ray Loriga.
Por resumir, digo.
Las chicas de al lado me miran y dicen "Este muchacho..." y ahí prefiero dejar de escuchar. Soporto difícilmente los sujetos pero los predicados... eso ya sí que no.