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Ascensores, mentiras y gafas de pasta
El blog de Guillermo-Ortiz
07 de noviembre de 2011

Tercer año del Festival Eñe en Madrid. Tercer año de ascensores llenos que suben con lentitud, sin prisas, y bajan justo cuando uno ya ha decidido utilizar las escaleras, desesperado, corriendo hacia la siguiente conferencia express, mesa redonda, entrevista... Los festivales literarios tienen una ventaja muy evidente: la variedad, ir desde Pepe Caballero Bonald a Luna Miguel sin más que tres o cuatro plantas de por medio. El reencuentro con los viejos amigos, lectores ávidos o escritores más o menos debutantes. Las castas. Todo festival tiene sus castas y un festival literario casi tanto como un festival de cine, hay que asumirlo.

Luego está la constancia de que la gente miente. Lo lleva el formato. Miente -o exagera- el escritor porque ese es su trabajo, mienten o exageran los que después de la charla le llenan de halagos... y mienten o exageran los que despotrican contra todo, piensan que cada conferencia es una estafa, cada entrevista, una exhibición de ego y cada mesa redonda, una muestra de falta de rigor. A mí al menos me resulta muy divertido. El aplauso encendido y la puñalada en el pasillo. Literatura para una masa enfurecida.

Y es que el problema de estos grandes festivales es precisamente la masificación. Gente entrando y saliendo de las salas en charla, moviendo sillas, riendo... solo a falta de un buen bol de palomitas. Yo, que soy un cascarrabias, aunque eso a ustedes les debería dar igual, reconozco que, cuando un grupo llega tarde y buscando sitio a viva voz, soy de los que mira fijamente, airado, enfurecido yo mismo, mis gafas de pasta torcidas escondiendo unos ojos llenos de superioridad moral.

Luego se me pasa.

Hay algo de maratón en Eñe como lo hay en cualquier otro evento de este tipo. Lo dicho: una mezcla de ascensores que nunca llegan a tiempo, mentiras o exageraciones, y chicos con barba y gafas de pasta que otean el horizonte para ver si hay algún editor cerca, y a falta de editor, una chica guapa. Como si uno no supiera a estas alturas que las chicas guapas, lamento disgustarte, prefieren a los músicos. El Círculo, durante dos días, es el sitio en el que estar si te gusta la literatura. Adopta la pose que quieras: si quieres trepar, trepa; si quieres escuchar, escucha; si quieres intervenir, interviene; si quieres enfurecerte con cada intervención, adelante, ese es tu lugar: el infierno son los otros, el ejército enemigo.

Busca las caras consagradas y sus libros dedicados o indaga en las pequeñas editoriales y los autores noveles, eso depende de ti. El Festival, en sí, no es más que un escenario, un abanico de posibilidades. El objetivo de este blog es desplegarlas, que sepas lo que te estás perdiendo y por qué, y una vez lo sepas ya sí: dar rienda suelta a tu indignación o a tu entusiasmo. Mostrar, no explicar. Un blog minimalista, en el fondo.



09 de noviembre de 2011

Ignacio Echevarría ha estado dos veces en el Festival Eñe. La primera, en 2009, moderando una mesa con Rodrigo Fresán y Ray Loriga en la que se trataba de ciencia-ficción y de cualquier cosa que cayera en el cazo porque no dejamos de hablar de dos grandes conversadores y un moderador que no es precisamente Manuel Campo-Vidal.

Fue uno de esos momentos especiales que se viven en un festival así: acababa de entrevistar a Rodrigo y conocía a Ray desde muchos años antes, cuando él solo había publicado un par de libros y yo era un adolescente revolucionado.

Lo que dudo es que él me conociera a mí. Me reconociera, quiero decir.

El caso es que Echevarría también estuvo en la segunda edición pero no sé si esto él lo sabe. Estuvo en la charla de Patricio Pron y Marcos Giralt Torrente. Ya sabes cómo funcionan los recuerdos y en esto voy a homenajear a Loriga, ya que me viene al pelo: "La memoria es el perro más tonto, le tiras un palo y te trae cualquier otra cosa". Cuando yo tiro el palo del Festival Eñe 2010 mi mascota me trae aquella charla de Pron, transformado en Woody Allen, y Giralt Torrente arrasado por algo que parecía cansancio, casi agotamiento. Un buen contexto para la sinceridad.

En un momento dado, de una manera algo deslavazada -de una manera algo Patricio Pron, en definitiva- el escritor argentino pregunta sobre la constancia, sobre la necesidad de ponerse delante del ordenador un número de horas y tirar hacia adelante pase lo que pase, sin interrupciones, estilo "All work and no play makes Jack a dull boy". Giralt Torrente, mirando al infinito, asiente, luego matiza: "Lo que pasa es que he sido padre hace poco y eso te cambia. Hay veces que sabes que deberías ponerte a escribir pero lo que acabas haciendo es ponerte a jugar con tu hijo porque es lo que te apetece".

Pron le mira, digiere la respuesta con un cierto tartamudeo y replica, como si nada: "Eso es porque no tienes a Ignacio Echevarría diciéndote si juegas bien o mal con tu hijo".

Me pareció la mejor frase del festival con diferencia, junto a alguna de Armas-Marcelo, ese hombre capaz de ser invitado a hablar de un Premio Nobel durante una hora y pasar la mitad de la charla hablando de sí mismo sin llegar a aburrir a nadie, casi al contrario. Muchas veces, la literatura para masas funciona así: los ganchos son solo eso: ganchos, excusas, motivos para charlar sobre cualquier otra cosa.

Me extraña no ver la referencia a Echevarría en el blog de Gabriela Wiener del año pasado. Me extraña porque uno lee el blog de Wiener y tiene la sensación de haber estado en el mismo festival, algo siempre gratificante. No le pueden pedir a Patricio Pron que no se preocupe de la sombra de Echevarría y exigirme a mí que me olvide de la de Wiener. Uno acepta un trabajo pensando que va a montar la de dios y resulta que el año pasado ya lo hizo alguien por ti y te sientes como La Habitación Roja en La Riviera con Vetusta Morla de telonero: ¿Y ahora yo qué cojones hago?

Tengo la sensación de que Wiener dominaba más el entorno y yo domino más el espacio. Es mi tercer año. Creo que si consigo ir cinco años consecutivos me llevo la cafetera de la entreplanta en propiedad y la puedo levantar cual Iker Casillas subido a la mesa de Agustín Fernández-Mallo.

Sombras y expectativas. Un poco la historia de nuestra vida, ¿no? Algo que te persigue y algo a lo que persigues tú.

La otra gran frase del año pasado, el perro acaba de volver justo ahora con el hueso, la dijo Guillermo Saccomanno, en pleno debate sobre "El eternauta" y la novela de la clase media argentina. "Ahora todo el mundo escribe sobre escritores", dijo, "no se me ocurre nada más aburrido que la vida de un escritor. Nunca pasa nada, estás todo el rato solo". Al principio me gustó. Saccomanno tiene esas cosas, que le oyes y no concibes que no tenga razón; incluso cuando dudas, acabas pensando que el problema es tuyo. Después, y hablo quizá de un año después, te das cuenta de que no: que la vida de un escritor es interesante precisamente porque siempre piensa que hay un Ignacio Echevarría observándolo.

Incluso cuando juega con su hija, el escritor intenta pasar a la posteridad o al menos que la crónica del día siguiente le deje en buen lugar. Un personaje bien construido, un conflicto bien resuelto, una trama consistente, es decir, no ya un creador, sino un padre. La narrativa de uno mismo. Insisto, la vida.



10 de noviembre de 2011

Yo no sé lo que es la "Generación Nocilla". Lo siento, no entiendo de generaciones. No es algo nuevo, siempre he llevado el individualismo a puntos muy ridículos: mi novia de los 90 me insistía en ver museos y cuadros y llamarlos no por su nombre sino por su apellido: "un Goya", "un Renoir", "un Greco". Y yo veía una pintura, unos personajes, una historia e intentaba juzgarlos por sí mismos.

Puede que no todo lo que vale una obra tenga que estar en la obra, pero al menos debe poder defenderse por sí misma, sin ficha explicativa a su derecha.

En resumen, Agustín Fernández-Mallo abre a las 5 el Festival Eñe 2011 y me provoca cierta curiosidad. Lo vi hace dos años y tuve la sensación extraña de no saber si me estaba tomando el pelo o no. Al final decidí que no porque era la opción que nos dejaba mejor a los dos.  He leído sus libros, me han gustado. No sabría catalogarlos ni mucho menos meter en el catálogo a todo un grupo de escritores como si fueran muebles de IKEA.

Los escritores y sus personajes. Una combinación terrible. La gente habla del "mundillo literario" como si el "mundillo literario" fuera algo más que un montón de castas y poses que cada uno elige en su momento. Las peleas, las luchas. Alberto Olmos, por ejemplo, que charla a las 9 con Luna Miguel. Conozco a Luna pero no conozco a Alberto. He leído a Alberto pero no he leído a Luna más allá de sus artículos periodísticos.

Sin embargo, nadie negará que son dos personajes controvertidos en esa pequeña microsfera que es la literatura contemporánea española y precisamente todas esas polémicas en las que no entro son las que me superan.

Planteo objetivos para este viernes: pasar por encima de los prejuicios. No debería ser fácil porque, como digo, no suelo tener prejuicios. A mí me dan un libro y me lo leo. Me gusta o no, pero no caigo en filias o en fobias. "Ejército Enemigo", de Olmos, me pareció una novela sensacional durante 150 páginas e irregular durante 110. Opino sobre libros, no sobre escritores.

El problema es que ahora tendré que opinar sobre escritores o al menos sobre sus opiniones, que puede que no sea lo mismo. Una editora me dijo un día muy sorprendida, cuando le comenté que era crítico: "¿Vas a criticar a tus propios compañeros?" No, en absoluto, señora, voy a criticar sus libros, el que no entienda la diferencia anda un poco perdido.

En fin, Mallo, Olmos y Luna en la tarde-noche del Círculo de Bellas Artes. No solo ellos, por supuesto. Andrés Trapiello, el autor favorito de una de mis ex novias, lo que le convierte en algo así como el ex novio de mi ex novia y me deja ante la disyuntiva de emborracharme con él y abrazarlo en el Toni 2, o mirarlo con desprecio, una mirada de discoteca en Costa Polvoranca. Aparte, David Trueba, Manuel Vicent, Mario Muchnik, Álvaro Pombo... para acabar con Eliza Fuenzalida en una de esas mágicas madrugadas del Círculo, cuando ya casi no hay nadie por ningún lado y el cansancio se mezcla con el sueño en una duermevela ronroneante.

Editores, aparte de Muchnik, estarán Libros del KO, Salto de Página, Musa a las 9... Yo tengo con los editores el mismo problema que tengo con las chicas guapas, que nunca las saco a bailar ni las invito a copas porque pienso que me van a decir que no. El miedo al rechazo. Mi incapacidad para reconocer sus propios miedos, sus propios complejos y jugar con ellos. Hace un año y poco otra ex novia -no leía a Trapiello o nunca lo mencionó al menos- se casó y me invitó a su boda. Yo acepté. Escribí algo muy bonito y pedante sobre cómo cada ex representaba una parte del camino hacia la supuesta felicidad final. Sin los fracasos, los éxitos no existen. Así, nosotros, los escritores inéditos.

No sabía entonces que un año y pico después mi ex novia se estaría divorciando, con lo que al final incluso el éxito puede ser un fracaso a corto plazo y, por la misma analogía, editar no sería en ocasiones sino una tregua, nada que ver con un tratado de paz propiamente dicho.

Foto de Luna Miguel sacada de "Las Noches del Cangrejo"



11 de noviembre de 2011

Lo extraño es que nadie aplauda. Nadie. Ni a la banda de Alberto Palacios ni a Fernández-Mallo, leyendo partes de su último poemario (2005) y de su primero (1999-2001). Mallo, con algo parecido a la timidez que puede ser indiferencia, habla del silencio, del Tractatus, de las identidades, los simulacros y amigos "durmiendo la mona" pero todos callan, aunque a la fuerza les apetezca aplaudir.

Tiene que apetecerles, si no, ¿qué hacen aquí?

Yo mismo no sé qué hacer entre tanta seriedad y circunstancia. ¿Intimidación? Ya lo he dicho antes: soy un hombre torpe y un hombre torpe siempre piensa que está haciendo lo incorrecto incluso cuando acierta, así que lo mejor será mantener también el silencio. Claro que, si se piensa, lo contrario sería terrible: un aplauso cada dos minutos de recitado, o, aún peor, aplausos intercalados, decididos: este sí, este no.

Miro a Mallo y pienso que es complicado llegar a un Festival, ser el primero en tomar el micrófono y que tu ego se ponga en juego así, a bocajarro.

Otra cosa es que a él le importe, que no parece. Se limita a pasar folios y recitar, como si a determinada edad uno se haya acostumbrado a que le zarandeen el ego sin notar siquiera un leve mareo. Cuando no cambia de poema sino de poemario, de la herencia de Wittgenstein a "Antibiótico", rellena la pausa con palabras. Mallo es bueno contando historias, pueblos donde nieva y uno se queda incomunicado. Ambiente de Jack Nicholson. Ninfas televisivas. "¿Y si El Equipo A y Borges fueran lo mismo?"

Insisto, es raro. Cada poema, cada final de poema, de manera casi intuitiva pide un aplauso, un regidor que incite a la ovación. Acabar con una pausa y luego comenzar sabiendo que lo que te espera al final es una pausa. No sé, como si uno escribiera posts y posts y al final no recibiera ni un solo comentario. Un abucheo o un aplauso. Un elogio o un insulto. Cualquier cosa estética: arriba y abajo, decía Loriga, es mejor que la tristeza.



11 de noviembre de 2011

No todo es melancolía: David Trueba y Manuel Vicent.

Conversación empezada, probablemente muy empezada.

Risas: Viajes con el Barcelona, padres de Messi, abuelos de Messi (Trueba), los abuelos de Messi decían "este niño solo vale para jugar al fútbol y utilizaban mis novelas para todo menos para que las leyera" (Vicent)

Risas: "Es necesario ver Marina D´Or al menos una vez en la vida... y el aeropuerto de Castellón, provoca melancolía pero es una experiencia" (Vicent) "Estuve en Marina D´Or de visita: la mitad estaba a la venta, la otra mitad estaba aún por construir" (Trueba)

Serios: la columna, el columnista, "si se hace en domingo, piensas que es domingo y no puedes amargar al tipo que lee". Elogio de Julio Camba, "nunca pasa de moda", elogio de Josep Pla, el rey del adjetivo (todo ello, Vicent), elogio de Manuel Jabois (esto es cosa mía, pero tenía que meterlo. Si alguien conoce un columnista mejor que Manuel Jabois que me lo presente).

Aforismos: "La filosofía del futuro es el libro de instrucciones" (Vicent) "El iPhone no vale para hablar con nadie, solo vale para hablar de él" (Trueba), "Que haya que apagarlo en un avión, acojona" (Vicent)

Basta con ver Twitter -agradecimientos a David BarreiroLucía Sesma- para darse cuenta de que otra literatura, menos grave, más amena, una literatura ante la que la gente reacciona con risas y aplausos o en el peor de los casos con abucheos y zapateados- es posible.

Diego Salazar ya lleva un gin tonic, yo, ninguno. Soy el típico gilipollas al que le dicen que tiene que trabajar y se pone a hacerlo. Hay un hombre en España que lo hace todo. En la planta segunda, libros, editores, escritores y aspirantes practican extraños ritos de apareamiento.



11 de noviembre de 2011

Luna Miguel no lee Babelia ni El Cultural. Lo deja bien claro en lo que parece quizás un exceso de autoafirmación. En cualquier caso es verosímil y es una decisión. Luna se ha acostumbrado en los últimos meses a ser considerada una marcadora de tendencias, algo absurdo a sus 21 años: si Luna dice algo, tiene diez mil lectores dispuestos a comérsela a besos; si dice otra cosa, tiene diez mil lectores dispuestos a llamarla de todo. Hay muchos ejemplos al respecto hasta el punto de que ella no pueda decir "No leo Babelia ni El Cultural" sin que el bloguero de Eñe empiece su artículo con eso.

Sin embargo, sí lee libros. Le gustan los libros casi como un fetiche. Los toca y los lee. La conversación tiene que ver con Internet y por supuesto la cosa ha caído en el fetichismo que es a lo que derivan todas las discusiones de este tipo.

Huelo los libros pero no leo los periódicos. Está bien. Alberto Olmos habla de blogs que pasan a libros y blogueros que sustituyen a críticos. Luna prefiere en la solapa la crítica de un blog antes que una de "El País". Pero quiere publicar un libro de papel. Y escribe en Público. Olmos reconstruye las conversaciones de email de su novela, la interesantísima "Ejército enemigo", pero sigue considerando que el prestigio tiene que ver con el papel.

Nadie habla del lector.

Lo que aporta Internet con respecto al libro habitual como medio de expresión es la presencia constante del lector. No ya de los "blogueros", que es una palabra que ni siquiera sé cómo escribir, sino de cualquiera que tenga una cuenta abierta, incluso un anónimo. El feedback. Olmos, Miguel y Sierra hablan del soporte pero se olvidan del consumidor del soporte.

Elena Sansigre lo llama "ego del escritor". Puede ser. También me matiza: "El problema de pasar un blog a un libro es que desaparecen los 45 comentarios". Volvemos a Arcadi Espada, disculpen la fijación. Llegó un momento en el que su artículo no se entendía sin las apreciaciones, enlaces e hipervínculos de los lectores. Un blog era una comunidad, algo que nunca será un libro.

Llegan las redes sociales: Luna es fanática de Twitter. No lee El País ni Público en Internet, solo lee Twitter. Sierra lo utiliza a veces para leer cosas interesantes, sin matizar demasiado. Alberto Olmos lo ve con una cierta distancia, una cierta superioridad, pero es justo el que da en el clavo casi a la media hora de charla: pronto surgirá la posibilidad de que el lector comente cada palabra de un e-book, una especie de audímetro que controlara qué partes funcionan y qué partes no funcionan de un libro.

A Sierra, este escenario le parece "una gilipollez". A Olmos, de hecho, le molesta, porque lo sigue viendo desde el punto de vista del escritor: "Solo me queda escuchar a 500 personas cada vez que escribo una página". No, no es necesario. Si el miedo es que una editorial mida los ratings y se convierta en una productora, lo siento, pero eso ya ha pasado, es demasiado tarde. Quien habla de descargas habla de libros vendidos.

¿Qué te piden cuando envías un manuscrito? Que definas tu target...

En general, los tres parecen un poco superados por la tarea. Internet es un tema inabarcable. Al principio, Sierra dijo algo muy inteligente: "Nos han traído a nosotros porque nos comunicamos por Internet... todo el mundo sabe que los demás escritores se comunican con tam-tam". Desde luego el mundo editorial -el "mundillo" si prefieren- sigue comportándose con una torpeza inaudita en todo lo que tiene que ver con la red. Están todo el día preguntándose qué hacer igual que los cineastas se comen la cabeza pensando qué demonios es el cine español.

Se miran las manos.

Y con Internet, además, miles de personas te las miran a la vez.

Y eso a Luna le parece bien porque desmitifica al escritor -"yo quiero tocar al escritor en Twitter igual que toco a mi abuela en Facebook"- pero a Olmos no le parece tan bien porque sigue teniendo el punto elitista que todos tenemos y me parece muy bien que lo deje claro, sin complejos ni buenismos.

Pregúntenme si prefiero tener 1000 visitas al día en mi blog y 14 comentarios diciéndome lo bien que escribo o que Granta me seleccione en su próxima lista. Pregúntenselo a Luna Miguel.

Y a diez mil personas la respuesta les parecerá una tontería mientras otras diez mil pensarán que es sublime y Alberto Olmos sonreirá desde la distancia y Sierra sigue admirando a blogueros maravillosos... que publican sus novelas en papel. En fin, Internet, fetichismo y libro: otro empate a cero y vamos por la sexta prórroga.



12 de noviembre de 2011

La semana pasada fue "Verbo", la película de Eduardo Chapero-Jackson. La reivindicación del grafiti, el mensaje, no ya como arte pictórico sino como arte conceptual: como mensaje. La película, en ese sentido, funcionaba como un tiro y no debe de ser casualidad que Eñe haya dedicado buena parte de su espacio y esta tarde su tiempo al grafiti, en concreto, a Suso33, digno heredero de Juan Carlos Argüello, "Muelle", que murió en 1995, a los 29 años, de un cáncer de hígado, después de que se hubiera retirado apenas dos años antes porque "su mensaje estaba agotado".

El mensaje del spray, del aerosol, un término que, sinceramente, orta el rollo. El concepto de "Superhéroe de barrio", el propio concepto de "barrio", una derivación neoyorquina del "hood", la periferia, los espacios muertos, vacíos. Antes y después de Fernando León de Aranoa. La exposición de la prohibición. El jugueteo pícaro con los límites.

El sitio del graffiti en este Festival es el sitio del lenguaje. La cultura urbana es texto y contexto pero sobre todo subtexto. La frase lapidaria que intenta hacer pensar con mayor o menor éxito. Dos plantas más arriba, Luis Alberto de Cuenca estará diciendo cosas maravillosas pero yo prefiero quedarme aquí, explorar, no ya el lado salvaje sino el lado de los perdedores, como mínimo los perdedores estéticos.

La charla empieza con un vídeo, unos extractos del cortometraje documental llamado precisamente y por mucho que me duela, "Aerosol", que estuvo nominado a los Goya hace ya más de un lustro. La desmitificación del chico de barrio como delincuente y su apogeo como creador. No puedo evitar pensar en Chapero, la entrevista que  tuvimos hace solo unos meses: "La cultura urbana es creación en la nada, es la manera de huir de la violencia". Edu, chico del extrarradio, superhéroe de barrio, igual  que Suso.

Siempre me ha fascinado algo del hip-hop: su voluntad de contar historias. Está lleno de historias, de hecho: algunas vulgares, otras violentas, las más terriblemente inocentes... pero esa necesidad de expresarse mientras el resto del mundo se conforma con "Ave María, ¿cuándo serás mía?"

Un ejemplo de artista valiente: aquella que empieza la primera canción de su primer disco con la frase: "A mí no me saques tu genio,  que  te lo mato". La Mala Rodríguez. Lujo Ibérico.

Suso habla de artistas, el soporte del artista: ¿la galería, la pared, la web? Es una buena pregunta. ¿El medio es el mensaje? Aquí, juraría que sí. Yo estoy convencido, al menos. Desconfiamos de los conocidos y confiamos en los extraños, hemos dado la vuelta a los consejos.

Un psicólogo te dice "tu vida te mata" -falso, nunca te lo diría, ¿qué sería lo siguiente, dejar de pagarle la nómina?- y escuchas. Un graffiti te lo dice en la calle, justo antes de llegar a Clara del Rey, cada noche mientras vuelves a casa y no, no lo lees.

Lo piensas.




GUILLERMO-ORTIZ
Guillermo Ortiz (Madrid, 1977) es licenciado en Filosofía y trabaja en la actualidad como profesor de inglés y escritura creativa. Colabora habitualmente con las revistas Neo2, JotDown, El Imparcial, Sigueleyendo o Zona de Obras, como entrevistador, articulista y crítico de cine, música y literatura. También formó parte del equipo fundador de la revista de pago por Internet, Factual. Organiza y participa en el ciclo de recitales «Fuera de Contexto», que une a músicos y escritores y se está convirtiendo poco a poco en una referencia de la noche en vivo madrileña. Su blog, Pequeños objetivos, ha sumado en sus cinco años de existencia más de 500.000 visitas. También tiene una bitácora sobre su adolescencia noventera, Aquellos maravillosos 90, en la que repasa iconos culturales y políticos de la década pasada. Como escritor, ha publicado, Cuando las cosas dejaron de tener sentido (Grupobuho, 2007), una novela en forma de diario con sorprendentes hallazgos y que resultó un modesto éxito comercial, y el libro de relatos Pequeños objetivos (Kokoro, 2006), doce historias minimalistas de Madrid en los doce meses del año. Como es habitual, ha participado en distintas antologías y ha recibido varias menciones en concursos de relato breve con las consiguientes publicaciones. En la actualidad, prepara una segunda novela, El pingüino, que se adentra en el género del thriller, mientras acompaña a su primer cortometraje Do not disturb en diversos festivales de toda España. Para más información, visite la página web www.guilleortiz.com
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