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Yo no sé lo que es la "Generación Nocilla". Lo siento, no entiendo de generaciones. No es algo nuevo, siempre he llevado el individualismo a puntos muy ridículos: mi novia de los 90 me insistía en ver museos y cuadros y llamarlos no por su nombre sino por su apellido: "un Goya", "un Renoir", "un Greco". Y yo veía una pintura, unos personajes, una historia e intentaba juzgarlos por sí mismos.
Puede que no todo lo que vale una obra tenga que estar en la obra, pero al menos debe poder defenderse por sí misma, sin ficha explicativa a su derecha.
En resumen, Agustín Fernández-Mallo abre a las 5 el Festival Eñe 2011 y me provoca cierta curiosidad. Lo vi hace dos años y tuve la sensación extraña de no saber si me estaba tomando el pelo o no. Al final decidí que no porque era la opción que nos dejaba mejor a los dos. He leído sus libros, me han gustado. No sabría catalogarlos ni mucho menos meter en el catálogo a todo un grupo de escritores como si fueran muebles de IKEA.
Los escritores y sus personajes. Una combinación terrible. La gente habla del "mundillo literario" como si el "mundillo literario" fuera algo más que un montón de castas y poses que cada uno elige en su momento. Las peleas, las luchas. Alberto Olmos, por ejemplo, que charla a las 9 con Luna Miguel. Conozco a Luna pero no conozco a Alberto. He leído a Alberto pero no he leído a Luna más allá de sus artículos periodísticos.
Sin embargo, nadie negará que son dos personajes controvertidos en esa pequeña microsfera que es la literatura contemporánea española y precisamente todas esas polémicas en las que no entro son las que me superan.
Planteo objetivos para este viernes: pasar por encima de los prejuicios. No debería ser fácil porque, como digo, no suelo tener prejuicios. A mí me dan un libro y me lo leo. Me gusta o no, pero no caigo en filias o en fobias. "Ejército Enemigo", de Olmos, me pareció una novela sensacional durante 150 páginas e irregular durante 110. Opino sobre libros, no sobre escritores.
El problema es que ahora tendré que opinar sobre escritores o al menos sobre sus opiniones, que puede que no sea lo mismo. Una editora me dijo un día muy sorprendida, cuando le comenté que era crítico: "¿Vas a criticar a tus propios compañeros?" No, en absoluto, señora, voy a criticar sus libros, el que no entienda la diferencia anda un poco perdido.
En fin, Mallo, Olmos y Luna en la tarde-noche del Círculo de Bellas Artes. No solo ellos, por supuesto. Andrés Trapiello, el autor favorito de una de mis ex novias, lo que le convierte en algo así como el ex novio de mi ex novia y me deja ante la disyuntiva de emborracharme con él y abrazarlo en el Toni 2, o mirarlo con desprecio, una mirada de discoteca en Costa Polvoranca. Aparte, David Trueba, Manuel Vicent, Mario Muchnik, Álvaro Pombo... para acabar con Eliza Fuenzalida en una de esas mágicas madrugadas del Círculo, cuando ya casi no hay nadie por ningún lado y el cansancio se mezcla con el sueño en una duermevela ronroneante.
Editores, aparte de Muchnik, estarán Libros del KO, Salto de Página, Musa a las 9... Yo tengo con los editores el mismo problema que tengo con las chicas guapas, que nunca las saco a bailar ni las invito a copas porque pienso que me van a decir que no. El miedo al rechazo. Mi incapacidad para reconocer sus propios miedos, sus propios complejos y jugar con ellos. Hace un año y poco otra ex novia -no leía a Trapiello o nunca lo mencionó al menos- se casó y me invitó a su boda. Yo acepté. Escribí algo muy bonito y pedante sobre cómo cada ex representaba una parte del camino hacia la supuesta felicidad final. Sin los fracasos, los éxitos no existen. Así, nosotros, los escritores inéditos.
No sabía entonces que un año y pico después mi ex novia se estaría divorciando, con lo que al final incluso el éxito puede ser un fracaso a corto plazo y, por la misma analogía, editar no sería en ocasiones sino una tregua, nada que ver con un tratado de paz propiamente dicho.
Foto de Luna Miguel sacada de "Las Noches del Cangrejo"