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Silvia Grijalba lee en la sala chill-out, el presentador ya nos ha avisado "Se acerca el final" y yo te lo repito porque es verdad. Vengo de ver a Ana María Matute, su glorificación delante de cientos de personas, una sala que no solo tenía todas las sillas ocupadas sino que recogía en el suelo a decenas de personas que apenas oían -la acústica de algunas salas, reconozcámoslo, es mejorable- pero que participaban en el ritual de la entrañable Premio Cervantes.
Yo estuve ahí. La literatura para masas enfurecidas, recuerden.
En fin, prefiero bajarme a la planta donde aún celebra Calvo con los suyos y abundan los gin-tonics. Ha vuelto a llegar ese momento en el que los demás empiezan a divertirse y mis párpados empiezan a cerrarse. Grijalba mezcla artículos de periódico sobre felaciones, sexo oral entre homosexuales -para escándalo de algunos padres que han venido con sus hijos, supongo que atraídos por la promoción "Premio Fernando Lara"-, rigor mortis y los brebajes psicotrópicos de Valium con alcohol.
Trankimazín con alcohol, esa fue mi especialidad durante años y, créanme, funciona.
Grijalba explica biografías a un público copioso y a la vez difuso. Demasiados ruidos desde fuera: conversaciones y vasos mezclándose. Se está a gusto al borde del desmayo. Muy a gusto. Grijalba pronuncia la palabra "erupto", Salazar tuitea. Inglaterra gana con gol de Lampard. Esta es la España que nos deja Zapatero.
Quedan las vanguardias, pero no sé qué es eso de las vanguardias. Más vanguardistas que los vanguardistas, supongo. La nueva ola de la nueva ola.
Silvia lleva unas botas verdes y una pulsera enorme -algo así como una escayola brillante- en el brazo derecho.
Sonríen y brindan.
¿Quiénes?
Ni idea. Un violonchelo tumbado me apunta con su mástil. "¿No me habré pasado en la dosis?", piensa Alba en boca de Silvia.
Lo mismo sí. ¿Cómo saberlo? Oír a Silvia es agradable. Habla de La Casa Azul y de Benicassim. Laly Soldevilla. "Neolit son los nuevos beatniks, como representación la pareja de Ray Loriga y Christina Rosenvinge". Matiza Grijalba: "Era en 2001".
Este es un blog en el que se nombra a muchísima gente y al final, casi siempre, aparece Ray Loriga.
Por resumir, digo.
Las chicas de al lado me miran y dicen "Este muchacho..." y ahí prefiero dejar de escuchar. Soporto difícilmente los sujetos pero los predicados... eso ya sí que no.