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Festival Eñe
El blog de Elena Medel
16 de noviembre de 2009

Mientras duró fue bonito: pasearse del ascensor a las salas con el ordenador a cuestas; fotografiar y photoshopear bajo el riesgo de perderse una intervención crucial; rechazar el brindis o la conversación porque en diez minutos comenzaba una mesa de interés.

Ahora queda la resaca del Festival Eñe; la rabia por lo que no se pudo ver, las ganas de repetir una oportunidad única: más de setenta escritores en apenas día y medio.

Y enhorabuena a La Fábrica por el éxito de público y de crítica, por abarrotar actividad tras actividad, por el nivel que se mantuvo incluso en las apuestas más arriesgadas.

Ahora queda despedirse: agradecer a Emilio Ruiz, encargado de los contenidos de esta web, su confianza y el encargo de este trabajo gustoso, además de la asesoría técnica continua; a la organización del Festival Eñe (María y María, Judith, Rocío...) las facilidades para cumplir con puntualidad y con los lectores; y a los visitantes, bien voyeurs, bien comentaristas, por compartir este fin de semana de literatura.

¡Hasta el Eñe que viene!



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16 de noviembre de 2009

Érase una vez una cronista falta de sueño, con algunas décimas de fiebre, y amigos empeñados en posar la yema del dedo sobre las llagas que le faltaron. Allá va, por tanto, otra ración de enlaces, hermosos como adjuntos a este mensaje continuo...

-Santa Gallina Cósmica nos facilita la dirección del blog que monoperro ha abierto para dar fe su acción la más grande novela ilustrada. En imágenes cuenta las peripecias que compartió, el sábado por la tarde y en el Salón de Baile, con Silvia Nanclares y Rocío Osuna; de allí he robado, vilmente, la fotografía que corona esta entrada.

-Rocío Lara se encontró -qué envidia- con Leopoldo María Panero.

-Eliett Cabezas hizo lo propio con Juan Bonilla y Chema Madoz, aunque en su bitácora optó por centrarse en el genial fotógrafo.

- Más música: El Giradiscos se desplazó al Festival Eñe para no perderse, el sábado por la noche, a Fernando Alfaro.

-El blog Oxímoron continúa dando generosa cuenta de los talleres, en esta ocasión en la voz de María.

-Y como lo pasado, pasado está, tres crónicas a cargo de Elena Cabrera, Roger Casas y Carolina León. ¿La estrella? Guillermo Fadanelli.



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15 de noviembre de 2009

Una amiga me reprende, vía sms, por no haber contado mucho más sobre el Festival Eñe y sus idas y venidas. Para ella, para ustedes y para mis remordimientos (¿demasiado en el tintero?), un rastro veloz a la blogosfera.

-Me huelo que, en el programa de mañana, Elena Cabrera y Carolina León hablarán sobre el Festival Eñe: no se pierdan, entonces, su ¿Quieres hacer el favor de leer esto, por favor? Vía Radio Carcoma, con streaming en directo los lunes de 21.00 a 22.00, a los pocos días es posible descargar el mp3 del programa en su blog. Elena y Carolina (¡muchas gracias por visitar el Gabinete!) consiguen lo imposible: hablar de libros combinando rigor y amenidad. Engánchense a ¿Quieres hacer el favor de leer esto, por favor?, porque merece mucho la pena.

-El escritor Iván Thays, en su imprescindible Moleskine® literario, anuncia el Festival y guiña el ojo a este blog. ¡Mil gracias! Y gracias, también, a los Tipos Infames por su promo valiosísima.

-Se nos pasó José Antonio Marina, pero El náugrafo digital nos invita a viajar en el tiempo y el espacio, y desplazarnos hasta el viernes, y la tarde, y el Teatro Fernando de Rojas y escuchar al genial filósofo.

-Isabel Benavides nos regala su crónica, exprés y apasionada, del primer día.

-Otra elipsis que no hubiera debido ser, la de Javier Cercas, la suplimos con la crónica en primera persona del periodista Juan Cruz, que conversó con él en Festival Eñe.

-En su bitácora consagrada al cuento, Esteban Gutiérrez Gómez hace lo propio con Ray Loriga, y rescata dos frases de su intervención.

-Valentina, en Oxímoron, atiende nuestras súplicas y nos informa, con ejemplos y entusiasmo, sobre los talleres organizados por Festival Eñe.

-El Club de la Bibliotecaria Emboscada, un completísimo punto de encuentro para lectores, analiza el fin de semana en que la literatura tomó el Círculo de Bellas Artes.

-Festival Eñe atrajo -también- a amantes de la música: el dietario mitómano Tiburones en Korador nos habla de Josele, y la revista digital Jenesaispop da completa cuenta del acústico de Fernando Alfaro.

¿Olvido algún enlace? ¿Os animáis a completar las crónicas, a aportar vuestro punto de vista sobre lo que me perdí, sobre lo que no describí?



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14 de noviembre de 2009

Casi treinta y seis horas en el Círculo de Bellas Artes (de acuerdo, no exageraré: incumplí la promesa, y regresé para dormir a casa) dan para mucho. Buena literatura, claro, servida por el Festival Eñe; reencuentros, descubrimientos, subidas y bajadas de escaleras, sustos en el aseo al no esperarse la instalación Sexi Poem... Yo, por ejemplo, he esbozado algunos mandamientos frente a una ración (exprés, por supuesto) de croquetas, antes de la fiesta final.

Repondrás fuerzas, claro; con el estómago vacío, a ver quién salta de un taller a una conversación y a una acción y se topa con dos amigos y los convence para no perderse una firma.

Abrirás los ojos, claro, para no perderte nada, pero también para librarte de prejuicios: ese autor del que nada has leído, ese autor del que quizá conoces algo, pero que no te convence, puede engancharte en el tú a tú; y ese género que no te interesa, y que protagoniza una conferencia, te atrapará hasta la adicción.

Disfrutarás del momento, prescindirás de las actividades seleccionadas en casa, y según puedas escaparte o no, según se alarguen más de la cuenta o se zanjen antes de tiempo, dirás a unos que sí y a otros que no. ¿El taller se prolonga treinta minutos más? Pierdes una conferencia exprés, ganas una mesa redonda. Si el carpe diem funciona desde hace milenios, ¿por qué no abrazarlo en Festival Eñe?

Ahorrarás cotilleos. Quiero decir: frente al teclado, blog mediante, evitarás chistes y anécdotas que podrás intercambiar con otros blogueros. X abandonó antes de tiempo la mesa de Z. Y compró el libro de A, pero A -en cambio- intentó que C le regalara el suyo. J convocó a H, y ya: no le vimos más el pelo.

Y Eñe que Eñe, por supuesto.

(Les dejo, por el momento. Tengo una cita con Fernando Alfaro, Maderita y Coralie Clément en cuestión de diez minutos, Sala de Columnas )



14 de noviembre de 2009

Creo en Manuel Vilas, dios todopoderoso. De Manuel Vilas me gustan los poemas, los relatos, las novelas, los artículos: hasta los andares. Entrevistar a Manuel Vilas es una bendición. Escuchar a Manuel Vilas, también. Y leerle, por supuesto. Las obras en su etapa con la editorial DVD, indie por excelencia, el poemario El cielo o la novela España, y también sus libros de poemas en Visor, su reciente novela (Aire Nuestro en Alfaguara). Yo adoro adorar a Manuel Vilas, y no me planteaba lo de perderme su conferencia exprés. ¿El título? Agárrense al teclado. Estaturas de hombres famosos: del 1'82 de Franz Kafka al 1'72 de Lou Reed.

«Nos presentamos ante los demás en forma de cuerpo». Cuerpo es certeza. Estatura es verdad. Manuel Vilas aspira a la cátedra de estatura infinita, de iconografía y simbología centímetro a centímetro. La causa de todos los males de Bruce Lee, explica Vilas, es su baja estatura. Si Jesucristo hubiera medido metro y medio, ¿en quién creeríamos ahora? ¿En un coetáneo suyo que rondara la estatura perfecta, el metro setenta y tantos?

No se conoce la altura exacta de Camilo José Cela, pero la abundancia de fotografías del Nobel junto al Rey señalan que mide al menos cuatro o cinco centímetros menos que Juan Carlos I. Y Manuel Vilas desvela, también, el secreto de la más célebre fotografía de la Conferencia de Yalta, o los motivos por los que los Who jamás superaron en fama a los Stones. «La gente se siente más tranquila ante la simetría de la estatura», advierte rotundísimo. Entre Pete Townshend y Roger Daltrey, veintitrés centímetros; tanto Mick Jagger como Keith Richards miden 1'77. Tomen nota.

Yo lo he hecho. Por ejemplo: «le hemos tenido tanto miedo al cuerpo que no hemos podido racionalizar las mitologías humanas». O: «para nuestra tristeza exegética, nadie se ha fijado nunca en la altura». Manuel Vilas ha mencionado a María Magdalena. A Paulina Rubio. A Marlene Dietrich. A Felipe de Borbón. A Ian Curtis, «enigmático, iluminado y santísimo».

Manuel Vilas mide 1'77, cinco centímetros más que Lou Reed, igual que Berlin con algo de tacón, y Manuel Vilas mide 1'77, pero es enorme. Divertido e inteligente, originalísimo, siempre nuevo, al borde de las lágrimas contemplando al alto Johnny Cash y al bajo Bob Dylan, qué bien estaría un Festival Vilas, qué bien. Y es que si me preguntan por mi momento Eñe, yo me decido por esta media hora divina, celestial, de Manuel Vilas.



14 de noviembre de 2009

David Barba ha biografiado a Nacho Vidal, y recopilado la opinión de cien españoles ilustres sobre el sexo. Gabriela Wiener, mucho más que gonzo, nos deslumbró con Sexografías y nos deslumbra con el más reciente Nueve lunas. Fernando Marías habla de todo, y habla bien. La mesa, para colmo, se titula Pornófilos. ¿Comprenden por qué se cotizaba de semejante forma una plaza en el ascensor a la Sala de Columnas?

Accedo, por fin, y Wiener me recibe afirmando que todo puede encontrarse en los servidores porno de internet. Te guste lo que te guste, te pervierta lo que te pervierta, lo hallarás a un golpe de clic; y enlaza aquí con el motor de Nueve lunas -su embarazo- y el subgénero pornográfico en el que se muestra a embarazadas en acción. A propósito de esta historia, Barba asegura que el sexo explícito está cada vez más perseguido y desplazado, frente al ascenso del feísmo.

¿Puede existir, plantea Marías, un psicoanálisis del porno? Wiener cree que sería un error pensar así, mientras que Barba sí apoya cierto dibujo personal en base a qué nos excite. «La pornografía es al sexo lo que el circo a la vida», lanza. Gabriela Wiener explica qué es posporno, qué viene casi a ser el porn yourself. Fernando Marías se declara voyeur de la propia mesa redonda en la que participa, y se pregunta si Barba y Wiener anuncian el fin del porno, y lo que viene no es porno, sino una serie de variantes expresivas en las que algunos casos ni siquiera tienen nada que ver con el concepto de porno: una imagen que, al fin y al cabo, te estimula sexualmente. Y una última acusación: el discurso de Barba y Wiener roza lo anacrónico, argumenta.

Pero la gente, reclama Wiener, ya no se acerca al videoclub para alquilar porno: en cambio, sí lo produce y lo consume a través de intenet. Por otro lado, retoma Barba, el cine porno no necesita elevadísimos presupuestos, y el porno amateur se presenta cada vez más como realidad en lugar de fenómeno. Marías recuerda cómo, lustros atrás, Hollywood utiliza hipotéticas escenas de sexo entre estrellas como reclamo ante los espectadores, pese a que la pantalla grande demostraba más tarde que ni siquiera había existido contacto entre ambos. Remata Barba, que piensa que en el cuerpo está la base de la represión sexual.

Y permítanme un apunte: no comprendo la desbandada de las siete de la tarde. Estos pornófilos han sido amenos, recatados, aptos para todos los públicos. ¿Por qué, entonces, no llegar hasta el final?



14 de noviembre de 2009

(Juan Barja pregunta, Antonio Gamoneda responde -y revela el título de un libro en construcción: Canción errónea-, se estrena el videopoema Un sueño. Comienza con buen humor, se zambulle en la lucidez, humilde y dispuesto a hacer memoria. En lugar de narrar o comentar, prefiero compartir mis notas -casi literales, espero; de ahí el tono más que coloquial- con ustedes)

«Si Eliot dice que poesía es aprehensión sensible y directa del pensamiento, está colocando el pensamiento en un segundo término de la generación poética, porque la aprehensión se produce desde un nivel que él reconoce como sensible, relacionado con la sensibilidad».

«Si yo tengo algo que ver con el pensamiento, o mi poesía tiene algo que ver con el pensamiento, el pensamiento es en cierto modo posterior a la poesía».

«Quería llamar la atención sobre la correspondencia que se podría dar entre verdad y pensamiento. Estamos encerrados en un círculo que algo tiene que ver con la sensibilidad y con el no saber, con el pensamiento y la verdad, aunque no hayamos alcanzado a decir qué pueda ser la verdad».

«[A propósito del poema "Cuestión de instrumento", incluido en Blues castellano] Para intentar hablar de la verdad tendría que hacer una especie de inspección progresiva en el tiempo, porque no hay motivo para mantener la misma noción de verdad cincuenta años después».

«Aunque la poesía trate de estar fuera de la palabra convencional, del pensamiento discursivo, etcétera -o al menos yo lo intento-, nociones como la de verdad pueden estar sujetas a una autocontemplación, al fin y al cabo, variable».

«Con respecto a esos años [los de Blues castellano], la verdad es una categoría que -para mí- ahora se ha debilitado seriamente. Hace treinta, treinta y cinco, cuarenta años, yo invocaba a la verdad con una aceptable honradez, pensando que estaba diciendo algo. Ahora mismo no pienso así».

«Yo no tenía, tampoco la tengo ahora, una clara conciencia o -al menos- una clara y sentida y vivida experiencia de la extinción de la verdad, pero algún aviso tenía... Y ese aviso de la extinción de la verdad, que puede ser una propuesta excesiva -sobre todo en aquel momento-, sí puede ser precedente -de una manera ciertamente insegura- de lo que yo puedo sospechar en relación con la verdad».

«La verdad se me ha hecho incomprensible. Tendré una escritura y una conducta, estaré en la vida... Pero es la incomprensión, es el no saber, el que viene a ser el fundamento -el terreno de cultivo- de mi escritura y de su posterior pensamiento. Antes dije que la verdad se me había vuelto incomprensible: a veces pienso que la verdad es una casualidad, algo que podía ser o no podía ser, que es tan aceptable o tan comprensible el que pueda ser como el que no pueda ser. Por ejemplo: yo estoy vivo, sí; creo que estoy vivo. Pero, de verdad, ¿ir de la existencia a la inexistencia puede ser llamado vida?».

«La verdad es un accidente, como la palabra mentira».

«En el pensamiento supongo que están la verdad y la mentira, y no son más que una sustancia que precede a la muerte, que sucede a la inexistencia y precede a la inexistencia».

«El olvido progresa en mí y se hace parte de un silencio intelectual que, fugazmente, me proporciona algo parecido a un bienestar; un bienestar vacío. Y los elementos dominantes de un hombre que ha recorrido parte de este tramo casual que va de la inexistencia a la inexistencia parece que se resumen en la progresión del olvido -como un silencio intelectual- y un bienestar vacío».

«El olvido está en los cuerpos».

«Se están manejando unos elementos que se han dado en la existencia, pero que conducen al olvido, y hay una especie todavía de lucha contra ese olvido en el aprendizaje -en el intento- de dar cuenta ahora de la forma que adoptan en mí el pasado y su sombra, de la forma que ahora adopta en mí la verdad».



14 de noviembre de 2009

La chica de la curva. El cantante y el perrito. Las casas antiguas y las voces de ultratumba. Los escritores que comen. ¿Los escritores que comen? La semana pasada, en una ponencia sobre edición y nuevas tecnologías, la directora de un pequeño sello abogaba por «pagar al informático» -lo repitió en cinco o seis ocasiones a lo largo de la charla, de apenas cuarenta minutos- antes que al escritor, que al fin y al cabo «se alimenta del ego», y debiera alejarse de los focos para «encerrarse en una cueva».

Los escritores, pese a esta luminaria de la literatura sin papeles, no se nutren del aire. Y por eso, porque necesitamos un ratito para masticar y asentar, apenas alcanzamos la recta final de Nuevas voces, la mesa que a las 16.00 reunió a Jorge Carrión, Robert Juan-Cantavella, Use Lahoz y Lara Moreno, y en cuyos últimos minutos todos ellos -que, igual que el informático de marras, también cobran gracias a trabajos freelancísticos vinculados a la industria editorial o el periodismo cultural- se mantienen firmes en la tierra. Los escritores se alimentan, se rinden ante jornadas laborales, la inspiración -suponemos- les pilla trabajando (en otras cosas). Moreno (correctora y lectora editorial) reconoce la presión de esa «estructura comercial», que no siempre le obliga a subsistir gracias al contacto directo con obras de calidad, sino que le permite la facturación tras manejar literatura subterránea; Juan-Cantavella confiesa querer, muchas veces, trabajar en otra cosa; y Carrión admite no concebir otro oficio diferente.

Para terminar, desde el público se insiste en los asuntos terrenales: ¿cómo lograron publicar estas nuevas voces? Robert Juan-Cantavella aborda la estrategia de Carrión para editar su propia novela y fundar, después, una colección que acogería los arriesgados debuts de algunos amigos. Los cuatro están de acuerdo: la casualidad determina. Ya ven: si hubieran atendido las peticiones de esa editora que valora más al informático (¿se referiría al diseñador? ¿o es los virus se le regeneran mañana tras mañana?) que al autor de las novelas que publica, quizá hoy nos perdiéramos del todo a estas nuevas y sabrosas voces.

Pintaba excelente, por tanto, para la primera mesa de la tarde. Yo -por mi parte- me flagelo ante mi tardanza, y les recomiendo leer Australia. Un viaje, El Dorado, Los Baldrich o Cuatro veces fuego. Y aliméntense, aliméntense: que igual el arte llena, pero casi seguro que no sacia.



14 de noviembre de 2009

Cuando la suerte se empeña en sonreír, la felicidad no se marcha en unos días. No cito -ay- a Paulo Coelho. Ni incienso, ni flores de loto: mudo a la primera persona, aún más, y les cuento mi experiencia no desde el público del Festival Eñe, sino a ese otro lado de cartela y tiempo límite. Nos presento: a la derecha, Guillermo Trapiello. A la izquierda, quien les martillea post tras post. En ese momento gabineteábamos para Carmen Garrido Ortiz, su melena en la esquinita de la imagen, una excelente poeta que se asomó a nuestro rinconcito en el Salón de Baile, como tantos amigos y amigas, conocidos de antes, conocidos este mediodía.

Ha sido un placer compartir este Gabinete de crisis con Guillermo, ilustrador de enorme talento (en un mes, mes y medio, El Club de los Negocios Raros publicará su primer libro, Guadalejos) con quien servidora ha logrado mimetizarse a los quince minutos de actividad. Dos o tres tarjetones sanitarios, y la maquinaria funcionaba como si nuestro currículum mostrase unas cuantas líneas de actividades al alimón; a mí -lo confieso- me ha sorprendido cómo un artista minucioso, que trabaja y retrabaja cada trazo con delicadeza, se ha adaptado a las circunstancias, y ha rehecho su metodología para atender todas las peticiones. Gracias a Guillermo Trapiello por no bromear ante mis textos menos logrados; y gracias a quienes se acercaron por no permitirnos el aburrimiento ni un minuto, y gracias a quienes soportaron unos cuantos minutos de espera...

La actividad pretendía atajar «problemas pre-navideños, otoñales y post-puente». Así, una ilustración de Guillermo y un texto de la menda, creados al instante y según el deseo de quien nos lo solicitaba, «para solucionar un problema, un regalo, un capricho». Nuestros clientes nos han permitido la libertad, pero también nos han regalado unos cuantos aprietos: Guillermo Trapiello ha dibujado, y yo he escrito, sobre zapatos empeñados en romperse, sobre jabones, acerca de hijos que regresan de vacaciones y hermanas que se marchan y casi profesores que no debieran serlo; hemos querido transmitir buen rollo, ánimos para quienes padecen el furor navideño. Jamás inventé nada sobre robots enamorados, y nunca -nunca- por mis textos se asomaron tantas tiendas de campaña.

Hemos disfrutado de lo lindo. Gracias a Festival Eñe, gracias a quienes nos acompañaron, y de nuevo mi agradecimiento particular -y mis disculpas- a Guillermo por permitirme emborronar su arte. Prometemos repetir. ¿Alguna oferta?



14 de noviembre de 2009

Lo confieso: de cuando en cuando me asomo por alguna de las salas que albergan los talleres e intuyo a los participantes, las palabras que se escuchan y se escriben, y me muero de la envidia. Sospecho que, de todas las citas del Festival Eñe, es allí donde la literatura más se palpa: los alumnos de los talleres escriben, corrigen, toman nota y toman notas, aprenden de quienes saben mucho, y que tras la clase exprés aprenderán también de sus alumnos.

Un sí rotundo a los talleres, a los que propone el Festival Eñe, a todos: no sé si por lo que en ellos se enseña, seguro que por lo que se comparte. Yo he asistido, asisto y asistiré a talleres: con maestros desconocidos, con maestros célebres, todos te transforman en esponja, de todos se guarda algo, y nos regalan trucos, consejos, experiencias, y la posibilidad de conocer a otros apasionados de la literatura.

Ayer inauguraron el programa formativo Jesús Urceloy y Antonio Rómar, de los Talleres de Escritura Creativa Fuentetaja, con Anatomía del poema (Sala Antonio Palacios, 17.00); y continuaron Vanessa Montfort, del Centro de Formación de Novelistas, con Los secretos del best seller (Sala Antonio Palacios, 19.30), e Isabel Cañelles, de la Escuela de Escritores, con El motor de la creatividad (Sala de Juntas, 19.30).

A estas alturas deben haber concluido dos de los talleres con jefes del relato: Ignacio Ferrando, de la Escuela de Escritores, ilustraba sobre El baile de la escritura (Sala Nueva, 11.00), y Víctor García Antón, de Fuentetaja, hizo lo propio con El imaginario entre columpios (Sala Antonio Palacios, 11.00). Y aún queda tiempo para aprender de Gloria Fernández Rozas, de Fuentetaja, en Leer para escribir (Sala Antonio Palacios, 11.00); de Carlos Salem, del Centro de Formación de Novelistas, Taller de diálogo mediante (Sala Nueva, 19.00); y de María Tena, de Fuentetaja, sobre Los diez errores más frecuentes en la escritura de ficción (Sala Antonio Palacios, 19.30).

Festival Eñe no propone sólo mesas, encuentros... También firmas (en la segunda planta, junto a la librería), ciclos de cine, programación infantil, y estos talleres a los que yo me asomo, sabiendo que echo un vistazo donde la literatura. El programa nos complica la vida unas veces, nos la facilita otras. ¿Algún alumno o alumna que se anime a contárnoslo en primera persona?



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ELENA MEDEL
Nació en Córdoba (1985) y es una escritora española, dedicada especialmente a la poesía. Su debut, Mi primer bikini (DVD, 2002), escrito con 17 años, cayó como una bomba en la poesía española. Luego publicó otros dos libros de versos, Vacaciones (2004) y Tara (2006), y el cuaderno Un soplo en el corazón (2007). Crítica literaria, gestora cultural y creadora de la editorial La Bella Varsovia. En la actualidad escribe una novela y un libro de cuentos.
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