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La pregunta se repite sin cesar. Con la pandemia extendida por todas las calles, la población en general y las autoridades en particular, no salen de su asombro. ¿Por qué Montevideo? En los noticiarios, cada vez que alguien pregunta por el festival, la cuestión es urgente, prioritaria, relevante, inevitable. ¿Por qué Montevideo?
Podría haber sido en Buenos Aires, tan grande, tan importante, tan pretenciosa en cierto modo. O en DF. ¿Se imaginan? La gran ciudad, el todopoderoso México. O en Bogotá, con su Gabo a cuestas. Y sin embargo ha tenido que ser aquí. Una ciudad de millón y medio de personas, con un centro histórico manejable, con el mayor índice de librerías y de libreros por metro cuadrado del mundo, con unas gentes amables, humildes, cariñosas. Donde todo el mundo está feliz y agradece el Festival y le encanta levitar. Y ya se están organizando concursos de a ver quién levita más alto y ves a las gentes en las plazas leyendo como poseídos y elevándose, elevándose sin parar. Quizás precisamente por todo esto, o en todas estas cosas, haya que buscar la respuesta al insistente, incrédulo, ¿Por qué Montevideo?
El Inspector García también se lo pregunta. Y se da golpes con la cabeza en la pared. pero añade una segunda pregunta. "¿Por qué a mí?". Dos preguntas seguidas. Difíciles de resolver. Pobre García.