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Organizar un festival de literatura no es tarea menor. Pongamos un ejemplo: este festival, suyo afectísimo. La cuestión consiste en reunir a casi ciento cincuenta escritores en un mismo lugar (un edificio, un barrio, una ciudad) y fijar un programa de intervenciones. Ya se sabe: conferencias, charlas, talleres, conversaciones, discusiones, acuerdos, desacuerdos, diálogos (incluyo de sordos). Todo ello con un calendario en el que las cosas empiecen y acaben a una hora precisa o imprecisa. Y que lo que se hable sea interesante. Y que haya público que siga apasionado o embelesado o sorprendido con las discusiones. Y que al final de cada pieza del puzle suenen los aplausos y la gente se quede con el sabor de que todo ha sido demasiado corto. Y que haya ecritores, lectores, libreros, editores, periodistas y demás personas de mal vivir. Y, naturalmente, que cuando cada uno se vaya a su casa se lo cuente a sus amigos y durante la noche sueñe y reviva la escena. Vamos, que organizar un festival de literatura es una tarea que necesita mucha fe. Y creer en los milagros.
Estamos a punto de empezar el Festival Eñe América de Montevideo y llega la hora en la que los sueños se hacen realidad. El Centro Cultural de España (un edificio magnífico en una antigua ferretería) se ha llenado de escritores y de lectores. María Palacios (la directora de la cosa, que diría Umbral) y Hortensia Campanella (la mujer que ha convertido el Centro Cultural de España en una de las puntas de lanza de la escena cultural de Uruguay) tienen todo a punto. Hoy termina un trabajo de seis u ocho meses y empieza la realidad.
En las aulas se están afinando todas las teclas para que Rafael Courtoisie explique en dos horas cómo se escribe y se lee poesía en los tiempos de internet; Álvaro Ojeda de un repaso a la nueva poesía a partir de los grandes autores y este humilde cronista recomiende la mejor manera de hacer libros, nada menos que de fotografía, en los tiempos en los que dragón electrónico amenaza con devorar el papel. Y sin atragantarse.
Éste es el principio, para abrir boca. A las 13 horas llega el primer plato fuerte. El festival de literatura se abre hablando de cine. Lo han leído bien. La cultura en estos tiempos huye de los ghettos y se refugia en lo multidisciplinar. Vicente Molina Foix y Álvaro Brechner hablan de literatura y cine. De eso hablamos después. Empieza la función.
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La población está asombrada; las autoridades, también. Una extraña epidemia se ha propagado por las calles del centro viejo de Montevideo. En el paseo peatonal, en los alrededores del Centro Cultural de España (en el propio interior del edificio muy especialmente), en el museo Gurvich, en el Teatro Solís, en La casa de los escritores, el Punto del Encuentro del Ministerio de Cultura, en el Museo Torres García... se ha visto a numerosas personas levitando. A partir del mediodía del miércoles 4 de agosto el fenómeno ha comenzado a propagarse.
Los primeros síntomas han aparecido entre los miembros de la organización del Festival. Coincidiendo con la entrada del público para asistir a la conversación de Molina Foix y Brechner, alguien ha dicho: "¡Paola, estás más alta! " Y ha gritado: "¿Creciste?". Permítanme que les explique: Paola es la persona que tiene toda la organización del Festival Eñe América en la cabeza. Como Fraga con el Estado, pero en plan cultural. El susto ha sido mayúsculo. Paola estaba más alta pero no había crecido. Simplemente levitaba. De hecho, nada más descubrir que andaba en el aire, unos cinco centímetros por encima del suelo, ha podido comprobar que ya no era más alta que otras personas. Un señor del público, que ha tenido que salir de la conferencia con una urgencia, se trasladaba diez o doce centímetros por encima del nivel habitual. Cien, doscientas, trescientas personas se han visto inmediatamente captadas por la epidemia. En Montevideo, la gente ha empezado a flotar. Así de increíble, así de real.
Las autoridades están investigando el caso. A la primera reacción de incredulidad, se ha unido inmediatamente una sospecha. El Inspector García, jefe de la Brigada de Investigaciones Increíbles, ha dejado de leer la prensa, ha dado una calada a su pitillo de Cerrito y ha sentenciado: "Epidemia Eñe". Al parecer, la tesis oficial insiste en que la proliferación de personas que flotan por las calles está directamente relacionada con la satisfacción que produce el Festival Eñe que acaba de comenzar. La conclusión, a la que el inspector García ha llegado con gran perspicacia, se basa en que la mayor parte de los casos se han detectado en las cercanías de los centros que estos días van a acoger a 150 escritores y creadores en 64 actos. Son las víctimas de la maratón literia que acaba de comenzar.
La población, abandonando cualquier preocupación, se ha tirado a la calle para disfrutar y contagiarse del fenómeno. El Festival, que acaba de comenzar, está contagiando a la población y parece ser que la mayor vía de transmisión es el oído. Se dice -pero es solamente un rumor- que el detonante que puede hacer crecer la epidemia y covertirla en pandemia es la aparición del escritor argentino Ricardo Piglia en el Festival. Según la OMS, para que pueda aparecer una pandemia, se necesita:
Si todos los síntomas se confirman, estaremos ante un caso realmente inaudito. Quedará demostrado que el empacho de literatura, que el contacto con los escritores, eleva a los lectores.
Seguiremos atentos a las noticias. Tá!
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Anoche había máxima tensión. El Inspector García en persona se acercó al Festival Eñe. Había recibido un soplo: Rodolfo Fogwill llegaba de Argentina con la alerta disparada. Medio Montevideo levitando y encima se anunciaba la visita del escritor más polémico. Pese a su alergia cultural, García no es de los hombres que desaprovechan una ocasión. Ni ladean una pista sólida.
En el Centro Cultural de España la temperatura había subido. "Fogwill la va a liar". eso ya sabía. Lo que no había detalles era de la forma concreta. El escritor argentino ya la había liado a su llegada. Llegó volando. Mientras Montevideo levitaba, él estaba quince metros por encima. Es lógico: vivir todos los días con Fogwill debe producir vértigo... de la altura.
La conferencia, sin embargo, dejó a muchas personas con los pies en el suelo. Tal vez porque Fogwill nunca llegó a darla. Fue el personaje Fogwill quien entró en acción. El hombre es honrado, lo dijo nada más subirse al estrado vestido como para repartir los regalos de Papá Noel, gorrito incluido. "Me dicen de la organización que Fogwill está por llegar".
Y no se presentó. O se pasó de presentarse. El título de la conferencia era revelador: "Ahora, hablemos de mi". El propio mensajero lo acalaró: "El humor está en el ahora, porque no he dejado de hablar de mi nunca". La cuestión es que no se hablaba de literatura y la gente se sentía incómoda. Acostumbrados a estar levitando desde hace tres días, nadie quiere andar a ras de suelo. Pero un ejercicio de vanidad no es necesariamente literario. Y así hubo quien conectó bien con el autor y se mantuvo en su sitio, y quien se vino abajo.
No pasa nada. Caparrós se ha encargo esta mañana de volver a poner las cosas en su sitio. El Festival Eñe apura las últimas horas y García ya tiene claras varias cosas.