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Festival Eñe América / Backstage
El blog de Alberto Anaut
05 de agosto de 2010

Nuevas pistas en el caso de la epidemia. Las autoridades se ven impotentes para contener la levitación general. El Festival Eñe sigue extendiéndose por Montevideo. Tal y como suponíamos ayer, la llegada de Piglia al festival provocó una fuerte convulsión. El escritor argentino infectó a un auditorio repleto de lectores ávidos.

Fué el principio del desastre. Sin apenas tiempo para que las autoridades sanitarias recccionasen, el concierto de Fernando Cabrera dió paso a una nueva etapa de la fiebre literaria que ha invadido la ciudad. El cantautor uruguayo trajo la emoción al Teatro Solís en el concierto de apertura del festival. Una hora de corazones encogidos, bajo la sombra de Onetti, con la voz rota. El público, entusiasmado, empezó a flotar por la sala. A mi lado, el presidente del club de fans de Cabrera exclamó: "¡Qué fortuna que lo hayan podido ver!" Además de canciones, el músico dejó algunas perlas: "A veces pienso que sería maravilloso que España nos invadiera ahora". Toda una declaración de amor.

El Inspector García ha reclamado ayuda internacional. Mientras la Brigada de Mafiosos ha pedido consejo a la policía colombiana ante la preocupante aparición de algunos casos de secuestro exprés que ya ha saltado a las páginas de los periódicos, García se ha puesto en contacto con las principales revistas literarias internacionales para recabar información sobre el asunto. Espera noticias en 24 horas. Le preocupa sobretodo obtener datos de casos paralelos precedentes.

La segunda jornada del festival, que ha comenzado en un día laborable a las 11 de la mañana, no ha dado tregua. Como aperitivo, el periódico La República ha aprovechado que el Pisuerga pasa por Valladolid y el Río de la Plata por Asunción, Buenos Aires y Montevideo, para reclamar mayor atención para la letra Ñ. Lo nunca visto. Agustín Fernández Mallo, Lorenzo Silva y Elvio E. Gandolfo han reunido a cerca de un centenar de almas en tres talleres exprés y las dos primeras mesas redondas del día han echado más leña al fuego: otros ciento cincuenta convertidos de la mano de Mercedes Cebrián, Iván Thays, Gabriel Peveroni, Sylvia Lago, Vicente Muleiro y Ana Inés Larre Borges. A propósito de Borges, ayer Piglia sacó su nombre para recordar que había escrito su mejor literatura sin salir de Argentina durante cuarenta años. Hoy le ha tocado el turno a Bolaño; la responsable ha sido Mercedes Cebrián que ha querido avisar que no lo había leído. Vaya provocadora.

La situación a la hora del almuerzo, permanece estacionaria. Los cálculos más conservadores hablan de tres mil personas levitando por las calles. ¡Qué gozada!



06 de agosto de 2010

De acuerdo: un festival de literatura no tiene que ser un congreso de letras. Pero tendrán que reconocerme que algo tiene que ver la cuestión. Ayer la introdujo Carlos Liscano, director de la Biblioteca Nacional, que en su charla adelantó que lleva media vida investigando en torno a la "o". Como si le hubieran oído (o tal vez porque le oyeron), el suplemento cultural de El País (aunque a los españoles les cueste trabajo aceptarlo, antes de El País de Madrid hubo y hay un El País en Montevideo) publica un interesante artículo que toca la cuestión. Lo acaba de descubrir el Inspector García, que ya ve fantasmas por todas partes. Sinceramente, el festival le está volviendo loco.

Volviendo a la "o", reproducimos por su interés el texto completo aparecido en El País (de aquí) escrito por W. Molina y que se titula Presidente o Presidenta.

"En español, el plural en masculino implica ambos géneros. Así que al dirigirse al público no es necesarios decir mexicanos y mexicanas, chiquillos y chiquillas, niños y niñas, etc., como puso de moda el ex Presidente Fox y otros ignorantes (políticos y comunicadores) que continúan con el error, incluso el Presidente Calderón.

Decir ambos géneros es correcto, sólo cuando el masculino y el femenino son palabras diferentes, por ejemplo: mujeres y hombres, toros y vacas, damas y caballeros, etc.

Ahora: ¿Presidente o Presidenta?

En español existen dos participios activos derivados verbales: por ejemplo, el participativo activo del verbo atacar, es atacante; el de sufrir, sufriente; el de cantar, cantante; el de existir, existente; etc.

A su vez, el participativo activo del verbo ser es "ente". El que es, es el ente. Tiene entidad. Por esta razón, cuando se quiere nombrar a la persona que denota capacidad de ejercer la acción que expresa el verbo, se le agrega la terminación "ente". Por lo tanto, a la persona que preside se le dice presidente, no presidenta, independientemente de su género. Se dice capilla ardiente, no ardienta. Se dice estudiante, no estudianta. Se dice adolescente, no adolescenta. Se dice paciente, no pacienta. Se dice comerciante, no comercianta.

La Sra. Cristina Fernández de Kirchner es la actual presidente de Argentina, y su esposo no sólo hace mal uso del lenguaje por motivos ideológicos, sino por ignorancia de la gramática de la lengua española. Caso contrario en Chile, donde lo aplicaban bien: la Sra. Bachelet era Presidente.

Un mal ejemplo sería: la pacienta era una estudianta adolescenta sufrienta, representanta e integranta independienta de las cantantas y también atacanta, y la velaron en la capilla ardienta ahí existenta".

¿Tendrá nuestro el Inspector García algún colega en España al que le interesen estas cosas?



06 de agosto de 2010

La pregunta se repite sin cesar. Con la pandemia extendida por todas las calles, la población en general y las autoridades en particular, no salen de su asombro. ¿Por qué Montevideo? En los noticiarios, cada vez que alguien pregunta por el festival, la cuestión es urgente, prioritaria, relevante, inevitable. ¿Por qué Montevideo?

Podría haber sido en Buenos Aires, tan grande, tan importante, tan pretenciosa en cierto modo. O en DF. ¿Se imaginan? La gran ciudad, el todopoderoso México. O en Bogotá, con su Gabo a cuestas. Y sin embargo ha tenido que ser aquí. Una ciudad de millón y medio de personas, con un centro histórico manejable, con el mayor índice de librerías y de libreros por metro cuadrado del mundo, con unas gentes amables, humildes, cariñosas. Donde todo el mundo está feliz y agradece el Festival y le encanta levitar. Y ya se están organizando concursos de a ver quién levita más alto y ves a las gentes en las plazas leyendo como poseídos y elevándose, elevándose sin parar. Quizás precisamente por todo esto, o en todas estas cosas, haya que buscar la respuesta al insistente, incrédulo, ¿Por qué Montevideo?

El Inspector García también se lo pregunta. Y se da golpes con la cabeza en la pared. pero añade una segunda pregunta. "¿Por qué a mí?". Dos preguntas seguidas. Difíciles de resolver. Pobre García.



07 de agosto de 2010

Anoche había máxima tensión. El Inspector García en persona se acercó al Festival Eñe. Había recibido un soplo: Rodolfo Fogwill llegaba de Argentina con la alerta disparada. Medio Montevideo levitando y encima se anunciaba la visita del escritor más polémico. Pese a su alergia cultural, García no es de los hombres que desaprovechan una ocasión. Ni ladean una pista sólida.

En el Centro Cultural de España la temperatura había subido. "Fogwill la va a liar". eso ya sabía. Lo que no había detalles era de la forma concreta. El escritor argentino ya la había liado a su llegada. Llegó volando. Mientras Montevideo levitaba, él estaba quince metros por encima. Es lógico: vivir todos los días con Fogwill debe producir vértigo... de la altura.

La conferencia, sin embargo, dejó a muchas personas con los pies en el suelo. Tal vez porque Fogwill nunca llegó a darla. Fue el personaje Fogwill quien entró en acción. El hombre es honrado, lo dijo nada más subirse al estrado vestido como para repartir los regalos de Papá Noel, gorrito incluido. "Me dicen de la organización que Fogwill está por llegar".

Y no se presentó. O se pasó de presentarse. El título de la conferencia era revelador: "Ahora, hablemos de mi". El propio mensajero lo acalaró: "El humor está en el ahora, porque no he dejado de hablar de mi nunca". La cuestión es que no se hablaba de literatura y la gente se sentía incómoda. Acostumbrados a estar levitando desde hace tres días, nadie quiere andar a ras de suelo. Pero un ejercicio de vanidad no es necesariamente literario. Y así hubo quien conectó bien con el autor y se mantuvo en su sitio, y quien se vino abajo.

No pasa nada. Caparrós se ha encargo esta mañana de volver a poner las cosas en su sitio. El Festival Eñe apura las últimas horas y García ya tiene claras varias cosas.



07 de agosto de 2010

Segundos fuera. El Festival acaba. Han sido casi cien horas de deliriro colectivo. Sesenta y cuatro actos, ciento treinta autores. Una enorme pandemia de literatura contagiando la ciudad y extendiéndose a otras ciudades: Piglia se la llevó a Buenos Aires, Reverte a Madrid...

El Inspector García ha abordado el caso en medio de un mar de dudas. Estábamos ante una gran epidemia... que solamente causaba felicidad a los ciudadanos. ¿Debía la autoridad intervenir?. Vaya pregunta: la autoridad interviene de oficio, no por necesidad. García, torpe pero curioso, ha sabido manejar el caso con sensatez.

Esta tarde se ha sentado en el despacho de su jefe, ha liado su enésimo pitillo y ha dicho: "Mañana se acaba todo". El teniente Pérez está confundido. "Pero, ¿que decís García? ¿Estás loco?". García se explaya y explica lo que los demás ya sabemos. Que la levitación colectiva es futo del placer inmenso que ha sentido la población como consecuencia de una sobreexposición a los literatura; de un auténtico empacho de libros y escritores. Que el fenómenos ha sido benigno y que la población está entusiasmada. Y que todo acabará mañana -añade- cuando la gente se despierte y piense que todo fue un sueño.

El teniente Pérez no está de acuerdo. Según informes secretos a los que ha tenido acceso, parece que la exposición intensa a los libros puede crear adicción. Y teme que muchos de los infectados sean incapaces de volver a su vida normal y a partir del lunes se genere en la ciudad un movimiento clandestino para seguir hablando de libros y que los escritores sean parados por la calle y felicitados a la vuelta de la esquina. Y que los cientos de librerías de nuevo y de viejo que hay en Montevideo tengan que hacer horario continuo de 24 horas y que las autoridades tengan que imponer la ley de entregar solamente un libro por persona.

García asiente y sentencia: "Entonces será mucho mejor de lo que pienso: la epidemia será crónica".

¿Los libros dan la felicidad? Por lo menos, nos la acercan. Los cuatro días del Festival Eñe lo certifican.




ALBERTO ANAUT
(Madrid, 1955). Periodista, editor, gestor cultural. Fue redactor jefe de El País Semanal, subdirector del diario El País y director de La Revista de El Mundo antes de fundar La Fábrica y lanzar la revista Matador. Entre sus proyectos destacan el festival PHotoEspaña, la producción de grandes exposiciones, La Fábrica Galería o La Fábrica Editorial, que se ha especializado en fotografía. En el campo de las revistas lanza la revista OjodePez, especializada en fotografía documental y la publicación de creación literaria Eñe, Revista para leer.
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