|
El Festival Eñe América llena todo el día. Sin embargo, los libros también reclaman una escapada. A la vuelta del Centro Cultural de España está Linardi y Risso, tal vez la mejor librería de libros antiguos de Montevideo. Una escapada estratégica, haciendo novillos, te permite adentrarte en los pasillos del tiempo.
La primera sorpresa, al entrar, es que sus bibliotecas, de cuatro metros de altura, están perfectamente preparadas para la fiebre que llena la ciudad. No hace falta escalera. Si pides ver las obras de alguno de los autores que ocupan los estantes más altos, el empleado no tiene nada más que coger el programa del Festival, que tiene estratégicamente situado en el mostrador, leer alguna de sus páginas y subir volando a por el pedido.
El señor Linardi no está cuando llego. ¿También ha hecho novillos? Parece que sí, y en sentido opuesto al mío. Se ha acercado al Festival para ver la charla de Javier Reverte y Martín Caparrós. Hablan de la literatura de viajes. Linardi ha hecho pellas porque ama la literautura. Cuando llega, flota. Ya se imaginan. Si yo fuera él, flotaría incluso sin necesidad del Festival Eñe. De hecho, creo que el Inspector García debería extender sus investigaciones a locales como Linardi y Risso. Seguro que tienen el antídoto del virus, porque deben llevar incubando la enfermedad bastantes décadas.
Si yo fuera Gacría me pasaría por la trastienda de Linardi y empezaría a mirar los libros de la generación del 27. La colección de Alberti. Los cánticos de García Lorca, los desgarrados poemas de Cernuda o Felipe León.
|
Anoche había máxima tensión. El Inspector García en persona se acercó al Festival Eñe. Había recibido un soplo: Rodolfo Fogwill llegaba de Argentina con la alerta disparada. Medio Montevideo levitando y encima se anunciaba la visita del escritor más polémico. Pese a su alergia cultural, García no es de los hombres que desaprovechan una ocasión. Ni ladean una pista sólida.
En el Centro Cultural de España la temperatura había subido. "Fogwill la va a liar". eso ya sabía. Lo que no había detalles era de la forma concreta. El escritor argentino ya la había liado a su llegada. Llegó volando. Mientras Montevideo levitaba, él estaba quince metros por encima. Es lógico: vivir todos los días con Fogwill debe producir vértigo... de la altura.
La conferencia, sin embargo, dejó a muchas personas con los pies en el suelo. Tal vez porque Fogwill nunca llegó a darla. Fue el personaje Fogwill quien entró en acción. El hombre es honrado, lo dijo nada más subirse al estrado vestido como para repartir los regalos de Papá Noel, gorrito incluido. "Me dicen de la organización que Fogwill está por llegar".
Y no se presentó. O se pasó de presentarse. El título de la conferencia era revelador: "Ahora, hablemos de mi". El propio mensajero lo acalaró: "El humor está en el ahora, porque no he dejado de hablar de mi nunca". La cuestión es que no se hablaba de literatura y la gente se sentía incómoda. Acostumbrados a estar levitando desde hace tres días, nadie quiere andar a ras de suelo. Pero un ejercicio de vanidad no es necesariamente literario. Y así hubo quien conectó bien con el autor y se mantuvo en su sitio, y quien se vino abajo.
No pasa nada. Caparrós se ha encargo esta mañana de volver a poner las cosas en su sitio. El Festival Eñe apura las últimas horas y García ya tiene claras varias cosas.