|
Nuevas pistas en el caso de la epidemia. Las autoridades se ven impotentes para contener la levitación general. El Festival Eñe sigue extendiéndose por Montevideo. Tal y como suponíamos ayer, la llegada de Piglia al festival provocó una fuerte convulsión. El escritor argentino infectó a un auditorio repleto de lectores ávidos.
Fué el principio del desastre. Sin apenas tiempo para que las autoridades sanitarias recccionasen, el concierto de Fernando Cabrera dió paso a una nueva etapa de la fiebre literaria que ha invadido la ciudad. El cantautor uruguayo trajo la emoción al Teatro Solís en el concierto de apertura del festival. Una hora de corazones encogidos, bajo la sombra de Onetti, con la voz rota. El público, entusiasmado, empezó a flotar por la sala. A mi lado, el presidente del club de fans de Cabrera exclamó: "¡Qué fortuna que lo hayan podido ver!" Además de canciones, el músico dejó algunas perlas: "A veces pienso que sería maravilloso que España nos invadiera ahora". Toda una declaración de amor.
El Inspector García ha reclamado ayuda internacional. Mientras la Brigada de Mafiosos ha pedido consejo a la policía colombiana ante la preocupante aparición de algunos casos de secuestro exprés que ya ha saltado a las páginas de los periódicos, García se ha puesto en contacto con las principales revistas literarias internacionales para recabar información sobre el asunto. Espera noticias en 24 horas. Le preocupa sobretodo obtener datos de casos paralelos precedentes.
La segunda jornada del festival, que ha comenzado en un día laborable a las 11 de la mañana, no ha dado tregua. Como aperitivo, el periódico La República ha aprovechado que el Pisuerga pasa por Valladolid y el Río de la Plata por Asunción, Buenos Aires y Montevideo, para reclamar mayor atención para la letra Ñ. Lo nunca visto. Agustín Fernández Mallo, Lorenzo Silva y Elvio E. Gandolfo han reunido a cerca de un centenar de almas en tres talleres exprés y las dos primeras mesas redondas del día han echado más leña al fuego: otros ciento cincuenta convertidos de la mano de Mercedes Cebrián, Iván Thays, Gabriel Peveroni, Sylvia Lago, Vicente Muleiro y Ana Inés Larre Borges. A propósito de Borges, ayer Piglia sacó su nombre para recordar que había escrito su mejor literatura sin salir de Argentina durante cuarenta años. Hoy le ha tocado el turno a Bolaño; la responsable ha sido Mercedes Cebrián que ha querido avisar que no lo había leído. Vaya provocadora.
La situación a la hora del almuerzo, permanece estacionaria. Los cálculos más conservadores hablan de tres mil personas levitando por las calles. ¡Qué gozada!