PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
Festival Eñe América / Polaroids
El blog de Andrés Barba
07 de agosto de 2010

Decididamente hay personas en este mundo que tienen un talento especial para la vida. Julio Trujillo es sin duda una de ellas. Tiene dos cosas que son de una rareza extraordinaria (más aún entre escritores, en contra de lo que suele pensarse): sentido común y sentido del humor. Y cuando bebe dos whiskis (también contra lo que suele pensarse) tiene todavía más sentido común y más sentido del humor.

De la poesía de Julio uno sale reconfortado con esta cosa más bien básica cosa de ser humano: "Me gusta adivinarte los alveolos/ cuando duermes/ y todo el mecanismo de finísima/ relojería que eres,/ de ti/ tan desasida,/ ingrávida en el éter de las sábanas/ (nubes de Rubens/ y la cama/ el lienzo que te enmarca)./ Me infiltro en la blancura, sé/ que sabes que aquí estoy/ que intento inútilmente respirar/ al ritmo de tu ritmo,/ ajustar estos diástoles groseros/ a tu pautada inspiración/ y espiración/ -morir como tú mueres./ Me gusta el sobresalto con que admiro/ (mi amor es taquicárdico)/ tu sangre horizontal/ la placidez de tus arterias/ tu lección anatómica de paz./ Esta es mi vocación: velar/ y celebrarte".

Tal vez, precisamente, lo que hace extraordinario a Trujillo sea precisamente esa vocación permanente de celebración, filtrada por el humor. Me regala al salir otro magnífico libro que he devorado esta noche: "El perro de Koudelka". A quien no haya visto nunca esa fotografía le recomiendo que la busque y se pregunte qué está pasando en el corazón de ese perro. Julio Trujillo lo sabe.



06 de agosto de 2010

Cuando me he encontrado con Vivi Tellas esta mañana estaba enfadada y juro que no he visto a nadie estar enfadado con tanta dulzura. Ojalá la gente de este mundo tuviera una alegría como la que parece que tiene Vivi Tellas, hasta cuando está enfadada. Vivi contenta (a la que también he visto) es si cabe más dulce aún. A ratos recuerda a una Giulietta Masina a lo porteño, pero no en lo físico, sino en una especie de extraña inocencia y cuando habla de sus proyectos lo hace con el espíritu de quien sabe que la piedra de toque del investigador teatral no es sólo la disposición al éxito, sino algo aún más interesante: la posibilidad del error, o mejor aún, la disposición a que el error incluya en la actuación un discurso no previsto.

Charlamos de teatro. Vivi es como una especie de animal teatral, no se encierra en un teatro sino que "husmea" el teatro en la vida. Ayer por la noche, en el Museo Torres García, utilizó a una medium para hacer preguntas a un padre que falleció cuando ella tenía tan solo dos años. No es, desde luego, la primera vez que lo hace: también subió a su madre y a su tía a un escenario, y hasta a su profesor de conducir. ¿Tendrá miedo también el panadero de Vivi, la peluquera de Vivi, la modista de Vivi? Asegura que le asombra la inocencia de la gente cuando sube al escenario, y que su entrega (yo le había preguntado si la gente no se "falsea" un poco al hacerlo) es precisamente el garante del éxito.

Muchas Vivis para nuestros teatros, por favor.



Archivado en: festival eñe, teatro | Etiquetas: vivi tellas, giulietta masssina
06 de agosto de 2010

"Como esa puta que en un puente de París/le entregó a un conde ruso la tarjeta/de un professeur especialista en sífilis,/éramos cada uno para el otro/cura y enfermedad, daño, alivio./Bajo el cielo a veces negro, a veces rojo,/acortamos los pasos, porque pasos/más breves alargan la noche." Así se le ve a Samoilovich en la noche de Montevideo, fumando unos puritos a la salida del Teatro Solís en el que acaba de recitar. Parece un busto de Sócrates que a ratos sonríe como un fauno. Es como si en cualquier momento fuese a sacar una flauta de pan y dar saltos por los tejados convocando sombras clásicas, pero inquietantemente cercanas a la vez.

Tal vez sean los años que lleva a sus espaldas dirigiendo la mítica revista Diario de Poesía pero Samoilovich es uno de esos tipos junto a los que hay que sentarse en los recitales. Tiene, insertado como un chip, una especie de termómetro casi infalible para la excelencia. "Medio pavo este", dice de uno, "Este otro está muy bien" dice del siguiente. No cabe duda de que Samoilovich está respirando poesía a cada segundo, o comiéndosela más bien, porque todo es un poco gástrico en Samoilovich, aunque su poesía tenga un limpieza clásica y un toque cínico que no sólo no le hace distante sino, curiosamente, cercanamente humano. Se aprenden cosas inquietantes junto a Samoilovich, que el mundo es como un dado, por ejemplo.

"El mundo es como un dado/que rueda./ todo gira con él:/el hombre/se vuelve ángel, el ángel/hombre./La cabeza pie, el pie/cabeza./Así dan vueltas y vueltas/las cosas/y se transforman ésta/en aquella/y aquella en ésta, lo superior/en inferior/y lo inferior en superior;/cuentas/no saldadas del Precámbrico/devienen/penas de un amor concluso,/la ansiedad/de una noche en el Trópico/cifra/del tiempo irreversible;/en la raíz/todo es uno, y en las transformaciones/algo se/redime, en algo se repara/el error/divino de haber separado/de la tiniebla/la luz, haber hecho de la idea/cosa./En el cambio nacen/dientes,/del cambio comen/ángeles,/caídos inclusive."

Samoilovich, viniendo de frente, es una mezcla entre un busto de Sócrates y un Moisés.



05 de agosto de 2010

Washington Cucurto, alias Cucu, es en primera impresión, como el personaje de Manolito de Mafalda, pero en versión gigante. Tiene algo de osezno y de bonachón integral y, luego, en cuanto se habla con él, de editor centrado, de comerciante de puerto, de escritor huidizo y poco amigo del frivolismo literario. Da gusto que a uno le vendan las cosas así, sobre todo si son los libros de la Editorial Eloísa Cartonera argentina. Me cuenta cómo se hacen los libros, cómo pintan ellos cada una de las cubiertas de cartón reciclado, cómo los venden.

Cucu es una encarnación hecha visible del barrio de la Boca, una expansión humana y también quizá un personaje de Mark Twain, un Tom Sawyer en edición quilmeña, un buscavidas y un escritor de barrio. Da gusto ver que la literatura sigue enganchada a la vida como un anzuelo cuando uno se encuentra con tipos como Cucu.



05 de agosto de 2010

Para entender la risa de Mercedes Cebrián (taxidermista y narradora) hace falta agarrarle el punto a la voz inquietante de los objetos y luego ir un poco más allá, hasta que el objeto se colma y está a punto de abrirse en él una pequeña boca que de pronto nos contesta. Es una mezcla entre la risa de la niña mala de la última fila de la clase y la de la niña buena de la primera, la combinación (de entrada tampoco diría nadie que zumo de tomate con vodka iba a dar ese resultado) es única en su especie. Decir que no hay nadie que haga las cosas que hace Mercedes en el panorama literario español es una frase que parece mentira de puro cierta, o de puro trillada. Se ha dicho ya que había tantas personas que eran los únicos en hacer algo en tantas partes (comerse cincuenta huevos, sumergirse a pulmón, invadir Polonia) que parece no decir nada que Mercedes Cebrián sea única en su especie. Y sin embargo lo es. El que aquí suscribe ha tenido ya la oportunidad no sólo de leer sus libros anteriores ("El malestar al alcance de todos" y "Mercado común") sino también su próximo libro "La nueva taxidermia", en sesión de preestreno, su mejor libro, créanme y apúntenlo para enero, que es cuando saldrá del horno.

Mientras tanto Mercedes camina a saltitos por el festival. Es una de esas asistentes a casi todo. Uno se da la vuelta y allí están los ojines listos de Mercedes. Si uno fuera profesor y Mercedes la alumna la miraría con un poco de miedo el primer día. ¿Será una niña de dieces redondos o se dará la vuelta y le caerá un chinazo? Pero cuando se le sostiene la mirada un poco más se descubre algo extraordinario, mucho más extraordinario en realidad de lo que se suele creer: a alguien que ríe, Mercedes Cebrián es alguien que ríe como dice Perec que duermen los hombres.



Archivado en: festival eñe, escritores, escribir | Etiquetas: Mercedes Cebrián
04 de agosto de 2010

Si Horacio Cavallo hubiese salido de una obra de teatro de Chéjov habría sido probablemente tal y como yo lo he visto esta tarde: con un aspecto inquietante y tímido a la vez, y se habría levantado quizá en mitad de una de esas noches chejovianas (del tío Vania quizá) a recitar unos versos como los que ha recitado esta noche en el teatro Solís de Montevideo. Se puede decir que la noche transcurría tranquila hasta que ha llegado él. Se puede decir que pasaba y no pasaba nada. Luego, de pronto y sin alzar demasiado la voz, el auditorio se ha quedado congelado como si hubiese irrumpido en mitad de la sala una especie de Diógenes a decirnos que el bípedo implume no era más que un pollo desplumado.

"Vuelto de trabajar, anocheciendo/ miope don nadie entre la muchedumbre/ apuro el paso/ busco tu desmemoria, tu pereza/ la curva de tu espalda acucharada". A Horacio Cavallo se le ve la vida no sólo en los versos, sino hasta en la manera de recitarlos. Cuando le asalto, al salir, me dice que es novelista, no poeta. Le digo que para no ser poeta escribe unos poemas acojonantes. Sonríe como si se hubiese convertido en Aliosha Karamazov.  Y busco de inmediato al llegar al ordenador el título de su novela: "Oso de trapo" (Trilce. 2008). Aquí sigue siendo invierno, y para acabar su lectura Horacio se ha despachado con este poemazo, titulado precisamente así, Invierno:

"Sólo la cama guarda la segura/ dulce inmovilidad del paraíso./ El resto de la casa, la ciudad,/ todo es mentira cuando lluvia, viento,/ hacen temblar las manos y las ramas./ Una tonada triste bajo las frazadas./ esto es lo cierto: duerme, espera, hiberna."

Ahí todos los inviernos, en un invierno.



04 de agosto de 2010

"Tenemos muchos amigos en común" dice Yuri cuando le conozco, de camino a la radio para hacer una entrevista conjunta. Eso suena, directamente, como la primera frase de un relato de Henry James.  Luego, comenzamos a repasar nombres y vivimos durante un segundo esa extraña sensación de inmediata familiaridad que se produce entre dos personas que no se conocen, pero que quieren a las mismas personas.  Yuri parece más grande con abrigo y sombrero, más adusto. Luego al quitárselo sale como de la cáscara de una nuez una mirada inteligente, de ardilla del DF, lo que es lo mismo que decir de ardilla urbana y cantinera, si es que tal cosa existe, en versión humana, sería Yuri Herrera. En la radio las respuestas de Yuri son rápidas e inteligentes y como estamos de acuerdo en casi todo a mí me da por llevar un poco la contraria sólo para que no parezcamos Tweedledum y Tweedledee.

Yuri tiene una revista: El Perro, y dos novelas que no pueden pintar mejor de lo que pintan. "Trabajos del Reino" y "Señales que precederán al fin del mundo". "En mi ciudad, antes de una entrevista, lo primero que habría hecho sería tomarme dos tequilas", confiesa. Yo, desde mi bolinguismo semiprofesional, pienso de inmediato que me voy a llevar bien con este tipo. Luego, durante las cervezas que siguen a la entrevista se habla de cosas finas, de señoras bien: Narcos, Asesinatos, Mutilaciones, Secuestros, Corridos y, al llegar al hotel, curioseo un poco y me encuentro con esta perlaca de su novela "Trabajos del Reino" en la que el protagonista es un creador de Corridos: "Era un rey, y a su alrededor todo cobraba sentido. Los hombres luchaban por él, las mujeres parían para él; él protegía y regalaba, y cada cual, en el reino, tenía por su gracia un lugar preciso." Es extrañamente delicado este Yuri. Cuando hablamos de los secuestros relata una anécdota curiosa: dirigía un taller creativo y una de sus alumnas le comentó que quería escribir sobre el secuestro de un familiar, pero que no sabía cómo hacerlo. "¿Qué objeto recuerdas de esos días, cuál es el objeto que más recuerdas?", preguntó. "El teléfono", contestó la chica. "Habla, entonces, del teléfono". Qué señor consejo literario.



04 de agosto de 2010

Las primeras veces, como las familias desdichadas de Tolstoi, lo son cada a una a su manera. El primer blog (y da vergüencita decir que éste es mi primero a estos treinta y cuatro añazos) será, porque así ha caído -y esa es otra cualidad de las primeras veces, no se producen, sino que caen- en este Festival Eñe de Montevideo. Mi desconocimiento del género es tan flagrante que de entrada no sé si es el caso que uno haga aquí, para empezar, una especie de poética bloggera o de declaración de intenciones. Haré, eso sí, una declaración de ocurrencia: creo que utilizaré este espacio para hacer retratos de los ponentes. Retratos Polaroid. Instantáneas, gente que cruzaba, el técnico que arregló las luces, la técnica que arregló las luces del técnico que arregló las luces, y el ponente que hablaba cuando el técnico que arregló las luces miraba a la rubia que arreglaría más tarde las luces del técnico que arregló las luces.

Montevideo es, como la ciudad de Vetusta de La Regenta, una Ciudad que duerme la siesta. Los fines de semana, al menos. La llegada a la ciudad hace tres días  tenía la fantasmagoría de los cuentos de Poe. Luego se nos dijo que los uruguayos los fines de semana o se van fuera, o se comen un asado y duermen. La segunda ocupación (que es lo que al menos el que suscribe está acostumbrado a hacer) le parece a uno maravillosa sobre todo cuando hay una ciudad entera que la ha hecho propia. Lo decía Rilke, pero lo podría haber dicho también Alfredo Landa: "Nunca tendremos demasiadas costumbres". El resultado es una ciudad desierta que duerme la siesta. Dos personas que duermen la siesta a la vez, igual que dos personas que han sido niños al mismo tiempo, siempre tienen algo en común (como las familias alegres de Tolstoi). Aquí el fin de semana todos durmimos la siesta al mismo tiempo. Hoy se despierta de pronto, comienza el Festival Eñe.

Las primeras veces, por supuesto, terminan en llamada. Yo me veo como en la anécdota esa de Dominguín cuando se acostó con Ava Gardner. Se dicen que allí quedó la diosa sobre la camita observando con estupefacción cómo le torero se ponía los pantalones a toda prisa tras terminar. "Where do you go, darling?" dicen que preguntó. "Que Where do I go? ¡A contarlo!".




ANDRéS BARBA
(Madrid, 1975). Escritor. Se dio a conocer con la novela La hermana de Katia (2001, finalista del premio Herralde). A ella siguieron La recta intención (2002), Ahora tocad música de baile y Versiones de Teresa (2004), premiada con el Torrente Ballester. Ha sido galardonado también con el Anagrama de Ensayo por ser coautor (junto a Javier Montes) de La ceremonia del porno (2007). Su novela más reciente es Las manos pequeñas (2008).
PUBLICIDAD
suscríbete a nuestros boletines
¿Quieres estar informado de todo lo que sucede en la web de Eñe? Relatos, información de eventos, noticias y mucho más...

PRENSA .   QUIÉNES SOMOS .   CONTACTA .   AVISO LEGAL

Eñe recomienda:
Un proyecto de