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Las primeras veces, como las familias desdichadas de Tolstoi, lo son cada a una a su manera. El primer blog (y da vergüencita decir que éste es mi primero a estos treinta y cuatro añazos) será, porque así ha caído -y esa es otra cualidad de las primeras veces, no se producen, sino que caen- en este Festival Eñe de Montevideo. Mi desconocimiento del género es tan flagrante que de entrada no sé si es el caso que uno haga aquí, para empezar, una especie de poética bloggera o de declaración de intenciones. Haré, eso sí, una declaración de ocurrencia: creo que utilizaré este espacio para hacer retratos de los ponentes. Retratos Polaroid. Instantáneas, gente que cruzaba, el técnico que arregló las luces, la técnica que arregló las luces del técnico que arregló las luces, y el ponente que hablaba cuando el técnico que arregló las luces miraba a la rubia que arreglaría más tarde las luces del técnico que arregló las luces.
Montevideo es, como la ciudad de Vetusta de La Regenta, una Ciudad que duerme la siesta. Los fines de semana, al menos. La llegada a la ciudad hace tres días tenía la fantasmagoría de los cuentos de Poe. Luego se nos dijo que los uruguayos los fines de semana o se van fuera, o se comen un asado y duermen. La segunda ocupación (que es lo que al menos el que suscribe está acostumbrado a hacer) le parece a uno maravillosa sobre todo cuando hay una ciudad entera que la ha hecho propia. Lo decía Rilke, pero lo podría haber dicho también Alfredo Landa: "Nunca tendremos demasiadas costumbres". El resultado es una ciudad desierta que duerme la siesta. Dos personas que duermen la siesta a la vez, igual que dos personas que han sido niños al mismo tiempo, siempre tienen algo en común (como las familias alegres de Tolstoi). Aquí el fin de semana todos durmimos la siesta al mismo tiempo. Hoy se despierta de pronto, comienza el Festival Eñe.
Las primeras veces, por supuesto, terminan en llamada. Yo me veo como en la anécdota esa de Dominguín cuando se acostó con Ava Gardner. Se dicen que allí quedó la diosa sobre la camita observando con estupefacción cómo le torero se ponía los pantalones a toda prisa tras terminar. "Where do you go, darling?" dicen que preguntó. "Que Where do I go? ¡A contarlo!".