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Washington Cucurto, alias Cucu, es en primera impresión, como el personaje de Manolito de Mafalda, pero en versión gigante. Tiene algo de osezno y de bonachón integral y, luego, en cuanto se habla con él, de editor centrado, de comerciante de puerto, de escritor huidizo y poco amigo del frivolismo literario. Da gusto que a uno le vendan las cosas así, sobre todo si son los libros de la Editorial Eloísa Cartonera argentina. Me cuenta cómo se hacen los libros, cómo pintan ellos cada una de las cubiertas de cartón reciclado, cómo los venden.
Cucu es una encarnación hecha visible del barrio de la Boca, una expansión humana y también quizá un personaje de Mark Twain, un Tom Sawyer en edición quilmeña, un buscavidas y un escritor de barrio. Da gusto ver que la literatura sigue enganchada a la vida como un anzuelo cuando uno se encuentra con tipos como Cucu.