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"Como esa puta que en un puente de París/le entregó a un conde ruso la tarjeta/de un professeur especialista en sífilis,/éramos cada uno para el otro/cura y enfermedad, daño, alivio./Bajo el cielo a veces negro, a veces rojo,/acortamos los pasos, porque pasos/más breves alargan la noche." Así se le ve a Samoilovich en la noche de Montevideo, fumando unos puritos a la salida del Teatro Solís en el que acaba de recitar. Parece un busto de Sócrates que a ratos sonríe como un fauno. Es como si en cualquier momento fuese a sacar una flauta de pan y dar saltos por los tejados convocando sombras clásicas, pero inquietantemente cercanas a la vez.
Tal vez sean los años que lleva a sus espaldas dirigiendo la mítica revista Diario de Poesía pero Samoilovich es uno de esos tipos junto a los que hay que sentarse en los recitales. Tiene, insertado como un chip, una especie de termómetro casi infalible para la excelencia. "Medio pavo este", dice de uno, "Este otro está muy bien" dice del siguiente. No cabe duda de que Samoilovich está respirando poesía a cada segundo, o comiéndosela más bien, porque todo es un poco gástrico en Samoilovich, aunque su poesía tenga un limpieza clásica y un toque cínico que no sólo no le hace distante sino, curiosamente, cercanamente humano. Se aprenden cosas inquietantes junto a Samoilovich, que el mundo es como un dado, por ejemplo.
"El mundo es como un dado/que rueda./ todo gira con él:/el hombre/se vuelve ángel, el ángel/hombre./La cabeza pie, el pie/cabeza./Así dan vueltas y vueltas/las cosas/y se transforman ésta/en aquella/y aquella en ésta, lo superior/en inferior/y lo inferior en superior;/cuentas/no saldadas del Precámbrico/devienen/penas de un amor concluso,/la ansiedad/de una noche en el Trópico/cifra/del tiempo irreversible;/en la raíz/todo es uno, y en las transformaciones/algo se/redime, en algo se repara/el error/divino de haber separado/de la tiniebla/la luz, haber hecho de la idea/cosa./En el cambio nacen/dientes,/del cambio comen/ángeles,/caídos inclusive."
Samoilovich, viniendo de frente, es una mezcla entre un busto de Sócrates y un Moisés.