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"Tenemos muchos amigos en común" dice Yuri cuando le conozco, de camino a la radio para hacer una entrevista conjunta. Eso suena, directamente, como la primera frase de un relato de Henry James. Luego, comenzamos a repasar nombres y vivimos durante un segundo esa extraña sensación de inmediata familiaridad que se produce entre dos personas que no se conocen, pero que quieren a las mismas personas. Yuri parece más grande con abrigo y sombrero, más adusto. Luego al quitárselo sale como de la cáscara de una nuez una mirada inteligente, de ardilla del DF, lo que es lo mismo que decir de ardilla urbana y cantinera, si es que tal cosa existe, en versión humana, sería Yuri Herrera. En la radio las respuestas de Yuri son rápidas e inteligentes y como estamos de acuerdo en casi todo a mí me da por llevar un poco la contraria sólo para que no parezcamos Tweedledum y Tweedledee.
Yuri tiene una revista: El Perro, y dos novelas que no pueden pintar mejor de lo que pintan. "Trabajos del Reino" y "Señales que precederán al fin del mundo". "En mi ciudad, antes de una entrevista, lo primero que habría hecho sería tomarme dos tequilas", confiesa. Yo, desde mi bolinguismo semiprofesional, pienso de inmediato que me voy a llevar bien con este tipo. Luego, durante las cervezas que siguen a la entrevista se habla de cosas finas, de señoras bien: Narcos, Asesinatos, Mutilaciones, Secuestros, Corridos y, al llegar al hotel, curioseo un poco y me encuentro con esta perlaca de su novela "Trabajos del Reino" en la que el protagonista es un creador de Corridos: "Era un rey, y a su alrededor todo cobraba sentido. Los hombres luchaban por él, las mujeres parían para él; él protegía y regalaba, y cada cual, en el reino, tenía por su gracia un lugar preciso." Es extrañamente delicado este Yuri. Cuando hablamos de los secuestros relata una anécdota curiosa: dirigía un taller creativo y una de sus alumnas le comentó que quería escribir sobre el secuestro de un familiar, pero que no sabía cómo hacerlo. "¿Qué objeto recuerdas de esos días, cuál es el objeto que más recuerdas?", preguntó. "El teléfono", contestó la chica. "Habla, entonces, del teléfono". Qué señor consejo literario.