PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
Festival Eñe América / La velocidad del entusiasmo
El blog de Alejandro Ferreiro
04 de agosto de 2010

Están leyendo la primera frase de este blog.

Y ahora, la segunda.

Ya se ha dicho repetidamente (y esto confirma la regla) que no existen dos oportunidades para una primera impresión. Se sabe, entonces, que mucho menos caben tres.

Un escritor lo tiene presente siempre, o debería tenerlo, porque el comienzo de una narración puede ser esquivo para el creador, pero nunca para el lector. Para quien lee, la primera frase es el comienzo. Y punto.

Pienso en estas cosas ahora, cuando me preparo para una maratón literaria y,  en especial, para hacer una cobertura del acontecimiento. Fea palabra cobertura - distorsiones del periodismo-. Fea palabra acontecimiento –distorsiones de la expectativa-.

Un festival es una feria es una fiesta es una celebración. Eñe es todo eso y espero que más, bastante más.

Todos los que leemos y disfrutamos ejerciendo esa comunión, sabemos que la lectura produce placer, administra nuestra comprensión, la modifica, la amplía.

Todos los que escribimos y disfrutamos ejerciendo esa comunión, sabemos que la escritura produce placer, administra nuestra comprensión, la modifica, la amplía.

Leer y escribir. Escribir y leer.

¿Se puede acaso separar una cosa de la otra? Dicho de otra forma:

Escribir es leer. Leer es escribir.

Se trata de una misma fábrica de sentidos que nos ayuda a reordenar el mundo, los mundos. Además nos permite establecer el arte moribundo de la conversación con nosotros mismos; que somos tales porque somos otros cuando conversamos incluso con nosotros mismos. Y también nos permite establecer el moribundo arte de la conversación con otros, que son tales al conversar con nosotros, conmigo.

Ordenar palabras no es solamente una capacidad verbal, oral o escrita, es más que nada una manera de acomodar el mundo. Y hay muchas maneras de hacerlo porque hay muchos mundos para ser contados y para ser leídos.

Escribo porque quiero, porque la literatura es un buen destino.

Leo porque quiero, porque la literatura es un buen destino.

Pero sólo escribo y leo lo que puedo, no todo lo que quiero.

Soy un aprendiz: escribo, leo y aprendo. Y me fascina ser un aprendiz porque es así como me renuevo sensual y emocionalmente, como aumento y ventilo mi conciencia.

Entonces, por ejemplo, aprendo que los deseos más profundos sólo pueden manifestarse con palabras triviales, y eso que por un lado me paraliza, por el otro me anima:  Me digo entonces que todo comienzo es un rito que ejerce gran seducción sobre las personas. Y me convenzo de que todo rito no es una mera repetición, sino la semilla de una espera, de una expectativa:

Quisiera que el comienzo de este blog, de este festival, se revele para todos como un rito verdaderamente activo, poderoso y eficaz.



04 de agosto de 2010

Para un escritor la gran Verdad es la Mentira.

Por lo menos para un escritor de ficción, por lo menos para alguien como yo. Declaro entonces que soy un gran mentiroso y me regocija usar este medio para proclamarlo. Pero como también soy periodista debo decir además, que existen mentiras que no pueden difundirse sin pecar, sin traicionar al oficio, sin traicionar a secas a toda la humanidad.

Digo esto porque no quiero confundirme en estos roles, nunca me gustó estar de los dos lados del mostrador: Cuando bebo no trabajo, cuando trabajo no bebo en la barra.

Pero como tampoco soy un bloguero consumado, debo enfrentarme a esta sensación nueva: ¿desde qué lugar escribir sobre esto que está pasando acá?

Como periodista, oficio que no quiero ejercer en demasía por estos días, digo que el Festival Eñe, por lo menos en esta primera jornada y hasta la mitad de la tarde -que es cuando escribo esto-  se ha destacado por una puntualidad digna de otras latitudes, tal vez nórdicas. No estoy seguro que sea así en España y presumo según mi experiencia en la península ibérica, que tal vez no sea así. Pero definitivamente en Uruguay no es así. Valga como ejemplo lo que me contó un estudiante japonés de música, que luego de haber estudiado en Uruguay durante un año, sacó la cuenta que con los atrasos sumados entre las clases y los ensayos, él habría tocado su instrumento un 30% más de tiempo de haberse quedado en su país.

Como escritor defiendo las mentiras que sostendré a partir de ahora.

¿Para qué mentir?

Pues, por varias razones:

Primero, porque es la manera más directa de ejercer la libertad.

Segundo porque para ser feliz es necesario mentir o por lo menos mentirse a uno mismo (¿qué otra cosa es sino ilusionarse?).

Hay más motivos pero me quedo con estos dos para justificar la opción subjetiva que significa poner los sentidos en la tarea de describir lo que importa.

¿Y qué es lo que importa?

La alegría de fantasear es lo que importa. Es decir, lo que me importa ahora mientras tomo un café con leche e intento escribir sin dejar de ser amable con la gente conocida que circula por el CCE. Y ahí es donde más miento:

Digo que estoy concentrado, que estoy trabajando, que no puedo tomarme un café con este amigo que no veo hace rato, o con mi amiga embarazada a punto de parir, o con el colega que vino a cubrir para un diario argentino, o con el compinche que va a leer poesía en un rato en el Teatro Solís, o con la madre de aquella compañera de facultad. Y digo todo esto cuando en realidad quiero desconcentrarme o no concentrarme en esto, porque hay un escritor que admiro y esta cerca de mí, hablando con alguien que no conozco pero diciendo cosas que intento escuchar de costado (los escritores somos curiosos por definición y lejos de ser un atropello a la intimidad de los que conversan, esta escucha robada dignifica al oficio). Y miento porque quiero tomarme ese café con Gonzalo, y abrazar la panza de Maka que guarda en secreto al hijo que gestaron con Gabriel, o pasear por la ciudad vieja con Diego que está por unas horas en Uruguay, o irme al boliche del Solís a que mi amigo me lea los poemas que seleccionó para recitar esta noche.

Y también está Washington Cucurto, a quién nunca vi pero si he leído con ganas. Y de pronto veo que está sólo, parado en medio de la cafetería mordiéndose un dedo y con cara de “ahora que hago”. Entonces dejo toda responsabilidad, me levanto de mi mesa, me acerco y le digo:

Hola Cucurto, soy Alejandro y bla, bla, bla.

Varios minutos después intercambiamos promesas y materiales.

Perfecto, pienso, ya tengo la foto para este posteo.

Porque esto que aquí termina es un posteo.

¿O miento?



05 de agosto de 2010

Conozco a Felipe Polleri, lo admito.

Pero aún así, o tal vez por eso mismo, me voy a sacar las ganas. Quizás envalentonado porque practicamos entre nosotros el sonido del tuteo, o  porque nos suele abrazar una extraña y contagiosa alegría ante los chistes livianos pero con sótano, me animo a cometer delito.

No creo que me vaya a arrepentir y tampoco que la represalia del hombre barbudo atente contra mi integridad. Puedo intentar ser valiente, pero no quiero ser temerario. ¿Se imaginan a este buen hombre, a este escritor exorcista, enojándose con alguien? Es difícil, pero bueno… ¿se lo imaginan?.

La conferencia que Polleri exprimió de una hojitas garabateadas se llamo El arte como delito y del jugo que le sacó a sus apuntes bebió todo un batallón.

Fue por eso que abandoné el lápiz y me tomé un transporte más veloz:

Abrí el ordenador (es el Festival Eñe, recuérdenlo, se dice ordenador) y le di a las teclas con furor. Y juro que se me perdieron apenas dos  sustantivos, tres adjetivos y poco más. El resto lo anoté todo. Parece que me entusiasmé porque Martín Fernández, editor de Hum y Estuario, me mando un sms al instante: “Pasate al lápiz porque el ruido de las teclas distorsiona!”. Lo ignoré alegremente, y se la juré: después le saco una foto y la publico, me dije. Inmediatamente pensé en los lectores de este blog y ponderé la venganza; la culpa no es de todos. Ni siquiera del editor sensible. Es de Polleri, obvio, que dijo tanta cosa en 30 minutos que tuve que poner los dedos en salmuera.

El expositor barbado afirmó usar las palabras para que quemen (vale); para de alguna manera manipular al lector (venga); para sacar de adentro al delincuente que todos tenemos escondido (vale again).

Así que tomo sus palabras como evangelio joven y postrándome ante el altar me persigno y preparo para cometer delito: robaré sus palabras y las diseminaré por los caminos que cruzan la web según mis santísimas ganas. Pero adjudicándoselas a él, claro. Que los lectores también tenemos su poder, que los escritores hablamos siempre de lo mismo, pero expresándolo, en el mejor de los casos, según fórmulas personales. Que (!vamos!) las limitaciones también definen estilos.

Esto dijo Polleri y al que me desmienta pondré la otra mejilla:

Escribir es un estado de trance y por eso tengo a mano el tabaco y el café. Escribir es ensuciarse. El escritor es un acumulador de energía, un artista que maneja una energía psíquica para que el lector reciba ese choque sin ninguna intermediación; sin poder pensar mucho. Eso se llama manipular al lector. Y por eso mis libros son en primera persona, para agarrar al lector del cuello y no soltarlo.  Y por eso mis libros tienen un tamaño de 60 o 70 páginas.

Por otro lado, mis personajes son generalmente artistas, pero también delincuentes, criminales. A partir de ahí se desarrolla una lucha entre el placer estético y lo desagradable que puede ser el tema. Digamos que debo dorar la píldora para que el lector entre en tema y se proponga salir si quiere pero avanzando.

Otra posibilidad es que se haga cómplice, que se identifique con el personaje y viva esas transgresiones como propias. Todos estamos cansados de ser buenas personas las 24 horas al día. Y esa es otra posibilidad, porque yo quiero que el lector disfrute, que haga la catarsis y en lugar de oponerse al texto, se abra y me acompañe. Ese es el lector ideal.

Y ustedes se preguntarán de dónde salen esos criminales, bueno, todos tenemos voces negadas que acallamos y reprimimos. Algunas incluso nos hablan del bien que podríamos hacer, son halagüeñas, nos dicen que con un pequeño esfuerzo seríamos mejores.

Y después están las voces que nos hablan de lo que nos molesta, nos hiere, nos parece injusto. Mi  trabajo es que esas voces negativas hablen. Por eso hablo de trance, porque en ello radica esa labor terapéutica que tiene toda literatura.

Todos escribimos por terapia, necesitamos eso, y no hay que negarlo,  porque lo que se consigue escribiendo es básicamente un fracaso.

Quise convertirme escritor a los 12 o 13 años y desde entonces escribí historias. Recién a los treinta y pico  me gustó lo que escribí. Así que durante 20 años fui el loco de la familia. Toda mi vida leí y escribí por amor al arte, por eso el arte siempre fue un delito, porque mi manera de vivir era de alguna manera ofensiva. Decían: Este se la pasa encerrado escribiendo esas boludeces en su casa y desprecia todo lo que a nosotros nos cuesta tanto conseguir…

Pero bueno, yo opté por otra vida y  siempre sentí que de alguna manera los ofendía por no desear tener un buen trabajo, plata y una vida agradable con auto y casa en Punta del este. Pero para mí fue muy agradable mi vida, porque escribí aunque sintiera que para los demás esa no fuera una opción y fuese casi una estupidez. Siempre detecté esa especie de desconfianza.

Pero yo tuve, gracias a la literatura, una vida completa. Pude ser en las horas diurnas una buena persona, tener una familia y durante las noches dedicarme a escuchar esas voces.

No es mi trabajo mejorar a las personas. Eso en todo caso lo hago como ciudadano, amigo, padre. Pero con la literatura me propongo que el lector disfrute. Mi trabajo no es hacer el bien público. Lo que yo tengo que hacer es ser sincero en la medida de lo posible. Mentir para decir la verdad.

Apenas Polleri dijo gracias, la sala entera aplaudió. Yo aproveché para salir a fumar un tabaco. En el camino me di cuenta de que no fumo tabaco. Pero también que eso no me hace menos delincuente que nadie.



05 de agosto de 2010

El entusiasmo es una liebre y a veces uno llega antes que pronto. Esto me ocurrió hoy mismo. Entré al CCE como una tromba y el monitor del lugar, el que está en la puerta, me dijo amablemente: ¿cómo estás?, ¿adónde vas?

Apenas le empecé a explicar se rió y agregó: sí, sí ya sé, pero lo que ocurre es que todavía no abrimos.

Ya me parecía que algo no funcionaba, porque era demasiada quietud tras el tsunami de la víspera. Ahora estoy en un café de la Ciudad Vieja y pienso en todo lo que sucedió en la apertura del Festival Eñe. Me comporto entonces como tortuga y repaso el camino transitado hasta ahora.

Recuerdo, para empezar, un par de cosas:

1. Al cuida coches de la cuadra que me dijo: Amigo, ¿qué está pasando hoy acá? Apenas le comencé a explicar se largó a reír con picardía y desconfianza y entre dientes susurro: ¿No me va a decir que existen tantos escritores…?

2. A Rafael Courtoisie en su taller exprés sobre la poesía en tiempos de blogs/twitter. Mientras garabateaba el pizarrón, aseguró que todo va a cambiar pero que la cultura tipográfica no va a desaparecer porque cambie el soporte; que la web sirve también para potenciar un artefacto tan antiguo que es el libro; que la hibridación de lo icónico con lo tipográfico nos puede dar una nueva forma de poesía, aunque los puristas digan otra cosa; que una poesía estructurada creada para el medio blog no puede ser igual que la tipográfica; que el medio reformula parte de nuestra fenomenología poética; que no nos queda otra que integrarnos; que su amigo Juan Grompone (Ingeniero y escritor uruguayo) cree que el libro en soporte de celulosa desaparecerá pronto y que con ello parece un integrado demasiado optimista y hasta exagerado; que el blog es como bitácora secuencial rígido y antiguo, tal vez más antiguo que el libro; que podemos darnos el lujo de ser apocalípticos pero sin dejar de ser optimistas.

Y contó una anécdota de Umberto Eco:

En su castillo de Bolonia tiene todas sus computadoras desde las primera Comodote 64 y la Spectrum, hasta las últimas. Y tiene todos los archivos y discos de época en funcionamiento. Para ello gasta una pequeña fortuna. Eco es apocalíptico e integrado, las dos cosas.

Courtoisie se definió a sí mismo como un apocalíptico nostálgico pero integrado. Y aseguró que un libro es un aparato absolutamente tecnológico, una realidad virtual que tiene soporte de celulosa con manchas de tinta, un sistema tecnológico pero no necesita baterías y se activa con la mirada. Una tecnología más retardada necesita ser conectada porque se acaba la batería, mientras que un libro permite tener miedo, oler, soñar, una carga de adrenalina que tal vez no nos provoque el mismo cuento en un soporte web.

Todavía un blog no legitima mis poemas como una editorial. Cuando Internet empiece a generar  un sistema de legitimación aumentarán los costos. Lo inteligente tal vez sea sumar los caminos porque por ahora 10 mil lectores de mi poema en mi página web no legitiman tanto como los 100 que tengan el libro. Por lo menos por ahora.

A la salida del aula que se encuentra en el mismo piso que la exposición sobre el genial Angel Rama, me detuve sin nostalgia pero con asombro renovado en algunas de las cartas manuscritas que mandó y recibió en vida el crítico y pensador uruguayo. Y ahí me quedé.



05 de agosto de 2010

Cuando la pasión se une con el buen trato y el conocimiento generoso, un taller exprés tiene doble medida estimulante.  Llegué tarde al que brindó Lorenzo Silva y por eso mismo dudé tantear la puerta e interrumpir lo que ya estaba andando. Dos minutos después me felicitaba por mi impertinencia.

Con claridad, escuchando a todos y proponiendo desde el arranque una presentación individual que terminaría incorporando a su magisterio, Silva expuso sobre el reto que supone un personaje para su creador.

Si un buen personaje es aquel que se te queda en la memoria aunque esté encuadrado en una mala novela,  un maestro es aquel que recordarás fácilmente por el impulso que le dio a tus ganas y el aislamiento gozoso en el que te sumió.

Cosas claras expuestas con transparencia:

Hay una serie de rasgos que son necesarios para que un personaje sea importante:

1. Debe tener una contradicción, un conflicto.  En una historia tiene que ocurrir algo, una tensión, algo que se sale de lo común. El personaje siempre encierra un conflicto que se traslada a la realidad que le rodea.

Ejemplo. Sherlock Holmes y Watson.

El primero tiene un conflicto interior que no puede resolver. Es un drogadicto que consume cuando está en absoluta soledad o depresión. Es un personaje que se contrapone a la realidad, que está en permanentemente oposición con ese mundo exterior que considera de menor profundidad de la que él maneja. Por otro lado Holmes no sería nada sin Watson que representa el sentido común, lo racional, el interlocutor que le permite a Holmes templarse y convertir lo negativo en positivo. Holmes es una evolución del arquetipo planteado por Poe en sus diálogos, y tal vez una evolución del arquetipo planteado en los diálogos de Platón. Y Watson además aporta más que los interlocutores de los diálogos de Poe y Platón.

Ejemplo. Don Quijote y Sancho Panza.

Don Quijote le habla a la nada, está para hablar a nadie, a su imaginación; pero Sancho lo provoca y lo hace evolucionar. Al final de la historia, cuando Don Quijote recupera la cordura, cuando su locura ya no está para protegerlo, ahí aparece panza para salvarlo.

Otro ejemplo. Philip Marlowe, el detective privado ficticio creado por Raymond Chandler.

El mejor personaje de la novela negra, el superior. Un detective privado en la California de los años 30, 40 y 50. Tiene una visión sentimental de la vida. Elijo la palabra sentimental a propósito porque se mueve por sentimientos y es esa California el lugar más lejos para los sentimientos. Un lugar donde se ignora la ley, donde el interés es lo que rige, donde el dinero ha comprado y corrompido todo, incluso hasta a la Policia.  Es un Quijote en un sitio donde los Quijotes son imposibles.

2. El personaje debe tener un misterio. Holmes lo tiene y lo sospechamos aunque nunca lo averiguamos con certeza.

3. El personaje debe tener la capacidad de representar su tiempo y su espacio.

Los libros sobre Bridget Jones no me parecen memorables, pero ella representa a un colectivo. Eso le da capacidad de empatía con los intereses de muchas personas. Incluso un personaje estrambótico como Ignatius Reilly -el de la Conjura de los necios- al negarse a participar en la gran fiesta consumista de los demás, representa una mirada sobre su tiempo. Lo mismo pasa con Holden Caulfield (personaje central de El guardián entre el centeno de J. D. Salinger) es capaz de encarnar una mirada sobre una situación de un pasaje de la historia, una sensibilidad especial que representa los conflictos de su época.

Y finamente 4:

El personaje tiene que vivir aventuras y no será bueno si no es el adecuado para vivir esa aventura. Es decir, requiere tener una mirada propia, personal, que no es consabida con anterioridad.

Chandler, y otros escritores de su generación y de su género, recibieron en sus comienzos muchas críticas por publicar sus historias en ediciones baratas. Decían que se trataba de autores que “leen los mecánicos en el metro a la vuelta del taller”. Al respecto Chandler decía que para considerar el valor de la obra no importa si el escritor tiene entre manos un gran asunto;  ponía como ejemplo la cantidad de obras espantosas que existían sobre Dios. Y agregaba que lo verdaderamente importante era quién lo escribe y que tiene dentro para escribir lo que escribe. Porque esa fuerza interior se traslada al personaje.

Lorenzo agota el tiempo de su taller pero se queda un rato más, porque según dice, no tiene apuro. Luego le sacan fotos,  sigue charlando con algunos de los talleristas y más luego se va tranquilo, sin estridencias.



05 de agosto de 2010

Los escritores que escriben libros de viajes -o crónicas de viajes, o lo que se incluya bajo una etiqueta que pretende fijar cosas que no se detienen- son gente inquieta, gesticuladora, con ojos bandidos y piernas que bailan bajo la mesa.

Javier Reverte y Martín Caparrós hablaron alternadamente a velocidad crucero.

Conversaron a la ida y a la vuelta.

El periodista Daniel Viglione supo estimularlos, pero es evidente que nada los hubiese detenido en su andar.

Si la lectura es un viaje, un libro es una aventura. Y ya sea para viajar, escribir o leer, uno es mucho más rico cuando tiene más tiempo que dinero.

Reverte viaja por curiosidad, pero sobretodo para vivir:

Viajando huyo del aburrimiento, de la vida cotidiana, de la melancolía. Privilegios del viajero: Huir del otro es una maravilla.

Caparrós viaja para dar batalla a lo incompleto:

Si tuviera todo lo que necesito no viajaría.  Y de paso exorcizo la brevedad del tiempo. Es una forma del fracaso, pero el tiempo dura más cuando se viaja. No recuerdo nada de lo que hice la primera semana de febrero en mi casa de Buenos Aires. Pero sí lo que me pasó la primera semana de mayo, porque estuve en la India y entonces aparecen mojones que me permiten recordar más, estirar las horas.

Reverte añora al género reportaje, la madre del periodismo:

Uno va a un lugar, escucha, mira, vuelve y lo cuenta.  Eso es el gran periodismo, pero al menos en España eso se está muriendo. No estoy al tanto de lo que pasa aquí... (Mejor no hablemos del tema Javier).

Y en España -continúa al no obtener respuesta- ese periodismo se extingue y se muere porque los empresarios creen que pueden ser periodistas. Y porque con la existencia de Internet suponen que no es necesario ir a ningún lado. Pero bueno... eso ocurre en mi país, tal vez aquí sea distinto. (¡No insistas macho!).

Cambiamos de tema.

Caparrós confiesa que hay algo que le da terror:

Viajar con otro, quedar atado a las apetencias ajenas.

Y de paso cuenta algo que escuchó decir en uno de sus viajes:

El turista es el que no sabe de dónde viene y el viajero es el que no sabe adónde va.

Antes de terminarse,  la conversación vuelve el tema del periodismo.

Parece que en España y en Argentina pasa lo siguiente:

Cuándo un periodista es bueno escribiendo y empieza a crecer en la profesión, la única forma de que gane más dinero, de que le aumenten el sueldo para poder crecer también en la peripecia vital, es decir, informarse a gusto, viajar, tener una familia, es asumiendo un cargo, una jefatura.

Se genera entonces una curiosa paradoja:

Al que es bueno escribiendo le pagan más para que deje de hacerlo.

Termino de escribir esto sentado en un bar de la zona. En la radio suena Sumo, la extinta banda argentina.

Luca pide silencio mientras canta: 

Mejor no hablar de ciertas cosas.

Pero no.

Mejor no hablar...

de ciertas...

cosas.



06 de agosto de 2010

Un festival es un exceso. Porque si está bueno es imposible participar de todo. Y si no está bueno no es un festival.

No estoy tan seguro de que sea cierto lo que acabo de afirmar, pero me gusta lo que afirmé. Lo firmo.

Por otro lado, errar al blanco no significa necesariamente estar falto de puntería.

La imposibilidad de participar de todas las atracciones que el Eñe nos brinda es un hecho. Ahora mismo me estoy perdiendo algo, ahora mismo me estoy perdiendo algo, ahora mismo me estoy perdiendo algo.

Por escribir sobre el festival para este blog me pierdo el festival. Supongo que la vida misma es eso, una secuencia de pérdidas, un festival completísimo pero inabarcable. Una secuencia de ganancias, un festival que tiene sede en varias ciudades a la vez.

El primer día fui a la conferencia de Ricardo Piglia y recién ahora puedo decir algo sobre eso:

A mi lado estaba sentada una muchacha que se lamentó de que Piglia no hablara sobre Piglia. Para ella no fue Piglia el que allí estuvo, porque Piglia no habló sobre él.

Yo entendí su decepción, porque el futuro nunca es como lo pensamos.

Pero Piglia, que leyó un capítulo de un futuro libro de ensayos sobre El escritor como lector, habló todo el tiempo sobre Witold Gombrowicz, un polaco nacido en 1904, que a mí me fascina.

Así que yo, que no estaba tan interesado en escuchar a Piglia hablar sobre Piglia sino sobre otros, recibí la conferencia como un regalo.

En el otoño polaco de 1939, el escritor se embarcó a Sudamérica. Pocos días después los nazis ocuparon Polonia y Gombrowicz quedó varado en Argentina. Su exilio casual duró 24 años. Su vida literaria vital transcurrió durante ese período. Y su Diario Argentino, resultado de esa peripecia, es de una belleza desigual.

Piglia ha exagerado en alguna oportunidad diciendo que el polaco es el mayor  escritor argentino. Pero aunque exagerado, su afirmación provocadora no deja de exhibir puntería.

Y de eso trató la conferencia del argentino: de la puntería del polaco.

De cómo un extranjero que no dominaba un idioma ajeno y que era, en cierta forma, un extravagante para su tiempo y su espacio, pudo, justamente desde esa condición aparentemente errada, dar en el blanco sobre cómo debía escribirse en idioma español.

No hay percepción artística pura. Lo que traemos con nosotros desde el origen y la atmósfera de dónde venimos los dos minutos antes de ver y escuchar lo que queremos ver y escuchar, nos condicionan para lo que finalmente escuchamos y vemos.

Ella, mi vecina de auditorio, no pudo ver al Piglia que quería escuchar. Yo, sin embargo, vi a Gombrowicz escuchando a Piglia.

Hay paisajes borrosos que son de una claridad apabullante.



06 de agosto de 2010

Curioso título para esta charla: Editoriales de Culto.

Curiosa charla para este título: Editoriales de Culto.

Distintas maneras de defender un lugar bajo esa etiqueta, que no es mucho más que eso: una etiqueta que es mucho menos que lo que representa cada una de las editoriales que fueron convocadas para hablar de cómo es ser una editorial de culto.

¿Se entiende?

Por Ed. Hum de Uruguay, Juan Carlos Reche.

Por Ed. Eloísa Cartonera de Argentina, Washington Cucurto.

Por Ed. La Fábrica de España, Alberto Anaut.

Frases escuchadas de la boca de cada uno de los expositores:

De Reche:

Ser un editor de culto hoy día se acerca a ser responsables de una edición independiente, preocuparse más por la oferta que por la demanda.

El mejor libro que puede escribir un editor es su catálogo.

Hay que editar pensando en los lectores y no pensando en regalos de cumpleaños.

Hay que crear una familia, desarrollar una labor pedagógica, crear un fondo, ampliar el canon, inventar lo que no existe

Un editor de culto es aquel que nos presenta el hoy y el ayer como si fuera el mañana. O sea hay que ser absolutamente moderno -como decía Rimbaud- a riesgo de que se nos gangrene una pierna.

Una editorial de culto se crea marcando hitos, siendo honestos con las expectativas que nos trazamos.

Una editorial así debe ser fiel a una idea y si la idea se desvirtúa saber largarla a tiempo.

Un proyecto tiene éxito si se cumplen las expectativas del que crea el proyecto.

De Cucurto:

¿Cuál es la función social del libro, de los escritores? ¿Qué hacen los libreros? ¿Cuál es la función de los lectores? El libro pasa por una crisis tremenda: Los libros hoy no generan nada para la sociedad y todo lo que está alrededor del libro es bastante parasitario al cumplir las funciones relacionadas con lo establecido.

¿Por qué los libros son tan caros, excesivamente caros? ¿Qué hacen los libreros con el libro cuando lo reciben? ¿Sólo tienen una relación de rédito económico? ¿Y cuál es la reacción de lectores y escritores frente a ello?

En Eloisa fuimos aprendiendo que es lindo hacer un libro que sea económico. El libro ayuda a las personas a relacionarse, ayuda a que las personas se conozcan.

¿Y por qué eso se rompe y el libro se va solito sin que nadie esté cerca de él?

Una editorial se lo da a una imprenta, luego un distribuidor lo lleva a una librería y cuando llega al librero el libro muere. Es algo mecánico. No le veo mucho sentido El libro se pierde. Se lo abandona. Las editoriales llamadas independientes hacen lo mismo que las grandes. Hay que buscar alternativas y para eso hay que comprender y tratar de resolver estos problemas. No ser flojos, esforzarse, no quedarse con lo más fácil. Cuando hay un proyectoy las personas se enamoran del proyecto, empieza a cambiar la historia, sea ese libro de bolsillo, convencional, o de cartón.

Al libro básicamente lo que le falta es amor. El libro hoy es una mala noticia. Cuando vamos a una librería nos encontramos con un precio desmedido. Eso me cae mal porque no puedo comprarme un libro. El libro tiene que ser una buena noticia. En Eloisa somos una cooperativa y eso hace que el libro cumpla otra función. Gracias al libro damos cursos en los colegios, plazas y tenemos amigos. El libro nos acerca a los demás, es un pretexto, lo que quiero es comunicarme. El gran problema del libro es el editor que no hace su trabajo correctamente. Un editor como cualquier trabajador tiene que saber lo que hace y hacerlo bien. Tiene que saber sobre distintos tipos de papeles, precios, como se usan las máquinas que imprimen, cómo se diseña, conocer las librerías, todo lo que corresponde a ese trabajo. Conozco editores que no saben nada de eso y si se muere el diseñador, no pueden seguir.

De Anaut:

Coincido que el libro tiene que ser una buena noticia, es una buena y hermosa manera de expresarlo.

Nosotros queremos hacer libros que nos gusten a nosotros, queremos llenar huecos. Jamás publicaríamos para vender. Defendemos lo que publicamos y luego intentamos venderlo. No hacemos libros para que queden en las bodegas. Hay que defenderlos, acompañarlos.

Si editamos libros de fotografía de autor estamos obligados a encontrar quien quiere ver nuestras cosas, tenemos que crear un club. Yo soy futbolero y quiero ver a mi equipo jugar con un estilo definido y mantener eso aunque se gane o se pierda. No quiero que cambie su idea de juego cada domingo.

Si fuéramos sensatos deberíamos editar entre 1000 o 2000 ejemplares por edición, pero como no lo somos editamos entre 2000 y 4000. Después tenemos que meter mucha presión para llegar al público.  Por eso aspiramos al mercado internacional.

Nos interesa la alegría que sentimos al editar un libro. Somos una editorial grande pero minoritaria, que trabaja artesanalmente.

A mí me revienta cuando un distribuidor me quita el 60 por ciento del precio de tapa del libro, pero lo único que me consuela es que ya le he mandado otro que no le dejará un solo peso de ganancia.

No somos alternativos ni podemos intentar ser lo que no somos. Somos convencionales con pretensión de calidad.

Un día un amigo me dijo: ¿y si sois tan buenos ordeñando piedras, no han pensado ordeñar vacas?


¿Se entiende?



07 de agosto de 2010

Festival de frases:

De Vicente Molina Foix:

La gracia de la literatura es que te permite imaginar, usurpar.

Cuando tu vendes una novela larga para cine, el primer proceso lógico es el de la eliminación.

Cuando como novelista oigo que los escritores abominan de sus adaptaciones, pienso que al vender una novela al cine se vende el derecho a la traición. No se puede hacer una adaptación total de un libro extenso.

Jamás participaría en el guión de algo que yo escribí. Sería como escribir dos veces la misma cosa.  Podría adaptar a otro escritor, pero no adaptarme a mi mismo.

La literatura tiene un poder sugerente mayor que el cine. En este la imagen es patente delante de ti: Nicole Kidman es ella aunque haga de otra persona. No se puede ignorar la arqueología del actor. El lector no tiene la arqueología del personaje a no ser que se trate de un personaje histórico. Uno de ficción es creado sólo para ti.

¿El futuro del libro? Bueno, no lo sé. La ventaja que tiene el libro aparte de su comodidad, es la capacidad de establecer una relación incomparable de intimidad con el lector. Uno piensa que está leyendo algo que ha sido escrito para él, un mundo imaginario que cada lector realiza por sí mismo. La imagen del cine está mostrándote un mundo enteramente realizado.

Cuando hago una película nunca mezclo al escritor con el realizador.

Un guión es un memorando, no es un género literario.

Las películas tienen que estar escritas por la cámara.

Ver la foto de una pintura no es lo mismo que la pintura, aunque la foto sea mejor. Hay pintores que reproducen mejor en foto. Edward Hopper por ejemplo, no es tan buen pintor, es mal pintor, es un chapucero, pero es muy cinematográfico. Un gran narrador que pintaba mal.

Lo que me gusta en la literatura, la pintura y en el cine es la calidad de la pincelada. Si me cuentan una historia vibrante sin riqueza de pincelada me gusta menos. Hopper es un gran guionista.

……………..

De Álvaro Brechner:

En una película el tiempo que funciona es el tiempo presente. Generalmente los sueños y fantasías son una de las cosas más difíciles a tratar.

Mirando la televisión uno no deja de ser uno en su casa. En el cine la relación con la película es más íntima.

Pueden haber guiones muy buenos, adaptaciones muy buenas, pero que la película sea pésima. Y hay veces que una adaptación que no es tan fiel a la novela provoca una visión cinematográfica muy buena. Por otro lado una adaptación que no deja de ser fiel al libro, no tiene gracia.

Lo bueno de poder dominar la técnica en el cine es que como sale caro no se puede errar, hay que dar en el blanco. Lo peor, es que exige mucha experimentación. Si se desarrolla la técnica se libera el inconciente.

…………….....

de Silvia Lago:

Carlos Quijano recomendaba leer toda la obra de un autor antes de criticar un libro. Y además pedía a sus periodistas que, de ser posible, lo leyeran en el idioma original.

Carlos Real de Azúa en su curso sobre Estética decía que había que acercarse al objeto literario desde la intencionalidad de la conciencia, hacer como si uno despejara el fruto de una cebolla, sacando las membranas secas hasta que aparezca el fruto brillante. Y entonces, el que tenga ojos y oídos, que vea y que escuche.

El buen lector tiene la capacidad de auto orientarse en la lectura.

....................

de Vicente Muleiro:

Los que estamos para las bibliográficas estamos para el cachetazo, porque las ediciones nos superan y la disconformidad acompaña la tarea. Una revista como Ñ, con el apoyo de un multimedia como Clarín, alcanza 80.000 ejemplares por edición, una barbaridad aún para Buenos Aires. ¿Cómo estar afuera de los fuertes productos culturales circulantes? Un multimedia no se puede quedar fuera de los productos que lo sostienen, así que incluso debes dar cuenta de El Código da Vinci.

Hay que recordar los consejos de Baudelaire a la hora de hacer crítica:  rigurosidad, plasticidad, objetividad, honestidad.

...................

De Ana Inés Larre Borges:

Angel Rama decía: La crítica está en la calle, porque la literatura está en la calle .

……………….

De Rodolfo Fogwill:

Narrar secuencialmente las cosas no es narrar bien. Narrar con gracia requiere burlarse del orden temporal.



07 de agosto de 2010

El tema es el Periodismo narrativo. El subtítulo dice La nueva crónica latinoamericana.

Veamos:

Es imposible registrar algo de cerca si uno no se acerca lo suficientemente a ese algo que pretende narrar. La medida de lo cercano es indefinible para estos casos. Supongo que varía según las expectativas que estén en juego para el periodista en cuestión. Claro que el azar puede ampliar o modificar la idea inicial. En todo caso, estar lo suficientemente cerca y la cantidad de tiempo suficiente para que el objeto observado, estudiado, se comporte como es en realidad, se corresponde con una de las claves para obtener la mirada definitiva.

Ejemplo negativo: La foto que acompaña este posteo.

Desvío negativo: Dos días antes de comenzar el Festival Eñe mi cámara fotográfica se cayó, solita. Tuve que pedir una de apuro y si bien las cámaras son casi todas parecidas, la capacidad de realizar operaciones sin pensar en dónde estaba esta función o aquel parámetro, suele ayudar para estos casos.

Conclusión positiva: La cercanía ayuda mucho cuando estar cerca hace a la cosa.

Y de eso justamente se trata el periodismo narrativo.

Leila Guerriero hace muy bien su trabajo. Y por si eso fuera poco resulta encantadora cuando habla. Es sensible, explica las cosas sencillamente, tiene humor y exhibe una humildad que resulta indudablemente un rasgo natural. No una pose.

Juan Pablo Meneses hace muy bien su trabajo. Y por si eso fuera poco resulta encantador cuando habla. Es sensible, explica las cosas sencillamente, tiene humor y exhibe una humildad que resulta indudablemente un rasgo natural. No una pose.

Dice Guerriero:

Me considero periodista, no escritora.

El periodismo que a mí me gusta leer y escribir es el que posee una mirada fuerte. Una mirada que se nota y que da el tono, aunque no hable sólo en primera persona. Sin este rasgo de la mirada personal, un periodista narrativo no existe. Y diría –además- que sin eso no debería existir un periodista.

El periodismo narrativo no es la vida pero debe ser un recorte de la vida. Uno no es periodista en los ratos libres. Se es siempre.

Dicen que los toreros torean como son, y eso es así también en periodismo. Claro que el grado de exposición lo define uno.

Hace dos meses me mandaron un cuestionario con una única pregunta: ¿Usted por qué escribe? Todavía no respondí. Porque la respuesta que tengo es que escribo para organizar el mundo. La escritura me permite eso y entonces supongo que debe ser muy íntima mi escritura; pero como soy muy discreta no quiero pensarlo en esos términos.

El periodismo narrativo ayuda a entender la maraña de información, pero tampoco se puede pensar un periódico entero en términos narrativos. No se puede narrar así la conferencia de prensa del ministro de economía para dar cuenta del aumento del chinchulín.

Tampoco está bien el exceso de la fórmula:  focalizar la tragedia de un terremoto en una sola persona, termina siendo un truco fácil.

Un periodista no debería tener alucinaciones y esa sería la diferencia entre el periodismo narrativo y la ficción.  Algunos nombres de buenos periodistas narrativos son José Martí, Rodolfo Walsh, Martín Caparrós, Cristóbal Peña, Fabricio Mejía, Juan Villoro...

Dice Meneses:

La mirada y la voz hacen a un autor. Y si bien trabajamos con la realidad y no con la ficción, detrás igual hay un autor.

Los novelistas trabajan con la ficción y en su vida real son jefes, pagan cuentas, tienen sueldo... Porque su ficción la manejan en la hoja en blanco. Pero como yo trabajo con la realidad terminé al revés: Mi vida diaria es una ficción. Viví en un hotel tres años y me preocupaba cada mañana por dejar las toallas mojadas y tiradas. De noche todo estaba en su lugar, como una ficción. Voy a lugares que no debo ir, conozco a personas que no debo conocer y voy a asados cuando puedo porque trabajo en horarios que no debo trabajar.

La única forma de hacer periodismo de hoy es hacer crónica narrativa. Porque hoy las noticias llegan al instante al celular. El diario titula algo y ya es viejo, porque la noticia llega antes al fecebook o al twitter.

Hace poco escuche una canción de amor de despecho que se llamaba “Tu amor es como el periódico de ayer”.

Los riesgos del periodismo narrativo son riesgos formales; aunque también está la idea de que si no se estuvo cerca de la muerte no vale. En ese sentido, los periodistas tienen que conocer los códigos de los lugares dónde se dirigen.

Otro error es la exageración de la violencia.


Así de claro, así de cercano al entendimiento.

Así de necesario.




ALEJANDRO FERREIRO
(Montevideo, último viernes de 1968) Periodista y escritor. Ha publicado cinco novelas: Pórtland (2000), Algo que flota (2005), Todo lo quieto sueña moverse (2006), Lo que se olvida también se gana (2007) y El arte del parpadeo (2009); además de dos libros de poemas, Nos persigue la humedad y otras filtraciones (2004) e Historia Natural del Silencio (2008). En 2010 aparecerá Catálogo incompleto de ideas truncas y otras mascotas que no llegaste a conocer, en Estuario Editora.
PUBLICIDAD
suscríbete a nuestros boletines
¿Quieres estar informado de todo lo que sucede en la web de Eñe? Relatos, información de eventos, noticias y mucho más...

PRENSA .   QUIÉNES SOMOS .   CONTACTA .   AVISO LEGAL

Eñe recomienda:
Un proyecto de