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Festival Eñe América / La velocidad del entusiasmo
El blog de Alejandro Ferreiro
04 de agosto de 2010

Están leyendo la primera frase de este blog.

Y ahora, la segunda.

Ya se ha dicho repetidamente (y esto confirma la regla) que no existen dos oportunidades para una primera impresión. Se sabe, entonces, que mucho menos caben tres.

Un escritor lo tiene presente siempre, o debería tenerlo, porque el comienzo de una narración puede ser esquivo para el creador, pero nunca para el lector. Para quien lee, la primera frase es el comienzo. Y punto.

Pienso en estas cosas ahora, cuando me preparo para una maratón literaria y,  en especial, para hacer una cobertura del acontecimiento. Fea palabra cobertura - distorsiones del periodismo-. Fea palabra acontecimiento –distorsiones de la expectativa-.

Un festival es una feria es una fiesta es una celebración. Eñe es todo eso y espero que más, bastante más.

Todos los que leemos y disfrutamos ejerciendo esa comunión, sabemos que la lectura produce placer, administra nuestra comprensión, la modifica, la amplía.

Todos los que escribimos y disfrutamos ejerciendo esa comunión, sabemos que la escritura produce placer, administra nuestra comprensión, la modifica, la amplía.

Leer y escribir. Escribir y leer.

¿Se puede acaso separar una cosa de la otra? Dicho de otra forma:

Escribir es leer. Leer es escribir.

Se trata de una misma fábrica de sentidos que nos ayuda a reordenar el mundo, los mundos. Además nos permite establecer el arte moribundo de la conversación con nosotros mismos; que somos tales porque somos otros cuando conversamos incluso con nosotros mismos. Y también nos permite establecer el moribundo arte de la conversación con otros, que son tales al conversar con nosotros, conmigo.

Ordenar palabras no es solamente una capacidad verbal, oral o escrita, es más que nada una manera de acomodar el mundo. Y hay muchas maneras de hacerlo porque hay muchos mundos para ser contados y para ser leídos.

Escribo porque quiero, porque la literatura es un buen destino.

Leo porque quiero, porque la literatura es un buen destino.

Pero sólo escribo y leo lo que puedo, no todo lo que quiero.

Soy un aprendiz: escribo, leo y aprendo. Y me fascina ser un aprendiz porque es así como me renuevo sensual y emocionalmente, como aumento y ventilo mi conciencia.

Entonces, por ejemplo, aprendo que los deseos más profundos sólo pueden manifestarse con palabras triviales, y eso que por un lado me paraliza, por el otro me anima:  Me digo entonces que todo comienzo es un rito que ejerce gran seducción sobre las personas. Y me convenzo de que todo rito no es una mera repetición, sino la semilla de una espera, de una expectativa:

Quisiera que el comienzo de este blog, de este festival, se revele para todos como un rito verdaderamente activo, poderoso y eficaz.



04 de agosto de 2010

Para un escritor la gran Verdad es la Mentira.

Por lo menos para un escritor de ficción, por lo menos para alguien como yo. Declaro entonces que soy un gran mentiroso y me regocija usar este medio para proclamarlo. Pero como también soy periodista debo decir además, que existen mentiras que no pueden difundirse sin pecar, sin traicionar al oficio, sin traicionar a secas a toda la humanidad.

Digo esto porque no quiero confundirme en estos roles, nunca me gustó estar de los dos lados del mostrador: Cuando bebo no trabajo, cuando trabajo no bebo en la barra.

Pero como tampoco soy un bloguero consumado, debo enfrentarme a esta sensación nueva: ¿desde qué lugar escribir sobre esto que está pasando acá?

Como periodista, oficio que no quiero ejercer en demasía por estos días, digo que el Festival Eñe, por lo menos en esta primera jornada y hasta la mitad de la tarde -que es cuando escribo esto-  se ha destacado por una puntualidad digna de otras latitudes, tal vez nórdicas. No estoy seguro que sea así en España y presumo según mi experiencia en la península ibérica, que tal vez no sea así. Pero definitivamente en Uruguay no es así. Valga como ejemplo lo que me contó un estudiante japonés de música, que luego de haber estudiado en Uruguay durante un año, sacó la cuenta que con los atrasos sumados entre las clases y los ensayos, él habría tocado su instrumento un 30% más de tiempo de haberse quedado en su país.

Como escritor defiendo las mentiras que sostendré a partir de ahora.

¿Para qué mentir?

Pues, por varias razones:

Primero, porque es la manera más directa de ejercer la libertad.

Segundo porque para ser feliz es necesario mentir o por lo menos mentirse a uno mismo (¿qué otra cosa es sino ilusionarse?).

Hay más motivos pero me quedo con estos dos para justificar la opción subjetiva que significa poner los sentidos en la tarea de describir lo que importa.

¿Y qué es lo que importa?

La alegría de fantasear es lo que importa. Es decir, lo que me importa ahora mientras tomo un café con leche e intento escribir sin dejar de ser amable con la gente conocida que circula por el CCE. Y ahí es donde más miento:

Digo que estoy concentrado, que estoy trabajando, que no puedo tomarme un café con este amigo que no veo hace rato, o con mi amiga embarazada a punto de parir, o con el colega que vino a cubrir para un diario argentino, o con el compinche que va a leer poesía en un rato en el Teatro Solís, o con la madre de aquella compañera de facultad. Y digo todo esto cuando en realidad quiero desconcentrarme o no concentrarme en esto, porque hay un escritor que admiro y esta cerca de mí, hablando con alguien que no conozco pero diciendo cosas que intento escuchar de costado (los escritores somos curiosos por definición y lejos de ser un atropello a la intimidad de los que conversan, esta escucha robada dignifica al oficio). Y miento porque quiero tomarme ese café con Gonzalo, y abrazar la panza de Maka que guarda en secreto al hijo que gestaron con Gabriel, o pasear por la ciudad vieja con Diego que está por unas horas en Uruguay, o irme al boliche del Solís a que mi amigo me lea los poemas que seleccionó para recitar esta noche.

Y también está Washington Cucurto, a quién nunca vi pero si he leído con ganas. Y de pronto veo que está sólo, parado en medio de la cafetería mordiéndose un dedo y con cara de “ahora que hago”. Entonces dejo toda responsabilidad, me levanto de mi mesa, me acerco y le digo:

Hola Cucurto, soy Alejandro y bla, bla, bla.

Varios minutos después intercambiamos promesas y materiales.

Perfecto, pienso, ya tengo la foto para este posteo.

Porque esto que aquí termina es un posteo.

¿O miento?



05 de agosto de 2010

Conozco a Felipe Polleri, lo admito.

Pero aún así, o tal vez por eso mismo, me voy a sacar las ganas. Quizás envalentonado porque practicamos entre nosotros el sonido del tuteo, o  porque nos suele abrazar una extraña y contagiosa alegría ante los chistes livianos pero con sótano, me animo a cometer delito.

No creo que me vaya a arrepentir y tampoco que la represalia del hombre barbudo atente contra mi integridad. Puedo intentar ser valiente, pero no quiero ser temerario. ¿Se imaginan a este buen hombre, a este escritor exorcista, enojándose con alguien? Es difícil, pero bueno… ¿se lo imaginan?.

La conferencia que Polleri exprimió de una hojitas garabateadas se llamo El arte como delito y del jugo que le sacó a sus apuntes bebió todo un batallón.

Fue por eso que abandoné el lápiz y me tomé un transporte más veloz:

Abrí el ordenador (es el Festival Eñe, recuérdenlo, se dice ordenador) y le di a las teclas con furor. Y juro que se me perdieron apenas dos  sustantivos, tres adjetivos y poco más. El resto lo anoté todo. Parece que me entusiasmé porque Martín Fernández, editor de Hum y Estuario, me mando un sms al instante: “Pasate al lápiz porque el ruido de las teclas distorsiona!”. Lo ignoré alegremente, y se la juré: después le saco una foto y la publico, me dije. Inmediatamente pensé en los lectores de este blog y ponderé la venganza; la culpa no es de todos. Ni siquiera del editor sensible. Es de Polleri, obvio, que dijo tanta cosa en 30 minutos que tuve que poner los dedos en salmuera.

El expositor barbado afirmó usar las palabras para que quemen (vale); para de alguna manera manipular al lector (venga); para sacar de adentro al delincuente que todos tenemos escondido (vale again).

Así que tomo sus palabras como evangelio joven y postrándome ante el altar me persigno y preparo para cometer delito: robaré sus palabras y las diseminaré por los caminos que cruzan la web según mis santísimas ganas. Pero adjudicándoselas a él, claro. Que los lectores también tenemos su poder, que los escritores hablamos siempre de lo mismo, pero expresándolo, en el mejor de los casos, según fórmulas personales. Que (!vamos!) las limitaciones también definen estilos.

Esto dijo Polleri y al que me desmienta pondré la otra mejilla:

Escribir es un estado de trance y por eso tengo a mano el tabaco y el café. Escribir es ensuciarse. El escritor es un acumulador de energía, un artista que maneja una energía psíquica para que el lector reciba ese choque sin ninguna intermediación; sin poder pensar mucho. Eso se llama manipular al lector. Y por eso mis libros son en primera persona, para agarrar al lector del cuello y no soltarlo.  Y por eso mis libros tienen un tamaño de 60 o 70 páginas.

Por otro lado, mis personajes son generalmente artistas, pero también delincuentes, criminales. A partir de ahí se desarrolla una lucha entre el placer estético y lo desagradable que puede ser el tema. Digamos que debo dorar la píldora para que el lector entre en tema y se proponga salir si quiere pero avanzando.

Otra posibilidad es que se haga cómplice, que se identifique con el personaje y viva esas transgresiones como propias. Todos estamos cansados de ser buenas personas las 24 horas al día. Y esa es otra posibilidad, porque yo quiero que el lector disfrute, que haga la catarsis y en lugar de oponerse al texto, se abra y me acompañe. Ese es el lector ideal.

Y ustedes se preguntarán de dónde salen esos criminales, bueno, todos tenemos voces negadas que acallamos y reprimimos. Algunas incluso nos hablan del bien que podríamos hacer, son halagüeñas, nos dicen que con un pequeño esfuerzo seríamos mejores.

Y después están las voces que nos hablan de lo que nos molesta, nos hiere, nos parece injusto. Mi  trabajo es que esas voces negativas hablen. Por eso hablo de trance, porque en ello radica esa labor terapéutica que tiene toda literatura.

Todos escribimos por terapia, necesitamos eso, y no hay que negarlo,  porque lo que se consigue escribiendo es básicamente un fracaso.

Quise convertirme escritor a los 12 o 13 años y desde entonces escribí historias. Recién a los treinta y pico  me gustó lo que escribí. Así que durante 20 años fui el loco de la familia. Toda mi vida leí y escribí por amor al arte, por eso el arte siempre fue un delito, porque mi manera de vivir era de alguna manera ofensiva. Decían: Este se la pasa encerrado escribiendo esas boludeces en su casa y desprecia todo lo que a nosotros nos cuesta tanto conseguir…

Pero bueno, yo opté por otra vida y  siempre sentí que de alguna manera los ofendía por no desear tener un buen trabajo, plata y una vida agradable con auto y casa en Punta del este. Pero para mí fue muy agradable mi vida, porque escribí aunque sintiera que para los demás esa no fuera una opción y fuese casi una estupidez. Siempre detecté esa especie de desconfianza.

Pero yo tuve, gracias a la literatura, una vida completa. Pude ser en las horas diurnas una buena persona, tener una familia y durante las noches dedicarme a escuchar esas voces.

No es mi trabajo mejorar a las personas. Eso en todo caso lo hago como ciudadano, amigo, padre. Pero con la literatura me propongo que el lector disfrute. Mi trabajo no es hacer el bien público. Lo que yo tengo que hacer es ser sincero en la medida de lo posible. Mentir para decir la verdad.

Apenas Polleri dijo gracias, la sala entera aplaudió. Yo aproveché para salir a fumar un tabaco. En el camino me di cuenta de que no fumo tabaco. Pero también que eso no me hace menos delincuente que nadie.



06 de agosto de 2010

Curioso título para esta charla: Editoriales de Culto.

Curiosa charla para este título: Editoriales de Culto.

Distintas maneras de defender un lugar bajo esa etiqueta, que no es mucho más que eso: una etiqueta que es mucho menos que lo que representa cada una de las editoriales que fueron convocadas para hablar de cómo es ser una editorial de culto.

¿Se entiende?

Por Ed. Hum de Uruguay, Juan Carlos Reche.

Por Ed. Eloísa Cartonera de Argentina, Washington Cucurto.

Por Ed. La Fábrica de España, Alberto Anaut.

Frases escuchadas de la boca de cada uno de los expositores:

De Reche:

Ser un editor de culto hoy día se acerca a ser responsables de una edición independiente, preocuparse más por la oferta que por la demanda.

El mejor libro que puede escribir un editor es su catálogo.

Hay que editar pensando en los lectores y no pensando en regalos de cumpleaños.

Hay que crear una familia, desarrollar una labor pedagógica, crear un fondo, ampliar el canon, inventar lo que no existe

Un editor de culto es aquel que nos presenta el hoy y el ayer como si fuera el mañana. O sea hay que ser absolutamente moderno -como decía Rimbaud- a riesgo de que se nos gangrene una pierna.

Una editorial de culto se crea marcando hitos, siendo honestos con las expectativas que nos trazamos.

Una editorial así debe ser fiel a una idea y si la idea se desvirtúa saber largarla a tiempo.

Un proyecto tiene éxito si se cumplen las expectativas del que crea el proyecto.

De Cucurto:

¿Cuál es la función social del libro, de los escritores? ¿Qué hacen los libreros? ¿Cuál es la función de los lectores? El libro pasa por una crisis tremenda: Los libros hoy no generan nada para la sociedad y todo lo que está alrededor del libro es bastante parasitario al cumplir las funciones relacionadas con lo establecido.

¿Por qué los libros son tan caros, excesivamente caros? ¿Qué hacen los libreros con el libro cuando lo reciben? ¿Sólo tienen una relación de rédito económico? ¿Y cuál es la reacción de lectores y escritores frente a ello?

En Eloisa fuimos aprendiendo que es lindo hacer un libro que sea económico. El libro ayuda a las personas a relacionarse, ayuda a que las personas se conozcan.

¿Y por qué eso se rompe y el libro se va solito sin que nadie esté cerca de él?

Una editorial se lo da a una imprenta, luego un distribuidor lo lleva a una librería y cuando llega al librero el libro muere. Es algo mecánico. No le veo mucho sentido El libro se pierde. Se lo abandona. Las editoriales llamadas independientes hacen lo mismo que las grandes. Hay que buscar alternativas y para eso hay que comprender y tratar de resolver estos problemas. No ser flojos, esforzarse, no quedarse con lo más fácil. Cuando hay un proyectoy las personas se enamoran del proyecto, empieza a cambiar la historia, sea ese libro de bolsillo, convencional, o de cartón.

Al libro básicamente lo que le falta es amor. El libro hoy es una mala noticia. Cuando vamos a una librería nos encontramos con un precio desmedido. Eso me cae mal porque no puedo comprarme un libro. El libro tiene que ser una buena noticia. En Eloisa somos una cooperativa y eso hace que el libro cumpla otra función. Gracias al libro damos cursos en los colegios, plazas y tenemos amigos. El libro nos acerca a los demás, es un pretexto, lo que quiero es comunicarme. El gran problema del libro es el editor que no hace su trabajo correctamente. Un editor como cualquier trabajador tiene que saber lo que hace y hacerlo bien. Tiene que saber sobre distintos tipos de papeles, precios, como se usan las máquinas que imprimen, cómo se diseña, conocer las librerías, todo lo que corresponde a ese trabajo. Conozco editores que no saben nada de eso y si se muere el diseñador, no pueden seguir.

De Anaut:

Coincido que el libro tiene que ser una buena noticia, es una buena y hermosa manera de expresarlo.

Nosotros queremos hacer libros que nos gusten a nosotros, queremos llenar huecos. Jamás publicaríamos para vender. Defendemos lo que publicamos y luego intentamos venderlo. No hacemos libros para que queden en las bodegas. Hay que defenderlos, acompañarlos.

Si editamos libros de fotografía de autor estamos obligados a encontrar quien quiere ver nuestras cosas, tenemos que crear un club. Yo soy futbolero y quiero ver a mi equipo jugar con un estilo definido y mantener eso aunque se gane o se pierda. No quiero que cambie su idea de juego cada domingo.

Si fuéramos sensatos deberíamos editar entre 1000 o 2000 ejemplares por edición, pero como no lo somos editamos entre 2000 y 4000. Después tenemos que meter mucha presión para llegar al público.  Por eso aspiramos al mercado internacional.

Nos interesa la alegría que sentimos al editar un libro. Somos una editorial grande pero minoritaria, que trabaja artesanalmente.

A mí me revienta cuando un distribuidor me quita el 60 por ciento del precio de tapa del libro, pero lo único que me consuela es que ya le he mandado otro que no le dejará un solo peso de ganancia.

No somos alternativos ni podemos intentar ser lo que no somos. Somos convencionales con pretensión de calidad.

Un día un amigo me dijo: ¿y si sois tan buenos ordeñando piedras, no han pensado ordeñar vacas?


¿Se entiende?



07 de agosto de 2010

Festival de frases:

De Vicente Molina Foix:

La gracia de la literatura es que te permite imaginar, usurpar.

Cuando tu vendes una novela larga para cine, el primer proceso lógico es el de la eliminación.

Cuando como novelista oigo que los escritores abominan de sus adaptaciones, pienso que al vender una novela al cine se vende el derecho a la traición. No se puede hacer una adaptación total de un libro extenso.

Jamás participaría en el guión de algo que yo escribí. Sería como escribir dos veces la misma cosa.  Podría adaptar a otro escritor, pero no adaptarme a mi mismo.

La literatura tiene un poder sugerente mayor que el cine. En este la imagen es patente delante de ti: Nicole Kidman es ella aunque haga de otra persona. No se puede ignorar la arqueología del actor. El lector no tiene la arqueología del personaje a no ser que se trate de un personaje histórico. Uno de ficción es creado sólo para ti.

¿El futuro del libro? Bueno, no lo sé. La ventaja que tiene el libro aparte de su comodidad, es la capacidad de establecer una relación incomparable de intimidad con el lector. Uno piensa que está leyendo algo que ha sido escrito para él, un mundo imaginario que cada lector realiza por sí mismo. La imagen del cine está mostrándote un mundo enteramente realizado.

Cuando hago una película nunca mezclo al escritor con el realizador.

Un guión es un memorando, no es un género literario.

Las películas tienen que estar escritas por la cámara.

Ver la foto de una pintura no es lo mismo que la pintura, aunque la foto sea mejor. Hay pintores que reproducen mejor en foto. Edward Hopper por ejemplo, no es tan buen pintor, es mal pintor, es un chapucero, pero es muy cinematográfico. Un gran narrador que pintaba mal.

Lo que me gusta en la literatura, la pintura y en el cine es la calidad de la pincelada. Si me cuentan una historia vibrante sin riqueza de pincelada me gusta menos. Hopper es un gran guionista.

……………..

De Álvaro Brechner:

En una película el tiempo que funciona es el tiempo presente. Generalmente los sueños y fantasías son una de las cosas más difíciles a tratar.

Mirando la televisión uno no deja de ser uno en su casa. En el cine la relación con la película es más íntima.

Pueden haber guiones muy buenos, adaptaciones muy buenas, pero que la película sea pésima. Y hay veces que una adaptación que no es tan fiel a la novela provoca una visión cinematográfica muy buena. Por otro lado una adaptación que no deja de ser fiel al libro, no tiene gracia.

Lo bueno de poder dominar la técnica en el cine es que como sale caro no se puede errar, hay que dar en el blanco. Lo peor, es que exige mucha experimentación. Si se desarrolla la técnica se libera el inconciente.

…………….....

de Silvia Lago:

Carlos Quijano recomendaba leer toda la obra de un autor antes de criticar un libro. Y además pedía a sus periodistas que, de ser posible, lo leyeran en el idioma original.

Carlos Real de Azúa en su curso sobre Estética decía que había que acercarse al objeto literario desde la intencionalidad de la conciencia, hacer como si uno despejara el fruto de una cebolla, sacando las membranas secas hasta que aparezca el fruto brillante. Y entonces, el que tenga ojos y oídos, que vea y que escuche.

El buen lector tiene la capacidad de auto orientarse en la lectura.

....................

de Vicente Muleiro:

Los que estamos para las bibliográficas estamos para el cachetazo, porque las ediciones nos superan y la disconformidad acompaña la tarea. Una revista como Ñ, con el apoyo de un multimedia como Clarín, alcanza 80.000 ejemplares por edición, una barbaridad aún para Buenos Aires. ¿Cómo estar afuera de los fuertes productos culturales circulantes? Un multimedia no se puede quedar fuera de los productos que lo sostienen, así que incluso debes dar cuenta de El Código da Vinci.

Hay que recordar los consejos de Baudelaire a la hora de hacer crítica:  rigurosidad, plasticidad, objetividad, honestidad.

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De Ana Inés Larre Borges:

Angel Rama decía: La crítica está en la calle, porque la literatura está en la calle .

……………….

De Rodolfo Fogwill:

Narrar secuencialmente las cosas no es narrar bien. Narrar con gracia requiere burlarse del orden temporal.




ALEJANDRO FERREIRO
(Montevideo, último viernes de 1968) Periodista y escritor. Ha publicado cinco novelas: Pórtland (2000), Algo que flota (2005), Todo lo quieto sueña moverse (2006), Lo que se olvida también se gana (2007) y El arte del parpadeo (2009); además de dos libros de poemas, Nos persigue la humedad y otras filtraciones (2004) e Historia Natural del Silencio (2008). En 2010 aparecerá Catálogo incompleto de ideas truncas y otras mascotas que no llegaste a conocer, en Estuario Editora.
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