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Festival Eñe América / La velocidad del entusiasmo
El blog de Alejandro Ferreiro
05 de agosto de 2010

Los escritores que escriben libros de viajes -o crónicas de viajes, o lo que se incluya bajo una etiqueta que pretende fijar cosas que no se detienen- son gente inquieta, gesticuladora, con ojos bandidos y piernas que bailan bajo la mesa.

Javier Reverte y Martín Caparrós hablaron alternadamente a velocidad crucero.

Conversaron a la ida y a la vuelta.

El periodista Daniel Viglione supo estimularlos, pero es evidente que nada los hubiese detenido en su andar.

Si la lectura es un viaje, un libro es una aventura. Y ya sea para viajar, escribir o leer, uno es mucho más rico cuando tiene más tiempo que dinero.

Reverte viaja por curiosidad, pero sobretodo para vivir:

Viajando huyo del aburrimiento, de la vida cotidiana, de la melancolía. Privilegios del viajero: Huir del otro es una maravilla.

Caparrós viaja para dar batalla a lo incompleto:

Si tuviera todo lo que necesito no viajaría.  Y de paso exorcizo la brevedad del tiempo. Es una forma del fracaso, pero el tiempo dura más cuando se viaja. No recuerdo nada de lo que hice la primera semana de febrero en mi casa de Buenos Aires. Pero sí lo que me pasó la primera semana de mayo, porque estuve en la India y entonces aparecen mojones que me permiten recordar más, estirar las horas.

Reverte añora al género reportaje, la madre del periodismo:

Uno va a un lugar, escucha, mira, vuelve y lo cuenta.  Eso es el gran periodismo, pero al menos en España eso se está muriendo. No estoy al tanto de lo que pasa aquí... (Mejor no hablemos del tema Javier).

Y en España -continúa al no obtener respuesta- ese periodismo se extingue y se muere porque los empresarios creen que pueden ser periodistas. Y porque con la existencia de Internet suponen que no es necesario ir a ningún lado. Pero bueno... eso ocurre en mi país, tal vez aquí sea distinto. (¡No insistas macho!).

Cambiamos de tema.

Caparrós confiesa que hay algo que le da terror:

Viajar con otro, quedar atado a las apetencias ajenas.

Y de paso cuenta algo que escuchó decir en uno de sus viajes:

El turista es el que no sabe de dónde viene y el viajero es el que no sabe adónde va.

Antes de terminarse,  la conversación vuelve el tema del periodismo.

Parece que en España y en Argentina pasa lo siguiente:

Cuándo un periodista es bueno escribiendo y empieza a crecer en la profesión, la única forma de que gane más dinero, de que le aumenten el sueldo para poder crecer también en la peripecia vital, es decir, informarse a gusto, viajar, tener una familia, es asumiendo un cargo, una jefatura.

Se genera entonces una curiosa paradoja:

Al que es bueno escribiendo le pagan más para que deje de hacerlo.

Termino de escribir esto sentado en un bar de la zona. En la radio suena Sumo, la extinta banda argentina.

Luca pide silencio mientras canta: 

Mejor no hablar de ciertas cosas.

Pero no.

Mejor no hablar...

de ciertas...

cosas.




ALEJANDRO FERREIRO
(Montevideo, último viernes de 1968) Periodista y escritor. Ha publicado cinco novelas: Pórtland (2000), Algo que flota (2005), Todo lo quieto sueña moverse (2006), Lo que se olvida también se gana (2007) y El arte del parpadeo (2009); además de dos libros de poemas, Nos persigue la humedad y otras filtraciones (2004) e Historia Natural del Silencio (2008). En 2010 aparecerá Catálogo incompleto de ideas truncas y otras mascotas que no llegaste a conocer, en Estuario Editora.
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