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Están leyendo la primera frase de este blog.
Y ahora, la segunda.
Ya se ha dicho repetidamente (y esto confirma la regla) que no existen dos oportunidades para una primera impresión. Se sabe, entonces, que mucho menos caben tres.
Un escritor lo tiene presente siempre, o debería tenerlo, porque el comienzo de una narración puede ser esquivo para el creador, pero nunca para el lector. Para quien lee, la primera frase es el comienzo. Y punto.
Pienso en estas cosas ahora, cuando me preparo para una maratón literaria y, en especial, para hacer una cobertura del acontecimiento. Fea palabra cobertura - distorsiones del periodismo-. Fea palabra acontecimiento –distorsiones de la expectativa-.
Un festival es una feria es una fiesta es una celebración. Eñe es todo eso y espero que más, bastante más.
Todos los que leemos y disfrutamos ejerciendo esa comunión, sabemos que la lectura produce placer, administra nuestra comprensión, la modifica, la amplía.
Todos los que escribimos y disfrutamos ejerciendo esa comunión, sabemos que la escritura produce placer, administra nuestra comprensión, la modifica, la amplía.
Leer y escribir. Escribir y leer.
¿Se puede acaso separar una cosa de la otra? Dicho de otra forma:
Escribir es leer. Leer es escribir.
Se trata de una misma fábrica de sentidos que nos ayuda a reordenar el mundo, los mundos. Además nos permite establecer el arte moribundo de la conversación con nosotros mismos; que somos tales porque somos otros cuando conversamos incluso con nosotros mismos. Y también nos permite establecer el moribundo arte de la conversación con otros, que son tales al conversar con nosotros, conmigo.
Ordenar palabras no es solamente una capacidad verbal, oral o escrita, es más que nada una manera de acomodar el mundo. Y hay muchas maneras de hacerlo porque hay muchos mundos para ser contados y para ser leídos.
Escribo porque quiero, porque la literatura es un buen destino.
Leo porque quiero, porque la literatura es un buen destino.
Pero sólo escribo y leo lo que puedo, no todo lo que quiero.
Soy un aprendiz: escribo, leo y aprendo. Y me fascina ser un aprendiz porque es así como me renuevo sensual y emocionalmente, como aumento y ventilo mi conciencia.
Entonces, por ejemplo, aprendo que los deseos más profundos sólo pueden manifestarse con palabras triviales, y eso que por un lado me paraliza, por el otro me anima: Me digo entonces que todo comienzo es un rito que ejerce gran seducción sobre las personas. Y me convenzo de que todo rito no es una mera repetición, sino la semilla de una espera, de una expectativa:
Quisiera que el comienzo de este blog, de este festival, se revele para todos como un rito verdaderamente activo, poderoso y eficaz.