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El tema es el Periodismo narrativo. El subtítulo dice La nueva crónica latinoamericana.
Veamos:
Es imposible registrar algo de cerca si uno no se acerca lo suficientemente a ese algo que pretende narrar. La medida de lo cercano es indefinible para estos casos. Supongo que varía según las expectativas que estén en juego para el periodista en cuestión. Claro que el azar puede ampliar o modificar la idea inicial. En todo caso, estar lo suficientemente cerca y la cantidad de tiempo suficiente para que el objeto observado, estudiado, se comporte como es en realidad, se corresponde con una de las claves para obtener la mirada definitiva.
Ejemplo negativo: La foto que acompaña este posteo.
Desvío negativo: Dos días antes de comenzar el Festival Eñe mi cámara fotográfica se cayó, solita. Tuve que pedir una de apuro y si bien las cámaras son casi todas parecidas, la capacidad de realizar operaciones sin pensar en dónde estaba esta función o aquel parámetro, suele ayudar para estos casos.
Conclusión positiva: La cercanía ayuda mucho cuando estar cerca hace a la cosa.
Y de eso justamente se trata el periodismo narrativo.
Leila Guerriero hace muy bien su trabajo. Y por si eso fuera poco resulta encantadora cuando habla. Es sensible, explica las cosas sencillamente, tiene humor y exhibe una humildad que resulta indudablemente un rasgo natural. No una pose.
Juan Pablo Meneses hace muy bien su trabajo. Y por si eso fuera poco resulta encantador cuando habla. Es sensible, explica las cosas sencillamente, tiene humor y exhibe una humildad que resulta indudablemente un rasgo natural. No una pose.
Dice Guerriero:
Me considero periodista, no escritora.
El periodismo que a mí me gusta leer y escribir es el que posee una mirada fuerte. Una mirada que se nota y que da el tono, aunque no hable sólo en primera persona. Sin este rasgo de la mirada personal, un periodista narrativo no existe. Y diría –además- que sin eso no debería existir un periodista.
El periodismo narrativo no es la vida pero debe ser un recorte de la vida. Uno no es periodista en los ratos libres. Se es siempre.
Dicen que los toreros torean como son, y eso es así también en periodismo. Claro que el grado de exposición lo define uno.
Hace dos meses me mandaron un cuestionario con una única pregunta: ¿Usted por qué escribe? Todavía no respondí. Porque la respuesta que tengo es que escribo para organizar el mundo. La escritura me permite eso y entonces supongo que debe ser muy íntima mi escritura; pero como soy muy discreta no quiero pensarlo en esos términos.
El periodismo narrativo ayuda a entender la maraña de información, pero tampoco se puede pensar un periódico entero en términos narrativos. No se puede narrar así la conferencia de prensa del ministro de economía para dar cuenta del aumento del chinchulín.
Tampoco está bien el exceso de la fórmula: focalizar la tragedia de un terremoto en una sola persona, termina siendo un truco fácil.
Un periodista no debería tener alucinaciones y esa sería la diferencia entre el periodismo narrativo y la ficción. Algunos nombres de buenos periodistas narrativos son José Martí, Rodolfo Walsh, Martín Caparrós, Cristóbal Peña, Fabricio Mejía, Juan Villoro...
Dice Meneses:
La mirada y la voz hacen a un autor. Y si bien trabajamos con la realidad y no con la ficción, detrás igual hay un autor.
Los novelistas trabajan con la ficción y en su vida real son jefes, pagan cuentas, tienen sueldo... Porque su ficción la manejan en la hoja en blanco. Pero como yo trabajo con la realidad terminé al revés: Mi vida diaria es una ficción. Viví en un hotel tres años y me preocupaba cada mañana por dejar las toallas mojadas y tiradas. De noche todo estaba en su lugar, como una ficción. Voy a lugares que no debo ir, conozco a personas que no debo conocer y voy a asados cuando puedo porque trabajo en horarios que no debo trabajar.
La única forma de hacer periodismo de hoy es hacer crónica narrativa. Porque hoy las noticias llegan al instante al celular. El diario titula algo y ya es viejo, porque la noticia llega antes al fecebook o al twitter.
Hace poco escuche una canción de amor de despecho que se llamaba “Tu amor es como el periódico de ayer”.
Los riesgos del periodismo narrativo son riesgos formales; aunque también está la idea de que si no se estuvo cerca de la muerte no vale. En ese sentido, los periodistas tienen que conocer los códigos de los lugares dónde se dirigen.
Otro error es la exageración de la violencia.
Así de claro, así de cercano al entendimiento.
Así de necesario.