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Festival Eñe América / La velocidad del entusiasmo
El blog de Alejandro Ferreiro
05 de agosto de 2010

Cuando la pasión se une con el buen trato y el conocimiento generoso, un taller exprés tiene doble medida estimulante.  Llegué tarde al que brindó Lorenzo Silva y por eso mismo dudé tantear la puerta e interrumpir lo que ya estaba andando. Dos minutos después me felicitaba por mi impertinencia.

Con claridad, escuchando a todos y proponiendo desde el arranque una presentación individual que terminaría incorporando a su magisterio, Silva expuso sobre el reto que supone un personaje para su creador.

Si un buen personaje es aquel que se te queda en la memoria aunque esté encuadrado en una mala novela,  un maestro es aquel que recordarás fácilmente por el impulso que le dio a tus ganas y el aislamiento gozoso en el que te sumió.

Cosas claras expuestas con transparencia:

Hay una serie de rasgos que son necesarios para que un personaje sea importante:

1. Debe tener una contradicción, un conflicto.  En una historia tiene que ocurrir algo, una tensión, algo que se sale de lo común. El personaje siempre encierra un conflicto que se traslada a la realidad que le rodea.

Ejemplo. Sherlock Holmes y Watson.

El primero tiene un conflicto interior que no puede resolver. Es un drogadicto que consume cuando está en absoluta soledad o depresión. Es un personaje que se contrapone a la realidad, que está en permanentemente oposición con ese mundo exterior que considera de menor profundidad de la que él maneja. Por otro lado Holmes no sería nada sin Watson que representa el sentido común, lo racional, el interlocutor que le permite a Holmes templarse y convertir lo negativo en positivo. Holmes es una evolución del arquetipo planteado por Poe en sus diálogos, y tal vez una evolución del arquetipo planteado en los diálogos de Platón. Y Watson además aporta más que los interlocutores de los diálogos de Poe y Platón.

Ejemplo. Don Quijote y Sancho Panza.

Don Quijote le habla a la nada, está para hablar a nadie, a su imaginación; pero Sancho lo provoca y lo hace evolucionar. Al final de la historia, cuando Don Quijote recupera la cordura, cuando su locura ya no está para protegerlo, ahí aparece panza para salvarlo.

Otro ejemplo. Philip Marlowe, el detective privado ficticio creado por Raymond Chandler.

El mejor personaje de la novela negra, el superior. Un detective privado en la California de los años 30, 40 y 50. Tiene una visión sentimental de la vida. Elijo la palabra sentimental a propósito porque se mueve por sentimientos y es esa California el lugar más lejos para los sentimientos. Un lugar donde se ignora la ley, donde el interés es lo que rige, donde el dinero ha comprado y corrompido todo, incluso hasta a la Policia.  Es un Quijote en un sitio donde los Quijotes son imposibles.

2. El personaje debe tener un misterio. Holmes lo tiene y lo sospechamos aunque nunca lo averiguamos con certeza.

3. El personaje debe tener la capacidad de representar su tiempo y su espacio.

Los libros sobre Bridget Jones no me parecen memorables, pero ella representa a un colectivo. Eso le da capacidad de empatía con los intereses de muchas personas. Incluso un personaje estrambótico como Ignatius Reilly -el de la Conjura de los necios- al negarse a participar en la gran fiesta consumista de los demás, representa una mirada sobre su tiempo. Lo mismo pasa con Holden Caulfield (personaje central de El guardián entre el centeno de J. D. Salinger) es capaz de encarnar una mirada sobre una situación de un pasaje de la historia, una sensibilidad especial que representa los conflictos de su época.

Y finamente 4:

El personaje tiene que vivir aventuras y no será bueno si no es el adecuado para vivir esa aventura. Es decir, requiere tener una mirada propia, personal, que no es consabida con anterioridad.

Chandler, y otros escritores de su generación y de su género, recibieron en sus comienzos muchas críticas por publicar sus historias en ediciones baratas. Decían que se trataba de autores que “leen los mecánicos en el metro a la vuelta del taller”. Al respecto Chandler decía que para considerar el valor de la obra no importa si el escritor tiene entre manos un gran asunto;  ponía como ejemplo la cantidad de obras espantosas que existían sobre Dios. Y agregaba que lo verdaderamente importante era quién lo escribe y que tiene dentro para escribir lo que escribe. Porque esa fuerza interior se traslada al personaje.

Lorenzo agota el tiempo de su taller pero se queda un rato más, porque según dice, no tiene apuro. Luego le sacan fotos,  sigue charlando con algunos de los talleristas y más luego se va tranquilo, sin estridencias.




ALEJANDRO FERREIRO
(Montevideo, último viernes de 1968) Periodista y escritor. Ha publicado cinco novelas: Pórtland (2000), Algo que flota (2005), Todo lo quieto sueña moverse (2006), Lo que se olvida también se gana (2007) y El arte del parpadeo (2009); además de dos libros de poemas, Nos persigue la humedad y otras filtraciones (2004) e Historia Natural del Silencio (2008). En 2010 aparecerá Catálogo incompleto de ideas truncas y otras mascotas que no llegaste a conocer, en Estuario Editora.
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