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Festival Eñe América / La velocidad del entusiasmo
El blog de Alejandro Ferreiro
06 de agosto de 2010

Curioso título para esta charla: Editoriales de Culto.

Curiosa charla para este título: Editoriales de Culto.

Distintas maneras de defender un lugar bajo esa etiqueta, que no es mucho más que eso: una etiqueta que es mucho menos que lo que representa cada una de las editoriales que fueron convocadas para hablar de cómo es ser una editorial de culto.

¿Se entiende?

Por Ed. Hum de Uruguay, Juan Carlos Reche.

Por Ed. Eloísa Cartonera de Argentina, Washington Cucurto.

Por Ed. La Fábrica de España, Alberto Anaut.

Frases escuchadas de la boca de cada uno de los expositores:

De Reche:

Ser un editor de culto hoy día se acerca a ser responsables de una edición independiente, preocuparse más por la oferta que por la demanda.

El mejor libro que puede escribir un editor es su catálogo.

Hay que editar pensando en los lectores y no pensando en regalos de cumpleaños.

Hay que crear una familia, desarrollar una labor pedagógica, crear un fondo, ampliar el canon, inventar lo que no existe

Un editor de culto es aquel que nos presenta el hoy y el ayer como si fuera el mañana. O sea hay que ser absolutamente moderno -como decía Rimbaud- a riesgo de que se nos gangrene una pierna.

Una editorial de culto se crea marcando hitos, siendo honestos con las expectativas que nos trazamos.

Una editorial así debe ser fiel a una idea y si la idea se desvirtúa saber largarla a tiempo.

Un proyecto tiene éxito si se cumplen las expectativas del que crea el proyecto.

De Cucurto:

¿Cuál es la función social del libro, de los escritores? ¿Qué hacen los libreros? ¿Cuál es la función de los lectores? El libro pasa por una crisis tremenda: Los libros hoy no generan nada para la sociedad y todo lo que está alrededor del libro es bastante parasitario al cumplir las funciones relacionadas con lo establecido.

¿Por qué los libros son tan caros, excesivamente caros? ¿Qué hacen los libreros con el libro cuando lo reciben? ¿Sólo tienen una relación de rédito económico? ¿Y cuál es la reacción de lectores y escritores frente a ello?

En Eloisa fuimos aprendiendo que es lindo hacer un libro que sea económico. El libro ayuda a las personas a relacionarse, ayuda a que las personas se conozcan.

¿Y por qué eso se rompe y el libro se va solito sin que nadie esté cerca de él?

Una editorial se lo da a una imprenta, luego un distribuidor lo lleva a una librería y cuando llega al librero el libro muere. Es algo mecánico. No le veo mucho sentido El libro se pierde. Se lo abandona. Las editoriales llamadas independientes hacen lo mismo que las grandes. Hay que buscar alternativas y para eso hay que comprender y tratar de resolver estos problemas. No ser flojos, esforzarse, no quedarse con lo más fácil. Cuando hay un proyectoy las personas se enamoran del proyecto, empieza a cambiar la historia, sea ese libro de bolsillo, convencional, o de cartón.

Al libro básicamente lo que le falta es amor. El libro hoy es una mala noticia. Cuando vamos a una librería nos encontramos con un precio desmedido. Eso me cae mal porque no puedo comprarme un libro. El libro tiene que ser una buena noticia. En Eloisa somos una cooperativa y eso hace que el libro cumpla otra función. Gracias al libro damos cursos en los colegios, plazas y tenemos amigos. El libro nos acerca a los demás, es un pretexto, lo que quiero es comunicarme. El gran problema del libro es el editor que no hace su trabajo correctamente. Un editor como cualquier trabajador tiene que saber lo que hace y hacerlo bien. Tiene que saber sobre distintos tipos de papeles, precios, como se usan las máquinas que imprimen, cómo se diseña, conocer las librerías, todo lo que corresponde a ese trabajo. Conozco editores que no saben nada de eso y si se muere el diseñador, no pueden seguir.

De Anaut:

Coincido que el libro tiene que ser una buena noticia, es una buena y hermosa manera de expresarlo.

Nosotros queremos hacer libros que nos gusten a nosotros, queremos llenar huecos. Jamás publicaríamos para vender. Defendemos lo que publicamos y luego intentamos venderlo. No hacemos libros para que queden en las bodegas. Hay que defenderlos, acompañarlos.

Si editamos libros de fotografía de autor estamos obligados a encontrar quien quiere ver nuestras cosas, tenemos que crear un club. Yo soy futbolero y quiero ver a mi equipo jugar con un estilo definido y mantener eso aunque se gane o se pierda. No quiero que cambie su idea de juego cada domingo.

Si fuéramos sensatos deberíamos editar entre 1000 o 2000 ejemplares por edición, pero como no lo somos editamos entre 2000 y 4000. Después tenemos que meter mucha presión para llegar al público.  Por eso aspiramos al mercado internacional.

Nos interesa la alegría que sentimos al editar un libro. Somos una editorial grande pero minoritaria, que trabaja artesanalmente.

A mí me revienta cuando un distribuidor me quita el 60 por ciento del precio de tapa del libro, pero lo único que me consuela es que ya le he mandado otro que no le dejará un solo peso de ganancia.

No somos alternativos ni podemos intentar ser lo que no somos. Somos convencionales con pretensión de calidad.

Un día un amigo me dijo: ¿y si sois tan buenos ordeñando piedras, no han pensado ordeñar vacas?


¿Se entiende?




ALEJANDRO FERREIRO
(Montevideo, último viernes de 1968) Periodista y escritor. Ha publicado cinco novelas: Pórtland (2000), Algo que flota (2005), Todo lo quieto sueña moverse (2006), Lo que se olvida también se gana (2007) y El arte del parpadeo (2009); además de dos libros de poemas, Nos persigue la humedad y otras filtraciones (2004) e Historia Natural del Silencio (2008). En 2010 aparecerá Catálogo incompleto de ideas truncas y otras mascotas que no llegaste a conocer, en Estuario Editora.
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