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Si me juran que en la Sala de Columnas tocan The xx, The Pains of Being Pure at Heart o cualquier hype de pasado mañana, me lo creo. Sin embargo, el escenario lo ocupa Agustín Fernández Mallo, narrador con mucho más de indestructible que de boom. En el auditorio, abarrotado, gana por mayoría la moda juvenil.
La periodista Fietta Jarque le define como un «artista multimedia» desde «la literatura». En los libros de Fernández Mallo (¿son novelas sus novelas? ¿son poemarios sus poemarios?) caben todos los géneros, y -al parecer- también en sus charlas. La conferencia exprés que nos ofrece se titula Un viaje, 20 minutos de un viaje Palma-Barcelona en avión, se presenta como 20 minutos (h)ojeando una revista. Portada, índice (le llaman la atención las formas redondas, que regresan tras la psicodelia de los 70, el barroquismo de los 80 y la alergia circular de las dos últimas décadas), mapa de Europa que no es Europa. De repente, las palabras del presidente de la compañía le sugieren una reflexión: por qué el siglo XX elimina el color en los tirantes del sostén. ¿Estética de la transparencia? ¿Estética del silencio? Continúa: un anuncio de telefonía ejerce de hipervínculo y remite al land art, saltamos de las nubes a Robert Smithson, regresamos al papel y una noticia breve habla, en el fondo, sobre Ballard y Tarkovski.
Giramos la página: un corazón pintado en un muro que es, al mismo tiempo, el mismo corazón que él habría pintado en el muro. Dobles, espejos, clones: vuelco -o soplo, por el tributo a Family- al corazón. «Yo tenía que seguir pasando páginas», asegura, y encadena anuncios, y piensa en atmósferas y telefonillos, e imagina a David Foster Wallace suicidándose colgado del cielo, y estamos aterrizando -y el tiempo se agota-, y un reportaje sobre la Sala Sol le remite a la película La escalera de caracol, y las azafatas nos indican que el trayecto vuelo se agota. ¿Hipertexto? ¿Hipervínculo? ¿Palimpsesto? ¿Otra forma de mirar?
Agustín Fernández Mallo es el Kilómetro 0 de las microconferencias. Te aconseja la emigración ante la subida de impuestos. Desvela que a Manuel Vilas le apasiona Cine de barrio. Lo dicho: es indestructible.
Por cierto: esos móviles. Si en el aire no se permite su uso, ¿por qué los asistentes a esta charla se empeñan en que el suyo suene?