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Mientras duró fue bonito: pasearse del ascensor a las salas con el ordenador a cuestas; fotografiar y photoshopear bajo el riesgo de perderse una intervención crucial; rechazar el brindis o la conversación porque en diez minutos comenzaba una mesa de interés.
Ahora queda la resaca del Festival Eñe; la rabia por lo que no se pudo ver, las ganas de repetir una oportunidad única: más de setenta escritores en apenas día y medio.
Y enhorabuena a La Fábrica por el éxito de público y de crítica, por abarrotar actividad tras actividad, por el nivel que se mantuvo incluso en las apuestas más arriesgadas.
Ahora queda despedirse: agradecer a Emilio Ruiz, encargado de los contenidos de esta web, su confianza y el encargo de este trabajo gustoso, además de la asesoría técnica continua; a la organización del Festival Eñe (María y María, Judith, Rocío...) las facilidades para cumplir con puntualidad y con los lectores; y a los visitantes, bien voyeurs, bien comentaristas, por compartir este fin de semana de literatura.
¡Hasta el Eñe que viene!