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Lo confieso: de cuando en cuando me asomo por alguna de las salas que albergan los talleres e intuyo a los participantes, las palabras que se escuchan y se escriben, y me muero de la envidia. Sospecho que, de todas las citas del Festival Eñe, es allí donde la literatura más se palpa: los alumnos de los talleres escriben, corrigen, toman nota y toman notas, aprenden de quienes saben mucho, y que tras la clase exprés aprenderán también de sus alumnos.
Un sí rotundo a los talleres, a los que propone el Festival Eñe, a todos: no sé si por lo que en ellos se enseña, seguro que por lo que se comparte. Yo he asistido, asisto y asistiré a talleres: con maestros desconocidos, con maestros célebres, todos te transforman en esponja, de todos se guarda algo, y nos regalan trucos, consejos, experiencias, y la posibilidad de conocer a otros apasionados de la literatura.
Ayer inauguraron el programa formativo Jesús Urceloy y Antonio Rómar, de los Talleres de Escritura Creativa Fuentetaja, con Anatomía del poema (Sala Antonio Palacios, 17.00); y continuaron Vanessa Montfort, del Centro de Formación de Novelistas, con Los secretos del best seller (Sala Antonio Palacios, 19.30), e Isabel Cañelles, de la Escuela de Escritores, con El motor de la creatividad (Sala de Juntas, 19.30).
A estas alturas deben haber concluido dos de los talleres con jefes del relato: Ignacio Ferrando, de la Escuela de Escritores, ilustraba sobre El baile de la escritura (Sala Nueva, 11.00), y Víctor García Antón, de Fuentetaja, hizo lo propio con El imaginario entre columpios (Sala Antonio Palacios, 11.00). Y aún queda tiempo para aprender de Gloria Fernández Rozas, de Fuentetaja, en Leer para escribir (Sala Antonio Palacios, 11.00); de Carlos Salem, del Centro de Formación de Novelistas, Taller de diálogo mediante (Sala Nueva, 19.00); y de María Tena, de Fuentetaja, sobre Los diez errores más frecuentes en la escritura de ficción (Sala Antonio Palacios, 19.30).
Festival Eñe no propone sólo mesas, encuentros... También firmas (en la segunda planta, junto a la librería), ciclos de cine, programación infantil, y estos talleres a los que yo me asomo, sabiendo que echo un vistazo donde la literatura. El programa nos complica la vida unas veces, nos la facilita otras. ¿Algún alumno o alumna que se anime a contárnoslo en primera persona?