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Tan ambicioso suena el proyecto de este Festival Eñe (ya lo saben: más o menos 36 horas de literatura, literatura y más literatura) que ha retrasado hasta noviembre el fallo de Cosecha Eñe, el premio de relatos que convocado por la revista que bautiza estas jornadas, y que alcanza su cuarta edición con un número elevadísimo de participantes: según la directora de la revista, Camino Brasa, más de dos mil relatos, procedentes de treinta países distintos.
Sobre los finalistas (por orden alfabético: Trifón Abad López, Selva Almada, Rubén Ballestar Urbán, Andrés Barba, Alejandra Costamagna, Juan Carlos Fernández León, Agustín Fernández Mallo, Sergio Galarza, Paula Lapido y Patricia Suárez) podrán leer más en esta misma página, y la nota de prensa sobre el fallo ya anda difundiéndose: el jurado (formado por Juan Bonilla, Elvira Lindo y Ronaldo Menéndez, además de Camino Brasa y Toño Angulo, redactor jefe de Eñe) optó por el relato Aparición de Teresa, del madrileño Andrés Barba, aunque recalcaron la condición ganadora de los diez seleccionados. La lectura de las primeras líneas de cada cuento, a cargo de la actriz Licia Alonso, invitaba a continuar (los ejemplares de la nueva Eñe esperaban fuera) párrafo tras párrafo, y el sándwich musical de Germán Coppini y Patacho, con adaptación musical de Carlos Edmundo de Ory incluida, sonó a gloria y calmó los nervios.
Esta cronista se retira a descansar, felicita a los premiados, respira para que mañana por la mañana su doble, su triple y ella se despierten, y alcancen el Círculo sanas, salvas y supervitaminadas. ¡Nos vemos!
(La foto, disculpen de nuevo, es terrible. Pero en este caso no me lo achaquen a mí, ni al fotógrafo improvisado, sino a un Barba que propone otro reto, aparte del de la multiplicación de los cuerpos y las almas para no perderse una sola cita: conseguir que se mantenga quieto en el escenario).