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Disparen al editor: cuando la bala se aloje, no salpiquen. Conversamos con los editores del grupo Contexto. Ha moderado Félix Romeo, divertido y concreto, desde una expresión (editores indies) en la que también cabrían, además de los Contexto, otros sellos como Alpha Decay, Errata Naturae, El Gaviero, Quálea, Veintisiete Letras... Y etcétera, etcétera, etcétera. Charlan con él Diego Moreno (Nórdica), Carola Moreno (Barataria), Enrique Redel (Impedimenta; no se pierdan su blog, en esta misma página), Luis Solano (Libros del Asteroide), Julián Rodríguez (Periférica), Santiago Tobón (Sexto Piso) y Julián Viñuales (Global Rhythm Press y Papel de Liar).
Una primera conclusión: el editor independiente se bautiza como hombre orquesta. Diego Moreno ha recordado su experiencia editorial, anterior a su sello propio, en todos los sectores vinculados al libro: no sólo publicándolos, sino también -por ejemplo- en una imprenta. Carola Moreno lo apoya, resaltando que un editor debe hacer de todo, y que es un trabajo que engloba, al mismo tiempo, varios trabajos diferentes. Se une Santiago Tobón: el motor se detiene si tú no te encargas de todo. Empaquetar, responder e-mails, cuadrar números, llamar a prensa, al impresor...
Y surge la pregunta: ¿el editor nace, o se hace? Bajo una luz casi policial, Tobón confiesa su «vocación tardía», aunque nos apuntan que montó su primera editorial con veintiún años: no daba con un libro necesario para la facultad, y lo editó. Un adjetivo similar, «tardío», se adjudica Redel: «de manera expresa», puntualiza, pese a recordar cómo de pequeño grapaba y vendía sus primeros libros.
Algo es cierto, rutinas aparte: Contexto nace «desde la amistad y el respeto», según Julián Rodríguez. Julián Viñuales abre otra vía de debate: cómo se eligen los títulos. Él inauguró otro sello, Papel de Liar, para los libros al margen de su colección sobre música; Carola Moreno cuenta cómo lee con el doble de atención, por si el autor elogia a otro autor, y el hallazgo salta. Luis Solano conecta, y habla sobre la dificultad de contratar un libro cuando no eres nadie, antes de construir un catálogo. Cuando tienes un libro publicado, continúa, todo es posible; sin embargo, cuanto tu catálogo ronda los cincuenta títulos, no puedes poner a otro que chirríe en el mismo corral, porque «se matarían entre ellos».
Desde el público se plantea la actitud de los Contexto hacia el nuevo paradigma del libro (impresión bajo demanda, etcétera). Solano afirma que la labor de un editor es captar lectores para los libros que publica, sea cual sea el soporte; según Rodríguez, la salvación para el lector puede residir en ese librero que pone a su disposición el título deseado en apenas tres minutos, pero no es la tarea del editor.
El tiempo se agota, los asistentes se animan: ¿por qué tantas novedades? Tobón fija en los 20-30 títulos la producción anual de cada sello de Contexto, en una cifra que ya les desborda, y en un sistema que Diego Moreno califica de «perverso». Un libro que vende mucho salva a otro que vende poco. Una novedad que vende poco tira de un fondo que se compra menos. Al final, la clave la regala Luis Solano: editar es una cuestión de «lotería».
(Ya les avisé: no gozo de buena mano con la fotografía; más bien soy manca. Esta imagen me la cede uno de los tipos infames, cuyo blog deben adorar a la de ya).