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España la habitan más de cuarenta y seis millones de personas. El transporte público, los medios de comunicación, los rascacielos de tomos negros en las mesas de novedades, parecen indicar que al menos la mitad de la población ha leído una de las novelas que componen la trilogía -o quizá incluso las tres- de Stieg Larsson. Ya conocen a Lisbeth Salander. Ya conocen la trama de Millennium, la fiebre por las peripecias de una pirata informática y un periodista valeroso. Ahora, una de las actividades del Festival Eñe propone un juicio a Stieg Larsson, y sentencia con éxito de público (lleno, casi) y crítica (entretenida y, al mismo tiempo, inteligente). Yo -lo confieso- acudí sin la lectura a cuestas, sin la película en la retina, sabiendo sólo que de hackers no sé nada.
Lo plantea Ignacio de Valle: por qué Larsson tiene tanto éxito. Me lo pregunto yo y se lo preguntan, quizá, las filas y filas de lectores/oyentes del Festival Eñe. Debemos respondernos, según Lorenzo Silva, que gran parte del secreto reside en los personajes: en la construcción y la creación de caracteres quizá no realistas en exceso, pero que sí -en cierto modo- pueden actuar como arquetipos de un tiempo, de una sociedad, y remite al elogioso artículo que sobre Larsson publicó Mario Vargas Llosa. Al mismo tiempo, Silva quiere desmarcarse de las interpretaciones negativas con el argumento, asegura, más fuerte: frente a quienes acusan que los compradores -y lectores- de Larsson se guían por las campañas de marketing, algo que -reconoce- quizá haya influido en los volúmenes segundo y tercero, Lorenzo Silva comenta que la primera edición se publicó con una tirada modesta y una campaña publicitaria limitada. Silva, recuerda, leyó a Larsson antes de su edición española, en francés, y ya quedó atrapado por la tensión narrativa del autor sueco. Sin volúmenes y volúmenes sobre las mesas de novedades, sin páginas en la prensa, Larsson funciona.
Por su parte, del Valle comenta que la estructura de Millennium no le convencía, tampoco su localismo, ni siquiera sus personajes, apenas la división maniquea del mundo entre los buenos y los malos. «El mal en estado puro», afirma, «no existe», y no se cree el retrato del protagonista como un purísimo caballero andante. ¿Por qué, entonces, leer a Larsson? Larsson comienza a atraparle con un gancho de casi carne y hueso: Lisbeth Salander. Hacia ella desplaza Lorenzo Silva el papel principal de Millennium: es ella quien encuentra la información, quien desencadena, quien articula las tramas y quien engarza (con su propia biografía) los tres volúmenes; así, partiendo de la expresión utilizada por su compañero de tertulia, Lisbeth Salander «es el caballero andante». Un caballero andante, eso sí, que rebosa peculiaridad. Para empezar, es una mujer; y una mujer inexperta por su juventud, al borde del psicopatía, cuyo oficio es más «la venganza que la justicia». Ella es Don Quijote, Mikael Blomkvist es Sancho Panza.
Lorenzo Silva es claro: sin el carisma de Lisbeth Salander, las novelas de Stieg Larsson no sería nada. No obstante, la saga ofrece otros muchos personajes de interés, en cuya construcción reside la excelencia de la escritura de Stieg Larsson: como ejemplo, cita al agente secreto retirado que aparece en la tercera novela, y con el que -tras apenas 150 páginas; por cierto, que según Silva de cada tomo podrían haberse podado al menos 200- acabamos compartiendo tanto, que se declara imprescindible ya.
Ignacio del Valle reprocha a Larsson su obsesión por el orden, quizá -interpreto desde el público- por la justicia, y la conversión paulatina de Lisbeth Salander en casi una superheroína, la idealización de escenarios y caracteres, restando credibilidad a la lectura. Silva comparte -en cierto modo- que Larsson flaquea en las soluciones fáciles y al mismo tiempo felices, pero recurre a la peripecia biográfica de Larsson para justificar ese empeño casi social del autor. En la novela aparecen los desajustes de la sociedad sueca, las páginas oscuras de la historia del país, la reflexión sobre la explotación sexual de mujeres...
Desde el público, otra duda: por qué el éxito de la novela negra escandinava. Ignacio del Valle opina, rotundo: es una moda, las modas se mueven por ciclos, y dentro de tres o cuatro años se leerán otros libros. En cambio, para Lorenzo Silva, en el caso particular de Suecia los autores de novela negra no surgen de la nada, sino que la historia del país comienza a escribirse en clave oscura hace medio siglo, y los narradores a quienes leemos hoy se derivan de una casi tradición, enmarcada en un país cosmopolita y lector.
Y, por último, hambre de más Larsson: ¿existe una cuarta entrega, aún inédita? Lorenzo Silva, que ha hablado con la viuda y con el representante de la familia, afirma que -según la viuda- existen doscientas páginas embrionarias de una hipotética quinta novela, ni siquiera cuarta. Larsson no dejó sinopsis, y el material apenas es el arranque de otra novela casi sin posibilidad de lectura. Colorín, colorado...
(Por cierto: ya que tampoco he podido leer a Ignacio del Valle, y lo agrego a mi lista de pendientes, no ocultaré mi fervor por Lorenzo Silva. Léanle. Y si ya conocen su obra, acudan a alguna de sus conferencias. Transmite semejante pasión, narra tan bien, que con el argumento más débil nos convencería. A mí me ha animado a casi precipitarme, escaleras abajo, de la Sala de Columnas a la librería de la segunda planta, a la busca del Larsson perdido).