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Cuando la suerte se empeña en sonreír, la felicidad no se marcha en unos días. No cito -ay- a Paulo Coelho. Ni incienso, ni flores de loto: mudo a la primera persona, aún más, y les cuento mi experiencia no desde el público del Festival Eñe, sino a ese otro lado de cartela y tiempo límite. Nos presento: a la derecha, Guillermo Trapiello. A la izquierda, quien les martillea post tras post. En ese momento gabineteábamos para Carmen Garrido Ortiz, su melena en la esquinita de la imagen, una excelente poeta que se asomó a nuestro rinconcito en el Salón de Baile, como tantos amigos y amigas, conocidos de antes, conocidos este mediodía.
Ha sido un placer compartir este Gabinete de crisis con Guillermo, ilustrador de enorme talento (en un mes, mes y medio, El Club de los Negocios Raros publicará su primer libro, Guadalejos) con quien servidora ha logrado mimetizarse a los quince minutos de actividad. Dos o tres tarjetones sanitarios, y la maquinaria funcionaba como si nuestro currículum mostrase unas cuantas líneas de actividades al alimón; a mí -lo confieso- me ha sorprendido cómo un artista minucioso, que trabaja y retrabaja cada trazo con delicadeza, se ha adaptado a las circunstancias, y ha rehecho su metodología para atender todas las peticiones. Gracias a Guillermo Trapiello por no bromear ante mis textos menos logrados; y gracias a quienes se acercaron por no permitirnos el aburrimiento ni un minuto, y gracias a quienes soportaron unos cuantos minutos de espera...
La actividad pretendía atajar «problemas pre-navideños, otoñales y post-puente». Así, una ilustración de Guillermo y un texto de la menda, creados al instante y según el deseo de quien nos lo solicitaba, «para solucionar un problema, un regalo, un capricho». Nuestros clientes nos han permitido la libertad, pero también nos han regalado unos cuantos aprietos: Guillermo Trapiello ha dibujado, y yo he escrito, sobre zapatos empeñados en romperse, sobre jabones, acerca de hijos que regresan de vacaciones y hermanas que se marchan y casi profesores que no debieran serlo; hemos querido transmitir buen rollo, ánimos para quienes padecen el furor navideño. Jamás inventé nada sobre robots enamorados, y nunca -nunca- por mis textos se asomaron tantas tiendas de campaña.
Hemos disfrutado de lo lindo. Gracias a Festival Eñe, gracias a quienes nos acompañaron, y de nuevo mi agradecimiento particular -y mis disculpas- a Guillermo por permitirme emborronar su arte. Prometemos repetir. ¿Alguna oferta?