PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
Volver

Torres Millán, Alicia (Nanda Miller)

En un abrir y cerrar de ojos



Dedicado a mí misma.

Abro los ojos confusa, estoy tan dormida que no sé ni donde me encuentro. De fondo suena el despertador cada vez con más fuerza ¡¡calla ya!! Lo tengo programado para eso porque me conozco bien, si el molesto ruidito no consigue introducirse en mis tímpanos, paso de él y sigo durmiendo. Mi perra se abalanza sobre mí como si a su cuerpo no le afectara la gravedad en absoluto, pega unos brincos alucinantes, parece un muelle con patas. Cuando la noto cerca de mi cara olisqueándome, advierto que estoy en mi cama y se me escapa una sonrisa. Me gusta mi nido.

Voy hacia el baño caminando cual pato mareado, me balanceo de un lado a otro pero llego a mi meta. Como cada mañana, lo primero de todo es liberar de líquidos a mi dolorida vejiga. Acto seguido me miro al espejo, me lavo la cara, los dientes, me peino como puedo mi alborotado pelo y cambio de escenario. Suelo ir al salón a buscar incienso, me relaja mucho su olor, es como estar en una iglesia y mira que no soy practicante pero me gusta adentrarme en los templos por su olor y por la paz que se respira dentro. Cuando el aromático palito empieza a quemarse, enchufo el estéreo y hago que suene la música idónea para un dulce amanecer. Ya en la cocina, le doy de comer a Luca, me hago un zumo con 4 naranjas, café con leche de soja, tostadas con margarina y mermelada de fresa y me siento a disfrutar del exquisito manjar que me he preparado con tanto cariño. Siempre hago las mismas cosas, pero me gusta hacerlas es curioso. Digo yo que si no, no las haría.

Siempre desayuno mirando mis mails, es algo que me he acostumbrado a hacer desde que estoy en el paro. Sí, a mí también me afectó la crisis. Desde finales de Octubre del año pasado no tengo trabajo pero no me preocupa mucho, tengo meses para reubicarme y lo haré en breve sin lugar a dudas, todo irá bien. Me lo repito constantemente, amiga mía, todo irá bien.

Cuando termino mis labores como buena ama de mi casa, cojo la correa de Luca, y ella que la ve, salta de emoción casi rozándome los hombros, se puede pegar así minutos pero le digo que nos vamos ya y va hacia la puerta principal emocionada. Nos disponemos a poner rumbo a los caminos laberinticos que hay a 5 minutos de mi santuario pero antes de nuestra partida, como buena control freak, me aseguro de llevar encima todo lo necesario. Llaves, bolsita para las necesidades fisiológicas de la peque, cacao labial y pañuelos con un toque de eucalipto para no maltratar tanto a mi frágil e irritada piel. Mis alergias me obligan a ir con un cargamento de pañuelos o en cualquier momento corro el peligro de empezar a gotear por la nariz, o por lo ojos. Sería todo un engorro ir sin esos trocitos de finísima y suave celulosa. Aunque he de decir que para los ojos, el efecto mentol no va del todo bien, luego los tienes tan frescos que no notas si te caen lagrimillas o no ¡Ahh! ¡Esta alergia me va a dejar seca! ¿Cómo puede un cuerpo crear tantos fluidos? Flipante. Por si las moscas, mi botella de agua siempre bien cerca. Si somos un 80% de agua, ya me puedo espabilar hoy.

De camino al parque, me pongo los cascos con el volumen de la radio a tope, algún día me quedaré sorda me dice mi voz interior. Echan música de banda sonora, de comedia romántica o dramática, eso da igual, pero suena a cursilada hollybudiense. Yo me monto una producción en la cabeza y continúo por mi habitual ruta. Me contoneo por las calles de mi barrio sintiéndome como una heroína de comic. No se me puede calificar como a alguien muy normal donde vivo. En los últimos meses he llevado tantos colores, cortes y peinados en la azotea que la gente que me reconoce ya ni me mira raro. He sido rubia platino con el pelo rapado, semi-rapado, estilo charlestón, liso, rizado, pelirroja, castaña, morena, morenaza de pelo largo, y ahora, después de un amplio catálogo, me apetecía volver a mis raíces, castaña rojiza. Lo chungo es la medida horrible de pelo que llevo ahora, parece un arbusto creciendo con rebeldía. Solo si lo aliso puedo darle la forma deseada, sino, libre albedrío sin remedio alguno, unos días queda decente, otros mejor no hablar. A eso, si le sumamos que siempre que he cambiado de peinado, también he intentado cambiar de vestuario, para mis conservadores vecinos soy una especie de bicho raro mutante. Un dato muy divertido ¡Soy la presidenta de mi comunidad! ¿Qué os parece? Yo lo odio pero es lo que hay.

Casi alcanzado nuestro destino, miro de derecha a izquierda, detrás de mí, y si no veo coches acechando suelto a Luca. La tía sale corriendo como alma que lleva el diablo. Siempre me peto de risa con ella, es genial ver lo feliz que es con tan poco, parece una niña a la que le acaban de regalar una muñeca. Qué bien me siento. Ya se respira libertad por los cuatro costados. Ahora por ejemplo, si se me escapa un pedillo no se entera nadie ¡Molaa!

Normalmente mis paseos con ella son como si fuera sola con mis pensamientos, me sigue con la mirada, me va adelantando para no perderme de vista, sabe que no voy a ir detrás porque la que manda en casa soy yo, es muy importante mantener la correcta jerarquía para una convivencia cívica. Como se te suban a la chepa ¡malo! Supongo que al haber sido una perra adoptada y el mío su tercer hogar, la pobre ya no se fía ni de su sombra, debe de pensar que mejor se queda con esta humana que al menos ya hace 2 años que la cuida y le da cariño ¡Ya ves! ¿Serán esos los pensamientos de una perra? Ahí lo dejo porque desconozco la respuesta.

Bajamos por un caminito de tierra que lleva a un pipí-can del tamaño de un campo de futbol sala. Es bastante largo y a veces hay minas con formas de… ¡mierda enorme! Casi la piso de lleno ¡Uff!

A lo lejos, puedo distinguir más canes acompañados por sus respectivos dueños. Luca hace su instintiva selección ¿Cómo no? No es una perra muy sociable y para colmo, le dan miedo los grandotes. Puedo entender, que ver una mole que te persigue intentando olerte las traseras no debe ser muy agradable, pero una vez más diré, que como yo no sé lo que es ser perro, igual a ellos hasta les da gustillo tal cosa. De hecho, su manera de reconocerse es esa. Imaginar si los humanos hiciéramos lo mismo ¡Virgen Santa! ¡No quiero ni pensarlo!

Una vez integradas al misceláneo grupo, una de nosotras corre de un lado a otro, gruñe, salta, juega, pelea con los elegidos, vaya, que se lo está pasando como una enana. La otra, mira a su escuálida y peluda inseparable amiga, sonríe, se sienta en el banco del rinconcito y disfruta de la soleada mañana con la que nos ha obsequiado la fecha.

Durante unos minutos todo es tranquilidad. Al rato ¡Peligro! Se acercan pasos, puedo oírlos acercarse por el agudo sonido que emiten las piedras cuando chocan unas contra otras.

Es un chico al que no había visto antes. Es mono. Remolonea cercano a mí banco, se hace el despistado mientras se me acerca lentamente. Mira al suelo, coge un palo visiblemente roído y se lo lanza a su también greñudo colega intentando llamar mi atención. Objetivo conseguido. No hay visión más hechizante para una mujer que ver  a un chico atractivo jugando con su perro, bueno, puntualicemos este dato, la mejor de todas es ver a un hombretón con un bebe, pero ésta no estaba tan mal. Si encima el perro es de una de las razas que más te gustan, es una bonita escena que merece la pena ser contemplada controlando que no se te note mucho que te gusta lo que ves, lo digo por aquello de la cara de idiota que se pone. Al poquito me empieza a lanzar miraditas. Yo las contesto sutilmente y él salta al paso número 4 de su repertorio ¡al ataque!

Antes de describir al muchacho he de decir, que con perro se liga una barbaridad, es más fácil que con copa en mano y escote de vértigo dentro de un local nocturno…y minifalda.

Se llama David, es de San Sebastián y vive aquí desde hace 5 años. Parece agradable y para colmo está para comérselo con patatas. Lleva una camiseta de color azul claro con el logo de una conocida marca de surf y unos vaqueros ajustados que le señalan un redondeado culo. El fino algodón de su parte de arriba, deja que se le marquen unos prominentes músculos que te pueden hacer perder la concentración si te quedas fija en dicha imagen. Su pelo se ve claramente dañado por el salitre, es castaño con las puntas doradas y lo lleva larguito con un corte algo pijo. Su tostada piel me confunde pero debe rondar la treintena. Hace ejercicio o tiene muy buena genética porque madre mía de mis amores ¡Cómo está el chiquillo! Dejémoslo que estoy empezando a sudar. Hablaré de su perro para calmar a la bestia que llevo dentro en esta estación que me altera toda entera, de los pies a la cabeza. Pues bien, se llama Pancho. Tiene 3 años. Fue comprado por él y su ex novia a un criador de Palencia según me cuenta, pero en la separación la custodia le fue otorgada casi por imposición. Al parecer, ella pasaba bastante de la bellísima criatura y de él. Tenían fecha de caducidad.

Suena su móvil, David contesta pidiendo permiso con la mirada, el chico es educado. Le guiño un ojo consintiendo su demanda y sigo jugando con Luca. Hago ver que no escucho pero lo estoy haciendo con la antena desplegada. Parece que habla con una chica porque de repente su voz es más melosa, no puede evitar enmarcar su boca con una sonrisa, se va más lejos para que no le oiga, se acaricia el pelo con cara de alelado, etc. Son detallitos que nosotras las mujeres, sabemos distinguir a la legua cuando alcanzamos una cierta edad. Yo al menos lo he notado. Ya he visto suficiente, está ocupado ¿No podía ser tan perfecto? Llevo una racha de hombres con semáforo rojo que no te cuento.

Le hago gesto de despedida mientras todavía habla para que no pueda retenerme y prosigo con mi camino. Me ha dado tanto el sol que necesito protegerme de él durante un rato, y también de David, para que engañarnos.

Nos precipitamos a una bonita valsa que conozco, está en la parte más sombría de la montaña, donde casi no llegan los rayos del sol por estar rodeada de longevos árboles de varios tipos. Si no eres del barrio, es prácticamente imposible que sepas como dar con ella, aunque mucha gente sabe de su existencia por un desafortunado incidente que aconteció allí durante años.

En ella, lavaban a los perros después de celebrar peleas a muerte o llamado de otro modo, Sparring. Durante bastante tiempo, fueron muchos los perros (machos) que desaparecieron en nuestra zona sin dejar mucha huella, solo la de una valsa de estilo modernista con sus aguas teñidas de un rojo, que te ponía los pelos de punta solo con mirar.

Gracias a Dios, eso ya no ocurría desde hacía meses, dicen que cogieron a los maleantes que organizaban dichas barbaries y limpiaron todo posible indicio. Se podían volver a ver libélulas sobrevolando sus cristalinas aguas. En aquel mágico lugar, mis fosas nasales adivinan infinitos aromas entre ellos a pino, jazmín, lavanda, acompañados de una suave brisa primaveral que se templa en su recorrido hasta alcanzar mi piel. Allí suelo ir a menudo para desconectar.

Muy sosegada, saco mi libro de bolsillo y Luca se echa junto a mí. Así estamos tan a gusto mientras las agujas del reloj siguen su curso. Comienzo a notar algo de frío en los brazos así que me incorporo y seguimos andando. Entro en calor rápidamente porque el sol brilla con mucha fuerza a esta hora. Me doy cuenta de que tengo hambre, empiezo a pensar lo que puedo comer.

1:34 del medio día. Luca casi se bebe el cuenco entero de agua al llegar a casa. Llevábamos más de 2 horas fuera, la imito y me enchufo la botella saciándome con la mitad de su contenido. No hay mucha cosa en la nevera ¡Qué raro! Busco ideas mientras abro todos los armarios que contienen provisiones. Me apetece pasta. Tengo verduras, tomate frito y espaguetis ¡Perfecto!

Pongo el agua a hervir. Cojo un calabacín, una cebolla, un tomate y un ajo. Guillotino a los presentes en reducidos trocitos con ayuda de mi amplia tabla de madera. Han sido muchas las recetas inventadas por mí en esta desgastada balda de pino. Hace un par de años, las escenas de menaje en mi espacio vital eran más bien de ficción. Estaba tan desmotivada por aquel entonces que no me freía ni un huevo, compraba lo más fácil de preparar o sin preparado alguno. Afortunadamente, todo cambia si uno quiere y hace el esfuerzo. Además, cocinar es un placer más que he aprendido en mis afables días de soledad, me pongo jazz de fondo, una copita de vino tinto, mi delantal de lunares rojos, y bailo con los varios utensilios culinarios hasta que la coreografía es de mi agrado. Después del acompasado ballet, la verdurita está lo suficientemente pochada y le añado el tomate frito, una pizquita de orégano y sal. Mi compañera de piso me dice que huele de maravilla. Eso, te lo diga quién te lo diga, suena a música celestial. Debéis comprender que yo no solía cocinar nunca y que es algo nuevo escuchar tales testimonios de alguien que convive contigo. Es genial.

Ambas gozamos con nuestras generosas raciones y después de recoger la cocina nos ponemos una película de las de no pensar demasiado. Nos entra una morriña tremenda pero la combatimos con algo de cafeína y galletitas. Mi compañera Kasia lee. Yo me pongo a escuchar música mientras escribo un artículo que tengo que entregar antes del día 24.

No se me ocurre nada con chispa. La verdad es que tengo más sueño del que me gustaría, puede que la alergia ayude a eso y puede que yo quiera dormir sin más, soy un lironcillo y no me da vergüenza admitirlo ¡Qué gran invento la siesta! Voy a darme un homenaje.

Hay que ver lo que te recargan 60 minutos de planchado de oreja. Soy una mujer nueva, aún estoy algo atontada pero me encuentro muy bien. Me voy a preparar un té e intentaré seguir con el complicado reportaje un rato más.

Cuando mis ojos empiezan a escocer miro el reloj, han pasado dos horas y media. Puedo descansar orgullosa. Llamo a mi amigo Alfonso con él que juego a la lotería cada semana a ver si hay suerte y nos toca algún pellizco gordo. Le digo si quiere ir a tomar unas cañitas y él como de costumbre accede. Quedamos a las 19:00 en el bar habitual pero él sabe que yo llegaré alrededor de las 19:15. No soy muy puntual cuando cojo confianza. Lo siento de veras, pero soy tan lenta y me distraigo tan a menudo que me cuesta acabar las cosas del tirón y tengo que ir recapitulando, es cansino para mí también.

Tengo tiempo de acicalarme un poco. Preparo mi baño con velas, me desnudo y me meto a la ducha. Como me gusta ducharme con luz tenue. Cierro los ojos y dejo que caiga el chorro de agua calentita sobre mi nuca, es tan agradable que me pegaría horas así pero hay que ser responsable con el agua así que cierro el grifo y acabo lo antes posible. Un dato sobre mí, siempre canto en la ducha, no sé porque pero me gusta mucho hacerlo. Además, no se me da nada mal, lo dicen mis amigos, y también lo pienso yo ¡Ea!

18:40 de la tarde ¿Qué hago? ¿Cojo la moto o el bus? Buena pregunta. Si cojo la moto no puedo beber más de 2 cervezas, por lo contrario si cojo el bus, puedo. Decidido, cojo el Bus. Me estoy acostumbrando y me gusta ir en transporte público, me llevan, yo me despreocupo y puedo leer, mirar por la ventana o escuchar música. Es guay.

Me pongo los cascos y espero paciente a que llegue el 28. Ya viene. Me siento en la parte trasera porque me gusta observar. Si hay sitio siempre lo hago. Con la canción que estoy escuchando puedo soñar algo ñoño, es una balada de los años 90, habla de amor, de corazones rotos, de lo que puede doler el jodido amor. Yo miro y busco una víctima a la que arreglar la vida. Me otorgo una nueva misión pero el recorrido es tan corto que me quedo a medias. ¡Pecado! Me estaba quedando de coña.

19:10. Llego a mi lugar de encuentro. Alf aún no venido. Hay varias mesas libres todavía, escojo la del rincón y me siento mirando hacia el salón principal para ver que va pasando y si llega mi amigo. El tiempo que espero me entretengo escribiendo un mensaje de texto a un chico que he conocido hace poco y me gusta bastante, bastante más de lo que me gustaría por las circunstancias pero, la vida es así, o lo tomas o lo dejas como decía mi madre para que me comiera las lentejas.

En él mensaje le escribo lo mucho que me gustaría poder verlo esta misma noche y le mando un besito. Él está en otro país europeo así que no espero respuesta, lo mando deseando solo que lo lea en algún momento y le haga sonreír al igual que lo haría yo si recibiera uno suyo. Con eso me conformo por ahora.

Ya entra. No hace buena cara, algo ha pasado. Nos damos un par de besos y con la mirada me lo dice todo. Aún no ha cobrado el dinero que le deben en su agencia. Alfonso es fotógrafo y con lo mal que están las cosas, hace tiempo que los clientes se retrasan cada vez más en pagar. Esto afecta a autónomos en su gran mayoría. Está preocupado porque tiene que ingresar el alquiler en unos días y va muy justo de pasta. La verdad es que no sé qué decirle, mentiría si dijera que va a cobrar pronto, lo dudo mucho porque conozco a su agencia, mi ex empresa, la misma que me pegó la puñalada por la espalda el pasado Octubre, también tenía impagos suyos. Lo veo negro negrito.

Intento buscar un tema alegre de conversación para que se olvide de sus problemas, aunque solo sea por un rato. Yo también los tengo, así que prefiero no darle muchas vueltas a la cabeza y evadirme con unas cervezas fresquitas y una buena conversación, ese era el objetivo de mi llamada. Le pregunto por su novia. Ha conocido a una chica hace unos meses, la verdad es que si no fuera por lo mencionado anteriormente, le veo mejor que nunca. Parece que ha encontrado a la mujer adecuada para compartir su vida. Eso me alegra tanto. Los dos hemos pasado un mal año, los dos nos quedamos solteros al mismo tiempo y sabemos lo que es sufrir por otra persona. Es esperanzador saber que él, ha encontrado de nuevo el amor ¡Vaya! Desde fuera se ven muy enamorados los dos y eso no es lo normal, casi siempre hay un lado que echa más carne al asador pero ésta, es una de la excepciones. Mientras me cuenta anécdotas de su bonita y reciente historia sentimental, se le iluminan los ojos, está radiante. Yo no puedo evitar pensar en que quiero lo mismo, pero me tranquiliza saber que soy muy feliz conmigo misma y que hacía mucho que no estaba tan bien sola. Eso es algo muy bueno. Ya llevo sin pareja año y medio y por fin empiezo a sentirme dispuesta a conocer a alguien que me demuestre que merece la pena cada momento que pasamos juntos, si no, no me interesa. Estoy un poco cansada de darlo todo y recoger solo migajas o una parte inferior a la que yo estoy ofreciendo. Esta vez tiene que ser mutuo o paso ¡Hartita me tienen!

A la segunda cerveza pedimos unas olivas rellenas de anchoa y una tapa de pulpo a la gallega. El alcohol está haciendo mella en nuestros cuerpos, las endorfinas están de guateque, tenemos cara de ir a gustito y ganas de meternos algo en la boca. Así estamos un buen rato hasta que decidimos que ya es hora de ir a casa. Él llama a su chica, yo miro el móvil pero no hay ningún mensaje. Nos despedimos con un abrazo y cada uno por su lado. Es un buen amigo, la confianza puede dar asco.

Voy hacia la parada del bus algo decepcionada. Puede que no haya visto mi mensaje, puede que pase de contestar porque necesita más libertad ¿Puede qué? Mientras especulo yo sola llega el 92, menos mal, con la melopea que llevo no tengo la misma paciencia que antes y quiero llegar a mi casa pronto.

10:15 de la noche. Kasia no está en casa, hoy tiene cena de trabajo. Luca me recibe con besos, votes de vértigo y coletazos a mil por hora. Eso es algo maravilloso de vivir con un perro, da igual que vayas a bajar la basura, cuando subes, siempre te deleitan con la misma fiesta, te hacen sentir tan querido y especial. Gracias a ella vivo momentos inolvidables, pero eso no se sabe hasta que no se comparte la morada con uno de ellos. Son seres geniales y muy divertidos. Bueno, igual no todos pero es que mi perra es la bomba, tiene cara de chiste, la miras y te ríes. Es blanca casi por completo, tiene medio bigote blanco y medio negro, las patas más largas que una modelo de medias, el pelo más sedoso que la chica que gime con el champú en la tele y el carácter más salao de la faz de la tierra. Mi Luca es mucha Luca. Siempre está feliz, siempre mueve el rabo, es la alegría de la casa.

Bajamos a dar un paseo corto, ella hace un pipi y yo me despejo un poco. Cuando volvemos a casa me preparo algo de cena. No mucho porque con Alfonso he picado tapas pero aún podría engullir algo más. El alcohol me ha dado gula.

Me preparo una ensalada de canónigos, espinacas, manzana, queso azul y nueces. Hago una vinagreta con mostaza, aceite de oliva, sal y balsámico y saco la última cerveza que me queda en la nevera.

Pongo la televisión. Hago zapping. Ni con el canal digital encuentro algo potable. Ceno mientras busco y finalmente veo algo que me apetece. Una película que no me dio tiempo de ir a ver al cine hace 4 años ¡Qué bien! Es una comedia romántica, es perfecta para acabar el día. Luca se me acerca con la pelota, quiere jugar ¡Ahora no niña! Pero es más cabezona que una maña y se te queda mirando fijamente con cara de pena. Al final lo consigue, si es que… ¡No sabe nada el bicho este! Se la tiro repetidas veces hasta que parece que se cansa un poco y vuelve a echarse junto a mí en el sofá. Menos mal. Voy picoteando del súper bol de verdes y viendo el film al mismo tiempo que le acaricio la barriga ¡le encanta que la soben! ¿Y a quién no? Pienso para mis adentros.

¡Anda! Me acabo de dar cuenta de que estaba haciendo más de 2 cosas a la vez…

Final feliz, comieron perdices y yo tengo una sensación de bienestar total y rotunda. Ya no estoy borrachita pero estoy contenta. Apago la tele y recojo la cocina. Soy muy maruja, es otro dato sobre mí.

Antes de irme a mi habitación miro si tengo mensajes en el ordenador. ¡¡Siiii!! ¡Tengo un mail suyo! Jo, parezco una adolescente con lazo rosa incluido. Me dice que ha recibido el mensaje de esta tarde pero que no me ha contestado porque estaba en una reunión. Me echa de menos, tiene ganas de volver a verme. Ahora sí que mis mejillas no pueden bajar de su estado de levitación repentina. Qué bonito es el amor. Ahhh…

Me voy a limpiar la cara. Lo explicaré. Muchos hombres piensan que solo nos lavamos la cara en caso de haber salido a la discoteca. No, no es así. Nosotras nos cuidamos la piel cada noche, al menos hablo por mí y por mi grupo de amistades femeninas con las que he compartido baño alguna noche. Aunque no nos maquillemos, la piel se ensucia, con la moto mucho más. Así que yo, me limpio la cara. Me paso el hilo dental, sino se me hacen caries entre los dientes y las muelas porque los tengo muy apretados. Me lavo los dientes, me doy mis cremas de la zona T (frente y nariz), mis cremas de las zonas mixtas (cachetillos) y mis cremas para el contorno de ojos. Ahora os estoy vacilando, solo me pongo 2, la de toda la cara y la del contorno. Si es que ¡Os lo creéis todo!

Cuando ya parezco una brocheta de mantequilla, me meto en la cama con cuidado de no resbalar y me pongo una montaña de almohadas detrás de la espalda, que sensación tan esponjosa, parece que estoy entre algodones, es tan blandito. Estoy leyendo la historia de un señor japonés que está en un aeropuerto y pasan cosas. No doy detalles. ¿Que han pasado? ¿20 minutos? Suena el teléfono. Son las 12:48 de la noche, ¿Quién será ahora?

No oigo nada, ni voz, ni respiración, nada. Cuelgan. Como pone número privado, pensé que sería cualquiera de mis hermanas mayores porque viven en Estados Unidos y a veces no se reconoce el número al intercambiar redes con España, bueno, digo yo que es por eso. Sea por la causa que sea, me da mucho coraje que no te ponga el destinatario. Es desconcertante si no llaman de nuevo. A los 2 o 3 minutos vuelve a sonar. No digo nada y escucho con atención, hasta me presiono el aparato a la oreja no sea que suene flojito. Finalmente suena una voz que parece que le sale del culo al que sea. No es español, es americano. No la reconozco pero sabe muchos detalles míos, me conoce. Se ríe y dice que debo de estar flipando. En efecto le digo. Le pregunto su nombre y contesta John, de Michigan. Me llevó a West Point hace muchos años y a Mackinac Island. Me quedo de piedra, si no estuviera tumbada me habría caído seguro ¡Es John!

Le digo que ya puede estar contándome el motivo de su llamada y que es alucinante que me haya localizado. Emito ruiditos con la boca y él puede oírlos. Se vuelve a reír. Le pregunto mil cosas como una metralleta cargada y él contesta una tras otra. Sigue siendo militar pero ahora tiene un alto cargo, está en España por unos días y le pidió el número a mi ex cuñado ¡Qué fuerte! Estoy flipando. Necesito digerir la llamada, no digo nada durante unos segundos. John me dice que si sería posible vernos en dos días, estará en Barcelona. Por supuesto que sí, me ha dicho que nunca ha estado aquí y sería un placer poder mostrarle la ciudad con mis ojos. Quedamos en que él me llamará mañana pero tardamos un rato más en despedirnos. Hay mucho que contar con John, han sido muchos los años desde que me llevó al aeropuerto en Junio de 1996. Fue una especie de noviete que tuve en América. Yo volví a España y él siguió su camino. Así de simple. Nadie fue herido en esta historia.

Ahora no puedo leer, me es imposible concentrarme después de haber recibido esa llamada ¡Ya ves! los fantasmas del pasado pueden aparecerse en cualquier momento, bueno, al menos este tipo de espectro no da miedo, más bien te deja con una ceja arqueada y dubitativa.

Estoy cansada y quiero dormir pero noto los ojos como si llevaran un palillo incrustado de arriba abajo. Esta noche quiero soñar, crear películas mentales a oscuras y taparme con el edredón hasta el cuello. Me siento positiva, con una energía desbordante, quiero comerme el mundo. Repito una vez más para mis adentros, amiga mía, todo irá bien. Si John te ha localizado después de tantos años ¿Por qué no vas a encontrar un trabajo mañana mismo? Doy rienda suelta a mi imaginación y al mismo tiempo mi mano busca tímidamente el interruptor de la luz, le doy un golpecito, todo queda en penumbra. Durante minutos no dejo de analizar experiencias vividas pero el palillo se empieza a desvanecer, noto como mis parpados caen lentamente, mi respiración se vuelve cada vez más intensa, mi pulso se ralentiza y finalmente, cierro los ojos.

PRENSA .   QUIÉNES SOMOS .   CONTACTA .   AVISO LEGAL

Eñe recomienda:
Un proyecto de