Primera vuelta a las sesiones después de haber terminado en tratamiento.
_De nuevo estaba solo y ya hacia tiempo que llevaba inconscientemente madurando algo. Había terminado una obra de teatro. En ella reflexionaba sobre los sueños y su acercamiento a la realidad.
Pero no era eso. Era otra cosa, tal vez la había estado buscando desde siempre.
Todo mi largo bagaje fuera de la voces instructivas apuntaba en aquella dirección.
Aquel día me sentía muy despierto. Cuando salí de la biblioteca, iba dándole vueltas a lo último que había leído, Rimbaud, las cartas del vidente, y de repente, me fijé en la orilla del río. En aquel momento, había una estampa digna de un cuadro. Era el atardecer y en un pequeño reducto de hierba verde, cerca del agua, con un inmenso contraste sobre la carretera llena de coches que pasaba por al lado, divisaba, una mujer rubia iluminada por un rayo de sol retrasado. Parecía otro mundo. Un lugar maravilloso en mitad de la calle principal. Un imposible en el tiempo. No pude evitar la curiosidad y me dirigí hacia ella, con paso firme pero sin prisas. Por el camino iba pensando lo que le diría. Cuando llegué procuré hacer un esfuerzo para que ella se sintiera cómoda, y tuve que transmitirle toda la inocencia que pude, incluso convenciéndome a mí mismo de mi honestidad, me presenté y le propuse actuar en mi obra de teatro, y aceptó.
Era increíble. Al verla de cerca me fascinó. Era rubia, pero sus ojos de un gris verdoso, como nunca había visto antes. Su rostro era divino. Se llamaba Nicole.
Ella vivía en Granada y había venido un sólo día para visitar Sevilla. Era alemana. Acaba de terminar el bachillerato, allí entonces, les dan un año sabático para que piensen la carrera que quieren estudiar. Ella estaba dedicando este tiempo a viajar por el mundo.
Fuimos andando hacia una cafetería y a los cinco minutos ya me había propuesto pasar unos días en mi casa. Era viernes, yo le advertí que mi casa dejaba mucho que desear porque necesitaba ciertos arreglos, era muy vieja y el cuarto de baño estaba que se caía a pedazos, pero que naturalmente si le apetecía ya tenía donde quedarse.
Estaba acostumbrada a todo, no era nada pusilánime. Había estado en sitios peores porque había recurrido medio mundo. Mucho ruido, mi casa por ahora estaba en silencio. Decidió quedarse unos días. La instalé en el cuarto de invitados. Al rato ya estaba paseando por la habitación en ropa interior roja. Hablábamos español perfectamente ante la precariedad de mi inglés.
Me aconsejo sobre la destrucción y renovación en IKEA de los muebles de mi difunta abuela. Mi abuela había muerto meses atrás. Tenía los ojos más profundos que he visto nunca. Era muy alta. Y tenía una risa fresca como el agua. Además de un refinado sentido del humor. Era muy deslumbrante.
Cuando leyó mi obra me dijo que le había gustado, porque tenía muchos detalles. Yo le dije que era una especie de llamada a una persona muy especial. Ella me dijo que llevaba un tiempo sintiendo como si alguien la llamara. Tal vez estaba escrito que nos encontráramos. Al sentarse en mi sofá tuve la certeza de aquello era un sueño hecho realidad. No soy creyente, pero si lo fuera diría que el mismísimo Dios quien me la habría envidado. Aquella era una tarde mística para mí. De una mística pagana.
Solo alguien como Él podría conocer tan bien mis gustos y dejar lo demás al azar.
Poco a poco me fui dando cuenta de que coincidía perfectamente con el personaje principal de la obra. Era como si yo la hubiese conocido antes y me hubiese dedicado a escribir una obra describiéndola a ella.
Era ella, en serio, había intentado hacer la obra con al menos otras cien mujeres anteriormente, y aquello no tenía nada que ver. Se estaba haciendo realidad lo que yo había imaginado. Tenía que cogerme una borrachera para celebrarlo.
Por la noche la llevé con el grupo de poesía monedista y nos fuimos a la plaza de doña Elvira a cantar canciones de los sesenta.
_“Well this could be the last time, this could be the last time, maybe the last time I don´t know.. oh no oh no”
Aunque había mucha atracción entre nosotros creo que yo no le gustaba. Era más joven que yo. Y quizá yo no era su tipo. Nunca hicimos el amor, ya me habría gustado a mí.
Tal vez yo tenía muchos escrúpulos con su belleza y le guarde demasiado respeto.
No lo sé. Tal vez ya había pasado mi hora. El caso es que la obra fue representada. Un éxito dentro de nuestras modestas posibilidades. (La hicimos en un bar)
En una escena le mordí el labio y casi me abofetea en público. Eso no lo hicimos nunca en los ensayos. Nicole era muy hermosa. Su pureza me recordaba a cuando yo era más joven. A su lado parecía que el tiempo se paraba, y encontraba uno la paz, una paz mejor que la muerte. Claro que todo muy Platónico.
Un día estábamos tirados en mi sofá y nos juntamos tanto que podía oler la dulce fragancia de su sexo, era ácida como una fruta.
Pero como no pasaba nada decidí renunciar. La utilicé sólo para escribir poemas.
Era la respuesta a una pregunta que me estaba haciendo ¿Pueden hacerse realidad los sueños? Era evidente que sí.
Fue mi inspiración durante mucho tiempo. Su existencia redimía al mundo de tantas atrocidades….
Luego fue muy gracioso porque se puso a trabajar de camarera en un café de Indias.
Y yo encontré pruebas para mis sospechas… un poema que había escrito el año anterior, donde hablaba de una musa que trabajaba en una tienda de café. ¿Coincidencia?
Otra tarde yo fui a casa de Mr Whorting y me presentó a una amiga de su novia una tal Mercedes. La verdad es que estaba buena. Era guapa, una cara un poco estropeada pero guapa. Grandes tetas y una cintura de avispa, una gran mujer.
Ellos le hablaron de mi obra de teatro y ella enseguida se ofreció para actuar.
Estaba totalmente seducida por mi lenguaje aprendido en los libros de la biblioteca.
De broma decidí hacerle una prueba. Le dije llora y se puso a llorar. Tendría que haberle dicho que me hiciera reír porque su divorcio estaba muy reciente y llorar se le daba muy bien. Me dijo que era de Huelva y me dio su número de teléfono. Según supe después era una promiscua de cuidado, otra “guarra.”
Esa noche salimos a tomar una copa los dos solos y tuve la mala suerte de encontrarme con Nicole que volvía de su trabajo en la cafetería. Fue algo incómodo enrollarme con otra delante de ella, pero al fin y al cabo yo no le gustaba y la otra se estaba poniendo algo nerviosa por la competencia. Ya estaba entre el cielo y el infierno.
El fin de semana siguiente, decidí irme para Huelva para volver a verla. Y así lo hice. Nicole estaba triste pero no quería reconocerlo. El problema era que no llevaba mucho dinero. Cuando llegué Mercedes no me recibió, me indicó que su piso estaba enfrente de la estación de autobuses. Al subir le instalé el equipo de música porque como se había divorciado estaba de mudanza y no sabía ponerlo.
A esta le gustaba mucho AC DC, así que pusimos música y comenzamos a beber litros de cerveza. Se me había olvidado que Mercedes era un poco Alcóholica. Ambos fumabamos Chersterfield y de cuando en cuando un chupito de tequila. Por supuesto me había traído una cinta de los rolling… el exile on main street.
Fuimos a cenar a un chino, que tenía el pollo frito más rico que he comido nunca, pero en ese lugar se acabaron definitivamente mis reservas económicas.
Cuando llegamos a su casa nos echamos un par de Whiskys y pusimos mi CD de los stones. De repente me dijo:
_Vamos a divertirnos todo lo que podemos porque nos vamos a morir.
Primero me bajo la brageta del patalón y comenzó a chupármela. Lo hacía muy bien, con suavidad, se veía que tenía experiencia. Me gusta que las mujeres tomen de cuando en cuando la iniciativa. Sobretodo cuando a mí me entra mi estúpida timidez.
Luego me hizo un striptease, y menudo sofocón me entró cuando se quitó el sujetador… eran tetas de mentira, es decir de silicona…
A mí nunca me había pasado algo así, es decir, con la ropa parecía otra cosa, por lo menos la parte de arriba… la verdad que no me gustan ese tipo de tetas, pero bueno el caso es ya estaba muy entonado y la parte de abajo estaba bien, así que tuve que hacer de tripas corazón y ponerme a dale que te pego.
Me la folle en el suelo del salón. Los gritos podían oírse muy lejos supongo.
Esa noche me gustó dormir con una extraña, era como si tuviese una simpatía universal, que abriera las puertas de todas las desconocidas del mundo de manera natural.
Tenía un enorme edredón nórdico. Nos despertamos con una enorme resaca toda la magia se había desvanecido. Por la mañana nos bebimos toda la bebida que había sobrado de la noche, que no era poca. Luego nos pusimos a cocinar y comimos espaguetis con carne y tomate. Yo estuve buscando en su escasa videoteca y le propuse ver por la tarde una de sus películas.
Lo rechazó quería seguir bebiendo, pero como no teníamos más dinero la cosa se puso muy violenta. Ya no teníamos ni siquiera un par de cigarros.
Estaba a acostumbrada a su ex marido un comisario de policía que tenía mucho dinero.
Incluso me enteré de que se la llevaba a la comisaría porque le daba miedo dejarla sola.
Yo era un buscavidas me había descubierto, pero acaso no se lo había pasado bien.
Entonces se puso insoportable con lo que no tenía dinero y en un arrebato de orgullo me marché. Comencé a pensar en Nicole.
En ese momento si hubiera podido me hubiera presentado en casa, con ella.
Supongo que Mercedes se había puesto así porque se daba cuenta de que no me quedaba dinero para volverme y me lo iba a tener que prestar. Por aquel entonces ella tenía solo la pensión que le pasaba su ex marido.
De esa manera fue como me encontré al atardecer en una carretera haciendo auto stop.
Enseguida se hizo de noche. Sonaba el móvil, era Mercedes me decía que volviera que me iba a dejar el dinero. Yo le dije que era demasiado tarde. Ya andaba a varias decenas de Kilómetros por una oscura carretera comarcal.
Sonaba el móvil era Mr Whorting que me preguntaba si iba a salir esa noche. No me paré a explicarle todo aquello. Sencillamente le dije que no.
Pero el caso era que de seguir así iba a tener que hacer ochenta kilómetros andando.
Nadie me paraba. A las doce me paré en un pueblo llamado Niebla. Decidí esperar a que se hiciera de día, entre en un cajero automático porque ya empezaba a hacer mucho frío.
Me acosté en el cajero. A las doce y cinco llamó Nicole. Le dije que ya estaba de camino pero que no llegaría hasta mañana. Me preguntó que cómo venía. Le dije que venía a caballo.
Se echó a reír. Cuando amaneció iba a reanudar la marcha pero tuve una idea.
Podía pedir limosna hasta alcanzar el precio del billete de autobús hasta Sevilla.
Llegué a un salón recreativo y comencé increpar a los ludópatas:
_¿No os da vergüenza tirar el dinero, mientras yo no tengo dinero para tomar el autobús hasta mi casa?
En pocos minutos había conseguido el dinero. Los ludópatas no estaban acostumbrados a este tratamiento de choque.
Llegue a las doce de la mañana. Nicole se había ido a trabajar.
Ahora comprendía a lo que se refería Rimbaud cuando hablaba de que la poesía del futuro sería como las matemáticas. Ella era la X de la ecuación. Mi búsqueda había concluido. Ciertamente aquello era predecible. Él había pensado en el siglo diecinueve todo lo que nos había pasado a nosotros. Ahora me había hecho consciente.
Había resuelto la ecuación. Mi hipotético Dios era el inconsciente colectivo. Y ella el gran sueño. El vidente contaba en sus cartas todo lo que ahora me había sucedido.
Esa vez ella estuvo en total dos meses y durante varios años mantuvimos una preciosa amistad, hasta que un día se caso con un joven banquero. Se quedó toda su vida en España. Muy pronto tuvieron descendencia. Pero desde que se fue Nicole se acabó todo el misterio y la vida fue un aburrimiento.
Los ruidos
La verdad que yo nunca elegí vivir aquí. Las circunstancias me arrastraron, hace mucho tiempo mis padres fallecieron en un accidente, y tuve irme a vivir con unos tíos a veinte kilómetros de aquí.
Más tarde al cumplir la mayoría de edad, ellos me echaron de su casa y como no tenía ningún lugar a donde ir, me vine para acá. Este era el piso de mi difunta abuela. Viví con ella hasta que falleció hace un par de años y desde entonces lo hago solo. Este lugar no es gran cosa pero lo cierto es que ahora es mío.
Está en el barrio es popularmente conocido como “el tardón” y sus viviendas fueron construidas en los cincuenta por “el caudillo”.
Si os estáis preguntado a qué se debe ese nombre tan absurdo es debido se entregaron mucho tiempo después de su fecha y les pusieron este simpático apodo. Eso es la parte anecdótica pero la verdad es que son unos pisos de pura pena. Tienen más de cincuenta años y están hechos con materiales de la prehistoria.
Además es un barrio de ancianos, no tengo ningún vecino ni vecina de mi edad y esto me hace sentirme un poco abandonado.
Quizá pensáis que porqué no me he largado de aquí, a un lugar más adecuado para un joven con aspiraciones estéticas. Bueno, el caso que no tengo un pavo y como están las cosas ahora...
cuando mi abuela compró el piso, por cierto por un precio razonable, ahora risible, nadie se imaginaba lo que iba a suceder con la especulación. Mucho menos lo de la crisis de las hipotecas subprime que ha pasado en EE UU y ahora se ha convertido en una crisis mundial. En este barrio los precios se han multiplicado por cuatro desde entonces, como para pagar uno de esos elevados alquileres, o peor aún una mítica hipoteca, un vago como yo, que no quiere pensar en un trabajo ni en la peor de sus peores pesadillas.
No, no es lo que parece. Es que sólo tengo veinte años y para trabajar siempre hay tiempo. No tengo prisa, al final todo el mundo lo acaba haciendo y se le pone esa estúpida cara de pocos amigos.
Además espero que yo tenga más suerte. Ya sé que la poesía no se vende mucho últimamente, pero quizá escriba una novela. Una de esas novelas cortas al estilo de” breakfast at Tiffany`s”de Truman capote, y la llevarán al cine y podre vivir de los derechos de autor.(Aunque ahora con Internet ya nadie paga).
Sino seré rentista... tengo un pequeño local por el que recibo una modesta suma. Esa fue la herencia de mis pobres padres, pero con un poco de suerte conseguiré algo más de patrimonio y que me paguen buenos alquileres. No necesito la jubilación del estado, con la mía que paguen a los parados.
Pero a mí, lo de la crisis económica me daría igual de no ser por un pequeño detalle. Nunca he sido demasiado ambicioso, y yo pertenezco más bien al circulo de los artistas. Soy un idealista.
No me interesan las acciones de la bolsa o el precio del barril del petroleo. Si me dejaran el dinero suficiente para vivir dignamente me dedicaría a lo que realmente me gusta: El arte.
Pero el destalle es que tengo problemas con los vecinos. El de abajo es peor que yo. En realidad es un personaje de risa. La España negra. Una especie de jubilado apasionado de los toros y del vino que vivía pegado a la maestranza y por haberle quitado el piso para hacer negocios inmobiliarios (una expropiación) la junta, ahora le puesto otro debajo de mí.
Incluso tiene una novia (la de la limpieza) una mujer veinte años más joven que él, que debe tener cemento en lugar de materia gris.
He de reconocer que no empezamos muy bien, yo tenía una amiga alemana, una hippy de Hamburgo que estaba de paso por la ciudad y que gozaba de mi hospitalidad, pero me abrió los ojos respecto al asunto de los muebles de mi abuela. No eran bonitos.
Justo por aquella época acaban de abrir un enorme IKEA en la ciudad. Decidimos que todo iba a ir para la basura y estábamos en ello con un hacha y todo, cuando desafortunadamente uno de ellos, el más grande se vino abajo y claro, hizo un ruido terrible.
No fue un buen principio, lo admito, cuando llegó la policía como ya no había ruido ni nada, me multaron por estar escuchando a las doce de la mañana, en una pequeña radio despertador a “la oreja de Van gogh” eso fue lo más humillante.
Evidentemente ni pague multa ni nada (no tenían pruebas) pero al menos podían haberme multado por escuchar a “los rolling” o algo así. Bueno, era lo que le gustaba a ella, pero ¿Y mi reputación?
A diario, creo que lo que más le molesta de mí es que escucho la música muy alta. ¿Qué pasa? Más alta es mucho más emocionante, y desgraciadamente soy joven y mi corazón me lo pide.
Él no se para a escucharla, si lo hiciera le acabaría gustando, para él son simplemente ruidos.
Yo tengo un gusto muy variado y ya me he dado cuenta que a él le gusta la flamenco del malo, es decir las sevillanas, las rumbas etc..
¿Cómo le puede molestar cuando estoy escuchando Camarón? Bueno que le moleste Franz zappa, puedo llegar a entenderlo. Incluso si no le gustan los Beatles podría tener cierta lógica.
Pero hay tantas otras cosas que yo escucho que también le molestan...ni si quiera le gusta la música clásica.
También estaban los de enfrente, un matrimonio del montón que encima ha tenido la feliz idea de reproducirse con un retoño.
Puede que sea un poco duro, pero es que son totalmente patéticos y tristes.
Nunca hacen nada para divertirse y como son pobres siempre están encerrados en casa sin poner si quiera la estufa para ahorrar en la factura de la luz.
El otro día llegué a casa ( no es por la crisis ni nada, ellos han sido siempre así ) y tenían puesta una pegatina en su portal porque la compañía de la luz les avisaba que si no pagaban las facturas que debían lo siguiente sería contarles el suministro.
Claro que el monstruo de abajo es mucho peor, ya lo he llevado a juicio, en realidad tiene orden de alejamiento ¡Cómo si eso sirviera de algo!
Desde entonces, cada vez que salía o entraba en mi casa lo hacía en un estado de tensión insoportable. A mi pesar comenzaba a entender a las personas que viven bajo amenaza.
Ustedes no saben lo que es vivir de esa manera, es una angustia constante.
Un simple ruido basta para él abra su puerta y se dedique a insultarme, no voy a reproducir sus insultos porque me parece de lo más vulgar.
Y el caso es que como vive en la planta baja y yo en el primero es muy difícil esquivar toda su mierda.
Piensa que tengo algo contra él, se equivoca, una vez me sorprendí a mí mismo pensando maneras de joderlo y enseguida me lo reproché.
No quiero perder ni un minuto de mi precioso tiempo en algo como él mientras pueda evitarlo. Quiero que quede claro que para mí “el tipejo” en cuestión es totalmente indiferente, y sólo pienso en esto lo menos posible.
Pero una vez fue demasiado lejos. Y es que me golpeó con su bastón de vejete y se le rompió en mi cadera. No me dolió, estoy muy delgado y los huesos no duelen a menos que se rompan. Pero claro fue una afrenta. Yo me quedé mirándolo a los ojos y me abstuve de responder, no me hace falta pegarle a un viejo para sentirme mejor. Pero lo denuncié. Y preparé el juicio con todo lujo de detalles. Incluso bajé a la calle para recoger los trozos del maltrecho bastón. Es cierto que yo sabía algo de leyes porque mis tíos antes de echarme me obligaron a dar clases con un juez para prepararme una oposición a la administración de justicia. Pero para mí aquello fue un placer intelectual.
Mi estrategia fue el cinismo. Como yo sabía que cada vez que me veía ,el condenado, comenzaba a insultarme me limite a dejarlo hablar a él todo el tiempo. Cuando la jueza me preguntó qué me ocurría con aquel individuo, yo le dije que a mí nada, que me mejor le preguntara a él.
Como un resorte mi viejo enemigo no falto a su cita con la infamia y la jueza comprendió rápidamente.
Luego le enseñé el trozo de bastón, la pieza de convicción, y el mentecato no negó que fuera suyo, dijo que seguramente traerlo era una estrategia de mi abogado.
Mi elocuente defensa me llevó a ganarle unos buenos cuartos como indemnización, pero sobretodo a desquitarme de su locura y a enseñarle que la justicia estaba de mi parte.
A partir de entonces me llamaba “ el confidente”....
Aunque no fue una victoria completa; ahora se dedicaba a hacer ruidos, a babear, a dar golpes con un palo en el techo de las habitaciones una por una, a discutir a grito pelado con su pareja, y naturalmente los insultos no habían cesado, de nada le sirvió que la jueza lo amenazara con la cárcel puesto que en realidad está algo pirado y no medía las consecuencias de sus actos.
En el fondo me daba un poco de lástima, pero no debía ponerme sentimental porque estaba seguro que él en los bares se dedicaba a fanfarronear de que me estaba ganando.
Cuando llamaba a la policía, como era una cosa que sucedía a diario, algunas veces venían y otras no, hasta que un día dejaron de venir definitivamente.
Yo como un ávido lector que soy, había leído casos como el de Arthur Lee (el cantante del grupo LOVE) gente que había sido disparada por asuntos similares (escuchaba la música muy alta y un vecino le pegó un tiro de escopeta que lo mandó varios meses al hospital) y sin embargo aunque es cierto que tenía cierto miedo no quería marcharme de aquel lugar.
He de decir que un día en pleno furor de su locura advirtió a los policías locales que tenía una escopeta de caza y una licencia de armas. (Aún no he descubierto si es cierto, aunque creo que era un farol.)
Por supuesto, la policía a pesar de la gravedad de las amenazas ni siquiera comunicó estos hechos a la jueza.
Incluso se ha atrevido a buscarme donde trabajo, y lo ha conseguido debido a que reconoció el uniforme que normalmente llevo, y se presentó con la policía en las oficinas centrales de mi curro.
Menos mal que los de mi empresa son más sinvergüenzas que yo, y no se asustan de nada.
Pero en realidad si estuviese en un trabajo decente hubiera sido un problema colosal.
Los que fliparon fueron mis compañeros de curro, por el odio que me tenía, incluso me amenazaba delante de la policía...
A veces pienso que estoy cogiendo un poco de complejo de “freak” y es que también me pasan con otra gente.
Un día iba paseando por el casco histórico con la gorra francesa que me había regalado la hippy alemana cuando unos señores se acercaron y me ensañaron sus placas. (Eran secretas y seguramente pensaban que yo era un carterista).
Evidentemente aquello me dolió mucho porque qué hay más inocente que pasear, y cómo podían pensar aquello por verme con aquel regalo, para mí algo sagrado, que en la cabeza de la alemana la hacia estar muy guapa, mientras que en la mía ser sospechoso.
Otro día llegué de comprar y me encontré un cable ardiendo en la puerta de los vecinos del montón, llamé al presidente de la comunidad, un viejo arquitecto que vivía en el cuarto, y cuando los bomberos lo hubieron apagado los de al lado comenzaron a agradecer que les hubiera salvado la vida...
Yo les tenía prohibido que me dirigieran la palabra, estos sí, no como él de abajo, me hacían caso, me dijeron que a pesar de ello pensaban que yo no quería nada malo para ellos..
¡Serán cretinos! ¿No se daban cuenta de que solo me preocupaba mi propio pellejo?
Pero lo peor sucedió las últimas navidades. Recuerdo que aquella noche yo estaba muy contento porque había me habían seleccionado un poema en un concurso por internet. Estaba solo en casa viendo una pelí, cuando comenzaron a escucharse unos gritos espantosos que provenían de la casa del loco.
Yo pensaba que no veía prestarle demasiada atención, porque todo provenía de la casa de mi vecino el chalado siempre resultaba ser un problema inmenso. Incluso puse el volumen más alto para intentar pasar del tema. Pero era imposible.
Sonaba como una pelea con su amante. Más bien como una paliza a su amante. Los ruidos eran claros. Eran golpes. Y también podía escucharse claramente como ella salía despedida contra los delgados tabiques de la casa. Para una persona con imaginación como yo, ya podía verse incluso la sangre.
No soy una alguien al que le guste meterse en la vida de los demás, pero tampoco me gusta permanecer impasible ante este tipo de cosas. Llame al 112 y les pedía que por favor mandarán una patrulla al piso de abajo porque a mi me parecía que se estaba cometiendo un crimen de violencia de genero.
Cuando llegó la policía pude escuchar perfectamente la conversación. Aunque eran evidentes sus heridas. Ella insistía en que se había caído. Los policías le dieron un número para estos casos, y le preguntaron si quería interponer una denuncia. Ella contestó que de ninguna manera. La policía comprendió que si no había denuncia no podía hacer nada y les rogó que en ese caso tuvieran más cuidado porque estaban molestando a los vecinos. Después se marcharon.
Al día siguiente ella apareció muerta.