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Pérez Fernández, Sonia (Klaatu)

Arqueología lunar

                                  ARQUEOLOGÍA LUNAR

 

La noche empieza con un paseíto agradable por el Corso de Vittorio Emanuele. Y como vas hablando y riendo por tonterías, pues ni te enteras y te plantas en la Piazza Venezia como quien no quiere la cosa. Giuseppe y Angelo llevan varias cervezas en el cuerpo, ya no se aguantan más y les da por irse hasta la tapia del Museo del Risorgimento. Como si Garibaldi les fuera a oír, se ponen a pegar gritos de E’vivva l’Italia !!    dibujando círculos con la meada. Mientras les espero, no veo más que gatos: son las vacas sagradas de Roma.

Nos encaramamos después al muro de los Foros por donde asoma el arco de Septimio Severo. Todo es una tumba enorme, morada por la luz fantasmagórica. La luna, enorme también. Y no tenemos nada mejor que hacer que pasar miedo allí, los tres, apoyados en los ladrillos, mirando los esqueletos de los templos. Saltamos el muro sin pensar en la multa. Ni en los socavones. Sólo en los trozos de frisos, en los fustes decapitados y en los relieves terroríficos.

Vamos mudos y plateados, levantando polvo lunar al andar. Somos unos astronautas y por la Vía Láctea que lleva a la Casa de las Vestales, nadie por aquí, nadie por allá. Quien ha estado en Roma y no se ha colado de noche en los Foros, nunca viajará a la Luna.

Nos sentamos en el suelo, entre capiteles compuestos selenitas y desparramados. Angelo se pone a rebuscar en el paquete de tabaco. Giuseppe le pasa el papel de fumar. El humo del porro asciende muy fino y, bien orientado, guiñando un poco los ojos para mirarlo, parece una chimenea en el templo de Antonino y Faustina.

Observando atentamente las ruinas llegamos a la conclusión de que las Vestales debían ser unas señoritas Barbarellas pero en virgen y con túnicas de amianto. De fuego sagrado, nada; que lo que custodiaban era el mismísimo Sol. Es imposible cualquier otra cosa en un paisaje así.

Las columnas, los arcos de triunfo, las paredes derruidas: estamos rodeados de zombis arqueológicos y tan escalofriantemente a gusto se nos pasa el tiempo repanchingados en un cráter.

A las dos de la madrugada, mil horas y un millón de años atrás en la Tierra, se nos aparece un tipo con escafandra y tenemos que salir por patas porque lleva espada de luz de láser. O lo que es lo mismo, gorra y linterna. Corremos hasta el muro sin pensar en el flato y sí en la multa, esquivando socavones, con los pantalones marrones de tierra. Escalamos. Y también lo hace una pareja muy cerca de nosotros. Y tres hombres que parecen ser marroquíes. Trepa incluso un cura con sotana y una puta que le acompaña. Y gatos por todas partes. Una prueba de salto de vallas parece aquéllo.

Y es que los Foros de Roma tienen también un público nocturno, que entra gratis, sin esperar cola y sin perder el aliento detrás el guía. Sin turistas japoneses, sin prisas ni horarios hasta que llega la policía.

Pero si aún quedan ganas y papel de fumar, te plantas en el Coliseo como quien no quiere la cosa y amanece tan ricamente en la nave nodriza.

Fdo: Klaatu

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