- Me temo que el problema con su hija Alicia no puede definirse como una simple timidez o dificultad para relacionarse .. creo que va más allá de una cuestión social .. -
El director de la escuela hablaba pausadamente, intentando no alarmar demasiado a los padres de Alicia.
Era la primera vez que Pablo y Ana iban a verle. Ambos estaban nerviosos e intentaban retener cada palabra que el director decía, a pesar de que la cabeza les daba vueltas, pensando en si el problema sería tan grave como para haber tenido que presentarse aquel sábado por la mañana en el colegio, fuera del horario de clases.
Alicia nunca había tenido ningún tipo de comportamiento extraño en casa; si bien era una chica de siete años más bien callada, no presentaba ningún síntoma que pudiera diferenciarse de los demás niños de su edad .. es cierto que muchas veces se quedaba mirando la televisión sin decir nada, con los ojos abiertos como platos u observaba a Pablo, en su estudio, cuando trabajaba con el ordenador en sus diseños; pero como todo menor, lo atribuían a su gran capacidad de atención y curiosidad. Será una gran periodista, solía bromear Ana.
- Como les decía, la gravedad del problema reside en la propia raíz de éste. Me explico .. no es nada que no pueda solucionarse si incentivamos de manera adecuada a Alicia .. -
- Podría ir al grano, por favor? - Pablo empezaba a perder la paciencia y no podía soportar la manera con la que el director daba rodeos sobre el tema, haciendo que miles de ideas, a cada cual peor, crecieran en su cabeza. No hay nada como la sospecha sin conocimiento para hacer que todos los temores cobren vida.
- Si, perdone .. pues verán .. el problema con Alicia es, a nuestro entender .. -
Pablo calculaba mentalmente si el teléfono sería lo suficientemente resistente para reventar la cabeza del director o si utilizaba el cenicero que había justo al lado del bote de lápices. Le dio 5 segundos para responder antes de actuar ..
- ... como comprenderán es una conclusión a la que hemos llegado tras hacer multitud de pruebas y varias reuniones entre los profesores..-
3 segundos ..
- en fin, lo que creemos es que su hija Alicia carece de imaginación -
Silencio.
Eso es lo único que inundaba el despacho tras aquella frase. Poco a poco volvió a llenarse con los gritos de los niños que jugaban en el patio de la escuela, los motores de los coches y el ambiente urbano .. pero en el interior del despacho nadie decía nada.
A Pablo fue como si le hubiesen echado encima un cubo de agua fría .. eso después de que una manada de bisontes le pasase por encima y hubiesen utilizado su corazón para jugar al balón prisionero.
Pablo era publicista, se ganaba la vida inventando mil ideas, viendo cosas donde no las había, detalles a lo que nadie prestaba atención y formando historias de la nada.. su mente no podía concebir que alguien no tuviera imaginación .. algo tan sumamente maravilloso, más enriquecedor que el mejor de los libros, una manera de evadirte y de ver la vida del color que quieras darle ..
Sintió como el mundo se desdibujaba a su alrededor. Veía al director mover los labios y a su mujer asentir, sabía que seguían hablando, pero no oía nada. Era un espectador sordomudo en una tertulia en la que no quería participar.
Condujo hasta casa y fue directo a su cuarto. Y sentado al borde de la cama fue consciente de su propia respiración, miró las paredes de la habitación y por fin tuvo consciencia de dónde estaba y de lo ocurrido. Y lloró. Impotente, triste e incrédulo ..
Ana lo conocía lo suficiente como para saber que necesitaría al menos un cuarto de hora para desahogarse, así que fue a la cocina a preparar algo de picar para Alicia, quien había estado jugando en el patio mientras sus padres hablaban con el director, había subido al coche sin hacer ningún tipo de pregunta y nada más llegar a casa había corrido a su cuarto a descalzarse y coger el DVD de su película favorita, la que había visto más de 20 veces y se había convertido en la banda sonora de la vida en casa.
Dejó a Alicia en el cuarto de estar comiéndose un pequeño sándwich vegetal y subió a la habitación donde estaba Pablo. Lo encontró hecho un ovillo encima de la cama, acurrucado a la almohada con la cabeza incrustada en ella. Se preguntó si cuando ella se ausentaba de casa por algún congreso él se pasaría así toda la noche echándola en falta. La imagen le hizo ver aún más adorable a su marido y le ayudó a sonreír, a pesar del tremendo nudo que agarrotaba su garganta y el vacío que sentía en el estómago.
Se sentó en el borde de la cama y mientras acariciaba su alborotado pelo le preguntó qué tal estaba.
- No puede ser .. no tienen ni puta idea -
La voz de Pablo sonaba hueca. Sacó la cabeza de la almohada. Tenía los ojos húmedos, rojos e hinchados. Ana le acarició la cara y con el pulgar limpió las pequeñas gotas que todavía sobresalían de la comisura de los párpados.
- La alergia .. una cosa .. - Pablo intentó bromear, pero las palabras le salían sin fuerza, vacías.
- Tranquilo, cariño, verás como se nos ocurre algo para incentivar a Alicia. El director dijo .. -
- Ese imbécil no tiene ni idea de lo que le pasa a nuestra hija .. si es que le pasa algo, vamos - Pablo intentaba incorporarse según hablaba. Estaba desahogándose y sentía que le volvían las fuerzas .. - porque yo la veo perfectamente. Está sana, es más lista que el hambre y tiene amigas. Joder, ni que fuese un bicho raro! -
Pablo había conseguido incorporarse del todo y estaba sentado al lado de Ana, cogiendo su mano y mirándola, esperando una afirmación a sus ideas .. pero Ana lo miraba con cara triste, la expresión de quien mira a alguien que habla por hablar, que no se cree sus propias palabras y que se agarraría a un clavo ardiendo antes que afrontar la realidad.
- Pablo, ya lo has oído. Y son personas cualificadas, que trabajan con niños y que ven todo tipo de problemas. Lo que tenemos que hacer es intentar sacar esto adelante, hacer que nuestra niña sueñe como lo haces tú, que imagine todos esos mundos fantásticos que has inventado para ella y creíamos que existían en su cabecita .. -
El corazón de Pablo volvió a hacer un solo de batería y la taquicardia inundó su cuerpo.
Se sentía totalmente roto por dentro. Pero todo lo que había dicho Ana era cierto. Y eso era lo que más le dolía.
Besó a su mujer con todo el cariño que podía juntar en ese momento e hizo fuerzas de flaqueza para incorporarse y bajar al salón a hablar con su hija e intentar colorear su mente. Solo que no sabía cómo empezar a dibujar ni qué colores utilizar.
Vio a su hija sentada frente al televisor, con el plato vacío lleno de migas y viendo la película de la cenicienta, como tantas veces la había visto, solo que esta vez se preguntaba si se vería ella misma rodeada de animales y hadas o simplemente vería la escena como si fuera una noticia del telediario. Le dolía el corazón sólo de pensarlo .. Se le ocurrió la idea de que sería una perfecta villana de película, una mujer fría, sin imaginación y por lo tanto sin remordimientos, al no pensar en el sufrimiento de sus víctimas. Claro que tendría que tener a alguien que le inventase las armas típicas de los malos, tan perfectas como lentas en acabar con el héroe de turno...
Fue Ana quien poniendo su mano sobre su hombro y soplándole detrás de la oreja le devolvió a la realidad, haciéndole sentir egoísta al haber disfrutado de un momento tan normal para él e inalcanzable para su propia hija.
- Qué estás viendo? -
- La cenicienta. Le están haciendo un vestido precioso, a que si, papá? -
Pablo tragó saliva e intentó parecer lo más sereno posible.
- Claro que si, bonita. Y no te gustaría ser tú la que estuviera ahí, en el cuento? Rodeada de pajaritos y cantando con tu hada madrina?-
- bah .. no se .. -
Alicia ya se estaba incorporando y se acercaba a Pablo para decirle algo. Éste se agachó para situarse a la altura de los ojos de su hija. Alicia decidió dejarles solos.
- Papi .. -
- Dime, cosita ...-
- Tú crees en las hadas? -
De nuevo el vacío por dentro. Pablo quería buscar un color para empezar a pintar, pero cual?
Alicia no le dio tiempo para responder. Con un beso en la mejilla salió corriendo al encuentro de su madre, que se había acercado a la cocina a intentar preparar algo de comer, aunque sabía que ninguno, salvo Alicia, iba a probar bocado.
Pablo se quedó un rato de cuclillas, mirando al infinito, todavía pensando en la pregunta de su hija. Una idea había empezado a formarse en su cabeza, una fantasía que quizás pudiera incentivar la imaginación de Alicia ..
Se hubiera quedado horas pensando en ello si no fuera porque a partir de los 30 las rodillas no te dan más de 10 minutos de tregua y tuvo que levantarse, frotándoselas y dirigirse hacia la cocina, pero esta vez, desde que había vuelto a casa, con una sonrisa en la cara y los ojos brillantes y llenos de esperanza.
Los tres se sentaron en la mesa y Alicia comió en silencio parte de las patatas fritas que acompañaban a las salchichas Frankfurt. Ana miraba cómo Pablo jugueteaba con la comida con la cabeza en dios sabe dónde.
Alicia pidió permiso a su madre para volver al salón argumentando que estaba llena del sándwich anterior y que no tenía más hambre. A Ana lo último que le apetecía era discutir, así que le dijo que cogiese una mandarina, una bandeja y procurase no manchar.
Una vez que su hija había salido de la cocina, Ana se quedó mirando a Pablo con curiosidad, pendiente de si se daría cuenta de que le estaba observando, pero él seguía con la mirada fija en el plato, sin decir nada y la mirada perdida.
-Pablo ..-
En su mundo.
-Paaablo..- Ana había levantado un poco la voz pero no quería parecer enfadada o ansiosa. Pero éste seguía sin oírla. Decidió intentar entrar en su particular mundo, cogió una patata con los dedos y comenzó a moverla por el plato, agitándola.
- Patata llamando a Pablo, patata llamando a Pablo… necesitamos más mostaza!-
Pablo pareció despertar de repente y miró a Ana como si se hubiera vuelto loca; luego miró a la patata, que se torcía brillante sobre los dedos de ella y sonrió.
-Perdona, mi vida .. estaba .. – Y la miró a los ojos consciente por fin de donde estaba.
- Necesitamos mostaza??!! – Pablo soltó una carcajada sincera a la vez que agachaba la cabeza y daba un mordisco a la patata. Ana retiró la mano y la soltó riendo, sintiendo que por fin volvía el ambiente de normalidad a la casa.
Pablo se levantó de la mesa y se acercó a Ana bordeando la mesa.
- No te muevas de aquí, vale?- y con un beso fue a la habitación a grandes zancadas.
Ana estaba acostumbrada a los juegos y sorpresas de Pablo, así que asumió que no le diera más detalles. Esperó en la cocina y a los pocos segundos sonó el teléfono.
El sonido del aparato la cogió por sorpresa, pues por fin había conseguido calmarse tras la llegada a casa. Se levantó y descolgó el auricular.
- ¿si?-
- Sígueme la corriente, de verdad .. se me ha ocurrido una cosa ..- Era Pablo – Di que si, que está en casa y dile a Alicia que se ponga, vale?-
Ana estaba alucinada pero sabía que si Pablo había pensado en algo, tendría que hacer lo que él dijese.
Ana comenzó a hablar - si.. está en casa .. DE PARTE DE QUIÉN?- enfatizó estas palabras para que Alicia la oyese, porque seguro que había escuchado el teléfono, y para pedir a Pablo una mínima explicación sobre el asunto.
- Dile que le llama su hada madrina –
Hubo un par de segundos de silencio. Ana se quedó mirando al auricular perpleja, sin poder articular palabra. ¿A qué jugaba su marido? ¿Porqué le pedía que le dijese eso a su hija tras lo ocurrido? ¿Qué clase de broma quería gastarle? No podía entender que Pablo hiciera este tipo de cosas. Fue el mismo Pablo quien la sacó de sus pensamientos ..
- ¡Pero llámala! - Ana reaccionó y llamo a su hija, que había bajado el volumen de la tele intrigada por quién sería - Alicia! Es para ti!- Alicia corrió resbalando con los calcetines sobre el parqué hasta llegar a la cocina - ¿Quién es, mamá? - Ana tragó saliva e intentando mostrarse lo más serena y alegre posible le dijo con voz bajita - Es tu hada madrina .. - Alicia la miró con los ojos totalmente abiertos, incrédula - Pero mamá eso es imposible, las hadas no existen- - Pues aquí tengo a una que me ha preguntado por ti. Dice que quiere hablar exclusivamente con Alicia, pero no ha querido decirme para qué .. - Alicia miraba a su madre nerviosa, sin saber qué hacer - Ahora, que si quieres que le cuelgue le digo que no estás ..- La pequeña cogió el auricular de la mano de su madre –no, no, no! – y se lo acercó tímidamente.
- Hola Alicia ..- La voz le resultaba familiar, pero el hecho de que alguien que decía ser su hada madrina hubiera dicho su nombre por teléfono y le estuviera hablando, acaparó toda su atención e interés como para ponerse a identificar la voz. - Hola, de verdad eres mi hada madrina?- - Bueno, estoy hablando contigo, verdad?- - si..- - Y ha sido tu madre quien te ha pasado el teléfono ..y no creo que tu madre te engañe.. - - no .. no claro .. pero .. - - cuál es el problema, jovencita?- - pues que .. en fin … que las hadas no existen- - Vaya .. entonces tenemos un dilema, porque si no existo estás hablando sola!- Alicia dudó por un momento, pensó en lo que el hada había dicho y tras una pausa le dijo a Ana - mamá, me puedes acercar la silla un momento? – Y tapando el auricular con su pequeña mano le dijo muy suave y sonriente – Es mi hada madrina y parece que quiere hablar conmigo! - Si Alicia no se hubiera apartado el teléfono hubiera apreciado el pequeño gemido de Pablo al aguantar la emoción. Tenía los ojos vidriosos y soplaba acompasadamente para no romper a llorar. Había encontrado el color.
Ahora tocaba dibujar.
Alicia comenzó a hablar - Y qué es lo que tienes que contarme…?- hizo una pequeña pausa a la vez que se acomodaba en la silla – Por cierto, no se cómo te llamas .. o cómo quieres que te llame- - Llámame simplemente hada o hada mía, puesto que sólo existo para ti-
- Está bien .. Hada! – Ana sonreía al ver a su hija tan feliz, no sabía si quedarse allí compartiendo ese momento con ella o ir a la habitación a ver cómo Pablo había conseguido hacer reír a su hija en un día tan difícil y había logrado hacer que creyese en algo imposible. Pablo estaba tirando por tierra todo lo que el director les había dicho esa mañana .. o simplemente estaba encendiendo una pequeña luz en la oscuridad en la que se encontraba su hija. - Te escucho!- Alicia estaba divirtiéndose como nunca, percibiendo unas sensaciones que desconocía, mezcla de riesgo y aventura. Sentía cómo la cabeza se le revolucionaba y millones de imágenes incomprensibles destellaban en su interior. Le recordaba a cuando su padre hacía zapping en la televisión y no conseguía saber con exactitud qué ponían en cada una de las cadenas, sólo imágenes y monosílabos. Le gustaba esta nueva sensación y le daba miedo de perderla, así que sujetaba con fuerza el auricular, como si con ello pudiera retener a su hada y no dejarla escapar.
Pablo comenzó a dibujar en aquel enorme lienzo en blanco que su hija le estaba ofreciendo.
- Qué te quiero contar? Lo se todo sobre ti! Pero sabes tú algo sobre mi?- - Pues no ..- - Y te apetece intentar averiguarlo? No quieres saber dónde vivo, cómo es mi vestido, el color de mi corona .. porque llevo corona, lo sabías?- - .. no ..- Alicia miraba al infinito, empapándose de cada palabra e intentando hacerse una idea de cómo sería su hada. Intentó probar suerte. - Es amarilla?- - Bueno, eso depende, Alicia - - De qué? - - De si tú quieres que sea amarilla. Yo soy como tú quieres que sea y a medida que me vayas describiendo y dibujando en tu cabeza yo iré tomando forma. Cuanto más detalles te imagines, más bonita seré y más unidas estaremos. Tienes que creer en mi e imaginarme … - Pablo hizo una pausa más larga de lo normal, para enfatizar en sus palabras y aumentar la curiosidad de Alicia. - .. porque si dejas de imaginarme y de verme en tu cabeza, desapareceré para siempre.- Pablo guardó silencio y su respiración se unió a sus palabras y dejo de existir por unos instantes que parecieron eternos. Necesitaba ver la reacción de su hija. Le aterraba que la respuesta no fuera la que él esperaba. Que su hija no lo consiguiese. Alicia respondió y su voz sonó temblorosa pero brillante, con vida y sin miedo. - Si, es amarilla. Lo se. Porque lo veo, te veo dentro de mi cabeza y aunque estás muy lejos, tu corona brilla sobre todas las cosas y es preciosa. A qué si? - Ana tuvo que salir de la habitación consciente de lo que estaba pasando. A medida que llegaba a la habitación las lágrimas le resbalaban por las mejillas y caían como grandes goterones sobre el suelo. Llegó a la habitación y vio a Pablo mirando al cielo, sonriente, con los ojos empapados y respirando descompasadamente, impotente de dar una respuesta sin que se notase su emoción. Ana se puso a su lado, le cogió la mano y la besó. Y eso fue suficiente para que Pablo lograse sacar las fuerzas necesarias para responder a Alicia, con dulzura, amor y esperanza. - Efectivamente, Alicia. Mi corona es de un amarillo más brillante que el sol, con pequeñas piedras en ella que forman destellos de colores, rosas y azules … los ves? -
- Si .. creo que si – La voz de Alicia sonaba cansada - Bueno, Alicia, te dejo descansar, vale? Cuando quieras hablar conmigo no tienes mas que imaginarme - De repente Pablo se dio cuenta de que sin un pequeño empujón, Alicia pudiera no conseguirlo, así que decidió ponérselo más fácil, o más exactamente, adaptarlo a la cabeza de Alicia. - O mejor pensado, cuando quieras hablar conmigo llámame y seguiremos descubriendo cómo soy y, lo más importante, cómo quieres tu que sea, vale?- - Pero no se tu número!- Alicia parecía ya menos cansada y más divertida. - Vaya, pues es verdad! Mañana a esta misma hora llamaré a tu casa y te daré mi número secreto!- - Vale!! Un besito, Hada mía!- - Un besito, Alicia ..- Y la casa se revolucionó en cuestión de segundos. Pablo corrió al baño a encerrarse para poder por fin llorar y desahogarse, para poder pensar y darse cuenta de lo que acababa de ocurrir y del gran paso que habían dado; Ana se dirigía hacia la cocina para abrazar a su hija sin parecer lo nerviosa y exultante que estaba; y Alicia, sin necesidad de esconder ningún tipo de sentimiento, corría por el pasillo llamando a su madre, con una alegría desbordante, con una sensación nueva para ella, que no la había tenido nunca, mezcla de conocimiento y diversión, que la había dejado exhausta y llena de vida al mismo tiempo.
Alicia hablaba con su hada todos los días desde aquel sábado. Incluso Pablo le había comprado un móvil especial para niños con una tarjeta y varios números memorizados; los de su hada, el de casa y el de Ana. Pablo le decía que su número al ser el del trabajo prefería no dárselo.
Alicia era lo suficientemente responsable y disciplinada como para no abusar del regalo que le había hecho su padre, además no se lo dejaban llevar al colegio.
Cuando llegaba a casa lo primero que hacía era pedirle a su madre el teléfono para esperar la llamada y disfrutar de todas esas sensaciones desconocidas hasta ahora que aquellas conversaciones le proporcionaban. Mundos nuevos, imágenes que nunca había visto se formaban, cada vez con más facilidad, en su cabeza; y la cantidad de detalles que ahora podía imaginar eran increíbles. Alicia acababa agotada y su joven cerebro solía necesitar un descanso, cayendo rendida en un suave y placentero sueño y recordando todo lo que había estado imaginando. Ana la miraba sonriente y le dejaba dormir hasta poco antes de la hora de la cena.
De esta manera fue transcurriendo el tiempo y a los 2 meses Alicia había progresado de manera extraordinaria tanto en clase como en casa, disfrutando más cada momento e inventando sus propias aventuras.
Poco a poco dejó de necesitar a su hada para imaginar cuentos y comenzó a inventar historias que compartía con Pablo. Se pasaban el tiempo creando personajes, sus vidas, sus ropas, sus rasgos .. parecía que la imaginación de Alicia era insaciable y necesitaba de nuevas palabras, nuevas experiencias de las que disfrutar.
Un domingo fueron al campo con unos amigos que tenían hijas de la edad de Alicia, para hacer una barbacoa y pasar el día. Los padres estaban alrededor del fuego, bebiendo cerveza y comentando el partido del día anterior, en el que el equipo local había ganado con amplia diferencia. Las mujeres estaban sentadas en una mesa de piedra, hablando de los hijos y los muchos quebraderos de cabeza que dan a medida que van creciendo. Cerca de un árbol, sin perder de vista a las madres, se encontraban Alicia y otras 2 niñas. A una de ellas le había llamado mentalmente Flora, como una de las hadas de la Bella Durmiente, porque era bajita y gordita. Su hermana, 2 años mayor, era más delgada y tenía aparato dental. No se acordaba de su verdadero nombre, así que no dejaba de observarla para ver si encontraba algo que le ayudase a inventar uno.
Las 3 niñas hablaban de los regalos que el padre de Flora le había hecho el día de su cumpleaños y miraban su nuevo móvil, prácticamente igual que el de cualquier adulto. Alicia sacó el suyo y se lo enseñó. Era un modelo claramente infantil, con la cara de Hello Kitty en la parte superior y grandes botones rosas.
Las 2 hermanas comenzaron a burlarse del móvil de Alicia, diciendo que era un modelo infantil y que ellas eran mucho mayores al tener un móvil mejor.
Alicia ardía de rabia incapaz de defender el regalo que le había hecho su padre, sabiendo que efectivamente era un móvil para niños. Pensó en algo que hiciese de su móvil un regalo único. Y se acordó de lo que convertía a su móvil en algo único. - Pero vosotras no podéis llamar a vuestra hada madrina con él –
Las niñas se miraron y comenzaron a reírse de Alicia, llamándola mentirosa y diciéndole que eso era una tontería, que las hadas no existían y que ahora entendían porqué llevaba ese móvil. Que no era mas que una cría mimada y loca.
Alicia sabía que no debía de llamar a su hada. Ella le había dicho que llamase sólo en un caso urgente, que era su hada quien le llamaría pero esto le parecía suficientemente grave como para hacerlo. Estaban dudando de la existencia de su hada! Alicia pensó en qué debía hacer mientras oía de fondo las risas y burlas de las otras 2 niñas .. seleccionó la opción de llamadas recibidas y llamó.
Alrededor de la barbacoa Pablo escuchaba a su amigo explicar uno de los goles del equipo rival, según él en claro fuera de juego y percibió un sonido familiar. Al principio no acababa de reconocerlo, más por incredulidad que por desconocimiento. Giró la cabeza hacia los coches y centró su atención en aquello que lo había alarmado.
Era su móvil. Sonaba desde el bolsillo de su chaqueta, donde lo había dejado, pero era el tono que escuchaba lo que le preocupó. Era la música que había configurado para cuando llamase su hija desde el móvil que le había regalado.
De repente se dio cuenta de la situación en la que se encontraba; debía de coger como fuera el móvil y desaparecer de allí, esconderse y coger la llamada como fuera. No podía fallar a su hija.
Salió corriendo hacia donde se encontraba su chaqueta. La musiquita seguía sonando y cada nota se le incrustaba como un clavo ardiendo en su corazón.
Llegó al coche, cogió la chaqueta y buscó en el bolsillo interior con manos temblorosas. El móvil no dejaba de vibrar y le daba la sensación de que el volumen del teléfono aumentaba por momentos. Por fin logró sacarlo del bolsillo y el teléfono dejó de sonar.
Pablo se quedó mirándolo, inmóvil, sin saber qué hacer. Notó cómo alguien le miraba a su espalda y temió darse la vuelta. Sus piernas no le respondían, no quería afrontar la idea de que fuera Alicia la que estuviera detrás suya.
Se giró despacio, cabizbajo y encontró a su hija, quieta, serena, mirándole fijamente con el móvil en sus pequeñas manos.
El corazón de Pablo no daba tregua, intentando salir de su pecho a base de latidos.
Y Alicia, mirándole a los ojos, sonrió a la vez que una pequeña lágrima le bordeaba la mejilla. Y le dijo: