Nunca he podido conciliar mis intereses con el gusto y he tenido que hacer tantas concesiones que si regreso por los años de mi mocedad encuentro mas que historias acabadas en el mismo principio. Las casualidades que me hicieron transitar la vida fueron determinantes , llegué a creer que fui niño por mera casualidad. Casi un viaje a la nada !Chinga la madre!, ahora me aparecen sentimientos que no juegan ningún papel en la jodida existencia que estoy marcando en estas soleadas calles del Centro. Camino despacio, a veces para ver los detalles de las personas que me cruzan y meten sus cochinos ojos en cada pliegue de mis arrugas. Poco interesante. Todos tienen menos por decir de esta mierda que desandamos a diario, solo vienen tratando de ver cosas que yo no veo, mejor, no quiero ver.
Acabo de andar por los pasillos donde realizan las pruebas para ingresar en las gloriosas fuerzas de la policía metropolitana. A ella me someto como única posibilidad de conseguir trabajo fijo y seguir viviendo en esta ciudad de historia y piedras. No tengo un centavo y menos donde dormir cuando no este de servicio; dentro de dos días debo entregar la casa, se venció la letra del carro y no acabo de pagarlo! Así es en mi país, carajo ¡
-¿Qué hago? Buscar es lo mismo que no encontrar en estos vericuetos de la sociedad moralista, ya las cosas están repartidas entre los que son y los que están, incluso dentro del cuerpo, ser policía en esta ciudad no es muy cómodo solo da algunas prerrogativas de subsistencia a los que venimos de otras tierras, aun así he tenido que presentarme seis veces, aunque por la fuerza y la persistencia ya estoy mejor considerado. Yo me quedé en los primeros intentos de hacer una vida tranquila y decente en la ciudad, trabajar a lo legal, mira que bien, hasta suena lindo al oído; eso es más difícil que hacer botellas con arcilla. Cuando me busque algunas influencias en el medio, zas, ¡aquí estoy!.. así es cómo único se puede llegar de a de veras pero tendré que jugármela con los tipos de la seguridad interna
-¡El próximo! - Gritó el señor grande de la carpeta- Si no se apura se le va la oportunidad con el sargento que siempre está de la chingada
-Eso fue conmigo, como si me estuviera advirtiendo que estaba allí por gusto. El muy pendejo no se daba cuenta que yo lo sabía desde que entre a esa oficina , pero en esta ocasión fue tanta la reticencia mía que el cabrón sargento me reconoció y me dio un chance, como quien dice, para probarme. “Ahí esta el detalle”
II
-Meterme de cabeza en estos líos de la colonia y más ,si es por la marihuana que venden en la prepa a los chicos de bien, esas jodederas pueden traerme consecuencias con los pachucos de la vieja guardia que me conocen de allí donde nos dábamos algunos fuetazos del tequila que destilaba Pedroso, el viejo carnicero que a tanto beber perdió la mano izquierda con una cuchillada que se dio haciendo tamales para vender en el tianguis de La Línea.
“Tanto tiempo disfrutamos de este amor...” ..-en esta mierda no se disfruta, mas bien se disputa, si cada uno de nosotros va a ser policía ya no habrán delincuentes en la ciudad, entonces para mantener la institución tendrán que importarlos de los pueblitos adyacentes. Por ahora tengo que preparar algunos cambalaches. Entre negros y canijos me estaré reportando como siete casos diarios, todos inventados pues de otra nunca subiré a los grados de cabo, y eso que ya no me dejan llevar pistola , cuando la tengo no puedo usarla. Nada, fue por la intromisión del psicólogo que me reportó como peligroso, el siempre me reporta como un sujeto violento. Sólo por defenderme con la ley,¿ acaso no estamos aquí para eso? es más, ¿no somos la ley? Para qué se gastan tanto dinero en disfrazarnos como si fuéramos extra terrestres, a veces no se como puedo manipular tantas cosas que me cuelgan al traje, sólo tengo dos manos y estoy lleno de andariveles hasta los dientes. Un lío de madre si es que los llego a usar contra alguien
Desde el día internacional de las mujeres no le doy un solo golpe a mi vieja. Hijole y tanto que se los busca, si no es por una cosa, es por la otra pero nada más que entro a la casa, me quito la ropa, llega con sus rezongadas y se pone a hablar de todo y de todo el mundo, para que yo le agarre mala voluntad a los vecinos que en definitivas son los que me ayudan cuando los oficiales de la jefatura vienen a preguntar sobre mi actitud en el barrio. Ella habla que te habla y me saca de quicio. Hace que me duelan los sesos hasta la saciedad. De eso no se da cuenta el “psicodélico” de la estación. A él le basta con tenerme siempre bajo su dependencia burocrática… no se acaba de convencer por las buenas. Hasta un día, por que ya esas mierdas de jugarretas que le gusta armar con los guardias han de llegar a su fin de alguna manera, es un tipo insoportable que siempre anda contra el trafico y un libro debajo del brazo, como si el pudiera controlarnos.
III
“La ultima noche que pase contigo” . Ni cantando es una buena noche, todo termina a fuerza de tragos, jodiendas y escopetazos así son estas guardias operativas de la ciudad donde puede ocurrir lo indecible, pero no le estoy dando mucha importancia a los mareos del ambiente.
Es así como estoy cogiendo los últimos tiempos con las viejas del barrio, ya no confían en mí ni en mis cuentos de chico bueno. Por el traje no se diga, todas saben que no me aguanto. Pero si tiene que ver el traje, mira que salir a la calle con ese respaldo es una suerte, de verdad que es de un color impresionante y si es el de gala, las mujeres se babean, y los cabrones se te rinden, ellos conocen que un trompón se le va a cualquier policía y lo coge el primer bobo que ande suelto.
Ayer fue la última descarga del pinche “sicótico” no le van a quedar ganas de seguirme jodiendo., le dijeron que me habían visto por la casa de la carpetera. El sabe que esa vieja me lleva de la mano y corriendo, la quiero para empinar, es la única que tiene con que hacerlo en esta delegación.
Nada, para desviar un poco de atención del asunto voy a tener que meter alguna fuerza con eso de los “naco” del barrio que intentaron acosarme por las viejas, cojones, siempre me la están buscando, pero yo los acabo, de eso no hay que preocuparse. Un día de estos me decido a montarles un operativo, me meto en su casa y bang… bang: los saco hasta la plaza y allí los entrego a la Federal., yo se que ellos si mueven buena cantidad de polvo y equipos robados que después se pueden usar para sembrarlos donde más haga falta y otras veces revenderlo a quienes se los quitamos, esa es la de nunca acabar, por suerte para mi y los que como yo no tenemos donde caernos muertos. Siquiera en esta asquerosa estación se puede estar sin dinero en los bolsillos.
IV
- ¡Vamos compadre! usted lleva tres días sin bañarse ni cambiar ese vestuario, ya huele a mierda, hoy se terminan sus líos del “psico-tipo”. El custodio le traía jabón y una muda de ropa – Se me pone lindo que después de la consulta lo llevan para otro sitio. Allí se acaban los compromisos del cuerpo con usted y pasa a ser objetivo de mecanismos policiales diferentes, eso si lo sabe bien , ¿o no?
Patentedecorso
Mierda, seis aviones en toda
la tarde y de “paquetes” de mierda
también. Esa fue la expresión que pensó, mirando hacia los lados por temor a
que la hubiera dicho, más bien, a que otros la hubieran escuchado. ¡En estos
tiempos hay que cuidarse hasta del pensamiento! Y eso sí lo dijo con su voz
dulce y clara, hecha para las canciones de Pablito.
No había adquirido aun el
biotipo de las jóvenes que se dedicaban “profesionalmente” a la cacería de
extranjeros. Su gusto por la ropa sencilla no cambiaría nunca y sobre todo el uso de los tejidos de hilo. Se cuidaba,
concienzudamente, de no perder sus modales y, sobre todo, los visos de cultura
y educación adquiridos en la vida, casi holgada, que le pudieron dar sus padres
a fuerza de valor y auto limitaciones de todo tipo, incluyendo el hambre. Pasar
hambre no es tener las tripas en un constante revoltijo. A veces no comerse un
dulce o tomarse un refresco para ahorrar,
aun cuando estos productos implicaban un gasto en moneda dura, el hecho es muy parecido a esas limitaciones que
conllevan otros conceptos. Ella no se olvidaba de las piruetas que tenían que hacer en la familia, su madre principalmente, por suministrarle las ropas y los afeites
necesarios para que no pareciera una chiquilla de las del montón ante sus
compañeras de curso .Estudiar en la
Capital no era fácil para las
chicas pobres, los gastos se
subían por las nubes, era mucho lo de inventar con la comida y con los
pasajes. Amen de las combinaciones que se hacían en el albergue universitario
para sustituir los creyones labiales y las diferentes cremas que tenían una
base de aceite mineral que, “el Pichi”, novio de Azucena, sustraía de los
laboratorios de la facultad de química, aunque a muchas se les peló
hasta el culo con tantos inventos. Así lograba mantener una fachada de
pulcritud y cuidados hacia su cuerpo, admirada por sus compañeras y los muchachos, que siempre
la estaban alabando.
Entrar en el ilustrado
ambiente del negocio más popular y antiguo del mundo, y el mejor cotizado del
país, con cierta respetabilidad y sin
tener que robar, fue una decisión trascendental; sin embargo, nada más tuvo que pensarlo y estaba resuelto, eran muy pocas las
alternativas que le avizoraban sus santos y demás personajes benefactores. Esa seria su ocupación mientras
no apareciera algo mejor de qué vivir en éste
pueblo que la trajo al mundo en una carroza de sorpresas, para que
pensara y actuara de acuerdo con la moral dicha por las instituciones encargadas de su
preparación para la vida. Aunque nunca le enseñaron cómo y con qué mantener al
hijo que tantas piruetas y sacrificio le costara concebir, después de las
jodiendas entre miles de consultas
profesionales y oscurantistas, por su malformación uterina.
Poco tiempo después de tan oportuna decisión, era
reconocida por los trabajadores del recibidor en la Estación 3 del aeropuerto
José Martí: una posición representativa
e imprescindible que muchos dólares le estaba costando, lo fundamental era no ser molestada por los
agentes de seguridad que sólo permitían mantenerse en las áreas públicas del
aeropuerto a las “personas decentes” que pagaban el privilegio. Eso encarecía mucho su labor
pero era seguro para la sistematicidad , principalmente por
no entrar en la práctica de las otras muchachitas que se protegían a través de chulos
que casi siempre eran los mismos
funcionarios o celadores.
Trataba de no desesperarse en
la espera, todo el tiempo lo pasaba cantando para sus adentros las últimas
canciones de la trova. Siempre había sido
fan de los trovadores, viejos y nuevos, quizás por las atrevidas letras que se estaban haciendo y se
cantaban aun cuando no eran promocionadas por los medios de difusión, pero que
circulaban en todo el país a través de
la piratería casera que montaron algunos de los artistas y productores de las
casas editoras.
Por fin anunciaron la llegada del vuelo
procedente de Madrid. Un vuelo muy vigilado en la plataforma: lo seguían todos
los factores que se alimentaban de las llegadas bien clasificadas en grande.
“Debe ser extraordinaria esa sensación de saberse uno de los pasajeros de un
vuelo. ¡Un día será, un día…me siento dentro de esos tubos de aluminio!” Dejó de pensar y cambió su expresión de
tristeza por aquella mil veces ensayada
ante los espejos. Cualquier cristal le servía para variar las versiones, hasta las
vidrieras y las puertas de los hoteles y restaurantes eran buenos elementos para reflejar la bi- dimensionalidad. Su
imagen corporal, casi inmaculada, una sonrisa amplia, dulce, fresca y locuaz.
Sobre todo ! Convincente!
Se arrimó a las barreras
cercanas en la salida de la aduana.
Alargó el cuello y casi todo el cuerpo como un cisne al levantar el vuelo.
Elevó los brazos y saludó con efusión al señor, que salía malhumorado por la
puerta de cristales negros empujando el carrito cargado de maletines y
bolsas semiabiertas que exhibían algunas prendas de vestir por las rendijas de
los cipers.
El le respondió, al inicio con cierta poquedad
pero, al ver que se repetía el saludo, decidió encaminar sus pasos hasta aquella joven que no cesaba de señalarse:
estampa viva del felino que marca su territorio a la vista ajena y así, llamar
la atención de todos y todas con la
intención de dejar clara su posesión. Era de una belleza exótico-erótica, común entre
las mujeres del trópico, y más evidente entre las cubanas que se distinguen en
todas partes por sus curvas pronunciadas desde los finales de la espalda hasta
los mismos pies. Extremidades largas y esbeltas, caderas anchas y líneas dulces y prolongadas. En Europa hay
hermosuras, muchas hermosuras, pero no de ese color. Aquí la piel femenina contenía
un matiz especial provocado por los hervores del sol, como si nacieran con esa tez incluida en la forma:
“un valor agregado al codiciado producto natural de los acantilados caribeños”.
Ahí estaba el principal anzuelo. Ahí estaba la trampa completa.
Los europeos no se resisten a las sugerencias
de la luz que se desprende del cuerpo humano en esta latitud del mundo y todo
lo asocian a esa luz, incluso el sexo, el tremendísimo sexo del caribe que
justifica las barbaridades que se dicen, y las que no se dicen, pero se piensan, sin
dejar de tener sus contundentes razones y a pesar de la fama que se va yendo
hasta los confines de los polos.
“Solo nos falta el turismo de
los esquimales: viudos, solteros o divorciados de esas latitudes”. –pensó ella,
con toda la ironía que le permitía la
situación.
El visitante sonrió para sus
adentros y se encaminó, ya decidido, hacia la beldad que lo estaba asediando. No
puso reparos en seguir el juego y completar sus vacaciones en Cuba. No hubo que
hablar mucho entre ellos para combinar
los intereses. Ella sabía, por instinto concebido, que este era el hombre que
estaba esperando. El se adaptó a las sugerencias de hospedaje y paseos, al
menos por ese día. No se trataba de un menú definitivo, se podía ir variando en la medida que pasara el tiempo. Las
transacciones se hicieron rápidamente en un “tú a tú” que ambos dominaban. Y
esta fue su primera llamada de atención. Ella pensó que tendría que actuar
con seguridad ya que no estaba ante un
primerizo fácil de seducir.
Los extranjeros europeos que
viajan con frecuencia a la isla ya tienen muy bien concebida su estancia,
además, están preparados para que no se les tome el pelo así de fácil. Muchos
esperan el momento adecuado para decidirse a entrar en caja con las muchachitas
de Castro, seguros y con el mínimo
costo. En los consejos transmitidos de uno a otro está el de no apresurarse a tomar las decisiones
de acompañamiento, pues se puede
terminar en una estación de la Policía Nacional.
-
¿Español? –
preguntó ella.
-
No.
-
Pero lo hablas
muy bien.
-
Soy reportero en
Sudamérica y he tenido que aprender.- concluyó él.
Montaron el equipaje en un
TUR de lujo y salieron rumbo al centro de la extraordinaria ciudad
que se destornilla en todas sus articulaciones con el característico estruendo
de un barco que terminará por hundirse. Ella se sentía esplendida, pocas veces
se podía sentar en un carro con ese
confort y mucho menos pasear las calles capitalinas. Le parecía que
viajaba en una nave espacial. “Si Cristóbal Colon se hubiera visto con estas
perspectivas y comodidades de andar la Habana no hubiera regresado nunca más a la ¡Madre
Patria!”, y le rozó la mano con la
rodilla cuando el otro hacia los
cambios de velocidad.
Su edad era la más atractiva
para los turistas europeos que, generalmente, buscaban aventuras con el
condimento de la ternura. Sacudió la cabeza como para espantar los malos
espíritus y se enderezó en el asiento del carro como si ella fuera el
conductor.
-¡Algo
bueno tengo que sacar de este mierdero! –Pensó, mientras el auto se desplazaba
por la calle Belascoaín al Rent Room donde comenzaría a “trabajar”, y
murmuró. – Mi dueño mientras pague bien…
-¿Cómo,
qué dijiste?
-Nada,
sólo pensaba, amor.
Con un poco de suerte y buen
oficio le haría el rol de “dama de compañía” permanente. Era la única manera de
incrementar las ganancias de aquellas jodidas tandas. Si él no la aceptaba,
mañana tendría que volver a la misma ronda del aeropuerto y, decidiéndose, lo
guió a la casa de costumbre donde le
daban un por ciento del alquiler.
-
Una noche.
Y
pasaron a la habitación después de
ingerir una comida frugal..
Aunque durmieron juntos no se
tocaron. El se encogió en una posición
casi fetal y ella, tendida a lo largo,
logró calmar sus pensamientos y dormirse pasadas las dos de la madrugada.
Cacería
Pocas veces se levantaba temprano de la cama, aunque despierta,
seguía dándole vueltas a la somnolencia hasta que los rayos del sol se lo
permitían. Parecía que este iba a ser el día más difícil de los que ya habían transcurrido.
Many le había dicho que tenia que entregar varios encargos de sus amigos y hacer
otras visitas muy particulares, deseaba que ella estuviera con el para no
perder tiempo en palabrerías tontas.
Marina se levantó,
definitivamente molesta. No era común que
participara de esos visiteos que comenzaban con bebederas y terminaban
en orgías donde siempre le tocaba la de
perder; además, las familias que recibían al extranjero la miraban como a un
bicho raro, era la jinetera enganchada que lo manipulaba, exprimiéndole el
bolsillo y limitándolo a corresponder a las invitaciones.
Un poco resignada se dispuso
a prepararse para el desayuno y traerle lo necesario para el baño tempranero.¡Ganancias
por un buen servicio! Ese era uno de sus lemas. El buen servicio no tiene costo
y para los que lo reciben, ¡no tiene precio!.
Alrededor de las cinco de la
tarde, cuando ya creía que habían terminado con el objetivo principal de este
día y después de haber andado media ciudad, estaban agotadísimos. Many encaminó el auto hacia el barrio residencial
de Cubanacán y como si necesitara de un buen desahogo dijo:
-¡Aquí vamos!
Detuvo el carro frente a una
de esas residencias rentadas a
extranjeros que vienen al país por cuestiones de negocios o cualquier
otro motivo que requiera de estancias
largas.
“Así deben
ser de largas sus cuentas bancarias”- pensó ella.
-Bájate, creo que aquí
terminaremos el día, lo siento, es necesario.
La
residencia era suntuosa, desde la misma entrada se podía decir, después de un
chiflido a lo cubano: esto cuesta un buey de pesos!”.Toda la decoración
exterior se sustentaba en las plantas, estas absorbían la mayor parte de las
paredes para transformarlas en muros verdes y continuos hasta donde aparecía la blanca marquetería moderna,
tallada con figuras geométricas que nada tenían que ver con algún estilo
arquitectónico pero hacían agradable su
presencia entre tanto verde meridiano.
Avanzaron por un sendero de
lozas rusticas revestidas con piedras chinas pelonas hasta el portal de acceso
a la parte cubierta por ventanales de cristal que no dejaba ver hacia el interior. Ella no había visto a
nadie todavía pero no perdió por un segundo la sensación de que eran
observados.
Una mujer con muy pocas características
de ama de llaves los recibió sin darles tiempo a que llamaran a la puerta y les
pidió la siguieran. Se le veía a las claras que no era ducha en esos
menesteres, hasta se le dificultaba llevar con hidalguía la cofia impuesta por
la empresa contratadora. Atravesaron un saloncito de estar y llegaron a la
terraza desde donde se podía observar casi todo lo que ocurría en sus pasillos
que conducían al patio exterior y a la
piscina.
-Siéntense, por favor, el
señor Melisé los atenderá enseguida, él me pidió que les sirviera lo que
quisieran tomar.
-No, no…gracias:- contestó
Many con desgano.
-Si, yo si, por favor, deseo
un vaso de agua o una soda si es
posible.
-Enseguida se la sirvo, señora.
Pasaron unos minutos. Many quedó absorto.
Quien sabe en que pensaba o por que lugares andaba aquella memoria tan ajena a
los pensamientos de Marina. Ella sólo imploraba que no se les complicara la
noche. Había planificado salir para Dos Gardenias después de la cena y
encontrarse con su amiga bolerísta,
presentarle a Many, y de paso aliviar ciertas asperezas que hubo entre ellas en
su última visita al lugar por causa de
un estúpido “francesito” pasado de tragos y de malas intenciones al proponer
que llevara a la amiga hasta la casa de huéspedes para hacer un grandísimo emparedado
de carne gala.
-Con el permiso. Aquí le
traigo su refresco.
Lo sirvió en un vaso largo
como los del bar Turquino.
-Señor- agregó, estrujando el paño de la
limpieza entre sus manos y dirigiéndose a Many- El señor Melisé le ruega lo
perdone, le ha sido muy difícil dejar de atender a unos funcionarios de la
empresa y le ruega lo perdone, pero es necesario que lo espere. Me insistió en
que lo retuviera a toda costa.
Parecía que la sirvienta estuviera leyendo un
telegrama. Ella casi deletreaba los
recados, y eso hizo confiar a Many en que era un mensaje directo de
“Melicien”, como le pusieron el día que perdió
la competencia de los cien metros planos en los juegos universitarios.
Después supieron que se había pasado la noche anterior en la casa de Gema bailando la danza de los siete velos.
Esa negra de seis pies de estatura y tetas de
puntas lacerantes lo desesperaba, no se
podía contener; cada vez que se sentía presionado por algo recurría a ella como
los locos al siquiatra.
-¿Desean algo más?- Preguntó
la sirvienta y afirmó-. Estoy a su entera disposición.
-No, gracias.
- Si,
por favor- dijo Marina con una sonrisa prefabricada para ir entrando en
confianza con la mujer de la cofia- muéstreme
un baño que pueda usar y se lo agradeceré eternamente.
Se levantó con premeditado
descuido para provocar a Many y se alejo
con un contoneo de caderas que acompañó
con la risa más inocente que podía usar en ese momento. Por el trayecto quiso
actualizarse con la sirvienta sobre la casa, las costumbres del señor Melisé,
algo que le pudiera servir como acicate para las conversaciones futuras.
-¿Habrá cena?- entonó y luego pensó “Nada, a esta no hay quien le
saque nada”.
Entro al baño y lo primero
que hizo fue encender un cigarrillo. Se sentó en el borde de la bañadera a
fumár con la mayor calma del mundo y a
pensar:“Quién sabe hasta cuando voy a estar en esta linda-casa de mierda”
El mundo se deshizo durante
una noche casi total para hablar basura
de todos los tipos y la encueradera de
hombres y mujeres que no se conocían, y
por demás, nunca se volverían a ver.
Epílogo
Hoy, se sentía mas
acompañada por aquellas personas que la recogían en su casa y la
llevaban al centro.. Estaba adquiriendo conocimientos sobre relaciones humanas que nunca había imaginado.
Ya tenía recorrida una buena parte de la isla, como se dice en el vocabulario
callejero y contaba con un buen
“kilometraje”. Siempre imaginó que la vida le sería condescendiente, al menos
así le habían pintado el modelo de un
futuro luminoso, fraguado sobre el
sacrificio de generaciones enteras que le antecedieron; lo jodido era que ya estas se habían
difuminado y las que estaban ahora si que no se les parecían en nada a
las del meta-relato.
-
Marina, la hemos traído de nuevo al
centro de diagnóstico para que pueda ver a su hijo con nuestros especialistas que son los mejores del país y meditar sobre
una decisión con respecto al futuro de ambos.
-
Mi futuro esta marcado definitivamente por las malas recetas que he recibido,
yo y otras como yo, no tenemos remedio, estamos marcadas de por vida. Mi
hijo no tiene nada que ver en esto. ¿Por qué lo quieren inmiscuir?
-
Nosotros, estamos tratando de ayudarte, y creemos que no debes ser esquiva, cada oportunidad que te damos es un bien
social muy costoso del cual pueden disfrutar ambos.
-
No se olviden de lo ocurrido en aquella casa… ¿entonces? ¿podré hacer
lo que yo quiera? ¿A mi manera?
-
Podrás hacer mejor las cosas, al
menos diferente y con miras hacia un mejor modelo para vivir que debes
establecer desde ahora bajo las condiciones nuestras… en eso una oficial de
mucha experiencia te ayudará.
-
No me jodan, con esas respuestas me dejan en las mismas.
-
No lo creas, te seguimos dando oportunidades ¡aprovéchalas!
-
Sí, de seguir siendo puta, autorizada
por ustedes, pero puta. “La gran puta”. “Dama acompañante” O-fi-cial. ¿Cuántos
epítetos más?
-
No es tan patético como lo estas queriendo, ni tan dramático como lo
haces. Tu misma reconoces que no vas a dejar de ser puta. De esta manera sin cambiar mucho, puedes realizar una labor
social, reconocida, para y por tus
coterráneos.
-
Mis condiciones no requieren
credenciales ni formalidades. Ustedes
pueden hacer lo que deseen…siempre será igual y para mi las mismas
prerrogativas –Dijo Marina y recogió las
hojas que le habían puesto encima de la mesa para que escribiera su
ultima información acerca de aquella
visita con Many a la casa de
Cubanacán.-
-
¡Ahora si voy a estar bien!, condicionada
a recoger los detalles mínimos de cada
síngueta y cada negocio que se arme
a mi alrededor, por lo menos voy a salir
escritora de policíacos o redactora
de episodios pornográficos.
-
Marina, estas normas son
condición, ya sabes que para nosotros es importante mantener tus
informaciones pero jineteras sobran en
todas partes, te recomendamos que no lo lamentes mucho y aceptes las cosas como
tu las pusiste.
-
Si, ya no me queda otra alternativa, nos veremos de vez en cuando. Por
favor, hora déjenme ir a ver lo que
hacen con mi niño; mañana yo les hago
llegar el panfleto de la salida con este
Señor…Many, por cierto ¿me pueden dar alguna información sobre sus cualidades?
, quizás puedan ayudarme a
conocerlo un poco y a la vez facilitarme el trabajo.
-
No linda, es ahora que
comenzaremos a hacer su historia y para eso estas aquí donde vas a recibir la adecuada preparación.