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Figueroa Pages, Luis Alberto (Plica)

Historia Acabada



                                                          I

Nunca he podido conciliar mis intereses con  el gusto y he tenido que hacer tantas concesiones  que si regreso   por los  años  de mi mocedad  encuentro mas que historias acabadas en el mismo principio. Las casualidades que me hicieron transitar  la vida fueron determinantes ,  llegué a creer  que  fui niño por mera casualidad. Casi un viaje a la nada !Chinga la madre!, ahora me aparecen sentimientos que  no juegan ningún papel en la jodida existencia que estoy marcando en estas  soleadas calles del Centro. Camino despacio, a veces para ver los detalles de las personas que me cruzan y meten sus cochinos ojos en cada  pliegue de mis arrugas. Poco interesante. Todos tienen menos por decir  de esta mierda que desandamos a diario, solo  vienen tratando de  ver   cosas que yo no veo,  mejor, no quiero ver.

Acabo de andar  por los pasillos  donde  realizan las pruebas para ingresar en las gloriosas fuerzas de la policía metropolitana. A ella me someto como única posibilidad de conseguir trabajo fijo y   seguir viviendo en esta ciudad de historia y piedras. No tengo un centavo y menos donde dormir cuando no este de servicio; dentro de dos días debo entregar la casa, se venció la  letra del carro y no acabo de pagarlo! Así es en mi país, carajo ¡

-¿Qué hago? Buscar es lo mismo que no encontrar en estos vericuetos de la sociedad moralista,  ya las cosas están repartidas entre los que son y los que están, incluso dentro del cuerpo, ser  policía en esta ciudad  no es muy cómodo solo da algunas prerrogativas  de subsistencia a los que venimos de otras tierras, aun  así he tenido que presentarme  seis veces, aunque  por la fuerza y la persistencia ya estoy mejor considerado.  Yo me quedé en los primeros intentos de hacer una vida tranquila y decente en la ciudad, trabajar a  lo legal, mira que bien, hasta suena lindo al oído; eso es más difícil que hacer botellas con arcilla.  Cuando me busque algunas influencias en el medio, zas, ¡aquí estoy!.. así es cómo único se puede llegar de a de veras pero tendré que jugármela con  los tipos de la seguridad  interna

-¡El próximo!  - Gritó el señor grande  de la carpeta- Si no se apura  se le va la oportunidad con el sargento que siempre está de la chingada

-Eso fue conmigo, como si me estuviera advirtiendo que estaba allí por gusto. El muy pendejo no se daba cuenta  que yo lo sabía  desde que entre a esa oficina , pero en esta ocasión fue tanta  la reticencia mía  que el cabrón sargento me reconoció y me dio un chance, como quien dice, para probarme. “Ahí esta el detalle”                                                      II

-Meterme de cabeza en estos líos de la colonia   y más ,si es por la marihuana que venden en la prepa a los chicos de bien, esas jodederas  pueden traerme consecuencias con los pachucos de  la vieja guardia que  me conocen  de allí donde nos dábamos algunos fuetazos del tequila que destilaba Pedroso, el viejo carnicero que  a tanto beber perdió la mano izquierda con una cuchillada que se dio  haciendo tamales  para vender en el tianguis  de  La Línea.

“Tanto  tiempo disfrutamos de este amor...” ..-en esta mierda no se disfruta, mas bien se disputa, si cada uno de nosotros va a ser policía ya no habrán delincuentes en la ciudad, entonces para mantener la institución tendrán que importarlos de los pueblitos  adyacentes. Por ahora tengo que preparar algunos cambalaches. Entre negros y canijos me estaré reportando como siete casos diarios, todos inventados pues de otra nunca  subiré a  los grados de cabo,  y eso que ya no me dejan llevar pistola , cuando la tengo no  puedo usarla. Nada, fue por la intromisión del psicólogo que me reportó como peligroso, el siempre me reporta como un sujeto violento. Sólo por  defenderme con la ley,¿ acaso  no estamos aquí para eso?  es más, ¿no somos la ley? Para qué se gastan tanto dinero  en disfrazarnos como si fuéramos  extra terrestres, a veces no se como puedo manipular tantas cosas que me  cuelgan  al traje, sólo tengo dos manos  y  estoy lleno de andariveles hasta los dientes. Un lío de madre si  es que los llego a usar contra alguien Desde el día  internacional de las mujeres no le doy un solo golpe a mi vieja. Hijole y tanto que se los busca, si no es por una cosa, es por la otra pero nada más que entro a la casa, me quito la ropa,  llega  con sus rezongadas y se pone a hablar de todo y de todo el mundo,  para que yo le agarre mala voluntad a los vecinos que en definitivas son los  que me ayudan cuando los oficiales de la jefatura vienen a preguntar sobre mi actitud en el barrio. Ella habla que te habla y me saca de quicio. Hace que me duelan los sesos hasta la saciedad. De eso no se da cuenta el “psicodélico” de la estación. A él le basta con tenerme siempre bajo su dependencia burocrática… no  se acaba de  convencer  por las buenas. Hasta un día,  por que ya esas mierdas de jugarretas  que le gusta armar con los  guardias han de llegar a su fin de alguna manera,  es un tipo insoportable que siempre anda contra el trafico y un libro debajo del brazo, como si el pudiera controlarnos.                                                   III

“La ultima noche que pase contigo” . Ni cantando es una buena noche, todo termina a fuerza de tragos, jodiendas  y escopetazos así son estas guardias operativas  de la ciudad donde  puede ocurrir lo indecible, pero  no le estoy dando mucha importancia a los  mareos del  ambiente. Es  así como  estoy cogiendo los últimos tiempos con las viejas del barrio, ya no confían en mí ni en mis cuentos de chico bueno. Por el traje no se diga, todas saben que no me aguanto. Pero si tiene que ver el traje, mira que salir a la calle con ese respaldo es una suerte, de verdad que es de un color impresionante y si es el de gala, las mujeres se babean, y  los cabrones se te rinden, ellos conocen que un trompón se le va a cualquier policía y lo coge  el primer bobo que ande suelto.

Ayer fue la última descarga del pinche  “sicótico” no le van a quedar ganas de seguirme jodiendo., le dijeron que me habían visto por la casa de la carpetera. El sabe que esa vieja me lleva de la mano y corriendo, la quiero para empinar, es la única que tiene con que hacerlo en esta  delegación.

Nada, para desviar un poco de atención del asunto voy a tener que meter alguna fuerza con eso de los  “naco” del barrio que intentaron acosarme por  las viejas, cojones, siempre me la están buscando, pero yo los acabo, de eso no hay que preocuparse. Un día de estos me decido a montarles un operativo, me meto en su casa  y bang… bang: los saco hasta la plaza y allí los entrego a la Federal., yo se que ellos si mueven buena cantidad de polvo y  equipos robados que después se pueden  usar para sembrarlos donde más  haga falta y otras veces  revenderlo a quienes se los quitamos, esa es la de nunca acabar, por suerte para mi y los que como yo no tenemos donde caernos  muertos. Siquiera en esta asquerosa estación se puede  estar sin dinero en los bolsillos.                                                    IV

- ¡Vamos compadre! usted lleva tres días sin bañarse ni cambiar ese vestuario, ya huele a mierda, hoy se terminan sus líos  del “psico-tipo”. El custodio le traía  jabón y una  muda de ropa – Se me pone lindo que después de la consulta lo llevan para otro sitio. Allí se acaban los compromisos del cuerpo con usted y pasa a ser objetivo de mecanismos policiales diferentes, eso si lo sabe bien , ¿o no?

Patentedecorso



Mierda, seis aviones en toda la tarde y  de “paquetes” de mierda también. Esa fue la expresión que pensó, mirando hacia los lados por temor a que la hubiera dicho, más bien, a que otros la hubieran escuchado. ¡En estos tiempos hay que cuidarse hasta del pensamiento! Y eso sí lo dijo con su voz dulce y clara, hecha para las canciones de Pablito.

No había adquirido aun el biotipo de las jóvenes que se dedicaban “profesionalmente” a la cacería de extranjeros. Su gusto por la ropa sencilla no cambiaría nunca y sobre todo  el uso de los tejidos de hilo. Se cuidaba, concienzudamente, de no perder sus modales y, sobre todo, los visos de cultura y educación adquiridos en la vida, casi holgada, que le pudieron dar sus padres a fuerza de valor y auto limitaciones de todo tipo, incluyendo el hambre. Pasar hambre no es tener las tripas en un constante revoltijo. A veces no comerse un dulce o  tomarse un refresco para ahorrar, aun cuando estos productos implicaban un gasto en moneda dura, el  hecho es muy parecido a esas limitaciones que conllevan  otros conceptos. Ella no  se olvidaba de las  piruetas que tenían que hacer en la familia,  su madre principalmente,  por suministrarle las ropas y los afeites necesarios para que no pareciera una chiquilla de las del montón ante sus compañeras de curso .Estudiar en la Capital no era fácil para las  chicas pobres, los gastos se  subían por las nubes, era mucho lo de inventar con la comida y con los pasajes. Amen de las combinaciones que se hacían en el albergue universitario para sustituir los creyones labiales y las diferentes cremas que tenían una base de aceite mineral que, “el Pichi”, novio de Azucena, sustraía de los laboratorios de la facultad de química, aunque a muchas  se les peló  hasta el culo con tantos inventos. Así lograba mantener una fachada de pulcritud y cuidados hacia su cuerpo, admirada por  sus compañeras y los muchachos, que siempre la estaban alabando.

Entrar en el ilustrado ambiente del negocio más popular y antiguo del mundo, y el mejor cotizado del país, con  cierta respetabilidad y sin tener que robar, fue una decisión trascendental; sin embargo,  nada más tuvo que pensarlo y  estaba resuelto, eran muy pocas las alternativas que le avizoraban sus santos y demás personajes  benefactores. Esa seria su ocupación mientras no apareciera algo mejor de qué vivir en éste  pueblo que la trajo al mundo en una carroza de sorpresas, para que pensara y actuara de acuerdo con la moral dicha por  las instituciones encargadas de su preparación para la vida. Aunque nunca le enseñaron cómo y con qué mantener al hijo que tantas piruetas y sacrificio le costara concebir, después de las jodiendas entre  miles de consultas profesionales y oscurantistas, por su malformación uterina.

Poco tiempo  después de tan oportuna decisión, era reconocida por los trabajadores del  recibidor en la Estación 3 del aeropuerto José Martí: una posición  representativa e imprescindible que muchos dólares le estaba costando,  lo fundamental era no ser molestada por los agentes de seguridad que sólo permitían mantenerse en las áreas públicas del aeropuerto a las “personas decentes” que pagaban  el privilegio. Eso encarecía mucho su labor pero  era seguro  para la sistematicidad , principalmente por no entrar en la práctica de las otras muchachitas que se protegían a través de  chulos   que  casi siempre eran los mismos funcionarios o  celadores.

Trataba de no desesperarse en la espera, todo el tiempo lo pasaba cantando para sus adentros las últimas canciones de la trova. Siempre había sido  fan de los trovadores, viejos y nuevos, quizás por las  atrevidas letras que se estaban haciendo y se cantaban aun cuando no eran promocionadas por los medios de difusión, pero que circulaban en todo el país  a través de la piratería casera que montaron algunos de los artistas y productores de las casas editoras. Por fin anunciaron la llegada del vuelo procedente de Madrid. Un vuelo muy vigilado en la plataforma: lo seguían todos los factores que se alimentaban de las llegadas bien clasificadas en grande. “Debe ser extraordinaria esa sensación de saberse uno de los pasajeros de un vuelo. ¡Un día será, un día…me siento dentro de esos tubos de aluminio!”  Dejó de pensar y cambió su expresión de tristeza por   aquella mil veces ensayada ante los espejos. Cualquier cristal le servía para variar las versiones, hasta   las vidrieras y las puertas de los hoteles y restaurantes eran buenos elementos  para reflejar la bi- dimensionalidad. Su imagen corporal, casi inmaculada, una sonrisa amplia, dulce, fresca y locuaz. Sobre todo   ! Convincente!

Se arrimó a las barreras cercanas en la  salida de la aduana. Alargó el cuello y casi todo el cuerpo como un cisne al levantar el vuelo. Elevó los brazos y saludó con efusión al señor, que salía malhumorado  por la  puerta de cristales negros empujando el carrito cargado de maletines y bolsas semiabiertas que exhibían algunas prendas de vestir por las rendijas de los cipers. El le respondió, al inicio con cierta poquedad pero, al ver que se repetía el saludo, decidió encaminar sus pasos  hasta aquella joven que no cesaba de señalarse: estampa viva del felino que marca su territorio a la vista ajena y así, llamar la atención de todos y todas  con la intención de  dejar clara su posesión. Era  de una belleza exótico-erótica, común entre las mujeres del trópico, y más evidente entre las cubanas que se distinguen en todas partes por sus curvas pronunciadas desde los finales de la espalda hasta los mismos pies. Extremidades largas y esbeltas, caderas anchas y líneas  dulces y prolongadas. En Europa hay hermosuras, muchas hermosuras, pero no de ese color. Aquí la piel femenina contenía un matiz especial provocado por los hervores del sol, como si  nacieran con esa tez incluida en la forma: “un valor agregado al codiciado producto natural de los acantilados caribeños”. Ahí estaba el principal anzuelo. Ahí estaba la trampa completa. Los europeos no se resisten a las sugerencias de la luz que se desprende del cuerpo humano en esta latitud del mundo y todo lo asocian a esa luz, incluso el sexo, el tremendísimo sexo del caribe que justifica  las barbaridades que se dicen,  y las que no se dicen, pero se piensan, sin dejar de tener sus contundentes razones y a pesar de la fama que se va yendo hasta los confines de los polos.

“Solo nos falta el turismo de los esquimales: viudos, solteros o divorciados de esas latitudes”. –pensó ella, con toda la ironía que le permitía  la situación.

El visitante sonrió para sus adentros y se encaminó, ya decidido, hacia la beldad que lo estaba asediando. No puso reparos en seguir el juego y completar sus vacaciones en Cuba. No hubo que hablar mucho  entre ellos para combinar los intereses. Ella sabía, por instinto concebido, que este era el hombre que estaba esperando. El se adaptó a las sugerencias de hospedaje y paseos, al menos por ese día. No se trataba de un menú definitivo, se podía ir variando  en la medida que pasara el tiempo. Las transacciones se hicieron rápidamente en un “tú a tú” que ambos dominaban. Y esta fue su primera llamada de atención. Ella pensó que tendría que actuar con  seguridad ya que no estaba ante un primerizo fácil de seducir.

Los extranjeros europeos que viajan con frecuencia a la isla ya tienen muy bien concebida su estancia, además, están preparados para que no se les tome el pelo así de fácil. Muchos esperan el momento adecuado para decidirse a entrar en caja con las muchachitas de Castro, seguros y  con el mínimo costo. En los consejos transmitidos de uno a otro está  el de no apresurarse a tomar las decisiones de acompañamiento, pues  se puede terminar en una estación de la Policía Nacional.

-         ¿Español? – preguntó ella.

-         No.

-         Pero lo hablas muy bien.

-         Soy reportero en Sudamérica y he tenido que aprender.- concluyó él.

Montaron el equipaje en un TUR  de lujo y  salieron  rumbo al centro de la extraordinaria ciudad que se destornilla en todas sus articulaciones con el característico estruendo de un barco que terminará por hundirse. Ella se sentía esplendida, pocas veces se podía sentar en un carro con ese  confort y mucho menos pasear las calles capitalinas. Le parecía que viajaba en una nave espacial. “Si Cristóbal Colon se hubiera visto con estas perspectivas y comodidades de andar la Habana no hubiera regresado nunca más a la ¡Madre Patria!”, y  le rozó la mano con la rodilla cuando el otro hacia   los cambios de velocidad.

Su edad era la más atractiva para los turistas europeos que, generalmente, buscaban aventuras con el condimento de la ternura. Sacudió la cabeza como para espantar los malos espíritus y se enderezó en el asiento del carro como si ella fuera el conductor.

-¡Algo bueno tengo que sacar de este mierdero! –Pensó, mientras el auto se desplazaba por la calle Belascoaín  al  Rent Room donde comenzaría a “trabajar”, y murmuró. – Mi dueño mientras pague bien…

-¿Cómo, qué dijiste?

-Nada, sólo pensaba,  amor.

Con un poco de suerte y buen oficio le haría el rol de “dama de compañía” permanente. Era la única manera de incrementar las ganancias de aquellas jodidas tandas. Si él no la aceptaba, mañana tendría que volver a la misma ronda del aeropuerto y, decidiéndose, lo guió a la casa de costumbre donde  le daban un por ciento del alquiler.

-         Una noche.

Y pasaron a la habitación después de  ingerir una comida frugal.. 

Aunque durmieron juntos no se tocaron. El se  encogió en una posición casi fetal y ella, tendida a lo largo,  logró calmar sus pensamientos y dormirse  pasadas las dos de la madrugada.                                                                                                                                                         Cacería

Pocas veces  se levantaba temprano de la cama, aunque despierta, seguía dándole vueltas a la somnolencia hasta que los rayos del sol se lo permitían. Parecía que este iba a ser el día más  difícil de los que ya habían transcurrido. Many le había dicho que tenia que entregar varios encargos de sus amigos y hacer  otras visitas muy particulares,  deseaba que ella estuviera con el para no perder tiempo en palabrerías tontas.

Marina se levantó, definitivamente molesta. No era común que  participara de esos visiteos que comenzaban con bebederas y terminaban en orgías donde siempre le tocaba  la de perder; además, las familias que recibían al extranjero la miraban como a un bicho raro, era la jinetera enganchada que lo manipulaba, exprimiéndole el bolsillo y limitándolo a corresponder a las invitaciones.

Un poco resignada se dispuso a prepararse para el desayuno y traerle lo necesario para el baño tempranero.¡Ganancias por un buen servicio! Ese era uno de sus lemas. El buen servicio no tiene costo y para los que lo reciben, ¡no tiene precio!.

Alrededor de las cinco de la tarde, cuando ya creía que habían terminado con el objetivo principal de este día y después de haber andado media ciudad, estaban agotadísimos. Many  encaminó el auto hacia el barrio residencial de Cubanacán y como si necesitara de un buen desahogo dijo:

-¡Aquí vamos!

Detuvo el carro frente a una de esas residencias rentadas a  extranjeros que vienen al país por cuestiones de negocios o cualquier otro motivo que requiera de estancias  largas. “Así deben  ser de largas sus cuentas bancarias”- pensó ella.

-Bájate, creo que aquí terminaremos el día, lo siento, es necesario.      La residencia era suntuosa, desde la misma entrada se podía decir, después de un chiflido a lo cubano: esto cuesta un buey de pesos!”.Toda la decoración exterior se sustentaba en las plantas, estas absorbían la mayor parte de las paredes para transformarlas en muros verdes y continuos hasta donde  aparecía la blanca marquetería moderna, tallada con figuras geométricas que nada tenían que ver con algún estilo arquitectónico pero  hacían agradable su presencia entre tanto verde meridiano.

Avanzaron por un sendero de lozas rusticas revestidas con piedras chinas pelonas hasta el portal de acceso a la parte cubierta por  ventanales  de cristal que no dejaba  ver hacia el interior. Ella no había visto a nadie todavía pero no perdió por un segundo la sensación de que eran observados.       Una mujer con muy pocas características de ama de llaves los recibió sin darles tiempo a que llamaran a la puerta y les pidió la siguieran. Se le veía a las claras que no era ducha en esos menesteres, hasta se le dificultaba llevar con hidalguía la cofia impuesta por la empresa contratadora. Atravesaron un saloncito de estar y llegaron a la terraza desde donde se podía observar casi todo lo que ocurría en sus pasillos que conducían al patio exterior  y a la piscina.

-Siéntense, por favor, el señor Melisé los atenderá enseguida, él me pidió que les sirviera lo que quisieran tomar.

-No, no…gracias:- contestó Many con desgano.

-Si, yo si, por favor, deseo un vaso de agua  o una soda si es posible. -Enseguida se la sirvo, señora. Pasaron unos minutos. Many quedó absorto. Quien sabe en que pensaba o por que lugares andaba aquella memoria tan ajena a los pensamientos de Marina. Ella sólo imploraba que no se les complicara la noche. Había planificado salir para Dos Gardenias después de la cena y encontrarse con  su amiga bolerísta, presentarle a Many, y de paso aliviar ciertas asperezas que hubo entre ellas en su última visita al lugar  por causa de un estúpido “francesito” pasado de tragos y de malas intenciones al proponer que llevara a la amiga hasta la casa de huéspedes para hacer un grandísimo emparedado de carne gala.

-Con el permiso. Aquí le traigo su refresco.

Lo sirvió en un vaso largo como los del bar  Turquino. -Señor- agregó, estrujando el paño de la limpieza entre sus manos y dirigiéndose a Many- El señor Melisé le ruega lo perdone, le ha sido muy difícil dejar de atender a unos funcionarios de la empresa y le ruega lo perdone, pero es necesario que lo espere. Me insistió en que lo retuviera a toda costa. Parecía que la sirvienta estuviera leyendo un telegrama. Ella  casi deletreaba los recados, y eso  hizo confiar  a Many en que era un mensaje directo de “Melicien”, como le pusieron el día que perdió  la competencia de los cien metros planos en los juegos universitarios. Después supieron que se había pasado la noche anterior en la casa de  Gema bailando la danza de los siete velos. Esa  negra de seis pies de estatura  y tetas de  puntas lacerantes lo desesperaba,  no  se podía contener; cada vez que se sentía presionado por algo recurría a ella como los locos al siquiatra.

-¿Desean algo más?- Preguntó la sirvienta y afirmó-. Estoy a su entera disposición.

-No, gracias. -  Si, por favor- dijo Marina con una sonrisa prefabricada para ir entrando en confianza con la mujer de la cofia- muéstreme  un baño que pueda usar y se lo agradeceré  eternamente.

Se levantó con premeditado descuido para provocar a Many y se  alejo con un contoneo de caderas  que acompañó con la risa más inocente que podía usar en ese momento. Por el trayecto quiso actualizarse con la sirvienta sobre la casa, las costumbres del señor Melisé, algo que le pudiera servir como acicate para las conversaciones futuras. 

-¿Habrá cena?- entonó y  luego pensó “Nada, a esta no hay quien le saque nada”.

Entro al baño y lo primero que hizo fue encender un cigarrillo. Se sentó en el borde de la bañadera a fumár con  la mayor calma del mundo y a pensar:“Quién sabe hasta cuando voy a estar en esta linda-casa de mierda”

El mundo se deshizo durante una noche casi total para hablar  basura de todos los tipos y  la encueradera de hombres y mujeres que no se conocían,  y por demás, nunca se volverían a ver.                                                                                                                                                            Epílogo

Hoy, se sentía mas  acompañada por aquellas personas que la recogían en su casa y la llevaban al centro.. Estaba adquiriendo conocimientos sobre  relaciones humanas que nunca había imaginado. Ya tenía recorrida una buena parte de la isla, como se dice en el vocabulario callejero y  contaba con un buen “kilometraje”. Siempre imaginó que la vida le sería condescendiente, al menos así le habían pintado el modelo  de un futuro luminoso,  fraguado sobre el sacrificio de generaciones enteras que le antecedieron; lo jodido  era que ya estas  se habían  difuminado y las que estaban ahora si que no se les parecían en nada a las del meta-relato.

-         Marina, la hemos traído de nuevo al  centro de diagnóstico para que pueda ver a su hijo  con nuestros especialistas  que son los mejores del país y   meditar sobre  una decisión  con respecto al  futuro de ambos.

-         Mi futuro esta marcado definitivamente por las malas recetas que he recibido, yo  y otras como yo, no tenemos  remedio, estamos marcadas de por vida. Mi hijo no tiene nada que ver en esto. ¿Por qué lo quieren inmiscuir?

-         Nosotros,   estamos tratando de ayudarte,  y creemos que no debes ser esquiva,  cada oportunidad que te damos es un bien social muy costoso del cual pueden disfrutar ambos.

-         No se olviden de lo ocurrido en aquella casa… ¿entonces? ¿podré hacer lo que yo quiera? ¿A mi manera?

-         Podrás hacer  mejor las cosas, al menos diferente y con miras hacia un mejor modelo para vivir que debes establecer desde ahora bajo las condiciones nuestras… en eso una oficial de mucha experiencia te ayudará.

-         No me jodan, con esas respuestas  me dejan en las mismas.

-         No lo creas, te seguimos dando oportunidades  ¡aprovéchalas!

-         Sí, de seguir siendo  puta, autorizada por ustedes, pero puta. “La gran puta”. “Dama acompañante”  O-fi-cial.  ¿Cuántos  epítetos más?

-         No es tan patético como lo estas queriendo, ni tan dramático como lo haces. Tu misma reconoces que no vas a dejar de ser puta. De esta manera  sin cambiar mucho, puedes realizar una labor social, reconocida, para  y por tus coterráneos.

-         Mis condiciones  no requieren credenciales  ni formalidades. Ustedes pueden hacer lo que deseen…siempre será igual y para mi las mismas prerrogativas –Dijo Marina y recogió las  hojas que le habían puesto encima de la mesa para que escribiera su ultima información acerca de aquella  visita con Many  a la casa de Cubanacán.-

-         ¡Ahora si voy a estar bien!,  condicionada a  recoger los detalles mínimos de cada síngueta  y cada negocio que se arme a  mi alrededor, por lo menos voy a salir escritora de  policíacos o redactora de  episodios pornográficos.

-         Marina, estas  normas  son  condición, ya sabes que para nosotros es importante mantener tus informaciones pero  jineteras sobran en todas partes, te recomendamos que no lo lamentes mucho y aceptes las cosas como tu   las pusiste.

-         Si, ya no me queda otra alternativa, nos veremos de vez en cuando. Por favor, hora déjenme ir a  ver lo que hacen con mi niño; mañana  yo les hago llegar el panfleto de la salida con  este Señor…Many, por cierto ¿me pueden dar alguna información sobre sus cualidades? , quizás  puedan  ayudarme a  conocerlo un poco y a la vez facilitarme el trabajo.

-         No  linda, es ahora que comenzaremos a hacer su historia y para eso estas aquí  donde vas a recibir la adecuada preparación.

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