Pensar, en tiempos extraños, en todos los lugares del mundo donde la pobreza pega mordiscos nauseabundos, rige la ley del más truhán. El hombre es padre y a la vez hijo de su tiempo. Hay veces que los corazones no anhelan el amor, el cariño derrochador y sin fisuras de los padres a los hijos, del hombre a su tiempo. El mundo en que vivimos es frío, la vida pasa delante de nuestros ojos e inesperadamente tomamos conciencia de ella. Alegría incontable e inmensa es poder vivir, poder volar y acariciar el aire, la tierra, ver a hombres y a mujeres creyendo en la suerte, en la fortuna de estar como despiertos. Somos seres vivos porque sentimos ser parte de la vida y del mundo en que vivimos. El mundo entero es vida, pero asoma furiosa y segura la muerte, la hipocresía, el cinismo, el compadreo. Sentimos por estar vivos, porque jugueteamos sin conciencia con las emociones y los actos, utilizando palabras unidas, para dar forma a la conciencia y experiencia. Luchamos para darnos a conocer, para engrandecer a lo largo del tiempo, creyendo mejorar con esfuerzos vanos, la historia de la vida, del mundo y en resumidas cuentas, la de cada uno. Tomamos con alegría la inquebrantable historia de la memoria que aclama en los corazones, pero como una indeleble fiera permanece en la conciencia. La humildad no aparece en el futuro y logramos con sudores, permanecer vivos y con ilusiones, gracias al saber de querer vivir, sin pasar hambre. Nada comparto con la derrota, pues para mí la vida es fuente de energía para amar, para ver luz donde no la hay, para vociferar, para escribir y leer. Taconeo con mi pluma, al más puro estilo flamenco para olvidar y protestar. A veces al reflexionar, dudo y encarecidamente acudo al salón de mis ideas, abro con cuidado y nervioso un archivo de mi ser que se une a mi vida y recaen sobre mí, papeles, pergaminos y notas musicales, rompen por doquiera dejando mi mente aturdida y cavilando, derramando tinta por mis manos, escribiendo aquí estos pensares míos, que son como calzoncillos lavados a la orilla de un río, eso sí, del Río Guadalquivir. Las aguas tranquilas, más vistas a lo largo de este mí vivir en jaque. En este mí vivir pensando, en lo conseguido a base de sentarse y no disparar, alcanzamos el recuerdo antiguo de las palabras, buscando comprensión recíproca y necesitada, enriqueciéndo la vida, haciéndola eterna. Mis reflexiones aclaran muchas dudas, en un erial de sentimientos antagónicos. Por mi mente circulan recuerdos de un presente lejano, que demuestra la igualdad de tiempos pasados y donde una lágrima siempre volverá a caer.
Derramar agua en sal al escuchar los platos, cubiertos y las gotas que salpican las prendas de Mamá, cuando ordena tranquilamente los cacharros, dejando brillante el cuarzo de imitación, con la mirada pensando en lo que tiene que hacer, preocupaciones pasionales por la familia. La fervorosa protección impagable y que conforme pasan los días, se convierte en el caparazón de la vida de un hijo. Madre “ná” más hay una, la que ostenta el poder en la familia, por su condición de liderar la barricada contra los problemas. Deberían sonar trompetas de alegría, con su mirada a ningún sitio, el semblante pensativo y una figura segura que comparte la fragilidad del cristal. En todo esto, la soledad, acompaña los trabajos gratuitos, se conoce como la crueldad de los hijos. Sin pedir ayuda a nadie porque nadie se preocupa, ninguno pone de su parte para igualar las obligaciones de todos y que casi todas, las asume ella, el motor principal de una sociedad demoledora, destructora de las cosas útiles y básicas.
Enternecer al pensar en lo luchador de mi padre, batacazos ha pegado llenos de arrepentimiento, perceptible en sus palabras y en sus gestos. Hombre duro y frío en la superficie, acalorado en el corazón y tradicional con leves atisbos de evolución con estos tiempos. El machismo, es la voz en su interior, se apaga, pero vuelve a encenderse tímidamente, sin ninguna explicación. Con qué frescura plantó tres hijos como tres luciérnagas, tres boquitas lloronas que siempre tendrán la necesidad de sus padres. Tres boquitas alegres. La luna tiene envidia del reflejo encantador, procedente de los ojos de mi hermana, con aires de cigarrera y más artista que ninguna. Disputas de odio y rencor, efervescentes enfados del cariño y el amor, aliados contra ser travieso y desmedido, arrogante, embustero, corazón que se hace grande por días, emblema de mi familia y la caries más dolorosa que estoy sufriendo en esta época, mi hermano.
Disfrutar con el calor que castiga los cuerpos, bronceando con delicadeza, la piel nuestra, la del andaluz. A chorros se nos cae el sudor, ¡qué mala siesta pasa uno.! Cuando el Lorenzo aprieta, los pájaros callan, un espejismo se apodera de las calles, dominando los edificios y con bullas en los bares. Recorriendo esas caldeadas calles, me da por pensar en ingenios volátiles, pensamientos libres de toda lógica, casi imposibles de llevar a cabo, a mi mente vienen imágenes imborrables. Ese vagabundo con el pantalón remendado, la sucia camisa quitada y la gorra ocultando con vergüenza, un cartón de vino. Me siento acobardado ante el abuso al necesitado, porque todos necesitamos algo, no comprendo muchas cosas y si fuera listo para vivir en este tiempo, seguramente no soñaría.
Soñar que viajo, como coche de caballos por los lugares queridos, conmemorando tradiciones y recordando tiempos pasados. Mi ciudad histórica, pues a saber la de historias que bañan cada rincón de mi Sevilla. Al anochecer, calles llenas de algarabía, luces que no molestan al andar, media oscuridad, hace relucir un encanto especial imposible de explicar. Como si, una aurora misteriosa recubriera los infinitos actos de nuestras vidas. Las gentes con su alegría por las calles, como la Mari, que saca una sillita para ella y otra para su vecina o como la vecina, que trae unas aceitunitas, aliñás por ella misma; en fin, mi Sevilla, mi Andalucía, en el corazón llevo un pellizco tan fuerte que siento morirme si algún día me faltan. Por momentos mi mente se llega a convertir en un rapsoda sevillano, con todo el tinglado; palos de madera, trozos de tela pintados, contando exonerado, inmerso en la tranquilidad de un sueño profundo. Imaginemos porque imaginar nos hace humanos, soñemos porque soñar no tiene limites; suena el crujir hipnótico de una guitarra flamenca, los dedos finos casi huesudos del artista, masajeando las cuerdas de la guitarra, la atmósfera luminosa de Andalucía, el olor a paz y humildad, envuelven nuestros sentidos. A vista de pájaro, recorro lentamente los campos esplendorosos, las salvajes montañas y las gentes de la tierra del sol. Punteo intenso y con alegría, como el carácter de nosotros, de nuestra vida; agitando con fuerza las alas, me poso en la giralda, corazón indomable y testigo silencioso de la ciudad de mis entrañas. La música se apaga poco a poco y me despierto, dándome cuenta de lo bonito de seguir soñando. Pero cuando vuelvo a la realidad, prefiero guardar para mí las bellas historias épicas de mi ciudad, de mi Andalucía, tierra de sufridores y luchadores, de inteligentes pensadores, majestuosos artistas inútilmente comparables. Cada piedra deja su huella en el barro, esencia borrada por el tiempo y recordada casi perfecta.
Desistir, cansarse de la vida, de las pocas oportunidades que se nos brindan. Fracasar, tener éxito, ser ambicioso, parecer el que menos necesita, valores superficiales e inútiles, solo quiero lo necesario para vivir, vivir según las normas, sin pasar hambre. A veces, la vida me parece un teatro o un circo, donde la causa de las risas y el abuso es uno mismo. Al menos, tengo una familia donde a fuerza de sufrir y luchar, se ha conseguido sobrevivir; pero sigo escarbando en la arena de mi pensar, sacudo las sábanas del mundo y me pregunto ¿Qué forma de vivir es esta.? Si todos vivimos en la misma pecera, si somos concientes de la necesidad nuestra y la de los demás, ¿Por qué no nos levantamos, porque no pedimos tierra y libertad, sea por Andalucía libre, España o la humanidad.? Puede uno equivocarse, porque cometer errores es lo normal, también es habitual admitirlos y sabio si se sabe rectificar, pero me parece que lo más importante se nos ha olvidado, se ha desvanecido el respeto, la empatía, la humildad y la inocencia, nos hemos quedado solos ante la ley del más fuerte, que a veces pide perdón.
Encontrar pensares, sensaciones de querer amar, de seguir vivo toda la eternidad al lado, de mi compañera fiel, mi amiga sincera, mi pareja cariñosa, mujer de mis cuatro verdades. He oído, que detrás de un buen hombre hay una mujer excelente, pues debo de ser el más bueno del mundo. Al igual que a mi, le gusta soñar despierta, el mundo del abacorar, es mucho más duro con ellas que con los demás hombres. Nos reímos sin querer, porque la sonrisa y nuestro amor, es lo único que jamás podrá quitarnos nadie. Ella también alza el espíritu libre, las ganas de vivir pueden más que la injusticia, que la desazón incomprensible del que puede ayudar; lágrimas le caen como ríos, piel de higo parecen sus mejillas, nos abrazamos, nos besamos y nos damos ánimos, todavía seguimos soñando. Aun quedan fuerzas para reír y creer que conseguiremos lo soñado, nuestra propia familia, los ojos febriles y relucientes como bolas de billar, espejo de la verdad donde se refleja el espíritu del hombre.
Bañar, como lo hace el olor de la noche, vagando, zigzagueando por las calles, en un silencio, roto por la humanidad, navegando en sueños de alegría, en parques oscuros y en el asiento de atrás. Reímos, jugamos como dos pájaros en un charco de agua. El aire no corre y de nuestros cuerpos emerge un calor agobiante, que al derretirse el uno con el otro, hace bullir la chispa de la inspiración, del don humano para crear el arte. Sensaciones placenteras de nuestro ser, con el arte nos transmitimos emociones y sensaciones a través de los sentidos, cada ser humano tiene un arte, es un alma imperecedera, única e intransferible. El arte forma parte de nuestras vidas, de nuestra conciencia y de nuestro cuerpo, es atrevido y mordaz, arte para vivir y derrochar con los demás. A veces, cuando duerme, a mi lado, miro al techo del coche, tumbado en el asiento como buscando una solución que no llega, enredo lentamente los rizos de mi cabeza, hablo conmigo y me avergüenzo de ello; digo no con la cabeza y de reojo, la observo, hablo con sigilo para que no se entere y si lloro, aprieto fuerte un cojincito contra mi cara y lo muerdo infelizmente, escalofríos me devuelven a la normalidad. En este mundo material me ha tocado vivir en la parte de luchar, no creo tener hilos en mis manos, tampoco soy dios, ni tan siquiera un gran político, soy un humilde Sevillano que ve como no puede realizar sus sueños, sin trabajo, sin casa, sin hijos y lloro; me enrabio y cojo este bolígrafo, mi arte sale por tinta para que al menos se me escuche esta queja. No soy soñador utópico, ni vidente que promueve desastres y arregla amoríos, pero si veo los agobios de un tiempo que nos supera cada día un poco más, mis ojos y mi mente no pueden más, con las piernas encogidas, el cojincito blanco, blando entre mis piernas, caigo aplomo.
Arriesgar, a mi mente vienen aventureros de otros tiempos, familiares que cuentan en el numeroso grupo de luchadores andaluces, buscadores de un porvenir para ellos y los suyos. Cataluña quizás sea su tierra, donde el pan no les ha faltado, ni tampoco la melancolía de la vida pasada; cada poco tiempo visitan sus raíces deleitándonos con su presencia y agrandándonos el espíritu con sus desdichas. Con unos calzones largos, un pantalón corto y mucha hambre, abandonaron lento y expectantes las cadenas duras como el mismo hierro, para abrir la puerta de una esperanza que jamás, nadie les pudo prometer. A fuerza de muchos años y de trabajos constantes, se hicieron con su familia, su casa y la añoranza de volver algún día
Dudar en estos tiempos, en los que me veo desamparado ante la vida laboral, una vida incesantemente trabada y a fuerza de mucha suerte, consigo tener un trabajo. Aprendiz de todo y maestro de nada, una frase que se hace tópico y típico en la actualidad. Me desdoblo e imagino hacer el viaje de mis familiares, para comer todos los días, pena me da sólo de pensarlo, de llegar a creer en ello como la luz a mi independencia y emancipación interminable, pero ¿Dónde voy a ir yo.? En lo más profundo de mí ser surge una llama incesante, sube por mis pies y explota con mis actos. Mis ojos brillan y por eso este escribir mío, este ímpetu de cólera contenida, mi arte para aliviar esa pena que a veces surge en mi, al recordar un tiempo pasado tan parecido al de hoy. Mi familia ya vivió su tiempo, ahora nos toca luchar, alzar el estandarte de los sueños, porque el corazón del andaluz, es más fuerte que cualquier contratiempo.