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Fernández Castilla, Manuel (El nieto del fragüero.)

¡Qué casita más linda!



¡Qué casita más linda!

 

 

                       

Seudónimo: El nieto del fragüero

                                    

 

 

 

Erase una vez que se era, dos parlantes, Estos antes de empezar la tertulia comprobaron con los medios que tenían a su alcance que no hubiese nadie en la amplia habitación; empezaron su acostumbrada charla diaria, algo que les mantenía entretenidos; acostumbran a platicar cuando estaban solos, no querían que sus secretos los conociese nadie y eran muchos, y tampoco ser interrumpidos, algo muy molesto; las horas se hacen muy largas cuando no puedes moverte y estás como suspendido de casi todo en una cama de hospital. Por una extraña coincidencia que les iba muy bien: los dos se comunicaban telepáticamente, cosa que sólo ellos sabían y lo aprovechaban todo lo que podían, que era mucho, pues ellos tenían todo el tiempo del mundo.

Se encontraba, cada uno en una cama, cerca del otro, separados por un par de metros como mucho, hasta tenían hilo musical de esos. Los dos estaban  en una habitación muy soleada, por lo menos eso parecía, y la luz así lo atestiguaba. Entre cables, tubos, y máquinas variadas se encontraban; hablaban en el más completo de los silencios, todas las conversaciones eran mentales, aquel era el más moderno hospital de la ciudad y del país, estaba dotado con unos adelantos tecnológicos impensables años atrás; y es que la ciencia y la tecnología adelantan una barbaridad. Ya fabricaban piel a la carta por encargo, y más órganos. En los accidentes de tráfico, si no mueres en ellos y quedas bastante roto, te llevan a estar una larga temporada en un moderno centro hospitalario para tu reparación y recuperación. En el que estaban ellos era de vanguardia, podían darse con un canto en los dientes por tener la suerte que tenían, y no haberse quedados tirados en lo hondo del barranco por donde cayeron aquella nefasta noche de intensa lluvia, fueron rescatados por un helicóptero y personal muy especializado. Si es que a su situación actual se le podía llamar de buena estrella; algunas veces es preferible morir en el acto a estar en un hospital tan largo tiempo y en una situación tan incómoda, sin poder moverte ni rascarte, y los picores son molestosisímos, y muy incordiante, menos mal que estaban muy bien iluminados, aunque fuera interiormente.             -Compañero Tronislaos ¿Cómo estas esta mañana? Yo no estoy agusto a pesar de la buena luz que tenemos, absolutamente nada; cada día que pasa me siento más incomodo en mi nueva casa, me la han jugado sin que yo pudiese hacer nada, se aprovecharon de mí vilmente y eso que los vi venir, en la que vivo ahora está muy vieja, huele que apesta, mal muy mal el cambio, se cuela el viento por todos lados, tiene muchas rendijas, se anda con puertas y ventanas en mal estado y está llena de vientos, ¡valla que se cae a trozos!  

Eso es lo que me pasa.            -Tómatelo con calma y no hagas un drama, que ya es bastante dramático estar aquí de esta manera, son los primeros días, los que resultan muy incómodos, te irás adaptando poco a poco como yo, los dos estamos en la misma situación; tu casa está bien, peor quedo la que tenias antes, después de la catástrofe que sufriste tienes vivienda, date por satisfecho, hay mucha gente que vive a la intemperie, y este invierno es muy crudo; con eso del cambio climático, las cosa van mal para los sin techo. Piensa en los que se quedan sin ella en la carretera, y esos sí que es inapelable para siempre, no tienen vuelta de hoja.

-Eso lo dices para darme ánimos, cosa que te agradezco de corazón,  creo que aún lo tengo puesto dentro de mí, ando bastante confuso con mis cosas internas.

-Sí que lo tienes, como yo tengo el mío, es el motor que nos mueve; sin él no somos nada. Mí casita también es nueva, y he cambiado de vivienda, como tú he dejado atrás la anterior, cada día que pasa me siento mucho mejor. Joder tío que estoy genial, esto es como un sueño que tuve una vez y mira por dónde se ha cumplido. Cuando empiece a caminar que será pronto la disfrutaré de verdad, esta muy perfumada, y me gusta el aroma, es como si lo soñara.            -Joderás tú, con los sueños que tienes, lo que es yo, nada de nada. Tronislaos yo cada vez estoy más raro e incómodo, tengo una especie de picor interno que no sé de dónde me viene y me resulta de lo más molesto y no puedo rascarme, creo que me empieza a picar hasta el pensamiento. O lo mismo tengo algún tipo de sarna y no lo sé.

-Amigo Gertrudis. Porque ¿es así cómo te llamas?

-Sí ese es mi nombre, aún después de tantos años no se porque mis padres me pusieron un nombre de mujer, seguro que fumaron y bebieron algo raro, soy el colmo del ridículo, creo que es una oculta venganza, sobre mi persona, espero que no se me olvide, porque tengo la memoria mía algo esfaratada, demasiadas lagunas hay en mi cerebro.

-Es  un nombré muy bonito, me gusta, tienes que adaptarte a tu nueva casa, eso es lo que hay, no tenemos otra; el problema es que ni tú ni yo podemos salir de ellas, yo estoy estupendamente, cada día que pasa me voy acomodando un poco más. Creo que pronto voy a tener una erección de esas, cosa que hace mucho tiempo que no tenía, y estaba completamente olvidado de ellas, y ese hecho me llena de alegría, vaya que me hace feliz; espero que llegue pronto.

-Amigo tienes más suerte que yo, aunque lo de tu erección, si lo pienso en ese tema tengo ciertas dudas, estoy pensando en llorar un poco y así me desahogo; en mi casa las ventanas y puertas no cierran bien, tienen demasiadas rendijas como ya te he comentado antes, están medio caídas y tengo corrientes de aire casi en permanencia, la chimenea está casi atorada, por no decir del todo y me fatiga respirar, y de moverme no te digo nada, es algo que estoy deseando hacer. De  eso sabes tanto como yo; algo importante falla en mi nueva casa, también tiene goteras y me cuesta mucho ver las cosas claras, tengo visión opaca, en la otra sin veía bien, no entiendo nada, sigo pensando que me han engañado como a un tonto, antes yo tenía una casa nuevecita con apenas veinte años, era un sol de esos de primavera. Aún no sé por qué me he  cambiado a una que tiene setenta años. Te digo amigo Tronislaos que me la han jugado muy gorda, y esto tengo yo que arreglarlo de alguna manera cuando me recupere un poco de esta soñolencia que tengo: Es un cansancio que va más allá de mi entendimiento diría infinito, sin fin: estoy tratando de hacer yoga mental, cosa que me cuesta mucho poner en práctica, antes lo hacía casi a diario y no me costaba esfuerzo alguno.

-Ahí llevas toda la razón del mundo, tienes que hacer un pliego de descargo para que te solucionen el problema; por lo menos te podían haber adjudicado una con los mismos años que la que tenías; tengo entendido que la aplasto un camión de gran tonelaje.            -Sí, así fué como sucedió la catástrofe que tanto me afectó, se me vino encima y no lo pude esquivar, le fallaron los frenos. El chofer del camión murió en el acto, y me lanzó a lo hondo de un barranco, pobre hombre, es que esos vehículos tan grandes son muy peligrosos. El problema es que yo me quedé sin mi casita linda y le tenía mucho cariño, era mi gran amor y lo de las erecciones como tú dices, iban llegando una detrás de otra, aquí en esta ni una y es un fastidio de los grandes ¡cómo me acuerdo de aquello lúdicos días! creo recordar que de vez en cuando pasaba por mi pequeña residencia una hermosas muchachita de piel dorada, ojos melosos y amplia sonrisa, era muy generosa ella. Hacíamos el amor y todas esas cositas que son tan buenas para el cuerpo y la mente. Y sin embargo aquí en este viejo caserón todo eso lo tengo perdido, como en olvido. Sigo pensando que el cambio para mí ha sido ruinoso, me siento muy deprimido ¡quiero pastillas para la depresión!

-Tómatelo con calma que la adaptación a nuestras nuevas viviendas se lleva por lo menos cuatro meses como mínimo, eso dicen los técnicos, o algo así, mi apoyo moral lo tienes. ¿Qué más puedo hacer por ti amigo mío?

-Lo que haces, que ya es bastante, cosa que te agradezco mucho; en los malos momentos siempre es bueno tener con quien hablar aunque sea de forma mental. -Esto que nos ha pasado son cosas del destino, bastante jodido por cierto, pero es así, y nos ha tocado a nosotros.            -Del destino dices y una mierda de las más grandes, de esas que sueltan los elefantes; lo que me han hecho a mí ha sido una mala faena, peor imposible, en cuanto pueda me voy de esta casa. Tu no te quejas tanto, la que tienes apenas llega a los dieciocho años, es una autentica virguería, no me extraña que tengas erecciones una detrás de otra.            -La tengo durísima, eso creo, es cierto y lo celebro, pero me pasa algo raro, sí muy raro, creo que me va a bajar el periodo y eso no concuerda nada conmigo que soy un tío machote como tu sabes.            -Eso son suposiciones tuyas, que andas con mucha imaginación, tú disfruta de lo que tienes, que eso sí que es una verdadera suerte, y no la que tengo yo; que a mí esta casa se me cae encima de un momento a otro y la cosa es que siempre le andan haciendo reparaciones por todos lados, pero ya no tienen solidez los muros que la sustentan. En este momento estoy escuchando ruidos muy raros como una gran tronera en cadena, espero que no llueva, si lo hace estoy perdido, todo se me llenara de agua por las goteras del techo, llega acompañado de una fuerte ventolera que me perjudica mucho, cosa que ya  estoy bastante.            -Amigo Gertrudis, trabajo me está costando adaptarme a mi nueva vivienda con tantas contradicciones como tengo en ella, y encima sigo teniendo raras sensaciones, ¡rarísimas!; creo que me han cambiado el sexo y que yo sepa nunca fui transexual ni quise serlo o algo así, tengo olor a mujer por todos lados y es bueno porque me produce erecciones de las mejores, cosa de la que estoy muy contento. Tú sabes muy bien que yo soy un tío, sí, hecho y derecho con pelos en el pecho, como los de antes.

-Tronislaos te estoy observando así como de reojo y creo que tú de tío  tienes menos que cero patatero. Si así es, te miro bizcorneado, puesto que de otra manera no puedo hacerlo: tú de hombre tienes lo que tenía mi abuela, nada. En lo alto del pecho se te ven como dos bultos, es decir un par de tetas muy lindas, por entremedio de las piernas no te cuelga nada, y de tener pelos como los tíos por el cuerpo y por el pecho ni uno. Los únicos pelos que tienes, están por la zona de las ingles, muy lindos y rizaditos, son negros, tapan una rajita, creo que se llama conejito. Y la cabeza la llevas rapada completamente, creo que lo tuyo es cosa de doble personalidad; te andas con suerte de la grande, porque hay muchos que eso de la personalidad la tienen por múltiplos y de verdad te digo que es un lío de los gordos, eso de andar con tantas identidades en la cabeza; sí, creo que algo femenino te acompaña, aparte de una nueva casita, que por cierto es muy linda. Cuando pueda moverme la acariciaré con mis manos, estoy desando hacerlo, es de las casitas que me gustan.            -Te dejaré que entres en ella tantas veces como quieras, la puerta estará abierta para ti, hay que ser amigos para todo.            -Eres un buen amigo, gracias por tan generosa oferta, que acepto de antemano. Que bien nos lo pasaremos.            -¿De verdad Gertrudis me ves así? ¡No lo entiendo si yo estoy seguro de que soy del sexo varón! Macho machote. Creo que por eso me siento tan raro, si pudiese mover unos centímetros la cabeza como tú me miraría el cuerpo para cerciorarme y comprobar que de verdad lo tengo de mujer. No me gusta nada este asunto, las hembras me cayeron muy mal, no hay quien las entienda, siempre cargadas de perfume y de bolsas de la compra, y con ese carácter tan cambiante que les entra cuando eso de las hormonas se les altera, y es cada mes; acabaron fastidiándome y arruinando mi carrera iba para inventor de enseres modernos, artilugios variados y aquí me tienes.            -Pues te aguantas como yo me aguanto, así es la vida. La nueva vida que tenemos nosotros, coño que a mí los picores no se me quitan, creo que también estoy con bastante estreñimiento y hemorroides, cosas que antes nunca tuve.

-¡Amigo mío dime que no es cierto eso de que me ves como una mujer!

-Bueno te diré lo contrario para consolarte, eso es lo que nos queda, consolarnos mutuamente; eres un tío machote con un rabo como el poste de telefónica y un par de pelotas como dos melones de grandes, y eso de que eres una mujer, es solo suposición tuya y alucinaciones visuales mías. Pero amigo Tronislaos sé de buena tinta que los trasplantes de cerebro acarrean estos malentendidos que nos pasan a nosotros dos, seguimos vivos después de haber tenido accidentes muy gravísimos. A ti que tienes sesenta y siete años te han trasplantado a un cuerpo joven de mujer, y a mí que tenía veinte  me han trasplantado a un cuerpo viejo, que no responde y está muy gastado, se ve que era muy millonario, estoy muy enfadado y sabes lo que haré cuando pueda moverme ¿si es que lo consigo algún día? Cogeré y desconectaré todo; esto no es vivir, soy un cadáver estático que piensa, un zombi; todo en mí son contradicciones, tú por lo menos tienes un cuerpo de mujer joven, así que no seas tonto de remate y disfrútalo todo lo que puedas. Dicen que ellas son multiorgásmicas, lo puedes comprobar por ti mismo. Yo tengo mucho sueño, así que voy a dormir todo lo que me dejen, en los días venideros, más descansado me dedicaré a pensar lo que hago con mi situación; aunque vislumbro lo que haré y te digo amigo mío, me gusta mucho el olor a mujer que tienes, me resulta balsámico y suaviza estas tristezas mías. Mañana si me quedo dormido me llamas y echaremos otro rartito de plática, te contare cuentos como lo hacia mi abuela conmigo cuando era chiquitito. Les oigo llegar por el pasillo, espero que nos traten mejor que los días pasados; yo como ya te he contado otras veces estudiaba mucho, y era para salir de mi ignorancia y lábrame un buen futuro, en esta sociedad en la que vivimos.

Estoy de acuerdo contigo amigo Gertrudis en eso de estudiar; el conocimiento no ocupa lugar. Yo en mi pasado más reciente recuerdo que daba clase de metafísica y retorica oratoria a los políticos, y pienso que era un mal trabajo, no por el hecho de dar clase que está muy bien, si no a quien se las daba, a los poderosos y siempre las masas se andan excluidas, ¡pero si nos  dan pan y circo! como en tiempos de los Romanos.

Bueno el circo y el pan es de otra manera, mas refinada, mucha televisión, grandes superficies de consumo, que son las nuevas catedrales de este tiempo, se procura que las masas no piensen de forma critica hacia sus gobernantes, y que cuando tengan que votar cada seis años lo hagan de forma favorable a los intereses de quienes las dirigen. Todo es como un gran redil del que no puedes salir, y bien sé nos recuerdan de forma permanente que vivimos en una gran democracia, y la constitución es nuestra carta de libertades y derechos. Amigo Gertrudis, creo que todo es una farsa muy bien montada, y llegados a este punto no se cual es la realidad, y la mía menos. Lo único cierto es que huelo a perfume de mujer y eso es algo que me alegra. Llegan por el pasillo, guardemos silencio, que con las modernas maquinas que tienen se pueden enterar, de lo que pensamos y hablamos mentalmente. Mañana echamos otro ratito.

El fusionador



 

 

 

 

 

 

Érase una vez: un banco, de esos monetarios; el más grande y bastante blanco. Donde se guardan las cosas de valor, todas menos libros, era una lindeza de banco. Su director es un inventor que no inventa, una rara situación que suele darse muy poco en la banca. El presidente de la entidad resultante de las grandes fusiones se sentía un completo triunfador, era como un gran gallo en un corral de gallinas, a las que controlaba sin permitirles cacareos a destiempo. Se sentía como un dios en su trono, guiando a su rebaño.            El de la gran banca había acabado con la competencia en una jugada maestra, era un mago fusionando entidades financieras, hacia encaje de bolillo con sus adversarios.            Andaba Paco Botones en estas meditaciones detrás de su mesa, esta era de caoba reluciente, una copia exacta, igual a la que tenía el presidente de los Estados Unidos de América en el despacho oval, estaba encerada a mano, disfrutaba de su nuevo despacho de presidente de la gran corporación bancaria y para ello se sirvió un güisqui reserva de veintidós añitos, un delicia para el paladares exquisitos, cuando entró su secretaria particular de unos veinte y pocos años, experta en cuatro lenguas y muy eficaz en su trabajo, puesto que en lo de hablar para ella todo era empezar, gracias a que tenía un buen don de palabra.            -Señor presidente, su primera entrevista del día, perdón de la mañana quise decir.            -¿Quiere uno? Sírvase.            -No gracias, se lo agradezco señor, pero no bebo y en el trabajo menos.            -¿Quién es el solicitante de la entrevista?            -Aquí en la tarjeta pone, señor Plutarco, inventor de cosas prácticas, muy prácticas. Se llama como su perro, es una coincidencia supongo.            El presidente Botones poco caso hizo a lo que le decía Lolita, sus piernas metidas en una pequeña minifalda, dos muslos ejemplares como dos torres a las que muchas personas querían acceder y  todo lo demás puesto en su justo sitio, con unos senos como dos melones maduros en verano, que le tenían hipnotizado junto con unos labios rojos y carnosos que incitaban al beso. Y mil cosas más. Y no quería cuentas con él, la niña era fiel a su novio de toda la vida, menuda suerte tenía el tío, lo envidiaba a más no poder. Había comprado a muchas mujeres por unas chucherías, en total unos diamantillos de nada y se rendían ante él, algo casi sin importancia, para su presencia apolínea y gallarda, pero a aquella exuberante niña no había forma de meterle nada. Al hombre más poderoso del país le tenía cogido una mocosa tetuda, así que le echaría más paciencia a la cosa, acabaría cayendo como tantas otras cayeron, cuanto más tardase la presa en ser cazada, mas disfrutaría de su victoria.            -Señor presidente. ¿Qué le digo al inventor? ¿Le pasa algo? ¡Se ha quedado así como un poco transpuesto! Le traigo un vaso de agua fresca para que se recupere. Ese güisqui que toma solo es muy fuerte.            Reaccionó diciendo:

–Dígale que pase, estoy muy bien.            Plutarco pasó al despacho oval con su maletín en la mano, miró al presidente y a la secretaria y saludó a ambos con cortesía, poniéndolo en lo alto de la mesa lo abrió.            Aquel gesto le irritó fuertemente al presidente, y más que pusiese su mugriento bolso en su mesa reluciente de caoba, que estaba recién pulida a la cera y a mano, le hubiese dado de hostias a aquel insolente y echado a patadas de su despacho, pero no lo hizo sé aguantó, estaba lolita delante y ante las damas era un caballero. Era el gran jefe, así que se contuvo, tenía que dar ejemplo de urbanidad y más estando su secretaria particular, que los miraba a los dos de vez en cuando, muy cortésmente invitó a su entrevistado a que levantase el maletín de la mesa  y puso debajo un tapete de esos verdes como los que se usan en las timbas de póquer.            -Dígame qué desea, le escucho. Sea breve que tengo otras reuniones pendientes.            El inventor le miró extrañado pero no dijo nada y se limitó a descodificar las cerraduras del maletín y abrirlo. Fue sacando dobles folios y poniéndolos extendidos sobre la amplia mesa, con mucho cuidado unos al lado de los otros,  todos muy ordenados y en unos momentos esta estaba cubierta por completo de papeles, todos con esquemas y dibujos.            Aquello le irritó aún más de lo que estaba, pero se contuvo de echar al entrevistado a patadas. Lolita no perdía detalle y tomaba apuntes de todo, que para eso era la secretaria del jefe.            -Y bien, usted dirá qué son todos esos papeles que ha puesto sobre mi mesa, parecen crucigramas sin resolver.            Plutarco le miró directamente a los ojos, se encontró con una mirada totalmente enfrentada y amenazante que quería fulminarlo. No se inmutó, con otras miradas aceradas se había encontrado a lo largo de su vida y había afrontado la situación saliendo airoso.            -Esto que ve aquí es un desmaterializador de átomos minerales. Este invento revolucionará la industria en su totalidad. Imagínese lo que será perforar túneles en la dura roca, sin tener que tirar los molestos barrenos y sin sacar ni un vagón de escombros, piense lo costoso que resulta horadar un túnel como el del canal de la Mancha, con las costosísimas Túneladoras actuales.            -¿Tiene el invento? ¿Esa máquina sé puede ver?            -No está hecha aún, estos son los planos y el coste de su realización asciende según mis cálculos a unos cien millones.

-Le pasaré la propuesta al consejo de administración, en una semana tiene la respuesta.            Plutarco con cuidado guardó los papeles en su maletín y lo quitó de lo alto de la mesa. Botones respiró aliviado cuando el inventor salió de su despacho.            -¡Con esa majadería para hacer agujeros en la piedra me va a mí ha convencer!, ¡anda ya chalado! y encima has ocupado mi mesa de caoba reluciente como un campo de aterrizaje y te llamas como mi perro vas dado tío si quieres que te financie esa mierda de invento: pensaba para sí mismo echándose dos tragos de güisqui y mirando a Lolita.

-Y de nuevo pensó en los pechos y piernas de su secretaria, que la tenía allí delante y se dijo. Ella sí que tendría un crédito a largo plazo entre ese par de esculturales muslos que le ponían como una moto de carrera a escape libre, y  sería para toda la vida.            El inventor Plutarco, ni en una semana ni en veinte recibió respuesta alguna de la corporación bancaria,  B. E .V .A.            Diez meses después el presidente Francisco Botones y su equipo se habían consolidado como los más fuertes en sector de la banca mundial, dominaban la mitad del mercado y un poco más, lo justo para ser los primeros siendo el B. E. V .A. La corporación bancaria que se los bebía a todos y la más importante del planeta, para conseguirlo fueron lanzando opas hostiles contra sus más directos competidores y los absorbieron uno tras otro.            A Lolita su secretaria le triplicó el sueldo y la nombró asesora personal de su gabinete, la muchacha se lo merecía, cosa que ella agradeció con una sonrisa como siempre hacia. Pero seguía estando cada día más enamorada de su novio, que era albañil y no tenía ni un puto duro. El muy condenado tenía con ella una suerte endiablada.            Cerró la puerta de su despacho con llave y dijo que no le molestase nadie, se fue para su caja fuerte privada y la abrió de par en par, como a él le gustaba hacer de vez en cuando, para sentir el aroma de los billetes nuevos sin estrenar y  deleitarse con un collar de brillantes de tres vueltas y un rubí en el centro como un huevo de paloma, la gargantilla brillaba en sus manos emitiendo miles de destellos.

-Tuyo podría, ser murmuró para sus adentros. En un lado de su caja fuerte guardaba muchos títulos de propiedad de fincas inmobiliarias en las principales ciudades del mundo y de un par de islas privadas, una en la Seychelles y la otra en mar de Java. Palpó los fajos de billetes en dólares y libras esterlinas y sus ánimos se le exaltaron de pura lujuria. Cerró la caja fuerte, se echó un trago de agua, se lavó la cara y salió de su despacho. Su jornada laboral terminaba en el banco aquel día, siempre era el último en salir, cruzó unas palabras con los de seguridad y marchó a coger su coche, un largo fin de semana de cuatro días le esperaba en una de sus islas privadas.            El chofer junto con sus guardaespaldas le esperaban en el auto blindado, los saludó y acaricio la cabeza de su perro Plutarco, le dio tres galletas de las que a él le gustaban y este le dio un par de lametones en la cara y movió el rabo en agradecimiento, como postre dio unos cuantos ladridos con sonoridad.

-¿A dónde le llevo señor?

-A casa y después iremos al aeropuerto, pero cambie de ruta, yo le iré indicando. Tenía demasiados enemigos en la calle como para no vigilar su seguridad. La central de la corporación bancaria quedó vigilada por los más modernos sistemas de seguridad. Su banco era inviolable teniendo un sótano con miles de cajas privadas donde sus mejores clientes guardaban sus cosas de más valor lejos de la Hacienda y de otros.            Paco Botones con toda su familia se fue a disfrutar del largo puente a una de sus islas privadas, cosa que estaba deseando de hacer y también le acompañaba su secretaria particular, algo que no agradó mucho a la muchacha que tenía sus planes con su novio y se los chafó por completo, pero no podía arriesgarse a darle un no al jefe en asuntos de trabajo y el puente le valió otro aumento. Los buenos puestos escaseaban y ella tenía uno muy envidiable que le permitió comprarse un piso de los buenos e irse con su novio a vivir a él, puesto que Cristóbal se quedaba en Madrid bastante enfadado, pero el viaje era asunto de trabajo y un fin de semana pasa pronto.             Después de tres días. A botines una llamada de teléfono que le pasó su secretaria, le sacó de su plácido estar contemplativo, en su paradisíaca isla, ante un atardecer de esos de película.            -Rodríguez, le tengo dicho que no me llame a este número por nada, a no ser cosa muy urgente.            -Es que ha sucedido una cosa muy gorda, es urgentísimo que usted lo sepa, han desvalijado el banco por completo en este largo puente de fin de semana.            -Rodríguez déjese de bromas pesadas, yo estaré ahí el martes.            -No es broma es cierto, dentro del banco no queda nada de dinero en ningún lugar.            -El nuevo sistema de seguridad es infalible, me ha costado una fortuna instalarlo.            -Señor Botones le digo que el banco está vació y su infalible sistema de seguridad es como si no tuviese nada, no ha funcionado. Es mejor que vuelva cuanto antes y se haga cargo de la situación, el comisario para delitos monetarios con su equipo de investigación ha iniciado el trabajo de la búsqueda de los ladrones, están recogiendo datos y le esperan.            Lolita  vio como el vaso de piña colada con ron que su jefe tenía en la mano se le cayó al suelo haciéndose añicos.            -Lolita avise a la señora y a los niños que en diez minutos estén listos partimos en breve, y también avise al piloto, coja los papeles y limpie esto, volvemos a Madrid.            En veinte minutos el reactor estaba en el aire, hacia la capital del reino de España.            Al llegar al banco el comisario jefe y el director de seguridad le estaban esperando para ponerle al corriente de lo que había sucedido.            -Y bien díganme qué ha pasado.            -Señor presidente lo sucedido es muy extraño, las cámaras de video y las alarmas digitalizadas han funcionado, los vigilantes lo tienen todo grabado y en las cintas visionadas no se ve nada anormal. Pero todo el dinero ha desaparecido y en el sótano hay un gran butrón, un agujero perfecto por el que cabe una persona de pie.            -Empleo cien millones en seguridad y a la primera de cambio no sirve para nada.            -Señor presidente hemos encontrado una intrusión en nuestro ordenador central, se introdujeron en el sistema de seguridad, el viernes, justo un minuto después de cerrar las puertas, alguien ha estado dentro, sólo hemos encontrado eso, quien haya sido ha hecho un buen trabajo, no ha dejado ni una pista.            Botones, con el director, y los policías dentro de la cámara acorazada comprueban que todos los billetes han desaparecido, en su lugar un polvillo verdoso muy fino y bastante pegajoso con un olor nauseabundo.            -Presidente nuestros técnicos están analizando este polvillo, que es extremadamente fino y muy pegadizo lo hay por todos lados, todas las cajas de seguridad ha sido vaciadas y dentro el mismo polvillo verduzco.            -Mire presidente qué agujero. Dos metros de titanio y otras aleaciones de lo más duro que se conoce volatilizado, han hecho un círculo perfecto, parece trazado con un compás y aquí otra vez tenemos ese polvillo pegajoso en el suelo pero no es verdoso, el agujero da a una casa deshabitada, justo lo que necesitaban los ladrones para trabajar sin que les molestase nadie, como ve señor presidente todas las cajas de seguridad y la caja principal están vacías.            -Tendrá un inventario de todos sus clientes, y de lo que tenían en su interior.            -Eran cajas secretas y solo sus dueños sabían su contenido, comisario sígame a mi despacho, esto es como una pesadilla.            Paco Botones empezó a andar muy deprisa y detrás del iba su perro Plutarco junto con Lolita y el comisario, los empleados aún no habían empezado a trabajar pues había policías por todos lados. El presidente Botones cogió la llave de su despacho y antes de abrir pidió a Lolita un vaso de agua bien fría para pasar los malos tragos del día, abrió la puerta miró y dio un grito.           -Mierda ¿qué ha pasado con mi mesa? ¿Dónde está?            -No veo ninguna mesa señor presidente: -Dijo Lolita cándidamente.            -Estaba ahí enfrente y era muy grande para que se haya evaporado así como así, y mi caja de caudales abierta.            Se dirigió a ella, miró en su interior y remiró, ni rastro de su valiosa colección de joyas y de los billetes menos aún, pero sí encontró el mismo polvillo verde y pegajoso que había por todo el banco. Miró de nuevo en la caja fuerte y cogió un diamante como un garbanzo de grande.

-Esto ha quedado, sólo esto. ¿Y mi mesa oval estaba aquí? en este lugar, ocupaba medio despacho y lo que hay en su lugares un globo rojo inflado encima de este polvo verduzco y asqueroso que nos lo estamos encontrando por todos lados.            Botones cogió el globo que estaba inflado al máximo lo miró, pues tenía unos dibujos muy esquemáticos que le recordaron algo y en ese momento explotó con gran estruendo y polvareda tirando de espaldas al presidente y al comisario, la secretaria salió corriendo a pierna suelta pasillo adelante seguida del perro Plutarco que corría con el rabo entre las patas y en una curva del pasillo adelantó a la secretaria patinando y dándose de costado contra un macetero que voló por los aires cayendo al suelo y sé hizo tiestos con gran estruendo.            El comisario con una mano sacaba fuera del despacho a Botones y con otra se tapaba la nariz y la boca con un pañuelo, cerró la puerta, respirando profundamente.            Policías y empleados se acercaron al escuchar la explosión, pero no mucho, el olor nauseabundo era muy fuerte.            -Jefe que pestuza más enorme, es que se ha jiñao alguien de forma exagerada. O ha sido el banquero.            -Sargento no se ha cagado nadie, era un globo de gas apestoso que ha reventado, eso es lo que huele tan mal.            En ese momento Botones abrió los ojos, que los tenía desencajados y gritó fuerte, -Ha sido Plutarco; policías cogerlo, sé que ha sido él, es un hijo de puta, ¡se ha vengado de mí! el inventor tiene la culpa de todo.

-Cualquiera coge al perro -dijo Lolita que había vuelto con un vaso de agua fría para su jefe.            -Vaya cuesco que se ha arreado el Plutarco: Dijo el director de personal que miraba lo que sucedía desde una prudencial distancia.            Ordenó el comisario muy enérgico a todos y bastante enfadado: -Que a nadie se le ocurra encender un cigarro, podemos volar por los aires, ¡que alguien pongan los sistemas de ventilación a tope, para que se vaya esta peste tan asquerosa!            Lolita miraba a todos con cara de perplejidad.            El presidente volvió a gritar desde donde estaba sentado con las manos abiertas y gesticulando con grandes ademanes, y los ojos desencajados.

-Detenedlo, detenedlo es Plutarco, el causante de todo. Quiero verlo convertido en arenilla, a la cárcel con el de por vida. Lo que yo tenía en este banco me lo ha volatilizado con su máquina.            -Jefe: -dijo Lolita agachándose y una vez más enseñándole sus potentes senos. Plutarco es imposible que haya hecho una cosa así, y no creo que lo encuentren, me adelantó por el pasillo como alma que lleva el diablo dentro del cuerpo, fue al escuchar la explosión del globo.            Gritó de nuevo Botones medio desencajado: –Queda despedía so tía simple, guárdese sus melones, sus piernas y esa boca de mamona que tiene, buscad a Plutarco y meterlo entre rejas, tiene que estar en algún lugar, ir todos a buscarle. Gritó fuera de sí.            -Comisario a este se le ha ido la perola totalmente, será mejor que llamemos a los del frenopático y que vengan los loqueros, puede mordernos, mire esta babeando.            -Sargento se ve que hoy tiene un buen día.

-Buenísimo comisario, de los mejores.

-Llame a una ambulancia y que lo lleven a un hospital, este hombre está fuera de sí, tiene un ataque de nervios muy agudo.

-Jefe con una mano de hostias se tranquiliza, se las arreo.

-¡Sargento haga el favor de callarse y salga de aquí!            Mientras esperaban a los de la ambulancia, botones repetía una y otra vez entre sollozos: –Sé que ha sido Plutarco, se que ha sido Plutarco, detenedle.            -Jefe que se ha empeñado en que detengamos a su perro. ¿Qué hacemos?

-Buscad al dichoso perro de una vez a ver si se calma un poco, estos banqueros son la rehostia en chancletas veraniegas. -Dijo el comisario aguantándose la risa y el enfado a duras penas.

-Sargento venga y disculpe por lo de antes, haga un informe completo de todo y cuando lo tengan lo pasan a mi despacho.            -¿Del presidente también hacemos informe?            -Sí también del presidente, la policía ha de ser veraz, muy veraz en sus pesquisas.            -Me acaban de decir los muchachos que no han encontrado ni una huella extraña, las que han sacado son las del personal y del presidente.            -Que sigan buscando, algo se habrán dejado, no existe el robo perfecto, siempre se dejan algún cabo suelto y que examinen en el laboratorio el polvillo  pegajoso, ese que hay por dónde estaban los dineros.            -Esto supone la quiebra del banco B. E. V. A. Banca Europea, Valenciana y andaluza. Esta es la central y nos hemos quedado sin fondos estamos arruinados comisario. No creo que el seguro de riesgos pueda o quiera hacerse cargo de todos nuestros clientes y más si son de cajas de seguridad privadas, que sólo ellos sabían lo que tenían dentro.

Al día siguiente todos los periódicos daban la noticia del audaz atraco a la central de la corporación bancaria B. E. V. A. como se le conocía, y que su presidente acusaba a su perro Plutarco del robo.

Periódicos, radios y televisiones coincidían en una cosa, que al presidente del banco más grande del planeta se le había ido la cabeza volviéndose majareta, cosa bastante rara, pues en los medios financieros siempre tuvo fama de tenerla en su sitio, y bien fría.

La lampara y el genio deshabitado





 

 

 

Érase una vez que se era: Un tiempo muy frío, con viento y mucha nieve. Había un genio pequeño subido a un árbol muy grande protegiéndose de aquella  inclemencia, pero no lo conseguía. Estaba triste y solitario porque no tenía su lámpara para cobijarse y para vivir en ella.

Está claro que un genio sin lámpara ni es genio ni es nada y una lámpara sin genio lo es menos aún.

Este genio no era uno común. Tenía sus limitaciones. Realizaba maravillas con su magia pero no podía resguardarse de aquel frío friísimo, ni de los vientos huracanados utilizando sus poderes en su propio beneficio. Y menos aún para construirse una lámpara que fuera su casa.

- ¡Qué mal lo tengo! -se dijo, con el otoño a punto de terminar y el más frío invierno que llega tiritándome. ¡Si yo sé esto no me meto a genio, es un trabajo muy duro! Seguramente que trabajando de albañil por lo menos casa tendría.

Entre las ramas y el frío viento estaba triste y solitario. Y lloraba, pues no quería que aquel bosque fuera su sudario. Pero una de las veces en que el fuerte viento estuvo a punto de tirarlo al suelo desde donde estaba encaramado, muy cabreado, se dijo “Si no tengo lámpara me buscaré un cortijo”. Sé que un genio no tiene que vivir en un cortijo, pero a estas alturas y con el invierno que me espera ¿qué puedo hacer? Aquí hace un frío que pela, me castañean hasta las pestañas por no decir los dientes, que parecen unas castañuelas de juerga.

Bajando del viejo árbol rugoso, una fuerte ráfaga casi se lo lleva a hacer puñetas a otra parte. Se tuvo que agarrar muy fuerte y una vez en el suelo, vio una vieja y oxidada lámpara de latón latonero semienterrada. El viento la había dejado al descubierto, otra fuerte ráfaga se la quitó de las manos y la golpeó contra una piedra. El genio corrió detrás de ella y la cogió de nuevo. Estaba abolladísima.

Se alegró mucho muchísimo y más por su hallazgo. Abrió la lámpara para meterse en su interior y una fuerte voz le increpó:

- ¡Alto ahí malandrín! ¿Qué vas a hacer? ¡Que te veo, Mateo! Tapa la lámpara y vete de paseo.

Se pegó un susto tremendo y se quedó quieto, sin reaccionar y muy sorprendido por la actitud de la lámpara.

-Dijo el genio: Estoy harto de pasar frío y demás inclemencias y voy a vivir aquí dentro, pues como tú sabes un genio sin lámpara vale bien poco y una lámpara sin genio vale menos aún.

La lámpara le contestó:

-Cierto, muy cierto. Pero prefiero estar sola a tener que vérmelas con más genios. El último era un gandul y un guarro. No me limpiaba y se arreaba unos apestosos pedos de alubias con ajos y cebollas yo no podía ni respirar. Una noche casi me gaseó. En vez de ser la casa de un genio yo parecía una cámara de gas letal.

-Dijo el genio: lámpara yo soy muy hacendoso. Barro, limpio y lavo todos los días.

-Eso mismo dijeron los otros y después me salieron por peteneras. Hasta hubo uno que salió por los cerros de Úbeda, que ni son cerros ni nada.

-¡Lámpara lamparita, ayuda a este genio deshabitado! Se acerca un frío invierno y sin casa lo pasaré muy mal. Es que soy muy friolero. Lo heredé de mi padre, que él también pasaba sus fríos. ¡Serás la mejor lámpara con el mejor genio dentro!

-¿De verdad que no me mientes?

-¡Eso quisiera yo, echar un embuste de vez en cuando! Me encantaría engañar a cualquier capullo, de esos que hay muchos por esos mundos.

-¿De verdad de verdaíca?, dijo la lámpara lamparica.

-Yo nunca miento, pues si lo hago pierdo poderes y mengua mi magia. Así que tengo que ser sincero en un mundo de embusteros.

-De acuerdo, seré tu lámpara, antes cántame un poema de amor. Me encanta la poesía.

El genio se rascó su pelada cabeza, se mesó su larga trenza y le dijo:

-Lámpara, me pones en un aprieto, pues lo mío no es la poesía y menos de amor. Buscaré y rebuscaré. Espero encontrar algo, pues aquí fuera cada vez hace más frío y empieza a nevar. A ver si te gusta este que he encontrado cerca de un cortijo para dos amantes de los de antes, que labraban la tierra, sembraban el grano y bebían en botijo y comían migas con gazpacho longaniza y habas tiernas, con lo ricas que están y el hambre que tengo yo. Escúchame lámpara que te lo recito pues cantar no puedo ando con catarro gordo.

Sueño con ser dueño

de esa loca melodía

que con mis manos     

escribo en tu piel y en la mía.

Habitante de mundos imaginados

Seres fiel compañero

Y siempre estaré a tu lado.

Soy como el amante que empieza

en una ausente primavera

que siempre llega

con sensaciones nuevas.

La lámpara aplaudió de contenta. Como adoraba el verso hecho poesía, abrió puertas y corazón y el genio en la lámpara se instaló. Una vez dentro echó un vistacillo a su nueva casa. Al fondo había una chimenea con unos tronquitos ardiendo para mantener la casa calentita.

- ¡Hogar, dulce hogar!

-Exclamó el genio muy contento.

Había también una grande muy grande estantería llena de libros junto a la chimenea, al lado de un estudio de pintura con toda clase de materiales para dibujar y pintar óleos o acuarelas.

- Oye lámpara. ¿Es que pintas?

- ¡Qué más quisiera yo saber pintar un cuadrito de esos que tanto me gustan! Esto era de un genio embustero que me engañó diciéndome que me haría uno retratito. Me engañó para habitarme y de pintar nada. Así que me pasé meses esperando.

El muy ladino era un borrachín y me llenó todo de botellas, odres y toneles de vino. Yo parecía una taberna pestilente, así que un día que salió muy pedo y que se le olvidó la llave dentro, me escondí en un tronco, en ese que tú estabas subido. Lo que pasó es que unos monos muy traviesos me encontraron y me sacaron fuera de mi escondite y aquí estoy otra vez.

-Nada, lámpara, que se acabaron tus sufridos días y los míos también. Te pintaré el mejor retrato, soy pintor. Y arreglaré todas tus abolladuras pues aprendí el arte del fuego de mi abuelo, era fragüero.

El genio siguió recorriendo el interior de la lámpara y se encontró una mullida y esponjosa cama para dormir y descansar. Por una vez en su vida pasó de no tener nada y nadar en la más abundante de las tristezas, a tenerlo todo y estar muy acomodado.

Desde aquel día el genio y la lámpara aprendieron a tolerarse, a compartir y a vivir juntos, pues dos desconocidos eran y aunque tenían muchas cosas en común, otras no lo eran tanto. Cada uno iba cumpliendo su cometido lo mejor que podía. El genio se había recuperado del catarro que cogió en lo alto del árbol y la lámpara tenía algunas abolladuras menos.

-Dijo la lámpara: Genio ¿Cómo llevas tu trabajo? Veo que estás muy moreno y que tienes muy buen color.

- Bien, muy bien. Lo que pasa es que antes al estar deshabitado estaba muy enflaquecido y lo del buen color es que salgo bastante al exterior. Y también porque soy un genio mulato, vaya, de padre blanco y madre negra.

- Y dime ahora que te veo más feliz. ¿Ayudas mucho a los de fuera?

- Sí, muchísimo, a todo el que me lo pide y se lo merezca.

- ¿Cómo al que se lo merezca?

- Sencillamente ayudo a quien lo necesita de verdad, a los más pobres concretamente.

- ¿Y a los ricos no les ayudas?

- Ay, mi querida lámpara, soy un genio que yudo a los pobres, pero no a los pobres de espíritu; conozco algunos que son tan pobres tan pobres, que lo único que acumulan es dinero. A quienes más ayudo son a los que no tienen casa. Siempre me acuerdo de lo mal que se pasa a la intemperie siendo azotado inclementemente por lluvia, viento, frío, granizo y nieve. Y por no hablar del sol en el verano, que te deja seco como una esponja en un desierto. Yo sé lo que es el calor. Viví largos años en esas duras condiciones hasta que apareciste tú, mi hada madrina.

- ¡Huy, genio, no me digas eso que me pongo tierna! Si tan sólo soy una vieja lámpara abollada.

- Querida amiga mía las apariencias engañan. Por dentro eres la mejor que he conocido en muchos pero que muchos tiempos, la mejor de todas las lámparas por las que he pasado y estoy muy agradecido por tus atenciones hacia mí. Además ya no estás abollada, te he reparado bien los golpes que tenías y estás mejor que antes. Mira, esta eres tú en el bosque.

El genio le enseñó una pintura en la que se veía a la lámpara en lo alto de una piedra junto a un río y estaba reluciente.

- ¡Pues qué linda que estoy! Si parezco una jovenzuela. Hay nieve, se ve que aún es invierno.

La lámpara se quedó dormida dejando la lumbre de la chimenea encendida. No quería que el genio pasara frío por la noche, últimamente trabajaba demasiado, pues los pobres habían aumentado mucho muchísimo.

La llegada al paraiso: vamos daos



 

             Estaba repasando por última vez el libro de cuentos que iba a mandar a su editorial. Nunca había tardado tanto tiempo en terminar una obra. En un cuento breve de dos páginas se encontró un poema; le resulto muy extraño algo rarísimo, ya que él nunca escribía versos y más un poema de casi media página. Era respetuoso con los poetas. Escribir poesía libre y hacerlo bien eso son palabras mayores. Pocos son los que los hay, y los que hubo se fueron hace mucho tiempo. El cristal con las piedras se rompe y el poema nace roto                       Un mal poeta es como sembrar en la arena de la orilla del mar, nada crece, la palabra escrita tiene que tener su propio rimo y candencia, no pueden sonar como pedradas en una cristalera.            En el anterior repaso no se encontró el poema, algo pasaba y no sabía que era: seria su gato Nicanor que de vez en cuando le visitaba para saludarle y le sacaba de la corrección en la que estaba. No tenía ni idea el porqué había escrito los versos, no lo sabía, ni lo recordaba de forma alguna aunque se estrujase la sesera. ¿Y cuándo fue? Menuda putada. El se sentía a veces una persona extraña a sí mismo. Pensar en el valor moral del dinero es deprimente.                       En su libro novela de cuentos, o cuentos novelados, no buscaba innovar nada, ya que él tenía estilo propio; labrado durante mucho, pero, pero, pero, que muchos años. El no era tartajoso y encima se encontraba repeticiones por todos lados y palabras absurdas que no vienen a cuento de ningún tipo: como por ejemplo.            Me pican las ideas una barbaridad y ¿Estará criando sarna mi cerebro? Será sarna mental. No sé donde se me han ido mis pensares novelados, seguro que se me han resbalado por algún lado. No eres mi nieta; en la pared hay cucarachas blancas, yo cuando niño rodaba el trompo en la acera y le rompí él, cristal a la panadera. Esto no cabe en mi novela cuento. ¿Y lo he escrito yo? Que cosas más raras escribo, y me doy cuenta cuando estoy repasando el trabajo que está terminado. Estaba acabado. Creo que al paso que voy esto no se termina nunca.            ¿Porque no le tocaban a él los cuarenta y nueve millones de Leuros? Se dice Euros. ¿Porque no jugaba ningún boleto? Todo un acierto ahorrativo el suyo. No se concentraba en la última corrección, le estaba picando una oreja y sentía un fuerte pitido seguido dentro oído. Los Euros son como una nueva plaga en forma de maldición. Hay que maldecir los dineros, y las aceras altas no son aptas para ancianos y cojos. El libro de cuentos se le había marchado sin su permiso, estaría por  fuera. Saldría a darse un paseo y lo saludaría: es bueno que los libros de cuentos salgan a pasear. ¿Quién paseaba? ¿El o los cuentos de su libro?             Se refrescaría las ideas y el cuerpo, tenia aire acondicionando manual, un abanico de los grandes, con este calor se derrite hasta el amor más tórrido.         Donde se quedó el amor. En que parte del olvido anda: ¿Esto, es no es de la novela? A mí me gusta sentarme en una orilla de la vida tomar el sol. Esta  en la que estoy tiene luz, La de las letras, no necesito millones de Leuros. Se me escapan algunas letras. Volverán, no pueden vivir fuera del diccionario. ¿O lo mismos si? No había pensado en ese detalle que es grande como un fértil valle. Otra vez se me han escapado algunas versificaciones, no soy versificador, cuento cuentos novelados por todos lados, es lo que sé hacer.            ¿Donde está la novela? en mi mente anda latente, o está en la escuela con la maestra, las niñas, eso las niñas que hacen piñas. Poneos fiemes dijo la docente; cantaremos entre todos el cara al sol. En tus muertos, escribí en mi mente. Enseñanzas fascistizadas  las que recibíamos a tierna edad. Para sus muertos. Mentalmente siempre he dicho palabrotas. Como que los políticos son unos grandes “dermocratas”            Está nublado le dije, cantemos cara a las nubes. Creo recordar que la maestra me arreo con algo duro, porque le mordí en una mano y casi le corto un dedo, dos dedos, tres dedos, cuatro dedos, todos los dedos. La maestra mala sin dedos va. Todas las manos abiertas en cadena para exigir la paz de forma permanente. Esto si esta dentro de un cuento que estoy repasando, la novela ha vuelto, es todo un acierto en una palangana. Una de las sobrinas de la maestra siempre está con las piernas abiertas y no lleva bragas puestas ni sayas. En el bolso las guarda para no gastarlas; yo tengo los bolsillos del pantalón llenos de agujerillos y no es de ver los pajarillos.            Odio la poesías, me persiguen las rimas y las leyendas se han olvidado de mí y Gustavo ese tal Bequer tambien anda en olvidos. Tengo que enganchar los cuentos unos con otros, como una reata de mulos tirando de una carreta cargada de cebada en sacos muy llenos. Los romanos construían calzadas y tenían carretas, yo tengo una bicicleta en algún lugar de la mancha, no sé si Cervantes fue antes, pero sé que fue. Dice la maestra que es un pecado tener los bolsillos rotos y que iremos al infierno, somos pecadores. Todos al infierno iremos y las masturbaciones tambien; yo sin ellas no voy a ningún lado, que venga con nosotros la vecina del Paquillo, que las hace con la izquierda. Otra vez se me ha ido la novela y los cuentos, van por barlovento con buena mar y buen viento. El poeta dijo muchas cosas en verso y rimando al viento. Entre ellas que no es lo mismo predicar que dar trigo y que del dicho al hecho hay un abismo. Como el de Guantanamo, auspiciado por los gringos y apoyado por los occidentales. ¡Toma caraja grande como una tinaja!            -Abuelo, tomate el vaso de leche con galletas y las pastillas que luego no duermes y nos despiertas a todos: esas no son formas de hablar en voz alta, menuda conversación tienes, se oye desde la calle. Aunque sea la novela lo que estas repasando, lees en voz alta y después te quejas de que tienes ronquera y no puedes hablar. Podías leer para ti en silencio.            ¿Tu quien eres?, ¿Si es que eres alguien? Todos intentamos ser alguien en la vida, pocos lo consiguen. El pastor Joseillo fue alguien en el monte: Era un filósofo carrilano que guardaba ganado            -Joder Abuelo ¡Como estas hoy! Soy tu nieta Encarna, la que te cuida y le da la última corrección a tus novelas, desde hace diez años, termina pronto la que tienes media acabada.            -¿Que tienes diez años?, ¿y qué haces fuera de la escuela? Si te escapas la maestra con una vara te pega.            -Coño con la sordera y la desmemoria del abuelo, que le tengo que hablar a voces porqué no quiere ponerse el jodido apartico dentro de la oreja, estoy hasta el mismísimo; de esta dimito para siempre; que venga mi madre y se haga cargo de ti: Tu editor me ha pedido la novela terminada. As un esfuerzo, me ha dado un plazo muy concreto, tres semanas.            -Carmen pronto la terminare, en un par de días, voy quitando poemas que me he encontrado dentro. Y no sé cómo han llegado a ella, últimamente me pasan cosas muy raras con las letras que escribo. Creo que alguien lo hace por mí a escondidas y me cambia las frases adrede.                  -Son los años que tienes y  también tu memoria, que a veces la tienes en olvido. Joder menos mal que oyes un poco cuando te conviene y tu cerebro coordina, pues ya sabes que tienes de plazo hasta final de mes y yo necesito por lo menos diez días para darle la corrección final. Abuelo me voy a casa de mi madree, es tu hija y se va a quedar contigo toda la semana.            -¡A tu madre no la quiero aquí! Es una sargenta con tricornio ladeado y me da muchas ordenes; no estoy para ordenanzas a lo bravo.              -Abuelo, es tu hija y te quiere, últimamente estas muy raro, que no se te olvide que te toca ducharte esta noche antes de acostarte y haz tus ejercicios en la bicicleta, es para mantenerte en forma.            -¿De quién es la novela que estoy escribiendo?            -Tuya, abuelo, es tuya. Me haces sentirme tonta del carajo. Mira que hay que tener paciencia contigo, infinita, hay que tenerla infinita.            -Pues ahí van unos versos de esos, ¿está es la novela que dices que es mía? Se me han caído los versos por un lado de la vida. Mejor por una esquina donde se ponen las mujeres de vida fácil. Qué suerte tienen ellas con llevar una vida fácil. Con lo difícil que resulta vivir en tiempos de crisis. Los pobres y los currantes siempre estamos en crisis; existencial y monetaria.            Pues claro que es tuya. Tú eres el que la escribe. Como sigamos con esta palabrería absurda no se termina el trabajo a tiempo y adiós contrato.            -Eso es lo que se tiene que tener; un buen trato, sí, el buen trato es imprescindible y los buenos tratantes van a todos lados, hay que saber hacer buenos negocios, sobretodo vender el aceite de oliva a sus justo precio, se que por algún lado anda el precio exacto. El alma que es etérea no se puede ver ni pesar. Por esos hay tantos políticos desalmados. Dermocratas, que sois todos muy democráticos de pico para adentro.            Abuelo, te repito que te debes a tus lectores, los tienes por millones. En todo el mundo. Eres un gran contador de historias. Para mí el mejor y que alguien diga lo, contrario. Co lo atacada que como estoy de los nervios lo mando a donde pico el pollo.            Gracias Encarnita, tu ayuda es muy valiosa. Mira, me quedan treinta paginas, en cuatro días las tienes terminadas en tus manos, y que venga tu madre con prontitud; hace tiempo que no se pasa por aquí, tengo ganas de verla. Y tus tres hermanos ¿cómo están?            -En América del norte trabajando y ganando muchos dólares, de esos.

Que bastante falta hacen.            -Ya podían trabajar más cerca de su casa y no irse tan lejos. Tengo lapsus mentales y no sé qué es lo que me pasa, creo que son los muchos años que tengo.            -Mamá mañana te llevara a un especialista para que te mire el cerebro.            -Mi cerebro está bien, no me duele nada. El dolor del cerebro es como el del alma es incorpóreo.            -Abuelo, es para que te vea eso de la memoria. Es muy contraproducente perderla del todo.            -La memoria la tengo muy bien concertada en tarifa plana, me acuerdo perfectamente de cuando estábamos en la escuela y la maestra nos hacia cantar el cara al sol y al que no cantaba le arreaba con una vara de almendro en todo el culo; la apedree a escondidas, la escalabré y la tuvieron que llevar al médico, le dieron siete puntos cerca de una ceja, era muy mala. Dile a mi editor que disculpe el retraso, ponle una escusa, que tengo un leve resfriado y voy más lento de lo habitual. Lo de la lentitud es muy cierto.            La nieta se fue a la compra y el escritor cogió otra vez su ritmo centrándose en su trabajo. Para hacer un poco de ejercicio se fue a caminar un poco. Estar muchas horas sentado, le dejaba muy mal. Casi baldado y le dolía todo el cuerpo, a veces ni notaba que se le dormía por partes; ya se podía dormir entero. Parecía su cuerpo el de otro. Todo lo hacía de forma pausada. Como si eso del tiempo no fuese con él: que ya tenía ochenta y tres años y estaba medianamente bien. Su pequeño huerto de verduras y frutales, era la viva prueba de ello. Ya que se encargaba de cuidarlo con mimo y cariño, cosa que le agradecían las plantas portándose muy generosas con él, La vida mientras estamos en ella, es una prueba en estado permanente.  Pero ya no florecen las mejores ideas y se tiran a la papelera, si surge alguna. La jodida y correcta política, banal y vacía. Las rematadamente malas y mediocres medran  como los purpurados inquisidores en sus pulpitos mediáticos, cuando tenía que ser al revés. Me empieza otra vez a tartamudear el cerebro. Seguiré con los cuentos con buen viento por barlovento. Mientras este cuerpo aguante iré adelante.                               

Guendi



                       

 

Érase una vez que se era unas montañas muy lindas, ¡qué digo, lindísimas! También era un lugar muy, pero que muy lejano en el tiempo. A pesar de la aridez y sequías que se venían padeciendo continuadamente, llegó un tiempo para soñar, cargado de futuro. Los sueños jamás tienen que morir, han de vivir siempre, sin ellos estamos perdidos. Esta es la historia de un sueño que nunca se rindió ante nada ni ante nadie y eso que a lo largo de su vida pasó bastantes calamidades. Veíase parado frente al mar mirando aquel azul turquesa y a las olas en su ir y venir, estas viajeras incansables que jamás paran hasta llegar a su lugar de destino. Esa playa, que tanto le gustaba visitar, era tranquila y soleada. Allí el rumor a mar y a viento rompía el silencio. También se oía alguna que otra gaviota, las podía ver volando en libertad, que cosa mas linda. Tenía que hacer algo. Llevaba demasiados años errante y empezaba a sentirse cansado. Después de tanta búsqueda a lo largo de toda una vida, aún no había encontrado lo que de verdad quería, y ese era un hecho que empezaba a irritarle. Pero siendo como él era, las cosas no podían ir por otros derroteros. Andaba en estas guisas y cavilaciones, cuando en la lejanía vio un gran bulto mecido por las olas. Al pronto parecía una barca abandonada pero no lo era. Se veía muy rara en sus formas. Se acercó hasta estar encima y, para su mayor sorpresa, resultó ser un tronco de castaño muy grande que flotaba en el agua con todas sus ramas y raíces. Aquel inmenso árbol podía tener cientos de años. Se preguntaba qué descomunal fuerza lo había arrancado de raíz y lo había lanzado al mar. O lo mismo había muerto de viejo. Se le ocurrió la idea de convertirse en una flauta de madera de castaño e irse a vivir al lugar de origen del árbol. Sí, la idea le pareció estupenda; siempre le gustó el sonido de la flauta de madera. Y volaría con el viento, que era un viajero incansable, y su aliado. De esta manera empezó su nueva aventura. Estuvo viajando días y noches y parecía que nunca llegaría a su lugar de destino. Un día, al amanecer, se dio cuenta de que su viaje había terminado. Se encontraba en loa estación del otoño con su blanco moño, y en unas montañas muy altas, en lo más alto de todo había mucha nieve. Desde esa altura observó los valles que se extendían alrededor de aquellas cumbres nevadas. El sol derramaba luz y color por doquier. Infinidad de riachuelos se dejaban caer por entre las peñas de sus cauces a los valles, cantandillo alegres y saltarines. Empezó a buscar el lugar donde vivió el castaño. Cuando encontró el sitio lo miró. Allí había vivido toda una vida el árbol que flotaba en el mar. Era cierto, había muerto de viejo. Allí, delante de él, había un bosque de centenarios árboles. Y quedó gratamente sorprendido por la gran variedad y los majestuosos portes. Paseó entre aquellos supervivientes milenarios. Observó  las doradas hojas caídas formado una mullida alfombra multicolor. Se quedó mirando un castaño muy alto, tan alto como un edificio de veinte pisos y con un tronco tan grueso que diez personas no eran capaces de abarcarlo con sus brazos abiertos.  La suave brisa otoñal movía levemente las hojas caídas produciéndole un agradable cosquilleo, cosa que aprovechó para echarse una siesta en aquel mullido colchón. El bosque entero se mecía a la sombra del fin del otoño en una alfombra que se extendía por todo el suelo. Pasó un tiempo y los árboles se prepararon  para pasar el duro invierno, que detrás de la esquina  empezaba a asomarse reclamando lo que le pertenecía, y ay de aquel que no se ande a buen cobijo o no tuviese las raíces bien plantadas en el suelo.

Los castaños dejaban caer las últimas hojas que les quedaban encima, mientras el frío viento bajaba de la alta sierra enseñoreándose con el paisaje y con el paisanaje, haciendo que sus moradores se abrigasen. Escuchó ruidos que le despertaron, se asomó a ver lo que pasaba, y vio a una muchachita de largo pelo rizado y a una gata muy peluda que subían por la cuesta. Se escondió entre las hoja caídas  para que no le viesen y se puso a observar lo que hacían. La muchachita cogió hojas, las amontonó a modo de cojín junto al tronco del castaño y se sentó apoyando la espalda en su amplia base mientras la gata se entretenía jugando en el suelo armando un gran revuelo.            -Güendi, ya sé que te gusta mucho cazar topos, pero ten cuidado que ellos también muerden. Y la última vez que te metiste con un lagarto sabes tú que te costó un buen disgusto. Anda ven aquí y siéntate a mi lado. ¿Te acuerdas de lo que me dijo mi abuelita un día? era referente a estos castaños. Pues me dijo que los árboles son el tesoro más grande que hay encima de la tierra y que sin ellos las personas no podríamos existir. De principio no lo comprendí, pero con el paso del tiempo he llegado a entender el significado de sus palabras. Mira este castaño que está dejando caer sus últimas hojas. Está totalmente preparado para pasar el invierno y no necesita abrigo alguno. Tú y yo sí que lo necesitamos. Nos moriríamos de frío si no nos abrigásemos. Me gustan estos campos, montes y valles. Le prometí a mi abuelita que cuidaría sus árboles. Espero hacerlo como ella me enseñó. Creo que la recogida de las castañas dará bastante dinero para vivir este año. Árboles tenemos todos los que queramos, lo que faltan son ganas de trabajar. Así que como hasta la primavera no labramos la tierra, tenemos tiempo para organizarnos. ¿Sabes, Güendi? Me gustaría ser brisa en la montaña para bañarme en el río, mecerme en una rama y pasear por las altas cumbres nevadas. Ser lluvia, sol y viento y dormir sobre una alfombra dorada como la que tenemos aquí, con los atardeceres rojos a los que están acostumbrados nuestros ojos. Y no hay nada que se le iguale. El sueño, que lo había escuchado todo se dijo: “He aquí a la persona idónea para llevar a cabo mi proyecto”.            -¡Güendi! ¿Qué tienes en la boca? Te tengo dicho que no cojas cosas del suelo. A ver, ven y enséñame lo que has cogido. Fíjate lo que has encontrado, una vieja flauta de madera. Cualquiera sabe de quién fue y además está enmohecida por los hongos del suelo, es muy linda; pobrecita la abandonaron hace tiempo. Eloisa sopló la flauta y sonó levemente. 

-Fíjate, Güendi, creo que hasta puede valer. Así que vamos a limpiarla. Eloisa cogió su bufanda y empezó a frotar la madera de la flauta. Y conforme lo iba haciendo esta empezaba a tomar lustre. Siguió en la faena  durante un buen rato y cuando terminó la observó y dijo. -Guendi Mira como reluce. ¡Si parece que nunca hubiese estado enterrada en las hojas del suelo! Así que presta atención y escucha, que lo mismo hemos tenido suerte y suena bien. Empezó a soplar la flauta y una suave melodía se dejaba oír por todo el entorno. El tiempo que estuvo tocando la flauta, Güendi permaneció como hipnotizada, sólo movía la punta de la cola, lo cual quería decir que estaba muy atenta y no perdía detalle de lo que hacía su  amiga Eloisa.            -¡Genial, querida amiga mía! -exclamó Eloisa- Esta flauta es un tesoro. ¿Te has dado cuenta de lo bien que suena? Creo que alguien la perdió hace años y mira por dónde te la has encontrado tú. Ha sido una gran suerte para nosotros y para la flauta, suena a las mil maravillas. He tenido la sensación de que la música estaba por todos lados, quizá sean imaginaciones mías. Creo que ha sido un buen hallazgo. Además tiene unas letras grabadas. Te las voy  a leer, dicen lo siguiente: “Soy como los sueños buenos, si no me abandonas siempre te ayudaré”.

-¿Y si es una flauta mágica como la del cuento? nos la quedamos. Me gusta, es muy linda y suena muy bien. Aún recuerdo cuando la abuelita dijo que me dejaba en herencia  todos los árboles porque  yo era la única que los entendía .y cuidaba. ¡Se me ha ocurrido una buena idea! Montaremos una fábrica de harina. Tengo cientos de castaños por este bosque, los seguiremos cultivando, y como nos quedan muchos terrenos de baldío, plantaremos nuevos árboles. De esta forma las personas no se tendrán que ir fuera de su tierra a lugares lejanos y extraños a buscar trabajo, que es muy duro. Podrán trabajar cerquita de sus casas. Güendi escuchaba a Eloisa desde lo alto de una rama a la que se había subido, le encantaba recorrer el castaño.

- Algún día te caerás de ahí arriba. Venga, bájate que nos vamos a casa. Ya se pondrá el sol y aquí hace demasiado frío. Cogieron el sendero del pueblo. Eloisa iba tocando aquellas viejas melodías que le había enseñado su abuela cuando era pequeñita. ¡Y qué bien que sonaban!

-Güendi, tenemos que hacer que nuestro bosque y los demás bosques sean los mejores del mundo. Aquí en estos terrenos que son llanos construiremos una casita para vivir tú y yo. Tendremos un horno para hacer pan y una chimenea para que en el invierno no pasemos frío y estemos calentitas las dos. Eso es lo que haremos. Y nos reuniremos con nuestros amigos alrededor del fuego, contaremos historias y tocaremos la flauta. Llamaremos a Paco, el hijo del pastor, que tiene una guitarra y la toca muy bien

Eloisa se guardó la flauta y mientras caminaba en dirección al pueblo, por el estrecho sendero, pensaba en el reencuentro tan estupendo que habían tenido con la tierra que le vio nacer después de cinco años sin visitarla. Allí estaban sus centenarios castaños erguidos como dioses fuertes y poderosos pero faltaba el mas viejo y era raro no estaba por ningún sitio. Cuando llegaron al pueblo ya era bien entrada la noche. En la plaza había bastante gente reunida. Todos cuchicheaban en grupos. Aquello era raro, pues bajaba un airecillo de la alta sierra que afeitaba en seco y helaba las palabras. Se acercó a ver qué era lo que pasaba. Resultaba muy raro ver a tanta gente del pueblo reunida en la plaza con el frío que hacía. Le contestó el alcalde Fulgencio:

- Es que el tonto del pueblo quiere una flauta como la que se ha estado escuchando casi toda la tarde y parte de la noche y que yo sepa ningún vecino tiene flauta. Se le ha metido entre ceja y ceja y no hay forma de hacerle cambiar de opinión. Allí arriba le tienes en lo alto del campanario. ¡Con el frío que hace, este coge una pulmonía!, Encima de tonto es cabezón con avaricia y aquí nos tienes a los vecinos como tontos sin saber qué hacer.            -Subiré y hablaré con él, creo que tengo la solución. Iros a vuestras casas y no os preocupéis más. Empezó a subir escaleras y Güendi le pasó corriendo con el rabo empinado perdiéndose escaleras arriba. Subía despacio, había muchos escalones y, mientras lo hacía, pensaba que los castaños quedaban demasiado lejos para que en el pueblo se hubiese escuchado el sonido de la flauta. Cuando llegó a lo alto del campanario se encontró a Güendi que estaba jugando con el Paquillo.

-Paco, amigo mío  ¿no ves que te vas a helar aquí arriba? Sopla un viento muy frío. Venga, coge a Güendi en brazos y bajemos. El alcalde no va a hacerte nada, todos se han marchados a sus casas.

-Yo quiero escuchar la flauta otra vez. Sé que el sonido venía de los castaños del monte. Sí, venía de allí arriba, estoy seguro. Dice el Fulgencio que encima de tonto estoy loco y el único loco que hay aquí es él, que quiere quitarme las tierras que tengo en la sierra.            -Mira Paco, ésta es la flauta que oías Se la ha encontrado Güendi enterrada debajo de las hojas de los castaños. Y es cierto, yo la he estado tocando allá arriba. Escucha lo bien que suena. Eloisa tocó de nuevo la flauta, que dejó oír su sonido lleno de melodías viajeras por todo el pueblo. Los tres bajaron del campanario. Cuando llegaron a la plaza, el alcalde Fulgencio que no se marcho les espetó mal humorado:            -¡Así que tú tienes la flauta que ha causado este revuelo! Te la voy a confiscar.            -De eso nada, señor alcalde. No hay ninguna ley que impida tocar, así que se quedará con las ganas es usted muy confiscador. Los tres se fueron camino de la cuesta iban cantandillo y la gata jugando, dejando al alcalde y a algunos vecinos bastante perplejos, y con dos palmos de narices y, ellos al final de este cuento serán los únicos que no coman perdices y sean felices.

-Esta muchacha es un poco rarilla. Se parece a su abuela. Sí, se parece bastante. Su abuela se pasaba la vida leyendo libros de plantas y plantando árboles -murmuró un vejete con la boina calada hasta  las orejas la pelliza puesta y una bufanda al cuello, y la colilla del cigarrillo entre los labios echando humo. Los vecinos se fueron a sus casas y el alcalde se quedó más cabreado de lo que estaba. Los tres llegaron a la casa de la cuesta. Era una vivienda muy vieja pero en buenas condiciones. En la chimenea aún ardían dos buenos troncos de olivo que mantenía la casa bien calentita. Eloisa guardó la flauta dentro de su bolso. Pensó el sueño, al fin había encontrado a la persona adecuada. Sí, aquella muchacha y su gata eran los seres que tanto tiempo llevaba buscando, y vería por fin cumplidos sus sueños. No todos, algunos se habían quedado en el camino. Así era la vida, para ganar algo se tenía que perder por otro lado, el largo viaje realizado mereció la pena. Era feliz de poder ayudar a la muchacha del pelo rizado y es que sin alguien que le quisiera y mimase no era nada. Al fin y al cabo, él era un sueño que había dejado de ser errante y empezaba a convertirse en realidad. Pero para ello necesitaba un alma noble y de gran corazón y la había encontrado. Aquella noche podía dormir tranquilo. Sabía que aquellos montes volverían a tener buenas lluvias y que un nuevo ciclo empezaba para aquellas tierras de alta montaña.

Ahora lo mejor es ponemos un fin pequeñito.

Iberius el cazador



             Tenía muchas ganas de regresar al planeta tierra, con su valiosa carga y sus cinco compañeros, la misión había sido un éxito, ya que el riesgo fue muy grande. Ni una sola vez consiguió ganarles a la ajedrez, aunque se tuvo que conformar con siete tablas y seis partidas perdidas, eran buenos los condenados, y encima le llamaban jefe. Los cinco eran voluntarios y decidieron acompañarle a aquella arriesgada aventura, con una sola codició; ser liberados para siempre. Tanto si la caza tenía éxito como si no. La cacería estelar fue bien y los cinco eran libres, cosa que estaban deseando desde que nacieron al mundo hacia cincuenta años. Ya que si la misión no tenia éxito podían considerarse todos muertos, toda una eternidad descansando, en cualquier lugar de la galaxia o convertidos otra vez en polvo de estrellas. Que es el final último de la materia.            Los cinco androides eran libres y tenían el mismo estatus que los humanos.            Dijo Iberius: muchachos ya tenéis la libertad soñada y no pertenecéis a nadie y menos a la Compañía. Sois los mejores sin vuestra ayuda no hubiésemos conseguido el gran cargamento de Iridio que llevamos a bordo. La mitad es para la empresa estatal que ha financiado la operación, y la otra mitad se repartirá proporcionalmente entre nosotros seis. Y no quiero que os neguéis, como ciudadanos de primera necesitareis muchos Doblones. La vida y sus cosas en bastante cara en el planeta Tierra y en las colonias del sistema solar. Lo es aún más.            -De acuerdo no nos negamos a coger nuestra parte proporcional. Pero lo que de verdad nos interesaba  y mucho era nuestra libertad y ya la tenemos, eres un buen piloto y pensamos que de los mejores, y por esos estamos contigo, a parir de ahora vamos a buscar un casia ella yo en la Tierra, algo que siempre pensemos hacer y no podíamos al estar sujetos a la Compañía por un contrato de fabricación de por vida: comento Andros el androide más alto. Y su pareja lo afirmó con una mirada ya que esta era parca en palabras.            -Añadió Andros: Iberius tienes que buscarte una mujer, las hay muy lindas y cultas en la tierra. Y no me comentes otra vez eso de que pierdes tu libertad por un secuestro emocional, creo que es una escusa que te inventas; estas en ausencia, te hablo y no me escuchas.            Andros tienes razón y te atiendo perfectamente. La tierra queda muy lejos, tengo una amiga que es un cielo entero. Los viajes de cacerías, son muy largos, nos pasamos años detrás de los asteroides, y es mejor no tener compromisos emocionales, nadie sabe cómo estarán las cosas a nuestro regreso. Esta vez sí que hemos tenido suerte y no se nos escapó, fue por un par de minutos, viajan muy rápidos los condenados. El espacio tiempo es bueno para la cacería. Los podemos dejar a nuestra velocidad de crucero.            -Me alegro por ti y por tu amiga, seguro que te está esperando. Nosotros hemos cogido el preciado Iridio y nuestra libertad, ya que a eso vinimos. Las prospecciones mineras dentro Oráculos, el asteroide gigante por sus inmensas galerías fue toda una hazaña minera. Y nos salvemos por minutos, menos mal que los sensores de detección de otros cuerpos celestes puestos en el exterior nos avisaron a tiempo de que Oráculos iba directo a encontrase con otro asteroide, un poco más grande, el impacto de destrucción masiva que contemplemos fue grandioso nada quedó, los dos se convirtieron en desechos estelares. Estamos sanos y salvo y llevamos una carga valiosísima.            -Andros, compañeros, fue un espectáculo pirotécnico de dimensiones colosales, lleno de luz y color, que contemplemos en primer plano.            -Si nuestra nave no llega a llevar escudo protector contra pequeños meteoritos no lo contamos, y el  desintegrador de átomos que funciona de forma automática. Iberius el espacio exterior en estas misiones mineras es muy peligroso.            -Estoy de acuerdo con vosotros, son los riesgos que se corren cuando se sale de cacería fuera del sistema solar. Somos ricos, todo ha salido bien, nos merecemos unas largas vacaciones, que nos las tomaremos. Hasta la tierra no nos encontraremos a nadie en nuestro camino. Excepto los piratas            -Iberius vamos por la ruta más corta, adelantaremos cuatro meses, pero entre la tierra y Marte se encuentra los piratas extraterrestres como bien sabemos, y lo que llevamos es muy codiciado por ellos.            -Desde cuando Iberius y sus muchacho les han tenido miedo a unos zarrapastrosos con dos tibias y una calavera pintadas en una cochambrosa nave: nunca, y ya nos conocen, la última vez que quisieron cobrarnos peaje mal acabaron, mejor para ellos que no se inmiscuyan en nuestros asuntos. Pero no obstante cuando estemos llegando a esa zona activaremos todas las armas y los escudos protectores. Somos un buen equipo, no digo que el mejor, pero de los buenos de verdad.  Cuento con vosotros para la próxima misión.            -Estaremos contigo, en el Buitre Milenario, nos retiramos a nuestros aposentos, te quedas solo delante de la gran pantalla estelar durante un tiempo: nosotros nos vamos a recargar nuestros circuitos de energía vital de las estrellas.            Iberius se quedo sentado cómodamente escuchando antiquísimas melodías y escribiendo en un cuaderno sus versos espaciales y llamados  “O Ruteiro Estelar”. Fuera se veía un cielo lleno de estrellas como nunca pudo imaginar, viajar por el espacio era la paz total. Solo en algunos espacios de tiempo en los que no se presentaban contratiempos. En un lado de la gran pantalla se veía permanente mente imágenes del planeta tierra. De forma tridimensional, elegía sus paisajes preferidos, que en su mayoría eran islas deshabitadas de exuberante vegetación.            Se reclinó para atrás en el sillón ergonómico sensorial y evocó el recuerdo de su amiga amada Esmeralda que se quedo en la Tierra y tambien los hermosos días que pasaron juntos en una playa tranquila, entre corales   cristalina aguas, con doradas arenas acariciadoras para los masajes. Los dos desnudos jugando en el agua, la piel suave y sedienta de caricias se dejaba hacer en besos y abrazos nadaban libres, después de un rato salieron del agua y se cobijaron bajo un parasol de los traicioneros rayos abrasadores del astro rey, ella con su sonrisa siempre a flor de piel le propuso un juego erótico, uno sentado frente al otro, y sin tocarse mutuamente llegar al clímax total, como lo habían conseguido hacia unos minutos dentro del agua pero abrazados. Cosa que acepte encantado, pilotar y cazar asteroides junto con el juego erótico compartió son cosa fascinantes que me gusta vivir en primera persona. Esmeralda le llamaba al juego hacer el amor con los ojos, solo mirando al otro. Me miraba de forma acariciante mientras se acariciaba con una manos los pechos y pezones y me lanzaba besos con sus jugosos labios rojos de pasión, con la otra mano se acariciaba le vello púbico y el interior de su sexo que estaba sonrosado mostrándolo en toda su grandeza, su excitación y la mía iban creciendo hasta que lo tenía tan duro que me dolía, ella llegó al orgasmo casi total, sobre la ardiente arena su mirada se quedó prendida de la mía. El aire llegaba con olor a mar. En un momento indeterminado ella se levantó y se sentó despacio sobre mí y se la introdujo entera besándome con verdadera pasión. El olor a mujer enamorada toda empapada en sudor me excitaba aun mas, ella no dejaba de moverse rítmicamente mientras yo le besaba los pechos la boca y el cuello Esmeralda se dejaba ir por todo un mundo de placer y sensaciones que a los dos nos tenían unidos como un solo ser. Las delicias del amor y el sexo unidos nos tenían completamente poseídos por una fuerza que se negaba a dejarnos. Era como si la energía creadora del universo estuviesen en nosotros, en un abrazo final quedemos jadeantes y quietos ante la grandeza que nos invadió dejándonos extenuados, sin decir palabra alguna durante bastante tiempo, solo el susurro del viento y las olas al romper sobre la orilla del mar se oían tenues. Sus últimas palabras cuando nos despedimos las recordaba nítidas: Amigo del alma te quiero, gracias por quererme de esta manera y de otras. Te deseo en tu largo viaje al exterior, éxito, sabes que no puedo acompañarte, te esperare, este ha sido mi regalo de amor, el más hermoso.            Estaba evocando a su amada Esmeralda, y tenía una erección de esas que son muy generosas. Su recuerdo le acompaño todos los días del largo viaje realizado. ¿Y si era padre? Estupendo, ya que de ella no sabía nada, las conexiones con el planeta aún no estaban restablecidas. Quería enterarse por sí mismo preguntándoselo a ella. Habían pasado hacia largo tiempo cerca del planeta Joviano, y las conexiones terrestres con la nave se restablecieron dándoles las coordenadas exactas y la ruta a seguir hasta la llegada a la Tierra, haciendo una parada en la luna para dejar el cargamento de mineral.            -Amigo Iberius tómatelo con calma            La voz de Andros le sacó de pensamientos evocadores de su amada Esmeralda.            -Me lo tomo, pero estoy impaciente por verla y abrazarla.            -Eso es amor, y ella con hijo o sin el seguro que te está esperando es fantástico el amor liberador. Lo sé porque lo experimento con mi compañera que unido a la libertad es lo más grande que conozco, aparte de esta galaxia que visitamos como cazadores. Espero que sigamos haciéndolo, en el futuro cuenta con nosotros para la próxima misión.            -Y vosotros con migo; ya sois libres con estatus de humanos, no dependéis de mi ni de nadie, conservar siempre vuestra libertad como yo conservo la mía seguro que cazaremos mas asteroides. Es que la idea de ser padre me pone como un flan, se lo que es perder la libertad, estuve tres años recluido en la penitenciaría de máxima seguridad que hay en la isla de los esqueletos fue por pegarle un puñetazo el careto a un diputado. El muy hijo de su madre quería quitarme la licencia de piloto, junto con la concesión de cazador de asteroides pura dársela a un sobrino que tenia medio lelo. Se tiro muchos meses sin poder comer. Iberius la violencia nunca hay que ejercerla.            -Si los que legislan no cumplen las leyes que hacen, mal asunto, pero que muy malo.            -Estamos contigo como tú dices, el espacio exterior es el mundo libre de verdad, donde las fronteras no existen.            -Andros nuestra la libertad es inalienable, espero que nuestra estancia en la tierra no sea conflictiva, según las noticias que llegan hay revueltas callejeras pidiendo más justicia social, han vuelto a rebajar los denarios que se pagan por jornada de trabajo.

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