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Iglesias Corbelle, Inmaculada (Mikiña)

Moncelos



La  historia que voy a narrar ocurrió hace muchos, muchísimos años en Moncelos, mi pueblo. Moncelos es un pueblo que pertenece al ayuntamiento de Abadín, en la provincia de Lugo.

Esta historia se transmitió de boca en boca, de generación en generación hasta nuestros tiempos, creando así una especie de leyenda tan importante como lo puede ser el nombre de nuestro pueblo.

Hace muchísimos siglos, incluso antes del nacimiento de nuestro Señor Jesucristo, llegaron a nuestro pueblo unos soldados guiados por un líder, éste, al ver su hermosura, ordenó construir un castillo para quedarse a morar aquí. Tal castillo fue construido en la parte más alta de Moncelos, que hoy en día se llama ACASTELO@. Dicen, que el castillo fue construido en un lugar estratégico para poder contemplar todos los pueblos de los alrededores, y así, si había algún ataque de los enemigos, ya no sería un ataque por sorpresa, y podrían contraatacar de tal forma, que siempre ganarían.

Cuenta la leyenda, que muchos pueblos bárbaros, fuertes y peligrosos intentaron atacar a este castillo para conseguir todas sus riquezas, pero nunca lograban ganar la batalla.

El líder o amo del castillo, que nadie sabe quién era, obligó a nuestros antepasados a trabajar para él, construyendo casas, puentes o dándole los frutos de sus tierras.

El tiempo fue pasando, y tras la muerte de este líder, le sucedía otro, y tras la muerte de este último, seguía su sucesor, y cada uno de ellos era igual de malo o peor que el anterior, haciendo que los campesinos trabajasen para él sin descanso, ni siquiera podían celebrar una fiesta, hasta que un día....

Hasta que un día llegó a nuestro pueblo un hombre sabio predicando la palabra del Señor, a simple vista parecía un pobre, un vagabundo, tenía el pelo y la barba larga, sucio, vistiéndose solamente de trapos o ropa vieja. 

Los soldados, cuando vieron a este pobre vagabundo, lo azotaron e intentaron sacarlo del pueblo. Sin embargo, los campesinos cuidaron de él, lo bañaron, le dieron ropa limpia, comida y un lugar dónde quedarse.

Era el siglo primero, y este hombre no era ni más ni menos que Santiago el Mayor que venía de peregrinación por Galicia.

Santiago el Mayor comenzó a enseñar la Doctrina Cristiana entre la gente, y ésta, en vez de ir a trabajar a las tierras, preferían oírle predicar.

Santiago el Mayor aconsejaba a los vecinos de nuestro pueblo que no dejasen las tierras, que siguiesen trabajando, que la doctrina cristiana la podría predicar los domingos, que era el día de descanso. También les aconsejó trabajar las tierras para ellos mismos. Les decía que después de consumir lo necesario para la vida, que almacenasen todo lo que pudieran por si venían tiempos malos y lo que les sobraba, pues que fuesen a la feria y lo vendiesen para obtener algún beneficio económico, o simplemente, cambiarlo por otra cosa que realmente necesitasen.

La gente empezó a hacer caso de los consejos de nuestro Santo Apóstol. Cultivaban las tierras para ellos mismos y lo que les sobraba lo vendían en la feria de un pueblo vecino.

Los soldados del gobernador, al ver tanto ir y venir de los campesinos, empezaron a controlarlos para averiguar lo que estaba pasando. Luego, cuando se enteraron, se lo comunicaron de inmediato al gobernador.

Entonces se encendió la ira de nuestro gobernador, ya que veía que los campesinos ya no trabajaban para él. Como castigo, mandó prender a Santiago en los calabozos del castillo y obligó a la gente trabajar el doble para él.

La gente se hundió en la tristeza al ver que nada podían hacer por el Apóstol Santiago.

Pero uno de aquellos campesinos dijo en voz muy alta y clara: “- No nos podemos hundir, tenemos que salvar a nuestro maestro y amigo. Y como decía él en sus predicaciones DIOS APRIETA PERO NO AHOGA”.

Los campesinos, al oír estas palabras, fueron levantando sus ánimos y se les ocurrió hacer un pasadizo secreto hasta el castillo para salvar a su amigo.


Trabajaban por el día, para no causar sospechas, ya que los soldados los vigilaban, pero por la noche se encargaban de hacer un túnel o pasadizo secreto que llegase hasta donde estaba Santiago apresado. Casi terminado el túnel, una AMeiga@ (las meigas son brujas, las hay buenas y también malas, hacen hechizos y cosas por el estilo. Las meigas son muy conocidas en toda Galicia, algunas personas dicen que no existen, pero haber, las hay) les avisó que no podrían llevar a buen puerto la idea de salvar al Santo Apóstol, ya que los soldados, que eran muchos, les castigarían o les matarían al enterarse debido al ruido de las excavaciones. Esta AMeiga@, que era una de las más sabias en su profesión, recordó que haciendo una escada de oro y otros condimentos mágicos, que sólo ella sabía, podrían utilizar la  escada para subir o bajar por el túnel, que era subterráneo. Así lograrían su propósito, ya que la citada escada mágica haría que los soldados se quedaran dormidos profundamente, de tal forma, que no se despertarían por mucho ruido que hubiera.

He así hicieron, la AMeiga@ les ayudó a hacer la escada. Cuando ésta estaba terminada, los campesinos terminaron el túnel. Éstos colocaban la escada en el túnel, los soldados se quedaban dormidos y los amigos del Santo Apóstol terminaban con las excavaciones.

Las excavaciones duraron varios días y noches. Los campesinos se iban turnando cómo podían, porque, como bien saben ustedes, el trabajo de minero es uno de los más peligrosos y esclavos que hay.    Y salvaron al Santo Apóstol. Su amigo Santiago les dijo: “- Gracias, amigos míos, ya creía que me iba a morir en este horrendo castillo.  En agradecimiento voy a bautizar a vuestro pueblo, ya que sé que aún no tiene nombre puesto. Ayudadme a salir de aquí y llevadme fuera de este castillo.”

El Santo Apóstol ayudándose de un bastón y de sus amigos, los campesinos,  subió a lo más alto de la más alta torre del castillo, desde allí pudo contemplar toda la belleza de nuestro pueblo y las tierras perderse en el infinito, entonces dijo: A- Este es el paisaje más bonito que he visto en mi vida, es como si estuviera viendo el reino de los cielos que promete Dios, nuestro señor, a las personas buenas y generosas como vosotras. Este monte es el MONTE DE LOS CIELOS, por eso le voy a llamar MONCELOS@.

Santiago el Mayor se quedó unos días más en MONCELOS para descansar y recobrar fuerzas.

Cuando se recuperó, se marchó con dirección a Santiago de Compostela, se fue andando por un camino que hoy en día le llamamos Acamino real@. Este camino perteneció durante muchos años al famoso ACamiño de Santiago@, aunque hoy en día no se utiliza porque lo quitaron de la ARuta Xacobea@.

La historia cuenta que los campesinos escondieron la escada de oro dentro del túnel, justo debajo del castillo de tal forma que nadie la pudiera encontrar, y con el fin de que el sueño de los soldados durase eternamente, pero... la AMeiga@ dijo: A-Sí, sí que la encontrarán, pero no será una persona, la escada será descubierta por la pata de una cabra@.

Nadie sabe si la escada fue encontrada y tampoco estoy segura de la autenticidad de esta historia, pero de lo que sí estoy segura es de la existencia del castillo, ya que según creo recordar, me solía topar con sus ruinas cuando, de pequeña, llevaba las vacas al monte. Incluso hoy en día, si se va caminando por el monte, se puede uno encontrar con alguna piedra que perteneció al castillo.

Puede ser que aún no hayan encontrado la escada, pero, si usted quiere probar suerte, puede ir a la feria, comprar una cabra y pasearse con ella por todo Moncelos, haber si hay suerte y la cabra empieza a remover la tierra con la pata para descubrir la famosa escada.

Hay gente que dice que el nombre de Moncelos lo pusieron los romanos hace muchísimos siglos, y que Moncelos significa montecillos, pero esa ya es otra leyenda.

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