Estoy en mi habitación...
Suena el despertador, y no llego. Parece mentira que por la noche deje el
despertador tan lejos, sabiendo que yo mismo seré el que me tendré que levantar
al día siguiente, para apagarlo y dormir hasta mediodía.
Decidido. No me levanto. Generaré un mecanismo de defensa contra el infernal
ruido de ese malévolo invento y dejaré de escucharlo. Pero mi madre es un ser
inferior, de los que no son capaces de generar dichas defensas, y casi tira la
puerta abajo. Se acabo lo único decente en mi indecente existencia. Adiós al
sueño de vivir tumbado y en pelotas debajo de esa manta de cuadros, que debo de
quererla como se le quiere al hermano que nunca tuve.
Estoy en mi habitación...
Con una puñado de DVDs en la mano. Salgo de mi habitación con “El quimérico
inquilino” de Roman Polanski. Pero, mi madre ve la telenovela de la 3 mientras
graba la de la 5. Mataría a mi madre, pero en las cárceles no hay lectores de
DVD, así que no veo el beneficio. Vuelvo asqueado a mi habitación.
Estoy en mi habitación...
Se me olvidó llamar a mi novia. Me echa una bronca porque no le digo que la
quiero, me hastía, me cansa. No se como dejarla pero en realidad no tengo nada
mejor. Estoy muy cansado de deambular noche tras noche buscando algo que
llevarme a la boca, no pienso volver a pasar por eso.
Estoy en mi habitación...
Mañana comida familiar. Toca afeitarse. Estoy hasta los cojones de afeitarme.
Me apetece decirle a mi abuelo que estoy hasta los mismos huevos de escuchar sus
comentarios sobre mi aspecto. Pero no lo haré, me afeitaré, y me callaré. Buen
chico.
Estoy en mi habitación...
Tengo algo que entregar. No importa lo que es, lo copiaré de alguien. Mi
carrera dura ya demasiados años, no tengo ganas de pensar en cuantos, ni en lo
que queda, ni de estudiar. Estoy en un punto intermedio donde queda demasiado
para volver, y queda demasiado para seguir adelante, por donde mires todo es
agua. Y eso me jode. Y a mis padres, que no dejan de joderme.
Estoy en mi habitación...
Se escucha la puerta de la calle. Seguro que mi señor padre llega cansado,
puteado por el jefe y por los clientes, puteado por el frío y la lluvia, ya que
no llevaba abrigo, o puteado por el calor, porque su jefe le obliga a llevar
camisa, corbata y chaqueta, puteado a fin de cuentas. Y camina derecho a mi
habitación a putearme, a contarme lo mal que está la vida, lo afortunado que
soy porque ellos me lo dan todo y aun así me toco los huevos, y dispuesto a
acelerar el proceso que se gesta en mi interior. Era el vecino, nada importante como siempre.
Estoy en mi habitación...
Pensando un método, la manera de terminar por la vía rápida. La mas rápida,
porque cabe recordar que soy un cobarde. No se como hacerlo, joder, no lo he
hecho nunca. En la escuela no te enseñan métodos para deshacerte de la vida,
para dormir de una vez, sin que nadie te despierte.
Google, en google está todo. Tiene que haber manuales que expliquen los
distintos procedimientos, los mas fáciles, rápidos e indoloros. Hay manuales de
la impresora, del DVD, del ordenador, del lavavajillas, hasta las pilas tienen
instrucciones, pero donde enseñar a clavarte un cuchillo, o a ahorcarte...
Pero, ¿de que coño estoy hablando?, ¿en que siglo creo que vivo, en la edad
media?. Joder, en la edad media sería todo mas fácil, solo tendría que cagarme
en Dios, y vendrían a matarme a pedradas. Y me matarían desde luego, pero no
sería divertido.
Estamos en el siglo XXI. Tiene que haber métodos más acordes con las nuevas
tecnologías, quitando los que no me puedo permitir. Descartamos pues, la silla
eléctrica, y la pistola, después de todo no soy yanki. Aquí somos mas
pacíficos, nuestras armas están mas encaminadas a las hachas, las navajas y
esas cosas, pero utilizarlas contra uno mismo, agradable no debe ser.
Veamos otro recurso típico para el buen asesino propio: electrocutarse en la
bañera. Agua calentita y tranquilidad, de repente un tostador que cae. Pero aun
así el ratillo que pasas mientras… quemándote hasta el páncreas. No debe ser
algo fabuloso que digamos.
Quizás con pastillas, eso es. Buscaré información, no puedo arriesgarme a
fallar.
Estoy en mi habitación....
Terminando de decidirme, cuando escucho mi madre a lo lejos:
-¿Vemos una película?.
Joder, fijo que me pide si tengo alguna de Sandra Bullock, o de Richard Gere.
Pero mi madre que clase de tonto de los cojones cree que tiene por hijo. Insiste:
-Podíamos ver la nueva de Penélope Cruz.
Hostias, mi madre, por casualidad, porque la gente estúpida siempre acierta por
casualidad, ha hecho una buena elección. Ya que, casualmente, la nueva película
de Penélope Cruz es “Volver”, de Almodóvar.
Salgo de mi habitación... Me
dirijo al videoclub de la esquina, un santuario que lleva años sirviéndome de
escapatoria, donde un hombre lucha con uñas y dientes, para que los diez tipos
raros que no queremos ver las de los carteles, tengamos a nuestro alcance
alguna de los Hnos. Marx, Woody Allen, De La Iglesia, Kubrick, o Fellini, por
ejemplo, y no morir de hambre en el intento. Raro es que una película que yo
quiera ver sea tan anunciada como “Volver”.
Empieza la película, y mi madre llama
a la vecina por teléfono. Me cago en la hostia, pero mentalmente, para no
cabrear a mi madre, una de esas señoras de mediana edad, que cree que cree en
Dios, pero pasa de Dios hasta el culo, o sea, que no se acuerda mas que para
decirle a los demás que tengan respeto con lo que dicen, o sea, para tocar los
huevos.
-Mamá la película ha empezado ya. -A
mi las letras, no me interesan. Cuantas
veces habré escuchado esa gilipollez, y no solo en boca de mi madre.
Rebobinando por primera vez. Pausa.
28 minutos escuchando temas importantísimos para la seguridad del país. El
estado de las cuentas de la última rifa del jamón para las fiestas, si te han
dejado ya la peineta para la procesión, y que le han dicho a tu cuñada en el
ginecólogo. Mi madre ni saluda a la cuñada de su amiga, porque no ha hablado
con ella en su puta vida, pero joder, de algo hay que hablar, como de fijo a
fijo es gratis.
Empezamos otra vez con los títulos de crédito, mi madre vuelve a recordarme que
a ella no le interesan.
Rebobino. Empezamos otra vez con los títulos de crédito. Mi madre, al fin,
desiste de hacer comentarios. Prueba superada, pasamos los títulos de crédito.
Parece que hoy estoy de suerte. Al principio de otra película de Almodóvar cuyo
título no nombraré, mi madre recordó que la había visto con un desconcertante:
‘Ah, si, al final la violan’. Gracias, mamá. Gracias.
Repito. Esta vez parece que estoy de suerte, mi madre no va al cine desde que
murió “El Caudillo”, no por nada relacionado con el personaje, solo por situar
el hecho históricamente. Por lo que no puede haber visto "Volver".
Quitando algunas interrupciones que
fingí no escuchar, llegamos al minuto 19 de película, y mi madre sin venir a
cuento, se empieza a descojonar, y yo me pregunto de que marca son las
pastillas de calcio que se toma para los huesos, porque deben ser cojonudas. Cuando
mi madre se ríe, en general, hace que los demás se rían aunque no tengan ningún
motivo para ello, después de todo ella tampoco suele tenerlo. La típica risa
contagiosa.
Rebobinar, pausa.
Miro a mi madre, roja, como un volcán que resucita, como el centro de una
sandia madura, como la etiqueta de las botellas de Smirnoff, roja.
Empieza a hablar, roja: -Me
acabo de acordar de tu bisabuela, cuando veía la tele, ponían una de vaqueros,
y cuando iban los indios persiguiendo a los otros, empezaba a gritarle al
televisor, "¡Pero chacho, corre, pero no ves que lo tienes detrás,
chaaaacho....coooorre....pero míralooo, que te va a matar el indio, pero chico
date la vuelta que te pega un tiro, serás tonto, coooorre, coorree....!"
A mi me entra la risa tonta, poco a
poco, y de repente me olvido un poco de todo, y me descojono con algo tan banal
como la historieta sobre mi bisabuela María, a la que visitábamos de vez en
cuando, sobre todo de niño, y siempre e tenido un recuerdo buenísimo de ella.
Su piel era suave, era una persona pausada, que apenas podía andar, ni ver,
pero que hablaba con cariño, y con naturalidad. Estaba esperando el momento de
descansar, pero estaba a gusto con sus últimos coletazos de vida, con los
deberes hechos y con una amplia familia en la que, como toda familia, había quien
le iba mejor y peor, y bastantes de ellos se acordaban de visitarla, por algo
sería. Era la abuela muy, muy mayor que te imaginas en cualquier cuento
infantil. Murió hace dos años, tenía noventa y tres. No fui a su entierro,
estaría ocupado ese día.
Silencio, calmados los ánimos, y con
una sonrisa en la boca ambos, proseguimos la película.
Fin.
Estoy en mi habitación...
Con mi DVD de Volver recién visto. ¿Magnífica película verdad?.