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Volver

Ortiz Manchado, Óscar (Emma Zunz)

Tregua



Estoy en mi habitación...
Suena el despertador, y no llego. Parece mentira que por la noche deje el despertador tan lejos, sabiendo que yo mismo seré el que me tendré que levantar al día siguiente, para apagarlo y dormir hasta mediodía.
Decidido. No me levanto. Generaré un mecanismo de defensa contra el infernal ruido de ese malévolo invento y dejaré de escucharlo. Pero mi madre es un ser inferior, de los que no son capaces de generar dichas defensas, y casi tira la puerta abajo. Se acabo lo único decente en mi indecente existencia. Adiós al sueño de vivir tumbado y en pelotas debajo de esa manta de cuadros, que debo de quererla como se le quiere al hermano que nunca tuve.

Estoy en mi habitación...
Con una puñado de DVDs en la mano. Salgo de mi habitación con “El quimérico inquilino” de Roman Polanski. Pero, mi madre ve la telenovela de la 3 mientras graba la de la 5. Mataría a mi madre, pero en las cárceles no hay lectores de DVD, así que no veo el beneficio. Vuelvo asqueado a mi habitación.

Estoy en mi habitación...
Se me olvidó llamar a mi novia. Me echa una bronca porque no le digo que la quiero, me hastía, me cansa. No se como dejarla pero en realidad no tengo nada mejor. Estoy muy cansado de deambular noche tras noche buscando algo que llevarme a la boca, no pienso volver a pasar por eso.

Estoy en mi habitación...
Mañana comida familiar. Toca afeitarse. Estoy hasta los cojones de afeitarme. Me apetece decirle a mi abuelo que estoy hasta los mismos huevos de escuchar sus comentarios sobre mi aspecto. Pero no lo haré, me afeitaré, y me callaré. Buen chico.

Estoy en mi habitación...
Tengo algo que entregar. No importa lo que es, lo copiaré de alguien. Mi carrera dura ya demasiados años, no tengo ganas de pensar en cuantos, ni en lo que queda, ni de estudiar. Estoy en un punto intermedio donde queda demasiado para volver, y queda demasiado para seguir adelante, por donde mires todo es agua. Y eso me jode. Y a mis padres, que no dejan de joderme.

Estoy en mi habitación...
Se escucha la puerta de la calle. Seguro que mi señor padre llega cansado, puteado por el jefe y por los clientes, puteado por el frío y la lluvia, ya que no llevaba abrigo, o puteado por el calor, porque su jefe le obliga a llevar camisa, corbata y chaqueta, puteado a fin de cuentas. Y camina derecho a mi habitación a putearme, a contarme lo mal que está la vida, lo afortunado que soy porque ellos me lo dan todo y aun así me toco los huevos, y dispuesto a acelerar el proceso que se gesta en mi interior.  Era el vecino, nada importante como siempre.

Estoy en mi habitación...
Pensando un método, la manera de terminar por la vía rápida. La mas rápida, porque cabe recordar que soy un cobarde. No se como hacerlo, joder, no lo he hecho nunca. En la escuela no te enseñan métodos para deshacerte de la vida, para dormir de una vez, sin que nadie te despierte.
Google, en google está todo. Tiene que haber manuales que expliquen los distintos procedimientos, los mas fáciles, rápidos e indoloros. Hay manuales de la impresora, del DVD, del ordenador, del lavavajillas, hasta las pilas tienen instrucciones, pero donde enseñar a clavarte un cuchillo, o a ahorcarte...
Pero, ¿de que coño estoy hablando?, ¿en que siglo creo que vivo, en la edad media?. Joder, en la edad media sería todo mas fácil, solo tendría que cagarme en Dios, y vendrían a matarme a pedradas. Y me matarían desde luego, pero no sería divertido.
Estamos en el siglo XXI. Tiene que haber métodos más acordes con las nuevas tecnologías, quitando los que no me puedo permitir. Descartamos pues, la silla eléctrica, y la pistola, después de todo no soy yanki. Aquí somos mas pacíficos, nuestras armas están mas encaminadas a las hachas, las navajas y esas cosas, pero utilizarlas contra uno mismo, agradable no debe ser.
Veamos otro recurso típico para el buen asesino propio: electrocutarse en la bañera. Agua calentita y tranquilidad, de repente un tostador que cae. Pero aun así el ratillo que pasas mientras… quemándote hasta el páncreas. No debe ser algo fabuloso que digamos.
Quizás con pastillas, eso es. Buscaré información, no puedo arriesgarme a fallar.

Estoy en mi habitación....
Terminando de decidirme, cuando escucho mi madre a lo lejos:
-¿Vemos una película?.
Joder, fijo que me pide si tengo alguna de Sandra Bullock, o de Richard Gere. Pero mi madre que clase de tonto de los cojones cree que tiene por hijo. Insiste:
-Podíamos ver la nueva de Penélope Cruz.
Hostias, mi madre, por casualidad, porque la gente estúpida siempre acierta por casualidad, ha hecho una buena elección. Ya que, casualmente, la nueva película de Penélope Cruz es “Volver”, de Almodóvar.

Salgo de mi habitación...                                                                                                 Me dirijo al videoclub de la esquina, un santuario que lleva años sirviéndome de escapatoria, donde un hombre lucha con uñas y dientes, para que los diez tipos raros que no queremos ver las de los carteles, tengamos a nuestro alcance alguna de los Hnos. Marx, Woody Allen, De La Iglesia, Kubrick, o Fellini, por ejemplo, y no morir de hambre en el intento. Raro es que una película que yo quiera ver sea tan anunciada como “Volver”.

Empieza la película, y mi madre llama a la vecina por teléfono. Me cago en la hostia, pero mentalmente, para no cabrear a mi madre, una de esas señoras de mediana edad, que cree que cree en Dios, pero pasa de Dios hasta el culo, o sea, que no se acuerda mas que para decirle a los demás que tengan respeto con lo que dicen, o sea, para tocar los huevos.
-Mamá la película ha empezado ya.                                                                                    -A mi las letras, no me interesan.                                                                                   Cuantas veces habré escuchado esa gilipollez, y no solo en boca de mi madre.
Rebobinando por primera vez. Pausa.
28 minutos escuchando temas importantísimos para la seguridad del país. El estado de las cuentas de la última rifa del jamón para las fiestas, si te han dejado ya la peineta para la procesión, y que le han dicho a tu cuñada en el ginecólogo. Mi madre ni saluda a la cuñada de su amiga, porque no ha hablado con ella en su puta vida, pero joder, de algo hay que hablar, como de fijo a fijo es gratis.
Empezamos otra vez con los títulos de crédito, mi madre vuelve a recordarme que a ella no le interesan.
Rebobino. Empezamos otra vez con los títulos de crédito. Mi madre, al fin, desiste de hacer comentarios. Prueba superada, pasamos los títulos de crédito.
Parece que hoy estoy de suerte. Al principio de otra película de Almodóvar cuyo título no nombraré, mi madre recordó que la había visto con un desconcertante: ‘Ah, si, al final la violan’. Gracias, mamá. Gracias.
Repito. Esta vez parece que estoy de suerte, mi madre no va al cine desde que murió “El Caudillo”, no por nada relacionado con el personaje, solo por situar el hecho históricamente. Por lo que no puede haber visto "Volver".

Quitando algunas interrupciones que fingí no escuchar, llegamos al minuto 19 de película, y mi madre sin venir a cuento, se empieza a descojonar, y yo me pregunto de que marca son las pastillas de calcio que se toma para los huesos, porque deben ser cojonudas. Cuando mi madre se ríe, en general, hace que los demás se rían aunque no tengan ningún motivo para ello, después de todo ella tampoco suele tenerlo. La típica risa contagiosa.
Rebobinar, pausa.
Miro a mi madre, roja, como un volcán que resucita, como el centro de una sandia madura, como la etiqueta de las botellas de Smirnoff, roja.
Empieza a hablar, roja:                                                                                                        -Me acabo de acordar de tu bisabuela, cuando veía la tele, ponían una de vaqueros, y cuando iban los indios persiguiendo a los otros, empezaba a gritarle al televisor, "¡Pero chacho, corre, pero no ves que lo tienes detrás, chaaaacho....coooorre....pero míralooo, que te va a matar el indio, pero chico date la vuelta que te pega un tiro, serás tonto, coooorre, coorree....!"

A mi me entra la risa tonta, poco a poco, y de repente me olvido un poco de todo, y me descojono con algo tan banal como la historieta sobre mi bisabuela María, a la que visitábamos de vez en cuando, sobre todo de niño, y siempre e tenido un recuerdo buenísimo de ella. Su piel era suave, era una persona pausada, que apenas podía andar, ni ver, pero que hablaba con cariño, y con naturalidad. Estaba esperando el momento de descansar, pero estaba a gusto con sus últimos coletazos de vida, con los deberes hechos y con una amplia familia en la que, como toda familia, había quien le iba mejor y peor, y bastantes de ellos se acordaban de visitarla, por algo sería. Era la abuela muy, muy mayor que te imaginas en cualquier cuento infantil. Murió hace dos años, tenía noventa y tres. No fui a su entierro, estaría ocupado ese día.

Silencio, calmados los ánimos, y con una sonrisa en la boca ambos, proseguimos la película.

Fin.

Estoy en mi habitación...
Con mi DVD de Volver recién visto. ¿Magnífica película verdad?.

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