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Pérez-Obiol Castañeda, Sigrid (Smallbell)

Un mal día lo tiene cualquiera



Es increíble como de repente la felicidad te saluda, así, sin avisar. Porque yo estaba muerto. Sí, si, completamente muerto, ni más ni menos que muerto. Al principio puede chocar un poco, pero lo explico, estoy harto de hacerlo. Yo es que soy un sentimental, ahora se ha puesto de moda pero yo lo he sido siempre. Podría decir que antes de conocerla estaba muerto, sería muy romántico, también seria coherente con la carta de presentación que acabo de mostrar, pero no, ese no es el motivo. A decir verdad, le estoy dando un suspense a la historia que no se merece, pero oye, para algo soy el protagonista. Además esto del suspense es muy relativo, a las personas les falta emoción y claro, lo fácil es irla a buscar en los demás.  Yo reconozco que mi historia puede llamar la atención pero es que la gente debería hacerse más con esto de la muerte, tampoco es para tanto. A mi es que me da miedo que después venga alguien reclamándome un final feliz o una muerte más sangrienta o una traición inesperada. Si la decepción llega, yo no quiero ser el que se las cargue, cada uno que apechugue con sus expectativas, yo bastante tengo con lo mío y no le puedo pedir ayuda a nadie. Si lo que quieren es suspense de verdad, resuciten a Hitchcock y a mi déjenme en paz.

Esto de fantasear parece que gusta mucho, a mi nunca se me ha dado bien, yo no sé porque, pero es que esta vida moderna me supera, tanto deseo carnal, tanta PlayStation, pantalones de pitillo, pantalones de pata de elefante, cocaína, esa música, en fin, que estoy chapado a la antigua, y me temo que estoy condenado de por vida, mira que intento evolucionar pero me cuesta, me cuesta mucho. En fin, yo esto lo decía porque vengo buscando a Anabel, y como esa chiquilla siempre esta con la mente en las nubes, me he puesto a pensar como es la gente de hoy. Con lo dulce que es Anabel nunca pensé que tuviera tanta potencia para gritar con esa fuerza. Por otro lado no sé porque se empeñan todos en desvivirse a gritos si yo oigo hasta un susurro, pero bueno, como iba diciendo, Anabel es una joven de esas que cualquier chico desearía para un polvo de una noche. Vaya que tiene un buen par de tetas, pelo largo y negro como el del anuncio de pantene proV, una nariz un poco respingona pero graciosa, en fin, hablando en cristiano, que está muy buena, para acabarlo de rematar es inteligente, lo cual hace que la parte final de la frase -cualquier chico desearía para un polvo de una noche-, podría eliminarse. Él imbécil ese parece que la quiere violar, siempre hay algún listo que no aprendió aquello de que las libertades no son absolutas, podría desviarme ahora hacia un discurso ético, pero llegó un día en el que dejé de intentar entender el mundo, yo no tengo la culpa de nada ni tampoco puedo hacer nada, dejad de machacarme por favor. El muy cabrón la amenaza con la navaja, la cara de desesperación de Anabel contrasta con la cara de él por correrse. La desesperación es la misma para los dos, supongo que todas las sensaciones extremas son iguales para todos. El azar en cambio no es igual para nadie, ella pasaba frente a ese portal, el muy hijo de puta tuvo la suerte de toparse con alguien como ella, ella tuve la mala suerte de toparse con alguien como él, para que después digan que cada uno tiene lo que se merece, cuando yo digo que el mundo no puede entenderse es porque no puede entenderse.

La voz le temblaba, la piedad se había fugado a algún lugar recóndito y aunque la sangre no abundaba, las lágrimas vivían con fuerza. Parecía que él se estaba poniendo nervioso y cuando iba a irse, hizo un gesto para hundirle la navaja, pero se lo replanteó y la guardó, no parecía muy satisfecho con la actitud de Anabel, o quizás fuera con la suya, veta a saber. Yo ya digo que no me adapto a esta vida moderna, eso de -si no me gusta, te mato y listos-, sinceramente…

Hoy Anabel sin quererlo le ha salvado la vida a su hermano. Aunque ella ya tiene sus diecisiete añitos, Jorge no se queda tranquilo hasta que no llega a casa o avisa diciendo que tardará. Ejerce el rol de hermano-mayor-responsable al pie de la letra. Es una putada que le destrocen a uno un plan, pero si ese plan consiste en suicidase, la cosa podría replantease. Es verdad que Jorge nunca ha sido la alegría de la huerta pero de ahí a poner punto final… Jorge ha estado perdiendo la vida durante toda la vida, pero a mi esa concepción no me incumbe. Mientras Anabel por poco la pierde en un minuto  a su hermano le está costando aproximadamente dos horas de reflexión, habría que sumarle un poco más si efectivamente lo llevara a cabo. Pocas son las personas que son consecuentes con lo que dicen y si en general eso es algo negativo, (mírese como funciona el país) para Jorge más bien no. – Soy un fracasado- dice él constantemente. Supongo que uno es un fracasado cuando no ha tenido éxito con sus sueños. Por otra parte, Jorge nunca los ha tenido y también por otra parte, su vida es suya y puede hacer con ella lo que le de la gana, aunque él, -que no la desesperación- debería decidir. Me estoy poniendo un poco trascendental pero supongo que es lo que se espera de mí en estos momentos. Jorge no va a suicidarse, no lo iba a hacer de todos modos, pero le preocupación por la impuntualidad de su hermana parece una buena excusa, en realidad es mala malísima, pero no hay nada como el miedo.

Matías y Clara están de camino y no tardarán en poner un poco de orden en la familia. Los hijos siempre acaban confiando en los padres y un plato caliente y un regazo siempre son la solución. Anabel y Jorge no hubieran sido la excepción si no hubiera sido por el accidente de coche. Matías iba al volante, la velocidad nunca le ha apasionado y sabe que la prisa mata, así que iba disfrutando de la voz de Elvis Presley (“We can't go on together, with suspicious minds, and we can't build our dreams, on suspicious minds”) tarareaba a la vez que hacía ver que escuchaba la afinada descripción de las fotos que Clara le hacia. Justo en el momento en que le recordaba que había que parar al supermercado a comprar papel higiénico, un clavo, un pinchazo y un susto vuelven a cambiar las cosas en un minuto. Ya dije antes que el azar puede ser muy cabrón. Matías y Clara parecen el matrimonio ideal, obviamente no lo son. Se conocieron a los veinte años, en un concierto de esos en el que crees morir de emoción, como jóvenes que eran, estaban inundados de sueños y de drogas. Pero el tiempo corre, y sabemos por Machado que todo pasa y todo queda.

Cupido le gastó a Matías una de esas malas pasadas que suceden de vez en cuando. Se enamoró de Clara la primera vez que la vio. Ella lo ignoró durante casi un año, en una de esas discusiones en las que la meditación se queda de lado, ella le gritó que la dejará en paz, que ella no lo quería, no lo había querido nunca y que probablemente no lo querría nunca. Él se limitó a contestar que hubiera preferido que mintiera un poco, ni que fuera un poco, insistió. A Clara no se le ocurrió nada más que preguntar si mentir le parecía menos cruel, no era hora para la ética y no tenía razón, pero supongo que necesitaba decir algo que no pudiera contradecirla para no sentirse tan despreciable. Matías no le respondió nada, empezó a recobrar el color de la cara y se fue. En ese momento ella supo que no lo volvería a ver nunca más y al darse cuenta de eso, empezó a quererlo como no lo había querido nunca. Un ataque caprichoso y fortuito de nostalgia hizo que tres meses después fuera en su busca. Se casaron y tuvieron a Jorge, Anabel y Juanma. Que tiempos hace ya, de esa conversación en aquel bar, del embarazo de Jorge, del embarazo de Anabel, del de Juanma. De los conciertos, de la ilusión. Del futuro.

De la pasión, de los gritos, de la muerte de la abuela, de aquel viaje a California, de llegar a fin de mes, de sobrevivir y de vivir, del despido, los abogados y las cartas. Todo eso, qué más da, ya. Ahora el futuro está de vuelta. Buenos días.

Y supongo que ahora viene la historia de Juanma. Juanma no va a morir ni por culpa de algún desgraciado ni por culpa de él ni tampoco por culpa del azar. Cuanto culpable. Juanma no va a morir porque no vive en este mundo. Se ha dicho muchas veces eso de que todos tenemos nuestra propia realidad pero el caso de Juanma es diferente. Él no tiene dos realidades, tiene una y no es la de este mundo.

Para Juanma vivir es como jugar a los playmobil, crecer es sinónimo de poner una pieza más en el lego y sentir tendría algo que ver con la cabalgata de los reyes magos. Si hay una forma poco perspicaz de hacer las cosas, esa es la que Juanma utiliza. El porque es muy sencillo, Juanma es inocencia en estado puro, y por eso y sin quererlo, deja escapar el gas a menudo (porque le gusta el olor), quema cosas (porque le gustan las llamas)  y también por eso llena la bañera de agua y tan pronto juega a hacer burbujas o a aguantar el aire. Y también sin quererlo hace que alguna gente lo odie y también sin quererlo hace que alguna gente lo adore. Juanma es un personaje de película, sólo que en lugar de estar donde la celuloide, se pasea coleando por esto que alguien decidió llamarlo realidad. Juanma todavía no ha descubierto que la vida no es del mismo color que una pantera rosa.

Para Juanma la vida son cartas a destiempo, momentos continuos de absurda pero adictiva reflexión, un intento ininterrumpido de llegar a conclusiones a las que no se puede llegar. Y ese afán lo ha matado, o lo ha salvado, o ambas cosas, lo que ha hecho seguro es apartarlo de este mundo, a la minoría de uno se le llama loco. Juanma perdió la conciencia, la noción del bien y del mal, de la realidad y de la ficción, a veces vive pero después regresa a su infinito, siempre, siempre, acaba regresando al nunca jamás. Juanma escribe, escribe mucho, escribe de todo, de todos, de nada y de nadies. Ayer escribió esto:

Me siento extranjero

Al cruzar la acera

Yo solo quiero estar

En una pecera.

Ý hasta aquí la historia de una familia cualquiera en un momento cualquiera. La gente ha dejado de creer, lo digo con desidia porque es triste, al menos a mi me deprime mucho, y no porque sea egoísta y la gente haya dejado de creer en mí, es que la gente ha dejado de creer en todo. Cuando la gente no cree en ti estas muerto. Cuando la gente no cree está muerta. Yo es que mira, resulta que soy Dios aunque para el caso que me hacen, sinceramente, preferiría ser Woody Allen, al menos sus historias son más divertidas. Supongo que frente a la necesidad todo el mundo juega su última carta, juega hasta la carta que cree no tener, es decir, yo. Anabel, Jorge, Juanma, Clara y Matías, me han saludado así, sin avisar. Todos están entre la vida y la muerte, yo sólo puedo decir, que sea lo que Dios quiera y que un mal día lo tiene cualquiera.  

Pd. Me voy a dormir, estoy muy cansado. 

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